Hace un tiempito, un grupo de inconscientes hinchas danubianos se plantearon que la franja arrancara a competir en básquet. No solo lo lograron, sino que esa locura se les fue de las manos, logrando un ascenso tan impensado como soñado.

Corría el año 2015 cuando un puñado de hinchas comenzaba con la locura del proyecto Danubio Básquet. De abajo, con mucha humildad y esfuerzo, el equipo fue avanzando de a poco, primero por la LBM, disputando varios torneos Amateurs y obteniendo muy buenos resultados.

Cuando quisieron ver, el proyecto había tomado una magnitud que asombró a propios y extraños. Tal es así, que a principio de año, la franja asumió el reto de competir profesionalmente al básquet, por primera vez en su historia.

La locura llegó a su punto máximo anoche, en Chucarro, con tribunas repletas, entradas agotadas y un barrio atrás alentando por esa camiseta franjeada, cuando Danubio venció a Reducto y logró el ascenso a El Metro.

La historia futbolística de Danubio dicta que la mayoría de sus logros obtenidos son por demás hazañosos, el taquito de Perrone, el tiro libre del “Bola” Lima, la chilena de Mayada, entre otros, forman parte de los hitos más grandes en la historia danubiana.

Y como dice uno de sus viejos himnos: “Hoy igual que ayer, alma de campeón” no había otra manera de comenzar a escribir las páginas de gloria de Danubio Basquet, que esta. En un partido cuesta arriba, tras un alargue, con un final infartante y hazañoso. Una noche que se recordará como el partido en que la hinchada sacó la bandeja de Romero que le daba la victoria y el ascenso sobre la hora a Reducto, no hay otra forma de comprender como esa bola no entró.

Ese grupo de fanáticos inconscientes que iniciaron el proyecto a fines del 2015 nunca pensaron que la hinchada de un club meramente futbolero se iba a involucrar tanto con otro deporte. Los colores pudieron más, Danubio pudo más. Aquel hincha que no tenía ni idea lo que era esa guinda naranja, disfrutó de ella sin saber mucho del básquet, aprendió solo por el placer que le genera el ver esa camiseta con una franja negra dentro de una cancha, sea cual sea el deporte. Disfrutó de un plantel y cuerpo técnico comprometido, con un sentido de pertenencia tremendo. Disfrutó llenando todas las canchas que le tocó visitar al ritmo de “muchachos, traigan vino juega Danubio”. En fin, disfrutó.

En esa delgada línea que separa a la vida, en locura y realidad, hoy Danubio Basquetbol es una realidad.