Nacional fue un subibaja constante durante toda la Liga Uruguaya. Lejos quedó aquella primera fecha donde el azar quiso que su primer rival sea el de todas las horas y el clásico con triunfo ante Peñarol. De ahí en más el Bolso no tuvo que ganarle solo al que se parara enfrente, si no que también a las lesiones. Y sorteó casi todos los obstáculos, sin excusas.

El tricolor ha tenido que pasar etapas y pruebas todos los partidos. Las bajas han consolidado química y entereza mental que llega a niveles superlativos. Las individualidades en los momentos de quiebre y lo colectivo cuando más lo necesitó; aspectos que terminaron de catapultar y reafirmar a un equipo serio, que estuvo muy cerca de gritar campeón.

El barco fue dirigido por un capitán talentoso, siempre con la palabra justa. Leo Zylbersztein manejó una tripulación que tuvo la capacidad de salir siempre a flote. La resiliencia como principal arma ante la adversidad, fue creando y moldeando un camino que no terminó con la gloria pero que arañó la perfección. Nunca puso excusas, peleó con lo que tenía y dio batalla, vaya si la dio. Premio a reinventarse, hasta en los peores momentos.

Los obstáculos por doquier fueron dejando mojones a lo largo del trayecto. Las piedras, con muchas ganas, se quedaron a un costado del sendero y fueron marcas de una batalla costosa y duradera. El barco llegó a buen puerto, diezmado pero llegó.

Cada instancia fue determinante y crucial para que el equipo se vaya moldeando y conformando una columna vertebral clave. La marca Nacional va en ascenso y el básquetbol no es ajeno al crecimiento institucional. Los cimientos están cada vez más firmes y aunque la gloria le siga siendo esquiva, La Banda del Parque está tranquila porque los jugadores volvieron a demostrar que el corazón puede más.

Las primeras horas serán de bronca y tristeza, pero el tiempo irá valorando -aún más- a este plantel que siempre dio todo lo que tenía y no se guardó nada. Nacional sigue en la conversa del básquet uruguayo, se establece como proyecto y crece. Está en camino, la paciencia es clave, ya se le va a dar…