Mirarse al espejo y aceptarse como uno es. Qué difícil que es.

Por Juan Manuel Lérida

El amateurismo se apropia año a año de nuestro básquetbol. Jugadores amateurs, dirigentes amateurs, jueces amateurs, mentalidad amateur. Un puñado mínimo de actores que actúan con destellos de profesionalismo.

Pero no lo aceptamos. Nos nos gusta mirarnos al espejo y vernos débiles, falibles. Creemos estar capacitados para enfrentar al profesionalismo, cuando no tenemos los medios para hacerlo. Lamentablemente la Federación no tiene herramientas prácticas, intelectuales ni económicas para abordar los retos que pretende afrontar.

La palabra profesionalismo, conlleva tener un plan. Tener un plan significa tener objetivos y métodos estrictos que permitan llegar a cumplir metas. Estos objetivos deben ser trazados en base a las posibilidades de cada uno. Se debe analizar las herramientas con las que se cuenta y a partir de ellas marcar el siguiente paso. Si uno desea cumplir objetivos más grandes y difíciles, debe salir a conseguir más y mejores herramientas, si no, no debe asumir retos inalcanzables.

Todo esto, es lo contrario a la improvisación. Pues la improvisación, la falta de recursos y herramientas, son la base del amateurismo. Lamentablemente, en nuestro básquetbol abunda la improvisación constante.

Los dirigentes se desviven porque los clubes logren mantenerse con vida dignamente. Es absurdo negarlo. Los dirigentes de los clubes, los dirigentes de la Federación, en un híper altísimo porcentaje sacrifican horas de familia y trabajo, muchísimo dinero y estrés, por la irracional pasión deportiva.

Los de la Federación son todos unos ladrones hijos de puta, nos cagaron de nuevo“. Que disparate leer y escuchar esas cosas. “Los dirigentes de nuestro básquet son todos unos voluntariosos improvisadores que no tienen un plan, ni brindan las herramientas necesarias para que los clubes compitan en el profesionalismo y se desarrollen como tales“. Ahí sí estaría más de acuerdo.

Pero no nos aceptamos. No aceptamos que nuestra pareja nos dejó porque no nos quería más. No aceptamos que nos echaron del trabajo porque nuestro rendimiento bajó. No aceptamos que no somos buenos para algo. No aceptamos que no podemos.

Considero que lamentablemente muchos clubes no aceptan no estar capacitados para competir. Los dirigentes no aceptan no ser idóneos para su tarea. Los hinchas no aceptan no ganar. Los delincuentes no aceptan que no tienen que ir más a la cancha. ¡¡¡Perdón!!! Los delincuentes no entienden nada, pues son delincuentes.

Todos saben quiénes son y nadie hace nada“. Entendamos que no es que no hacen nada. Es que nadie sabe ya qué hacer. Nadie sabe cómo hacer. ¿Por qué? Porque no hay un plan. Porque no hay herramientas. Porque improvisamos. Porque no aceptamos que como estamos y quienes estamos, no podemos seguir más.

Todo esto no tapa que hay cosas buenas. Hay cosas bien hechas. Pero no nos sirve mentirnos por un ratito con el proceso de selección, con el mapping de las finales de Liga o el orgullo de tener jugadores en Europa. Lo que está bien dejémoslo ahí, potenciémoslo, pero que no nos tape el espejo cuando nos miremos a nosotros mismos.

Las máximas autoridades gubernamentales de nuestro país luchan contra la delincuencia y no pueden. ¿Les parece que un “dirigente” de club va a poder luchar con eso? ¿Les parece correcto castigarlo sin darle ningún tipo de herramientas? ¿Les parece que los jugadores, entrenadores e hinchas deben pagar de esta forma por el accionar de los delincuentes?

Sancionar está bien. Forma parte del sistema de castigo. No se puede pasar por alto un acto de violencia. Pero de nada sirve meter presos si no das herramientas para que el que viene atrás no repita lo mismo. De absolutamente nada sirve castigar si no apoyas con herramientas a los clubes para que puedan solucionar este gravísimo problema.

Hace pocos días Colón perdió tres puntos. Luego Cordón perdió la chance de ser campeón. Pero año a año, nuestro BasketFolk, viene perdiendo por goleada. Y está a punto de irse al descenso.

Han habido muertes y nada cambió. Por suerte el básquetbol uruguayo todavía no murió, pero va en camino. Aferrémonos a esa pequeña llama que se mantiene encendida. Debemos protegerla con gente que sepa hacerlo, con un plan. Porque si no de un pequeño soplido se va a apagar, y todos los que amamos este deporte lo vamos a pagar.