Alex López venía de perder una final con Trouville y pocos meses después se tomó revancha en su retorno a Biguá. De su rol, las emociones y los aprendizajes con Sims charló en esta nota.

El escolta contó las primeras sensaciones al salir campeón: “Divino la verdad, se me cayeron las lágrimas. El año pasado estuve en la final y no se me dio. Me fui con una bronca bárbara. Para esta temporada llegué a un club que apostó en grande, yo traté de aportar mi granito de arena cuando me tocó estar y las veces que no, siempre al firme y con la mejor energía. Me parece que coronamos de buena manera”.

Biguá, pese a atravesar complicaciones, siempre jugó un básquet vistoso: “Sorteamos un montón de momentos duros, con COVID o lesiones. Todos los jugadores que entraron estuvieron a la altura, a ninguno le quedó grande. Eso es lo importante. Los actores de reparto teníamos metido en la cabeza que había que dar el máximo cada vez que nos tocara. Se lesionaron Pepo (Vidal), Rudd y Hatila (Passes), y lo logramos suplir”.

De su rol en el equipo, Alex contó: “Este año no me tocó jugar tantos minutos respecto a lo que venía acostumbrado. Pero yo sabía que venía a un plantel que se había armado lindo. Me tocó aportar en partidos lindos como las semifinales ante Olimpia. Pero siempre lo más importante era el equipo y estar unidos”.

Biguá, tuvo al MVP de la temporada, ese que López marcó a diario: “Sims es un animal, lo sufrí en las prácticas. Me hizo correr para todos lados en los entrenamientos, le pegué y no podía pararlo. Lo que aprendí con él fue impresionante. Cuando vienen este tipo de jugadores hay que aprovecharlos, disfrutarlos y escucharlos”.

Para el final, dedicó el título: “Le dije a mi señora que si ganábamos se viniera porque quería festejar con mi hijo y mi viejo. Siempre que hablo de mi padre me emociono porque desde que arranqué en el básquetbol me acompañó a todas las canchas. Se lo dedico a toda mi familia, pero especialmente a ellos dos”.