Tras mucho trabajo en un nido que se fue construyendo por etapas, las Aves por fin podrán reposarse en su casa, orgullosas de su gran trabajo realizado.

Lejos del presupuesto de los grandes clubes, de la popularidad de Aguada y Goes, de los lujos y las piscinas de Malvín y Biguá. Un club de barrio en un barrio rodeado de barrios que respiran básquet. A cuadras del coqueto Urunday, el Capitol de Liga, el Olivol del Tinto y el Stockolmo del Coco Mainoldi. Volando contra viento, pero llegando a destino. Hoy en el diccionario bajo la definición de la frase a pulmón, debería sin duda aparecer la foto de Albatros. Que logró el deseo de muchos y en pandemia, a pesar de tener varias en contra.

Hace un ratito, las Aves nos invitaron a conocer un nido que comenzó siendo de paja y que ahora es de hornero. Dejó de ser esa cancha semi abierta de bitumen, para ser un gimnasio con todas las letras. Un sueño que comenzó con el cerrado de la cancha con una iluminación de primera categoría. Una etapa que costó muchísimo sacrificio, pero que incentivó a redoblar esfuerzos e ir por todo.

La ceremonia comenzó con un video que repasó la historia del club y del popular barrio Atahualpa. El viaje en el tiempo de 80 años dio lugar a la luz y a un discurso de uno de los hijos del club Matías Ellis, que tras repasar todas las mejores que se hicieron en lo edilicio, cortó la cinta inaugural con un brindis para todos los presentes.

Bajo la atenta mirada de su historia, con timidez en principio, las Aves de a poquito fueron ingresando a su nido a conocer cada rincón de su nueva y coqueta casa. Alguna pelota apareció por la vuelta para dar estreno a los aros. Los flashes se empezaron a hacer notar, para que toda la familia del club tenga de recuerdo una noche histórica.

Lo edilicio ya es un sueño cumplido. En DTA recibirán con orgullo a cada uno de sus rivales. Y ahora irán por el siguiente paso… ¿Se sueña con lo deportivo? Quién te dice, de vivir sueños este club sabe y mucho.