“Pensé en dejar el básquet”, decía Jayson hace apenas unos meses. Dos años sin jugar, calvario de lesiones graves. Llanto, gritos que retumbaban. Reponerse y volver a la élite. Ser campeón dos años seguidos. Granger, por su talón, es Granger.

Hay un cuento que hace Charly García cuando le preguntan qué es el éxito, que ejemplifica muy bien esta historia. Un tipo va caminando y se encuentra con un Gurú. Y le pregunta, “¿dónde está el éxito?”. El Gurú, en silencio, señala hacia adelante con su mano. Entonces este tipo va, camina hasta el lugar, pero cuando llega, salen cinco personas y lo muelen a palos. Vuelve, pensando que había entendido mal y le reitera, “Gurú, ¿dónde está el éxito?”. Éste, en silencio, vuelve a extender su brazo y señala la misma dirección. El tipo realiza idéntico camino y cuando llega a ese punto, nuevamente es brutalmente golpeado. Ya embroncado, vuelve a buscar al Gurú, le cuenta lo que le pasó y exclama, “¡Habla por favor! ¿Dónde está el éxito?”. Y el gurú responde, “Ahí, donde te indique, un poquito después de las trompadas.”

Parece que algún Gurú, tal vez llamado Jeff, ya le había explicado a aquel jóven morenito en alguna charla cayendo la noche en Galicia y Gaboto, que para llegar había que animarse a darse algún golpazo. Pero, que el que lo supera, está más cerca de llegar al éxito. ¿A qué éxito? A su propio éxito. Y vaya si Jayson ha sabido de golpes.

Septiembre de 2017, tras algunas posibilidades de dar el gran paso a la NBA, Jayson Granger llegaba al Baskonia, un equipo con una enorme historia europea, donde muchos sudamericanos habían triunfado y dejado huella. A su lado iba a estar Marcelinho Huertas y en el banco Pablo Prigioni, nada podía salir mal. Llegó como gran estandarte junto a Toko Shengelia, para liderar un equipo con ambición. Luego de unos primeros meses en donde el conjunto no funcionaba, pero él se destacaba, comenzó el mundo gris de las lesiones.

Al comienzo sólo dolores producto de esguinces de tobillo mal recuperados. La exigencia de la élite, que no espera, sólo demanda. La élite, la misma que sobreexige al deportista a límites a veces poco naturales. Luego de un final de temporada positivo para el equipo, quedando a 1 partido del Final Four de Euroliga y llegando a la gran final de la ACB, pero con Granger teniendo pocos minutos por su mala condición física,

 por fin iba a tener tiempo suficiente para recuperar y encarar de la mejor manera la siguiente temporada.

Pero la segunda campaña con el equipo baskonista volvía a tener presente problemas de lesiones. A poco de comenzar el año decidió operarse el tobillo, lo cual le demandó cuatro meses de recuperación, llegando nuevamente con lo justo a los playoffs de ACB y Euroliga. 

Parecía que la operación podía ser finalmente el punto para recuperar esos malditos problemas de tobillo y talón, que ya hacía casi dos temporadas lo tenían a mal traer. Pero a los dos minutos del primer partido de la temporada 2019/20, y tras anotar su primer doble del año, Granger rompe su tendón de Aquiles. Quebró el llanto, sus gritos retumbaron, nuevamente se venían largos meses de ausencia.

 La pandemia que tanto ha golpeado al mundo, en este caso ayudó a ganar algo de tiempo y Jayson logró formar parte del plantel que le dio el trofeo de campeón a Baskonia después de muchos años. Se terminó un ciclo en el club con una enorme sonrisa, la cual no era menor. El éxito estaba más cerca.

El objetivo de seguir compitiendo a alto nivel parecía complejo. ¿Qué equipo confiaría en un jugador que hace tres años no tenía regularidad física? Apareció Aito, apareció Berlín. Equipo Euroliga y candidato a campeón en su torneo local. Granger volvió a encontrar su ritmo en el torneo FIBA más importante del mundo. El pasar de los partidos lo transformó en líder del equipo, terminando el año europeo como 8° mejor asistidor del campeonato.

Pero la frutilla aún no estaba arriba del postre. Alba Berlin se clasificaba a la gran final de la Bundesliga Alemana, nada menos que frente a Bayern Munich, top 5 de Euroliga esta temporada. Luego de poner la serie 2-1 arriba, Jayson Granger apareció en toda su dimensión. Como dejándole en claro al Gurú que había aprendido la lección; 29 puntos, su máximo de la temporada, en el momento más indicado. Donde son pocos los que aparecen. Esta actuación, lo transformó en MVP de las finales.

Jayson Granger es claramente uno de los jugadores más importantes de la historia de nuestro básquet. Con quién lógicamente me embronqué cada vez que no ha podido o querido estar con nuestra selección. Pero quien indirectamente deja nuestra bandera en alto cada vez que compite en la élite del deporte naranja. Cada vez que un periodista lo presenta, es Jayson, el uruguayo Jayson Granger. 

Aquiles, aquel héroe de la Guerra de Troya, el más fuerte, rápido y bello. Aquel que era invencible, pero no inmortal. El jugador exitoso muchas veces se cree un tanto invencible, los golpes de la carrera lo hacen bajar a tierra. Pero son aquellos que se sobreponen y logran la gloria, los que se transforman en inmortales.

¿Qué sería de Jayson sin esos años de karma con su tobillo? La felicidad después del dolor es infinitamente más grande. Los golpes son inevitables, pero superarlos es para muy pocos. El más fuerte y rápido de los nuestros. En unos días te esperamos Jay. Granger, por su talón, es Granger.