Perder no le gusta a nadie, menos en una final. Pero esta Liga para Trouville dejó muchos más triunfos que una derrota en la definición.

Ya lo dijo el Oveja Hernández cuando Argentina perdió la final del Mundo; “ganamos la medalla de plata, no perdimos la de oro”.

Ese razonamiento se puede aplicar a este Trouville. En los primeros días queda la desazón lógica de no salir campeón, la bronca, los enojos. Pero con el tiempo se dimensionará – aún más – esta gran campaña que dejó un montón de aspectos positivos merodeando por Chucarro.

El Rojo de Pocitos está a arrancando a consolidar en primera un trabajo duradero en Formativas. Es sólo el comienzo de lo que puede ser una época representativa de la institución con varios jóvenes formados en la cantera jugando – y siendo figuras – en el primer equipo.

Es darle sentido de pertenencia y amor por los colores a los basquetbolistas que se ponen la camiseta roja. Y vaya si lo tienen. Lo demostraron. Y por ahí es el camino. Formar personas, formar jugadores de básquetbol y conjugarlos con la pasión por defender ese cacho de tela con un triángulo de escudo que los va haciendo hinchas.

No queda dudas que Trouville era menos que Aguada. Ninguna. Pero estuvo a la altura. Con un montón de dificultades se puso a la par e incluso, en algunos pasajes de la serie, superó a su rival.

Juego en equipo. Roles definidos. Una idea clara del entrenador y el dar todo. Todo eh. Absolutamente todo.

Por momentos emocionó ver jugar a Trouville. Se notaba que estaban al máximo de sus cualidades técnicas, de su amor propio y de su compromiso con la causa.

Es imposible, desde este lugar, entrar en la piel del hincha, o de los dirigentes que lideran este proyecto; pero estoy seguro que murieron de orgullo al ver a Mayora, Soto o Massa dar un paso adelante y plantarse como hombres siendo pibes.

Y ahí está el triunfo. Construyeron futuro. Forjaron ejemplo para demostrarle a los que vienen abajo que se puede. Dentro de los pasos y objetivos de un proceso de trabajo, el primero está dado, con éxito.

Los años dirán cómo sigue esta aventura. Pero el futuro llegó a Pocitos. Y lo mejor de todo, es que hay mucho futuro atrás que viene empujando.

Tranquilo Alvarito, tomate una y brindá con el Chino mientras ven a su Trouville brillar, transitando un camino que seguramente va a ser la recompensa.