Auriblanco derrotó a Marne por 86-65 y mantuvo así la categoría. En la vuelta de Nicolás Rabino como DT, los papales justificaron la victoria e hicieron delirar a un barrio qué volverá a disputar El Metro la próxima temporada.

Comienzo sumamente parejo y, a la vez, intenso. Auriblanco recurrió a los rompimientos, Marne por su parte con descargas cortas a MC Neal, quien se impuso en el uno por uno a Rod Gonçalves. Dos triples consecutivos del “Postre” Pereira parecían abrir el camino, pero de la mano de Colman y el interno brasileño fue el papal quien se fue victorioso al término del primero 22-16.

Gran comienzo de Auriblanco en el segundo período, que logró colocar un parcial de 8-2 para sacar 12. El tifón y un intento de reacción fallido, los de San Juan y Princivale fueron realmente una ráfaga, buena movilidad de balón y ofensivas bien capitalizadas. Jones padre como bastión, y nuevamente buenos pasajes de Gonçalves y Colman para abrir 14 (39-25). El ingreso de Seguessa le aportó picardía en una lucha personal ante Piñeiro. Los conducidos por Rabino se fueron al descanso largo 42-30 arriba.

Marne estaba totalmente desnorteado, y vulnerable en defensa. Los de Simon Bolívar estuvieron algo más de tres minutos sin convertir, como contrapartida su rival aprovechó para sacar la máxima de 20. Facundo Sánchez en la conducción y Colman en el rebote ofensivo eran los destacados. Sin embargo, el Tifón se fue arriba. Presión extendida y tras una serie de triples por parte de Olivera, Pereira y Piñeiro llegó a ponerse a 7. Libres de Gonçalves cerraron el tercero 60-51.

Un rápido 10-2 a favor de Auri abría el último chico y ponía paños fríos al encuentro. Los hinchas papales desacatados ofrecían un clima hermoso a los minutos restantes de juego. De ahí en más, los del barrio Bella Vista pasaron a dominar completamente las acciones. Ofensivas largas y bien definidas demostraban la supremacía dentro del rectángulo. Marne desbalanceado, desprolijo y lleno de impotencia. Así se fue el encuentro, en cifras de 86-65.

Alegría de un lado, desazón del otro. Felicidad absoluta para el barrio Bella Vista que en su primera campaña en segunda división logró mantener la categoría. El festejo de los jugadores, el grito de la gente, las lagrimas de su entrenador, quien lo ascendió y llegó para mantenerlo, reflejaban la humildad y sacrificio de un club con un enorme corazón.

El Tifón no está muerto, todo lo contrario. La revancha a la vuelta de la esquina, Colón a la vista y un descenso que aguarda.

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