Uruguay perdió en basquet. Ah, ¿otra vez?
Le hicimos partido a los europeos. Si, pero perdimos.
Ya vamos a ir a los Juegos Olímpicos. Seguí esperando.

Esas y otras respuestas más son las que algunos uruguayos estarían pensando luego de terminada la participación en el Pre Olímpico. Pero, dejando el
exitismo de lado y bajando a tierra lo hecho, el balance es sumamente positivo por donde se lo mire.

Ya desde el sorteo, sabíamos que enfrentarnos a dos europeos iba a ser muy difícil. Más aún teniendo en cuenta que tanto Turquía como República Checa están dentro de las mejores 15 selecciones del Ranking FIBA (Uruguay es 45).

Siguiendo con la comparación, nuestros rivales llevaron jugadores de NBA y campeones de Euroliga, muchos de ellos compitiendo a gran nivel en el viejo
continente. Pero nosotros también llevamos lo mejor y con un condimento especial: todo un país entero detrás. Fuimos el jugador número 13.

En las madrugadas cuando todos pensábamos que el sueño lo íbamos a conciliar de manera fácil ya que nos pasarían por arriba; la bestialidad de Jayson, la magia del “Nano”, las hundidas de Esteban, los rebotes imposibles de Kiril, las penetraciones punzantes de Santi, Fiti y su muñeca temible y Calfani defendiendo todo lo que se acercara, alimentaban un poquito más ese insomnio que se empezaba a teñir de celeste.

Pero ese rendimiento y esa entrega no fueron un chispazo, no fue una de esas reacciones que quedan en la nada y se esfuman. Uruguay supo jugarle de igual a igual a selecciones con muchísimo más potencial durante todo el encuentro y en el último caso, a una bola de avanzar de ronda.

Pese a todas las adversidades ya mencionadas, al covid, a las lesiones y al jugar sin gente, le celeste brilló y mostró su mejor versión, esa la que muchos hace
tiempo no veíamos y que para los más chicos, es el primer flechazo con la camiseta color cielo y con el deporte de la pelota naranja. Quizás hoy hay más niños que quieren jugar al básquetbol, más que quieren tener la camiseta de Uruguay e incluso alguno que idolatra a Suárez y a Granger a la vez.

Ojalá este gran torneo sea el punto de partida para que el básquetbol gane un terreno que venía perdiendo a nivel país. Necesitábamos días como estos, que el deporte que a algunos nos enamora a diario, conquistara a Uruguay entero. Lo logramos. Lo lograron.

En cuanto a la pregunta de esta columna, la respuesta es sí, fue otra vez arroz pero con un par de condimentos que no van a ser fáciles de olvidar porque Uruguay perdió dejando todo en la cancha, jugando como equipo, no dando ni una pelota por perdida y entregando el 110% de su energía hasta el final. Pero por sobre todo, ganando el respeto y la admiración de más de 3 millones y medio de personas.