Biguá conformó uno de los mejores tridentes de extranjeros que ha pasado por la Liga Uruguaya, con una bestia asesina: el MVP Donald Sims.

Elegir al mejor jugador de un torneo puede generar ciertas discusiones, algo que en esta edición de la LUB no pasó. De ninguna forma. Nadie en su sano juicio puede decir que Donald Sims no fue el MVP de la competencia.

Terminó como máximo anotador en puntos promedio del certamen con 26.7, tuvo partidos de 35, 36 y 45 tantos. Una demencia. Además, culminó con 40% en triples, 65% en dobles y 92% en libres. Para cerrar con las estadísticas, vale destacar también las 5.5 asistencias que promedió.

Lo más loco, es que ni siquiera estos números de excelencia alcanzan a describir la tamaña actuación de Sims en la Liga Uruguaya. Es un jugador que tiene todos los golpes. Puede jugar de base o de escolta. Es un anotador del carajo, pero también un generador nato. El abanico de posibilidades que se genera desde su pick ofrece un amplio repertorio a aquel equipo que lo disfrute. Si hay step pasa por el medio, si saltan a atraparlo asiste a la caida del grande y si cuando va hacia el aro aparece la ayuda, descarga a la esquina con una facilidad asombrosa. Siempre te deja sin posibilidades. Lo marcaron de todas las formas posibles, a veces sobre el límite del reglamento y siempre salió victorioso. Un placer disfrutarlo.

A él se sumó otro enorme jugador como Víctor Rudd que, aún siendo determinante, dio la sensación que jugó a media máquina, a tren controlado. La lesión de la primera fecha en el Palacio ante Capitol hizo que le costara entrar en caja. Tuvo momentos de partidos brillantes, dignos de su carrera. Y fue importantísimo sin lograr regularidad. Otro que mostró un gran abanico: buena mano, potente para atacar el aro, con fortaleza física para jugar en la pintura y habilidad con la pelota digna de un jugador de 1.80. Como si todo esto fuera poco, hasta fue el encargado de sacar la bola en varios pasajes de la serie final y a partir de la llave ante Olimpia se puso a defender. Completito.

El triángulo lo completó el conocidísimo Hatila Pasos, que alcanzó su tercer título de Liga Uruguaya, antes había sido campeón con Hebraica y Macabi y con Malvín. Las estadísticas nunca van a alcanzar para mostrar su importancia en el andamiaje de los equipos que defiende. Rebotes, cortinas claves y fundamentalmente los huecos que cubre en defensa intimidando cerca del aro. Un peón de lujo que no tiene problema en adaptarse a las necesidades del equipo ni a abandonar sus números por el colectivo.

Un tridente de extranjeros completísimo y complementario. Que elevó la calidad del equipo y apareció en todo su esplendor en las noches señaladas. Le dieron el saltó de calidad que Biguá fue a buscar.