Una carrera ascendente que siempre caminó hacia el éxito, con pizcas de polémicas por no apartarse jamás de sus ideales, conocé la historia como DT de Marcelo Signorelli, nuevo entrenador en jefe de la Selección Uruguaya.

Experiencia internacional y ganador por naturaleza. De esos tipos que con solo verlo dirigir te das cuenta que no le gusta perder a nada. No reniega del trabajo y apunta al resultado como objetivo, no da ni una ventaja y cuida los detalles al máximo.

Convicciones claras y contundentes, no se aparta de ellas, lo que en algún momento de su carrera lo hizo pasar por inconvenientes puntuales. Con su idea, es frontal, tiene muchos adeptos y alguno que prefiere transitar la vereda de enfrente.

En primera división comenzó en Malvín, en el Federal de 1999, al año siguiente pasó Atenas y luego brilló en aquel Goes del 2001, que jugaba como local en el Platense. Campaña soñada que se desmanteló tras las vacaciones de fin de año. El plantel sin Alejandro Muro, Ismael Onetto y el extranjero Haywood quedó eliminado con Biguá, sin hacer historia, pero dejando una imagen imborrable en el pueblo Misionero.

Aquel recordado pasaje goense lo catapultó a Italia, con apellido ideal para el país de la bota vivió su primera experiencia internacional, la cual duró tres años. Ahí fue adoptando conceptos para una carrera repleta de éxitos.

Sin demasiado destaque pasó por Yale y Aguada, en el medio volvió a subirse al pájaro de acero, para dirigir en México.

Era momento de empezar a eregirse como un entrenador ganador. El Biguá del 2007 lo acunó. Signorelli manejó a la perfección un plantel repleto de estrellas que gritó campeón de punta a punta.

Al año siguiente pudo ser verdugo del Pato, dirigiendo aquel Atenas de Panchi, Rice y Hatila Passos que estuvo a segundos de eliminarlo en el Cilindro. El triple de Osimani todavía le duele, quedó en la puerta de hacer historia con las alas negras.

Pasó además por Olimpia y Paysandú, con mayores resultados en Colón que en el Litoral. Lo más recordado en el olimpista fue el Playoff contra Unión Atlética, igualó una serie 0-2 con un cachetazo inolvidable de Wadley sobre la chicharra cuando el azulgrana tenía la escoba en mano. No pudo coronar la reacción y quedó eliminado en cuartos.

Otra vez a Italia, esta vez a la tercera división, en lo que fue su último periplo europeo hasta el momento. A partir de ahí se subió a un tractor amarillo que lo terminó de colocar en el podio de entrenadores nacionales.

En Hebraica vivió de todo. En su primera temporada fue campeón, ordenó deportivamente a una institución que venía a los tumbos, apostando mucho y sin grandes resultados. Signorelli marcó el camino, y consiguió su segundo título personal.

El año siguiente fue el de la locura, se fue y volvió. Inédito. Obviamente, con tanta desprolijidad, los resultados no fueron los esperados. Tras un 2013 de descanso volvió para una LUB donde apostó a los juveniles y fue sensación, puso en jaque al Malvín campeón. Pese a no conseguir el título, fue una campaña que quedará para el recuerdo.

Otra vez decisiones extradeportivas lo alejaron de su pasión como entrenador. Descubrió nuevos caminos, ejerció como periodista y analítico de básquetbol. En el medio volvió al plano internacional. Con Correcaminos de Panamá clasificó a los cuadrangulares semifinales de Liga de las Américas.

En gran momento le llega su lugar como entrenador principal de Uruguay. Un puesto complejo que en los últimos años no tuvo sustentos que respaldaran al elegido. Tiene la capacidad para trabajar y cambiar la imagen. Gran decisión al designarlo.