Pasó la amargura de la eliminación y es hora de analizar qué nos dejó el pasaje de Rubén Magnano al frente de la celeste.

El entrenador cordobés fue criticado por algunos y defendido por otros. Y probablemente ambos tienen razón. A Magnano le costó dirigir de forma internacional a un equipo marcado por la realidad del básquetbol local.

Magnano no hizo magia. No fue capaz de resolver la falta de aleros de nivel internacional del básquetbol uruguayo, ni de elevar el nivel de nuestra Liga para que los jugadores que pasan de la LUB a un partido internacional no sientan una diferencia enorme.

“Joaquín Rodríguez no juega esa cantidad de minutos en su club” se escuchó por muchos lados durante el partido. Puede ser verdad. Es la realidad de la mayoría de nuestros proyectos más jóvenes, y en vez de dispararla como una crítica hacia la Selección deberíamos reflexionar sobre eso a nivel local.

No pudimos tapar el sol con la mano. Salimos del paso. Apagamos el incendio trayendo a alguien que era y es indiscutible. Pero que sigue siendo “apenas” un entrenador, y no va a resolver todos nuestros problemas estructurales y hasta ideológicos en un par de semanas entrenando a la Selección.

Las comparaciones son odiosas, y poner frente a frente a Magnano con Signorelli sería poco responsable ya que llevaron adelante dos momentos absolutamente distintos. Pero lo que sí es real es que tanto en nombres como en juego todo fue muy parecido. No había mucho para inventar, el gran desafío pasa por otro.

Queda la amargura de que Rubén Magnano dirigió a Uruguay y nos dejó mucho menos de lo que podría. Sin charlas con entrenadores, sin clínicas, sin ni siquiera entrenamientos abiertos a unos pocos que seguramente querían absorber al menos algo de su conocimiento y experiencia. Pasó un generación dorada y tanto nuestra competencia como nuestras formativas no lo notaron.

¿Será un volver a empezar? Seguramente. Otro proceso para la selección mayor, así como para la Sub 23 o la U21 de las cuales hace meses que nadie se acuerda. Ojalá alguien pueda tomar el desafío y liderarlo, y poco a poco ir haciendo los cambios que el básquetbol uruguayo necesita, que van mucho más allá de quién entra o quién sale en un partido.