Había una vez un proceso en la Selección uruguaya de básquetbol, pero una vez más se cortó. Esta vez no fueron los malos resultados. ¿Y entonces?

El triunfo ante México fue de los triunfos más disfrutables e importantes de Uruguay en los últimos años. Con bajas, pero con buenas decisiones y un equipo que ganó en adhesión e identificación con la gente, se ganó y el Mundial seguía siendo un objetivo posible.

La Selección U21 demostró una idea de juego moderna, se formó un verdadero equipo, se obtuvo un bronce a nivel Sudamericano y se proyectaron valores que fueron parte incluso del plantel mayor en la última ventana de clasificación.

Había un camino de dos años y medio de trabajo con jugadores, en donde como nunca un entrenador en jefe de la Selección le prestó atención a tantos jugadores jóvenes. Y no hablo de integrarlos a la mayor solamente, sino de interesarse y colaborar verdaderamente en su desarrollo.

Si es difícil entender la decisión, es imposible entender el momento. Uruguay está a dos triunfos de clasificar al Mundial, lo cual sería histórico. A menos de dos meses de recibir a Puerto Rico y EE.UU., este volantazo es raro e incomprensible.

Está claro que no conocemos toda la interna. Pero hay conflictos que son evidentes e incluso cambios en la conformación del cuerpo técnico que los hicieron visibles, dejando entrever que el apoyo de la propia FUBB a Signorelli no era total ya hace rato.

Lo que genera tristeza y preocupación es que una vez más se tira un proceso a la basura, y sin siquiera entender por qué. Sorprende, aunque considerando los antecedentes, lo que sorprende es nuestra inocencia al sorprendernos. Es un proyecto más que queda a medias. Veremos qué viene ahora.