Biguá de Villa Biarritz se coronó justa y merecidamente campeón de esta edición especial de LUB, dentro de una serie final que fue muy pareja los primeros 3 juegos, que le costó un juego re-adaptarse a la ausencia de Vidal, pero que en el remate de la serie (juegos 4 y 5), fue claramente superior a Nacional, que fue un gran rival desde lo táctico y dio la sensación de quedarse sin resto físico para el remate.

El básquet es un deporte en equipo, pero hay individualidades que desafían esa lógica y por su talento son capaces de ganar solos. Eso no implica que conviertan 60 pts, sino que también tengan la capacidad de hacer jugar y rendir al resto del equipo.

Donald Sims ha demostrado ser el extranjero más determinante en muchos años de LUB justamente por su influencia totalmente decisiva a lo largo de todo el torneo y específicamente en la noche donde no podía fallar. Goleadores han venido muchos, pero Sims no sólo golea sino que genera juego para todos por su velocidad, su lectura del juego y por su capacidad asistidora. Al punto tal es su influencia que en los dos juegos en los cuales tuvo malos porcentajes en triples (3 de 24 entre los juegos 2 y 3), Biguá perdió. Anoche hizo 30 y fue responsable de otros 20 o más puntos en las 10 asistencias que repartió. Jugó por él y por Vidal.

En toda esta serie final en general, y ayer en particular, el juego de Biguá se basó casi exclusivamente en lo que Sims generó (lo que se magnificó ante la ausencia del Vidal). Simplemente un pick central para obtener la primera ventaja y luego él tomaba la decisión, casi siempre bien leída, de autogenerarse el gol o descargar corto al rol, o largo a un tirador. Sus compañeros sólo tenían que esperar sus certeras descargas, quienes anoche estuvieron a la altura y lo acompañaron nada menos que con un 50 % en triples (11 de 22). Tuvo en Hatila a un socio de lujo debido al conocimiento y la capacidad del pivot de cómo jugar el pick and roll.

Cuando Sims no jugaba el pick central, asumía la generación Rudd, prototipo de jugador polifuncional en ataque y en defensa, que desborda calidad y lectura de juego. Era quien atacaba 1×1 a su defensor, sea en transición o de frente desde el poste alto. También jugó picks con Hatila, y además terminó con un 3/7 en triples, los cuales tomó sin dudar en cada oportunidad que estuvo mínimamente libre. Asimismo, su polifuncionalidad le permitió en defensa tomar tanto a Mitchell como a Cabezas o Morrison.

Basta repasar los lanzamientos tomados anoche por Biguá: 23 tiros Sims, 16 Rudd, y 25 el resto del equipo. Es decir de 10 tiros que toma Biguá, 4 son de Sims, 2 de Rudd, y los restantes 4 entre todos los demás jugadores juntos. Pero la generación de esos 10 tiros, partía exclusivamente de Sims o de Rudd.

Una táctica simple, pero que con Sims y Rudd, jugadores de un nivel pocas veces visto aquí, resultó efectiva ya que simplifican todo. El mismo concepto aplica para Santiago Vidal, el base más determinante de esta LUB, que más allá de no haber estado en los últimos tres juegos, destiló calidad a lo largo de toda la competición y donde claramente, sus años en el exterior a un nivel de exigencia mayor, lo han perfeccionado en la toma de decisiones, en el manejo de los tiempos y en el tiro de 3, donde terminó con un excelente 42.5%.

Hay que mencionar a Hernán Alvarez, quien en la noche señalada; y a pesar de no venir teniendo minutos ni continuidad, no le pesó y marcó el camino en el 15 a 2 inicial con 3 de 3 en triples; aún así salió ya a los 7 minutos para no volver a tener oportunidad en toda la noche. Loriente fue otro puntal del Biguá campeón, alternando sus minutos con Pena García (de enorme presente), y tampoco le pesó anoche con 3 de 4 en triples y siendo además el referente defensivo de cualquier perimetral picante del rival. Rojas, si bien sufrió el posteo de Collier y Mitchel por la obvia ventaja física que da, lo suplió con su gran intensidad y potencia, y un aplomo difícil de encontrar a su edad. El resto de jugadores tuvo escasa participación, quedará para otra LUB el desarrollo de jóvenes como Arregui y Andreoli.

En cuanto a Nacional, siempre intentó con variantes defensivas y diversificación de sus ofensivas (posteos de sus tres grandes, pick and roll con Cabezas, aclarados y picks para Morrison) para complicar a Biguá y de hecho, lo logró en los primeros tres juegos, sobre todo en el juego 3 que fue el que le costó a Biguá adaptarse a jugar sin Vidal. Si bien tuvo las bajas de Moglia y Souberbielle que le disminuyeron la rotación, ese hándicap no fue tal por la decisión de Biguá de acortar su plantel, emparejando así lo que de otra manera hubiera sido una clara ventaja para el Pato. Pero aun así, ya en el juego 4, donde también sufrió la ausencia de Collier, no pudo ser competitivo, y en el juego 5. se lo notó mermado físicamente, cosa que la gran jerarquía de jugadores como Cabezas, Batista y Morrison no pudo suplir.

Por el rendimiento mostrado hasta llegar a la final, y por la performance que brindaron en las finales, sin duda se enfrentaron los dos mejores equipos del campeonato.

Biguá, institución histórica del básquet uruguayo, fue el campeón indiscutido, con extranjeros de un nivel que difícilmente podamos volver a ver en nuestro medio, y con jugadores nacionales que se adaptaron de gran forma a sus roles específicos.