Sobre Bill Russell, fallecido a los 88 años, podríamos decir muchas cosas. Que es el jugador más ganador en la historia de la NBA con 11 anillos en 13 temporadas, que fue cinco veces MVP, que revolucionó el juego defensivo, que promedió muchos más rebotes que puntos en su carrera, que fue el archirrival de Wilt Chamberlain, el estandarte de la primera dinastía y el primer entrenador negro de la liga. También lo conocemos como el dueño del número 6 de los Celtics que está colgado en el techo del estadio y el jugador del Salón de la Fama. Incluso, muchos lo habrán visto entregar el premio al MVP de las Finales de la NBA, que se llama “Premio Bill Russell” desde 2005.

Ganador absoluto, también había ganado dos campeonatos en el High School, dos en la NCAA y una medalla de Oro olímpica en Melbourne 1956, torneo en el que enfrentó a Uruguay en Semifinales (USA ganó 101-38 ante un Uruguay sin Óscar Moglia, al que se reservó para el partido por el Bronce ante Francia y Russell hizo 11 puntos). También, en sus tiempos universitarios, había sido un destacado saltador en alto con nivel para ser olímpico. Esa capacidad atlética sería la que revolucionaría la liga, que nunca había visto a un pivot de 2.08 ser capaz de tomar un rebote defensivo, salir conduciendo a toda velocidad y terminar saltando literalmente por encima de un rival. “Para Bill todos los partidos eran encuentros por el campeonato, un reto, una prueba de su hombría”, relató su gran rival y amigo Wilt Chamberlain en su autobiografía de 1973.

Pero Russell no fue solo un deportista de los buenos. También fue un ícono que recibió la Medalla de la Libertad directamente del Presidente Barack Obama en 2011, un referente admirado por varias generaciones de jugadores que nunca lo vieron jugar (por ejemplo, Michael Jordan lo denominó “un pionero”). Hablar de Bill Russell significa mencionar a uno de los deportistas más comprometidos con los derechos civiles y la lucha contra el racismo y la segregación en el siglo XX. Nativo del sur de los Estados Unidos, crecer bajo la opresión lo llevó a forjar una fuerte personalidad y un marcado sentido de la dignidad. Por ejemplo, una vez se negó a jugar un partido de exhibición de los Celtics en la racista Kentucky luego de que a él y a sus compañeros negros les fuera negado el servicio en un restaurante. También se expresó abiertamente sobre el sistema de cuotas que impedía que más jugadores negros jugaran en la NBA.

La primera superestrella afroamericana de la NBA siempre puso la cara y la voz, por ejemplo, cuando en 1967 lideró junto a Jim Brown y Kareem Abdul-Jabbar un acto en apoyo a Muhammad Ali tras su negativa a ser reclutado para la Guerra de Vietnam. También fue cara visible, junto con Wilt Chamberlain, de la iniciativa de no jugar partidos de Playoffs luego del asesinato de Martin Luther King.

El fallecimiento de Bill Russell es el de un personaje sinigual, el de un atleta que no se limitó a dejar una huella en la cancha. Hacía 53 años que había dejado de jugar en la NBA, pero seguía siendo un referente para sus pares y un integrante importante de la familia de la NBA, incluso demostrando su sentido del humor e interactuando con los jugadores actuales en Twitter. Líder, activista, jugador de equipo, campeón, leyenda; Bill Russell fue mucho más que un jugador de básquetbol. Directamente, se fue un ícono.