Larrañaga demostró que un proceso no se hace con enormes inversiones, sino con una idea clara y coherente de cuál es el camino a recorrer. 

Luego de no jugar en 2013, el equipo de Francisco Simón volvió a la DTA para la temporada 2014.  Otra vez se eligió a Gonzalo Fernández como entrenador, liderando el proyecto de apostar a muchos jugadores de la casa, y a dar espacio a juveniles del club. Aquella noche del 10 de enero, en Tabaré, venciendo a Auriblanco, el milrayitas se ganó su lugar en el Metropolitano 2015.

Muchos creían que pelearía por no bajar. Manteniendo una base del año anterior, le dio el primer salto de calidad, con la incorporación de Juan Andrés Galletto, y el salteño cumplió con creces. Además, siguió haciendo crecer a sus jóvenes, como Santiago Álvarez y Mateo Sarni. El equipo se metió en la Liguilla.

Para este año, los presididos por José María Busanello, repitieron la receta: mantener la base y sumar un salto de calidad.  Así, el equipo contrató a Anthony Dandridge, alero absolutamente desnivelante para la categoría.  Y se reforzó en puestos claves, para tener un plantel largo, con la llegada de Fausto Pomoli –líder y ganador–, Elhordoy –experiente y rendidor– y Facundo Bruno –grata revelación–.

Desde el inicio del torneo, Larrañaga mostró que era candidato serio. Galletto y Danridge formaron un tándem imparable, y la ventaja de no tener un extranjero interno era bien disimulada por defensas colectivas propuestas por Fernández. Cada jugador tenía su rol y lo cumplía a la perfección.

De una forma natural, se metió en playoff. Por una diferencia mínima, le tocó empezar la serie 0-1, pero se ocupó de demostrar que sabía lo que quería y a que jugaba. En la cancha, fueron tres victorias seguidas, distintas, sufridas, pero para el hincha, sumamente disfrutables.

De la DTA a la Liga, sin magia, con una idea clara y jugadores que la defienden. Ledanis, Colman y Suárez, siempre prontos, para el papel que les toque cumplir.

Fue un equipo, porque eso demostró ser, cada uno brilló en su momento. Pero Santiago Álvarez tuvo un nivel superlativo en toda la serie ante Bohemios.  Él, al igual que Sarni, son emblemas de este proceso continuo y coherente de su institución.

Merecidamente, el Larra es de Primera.