Fernando Martínez levantó su cuarto título convirtiéndose en el jugador más ganador de la historia de la Liga Uruguaya.

Llegó tras perder una final defendiendo a la camiseta de Aguada. No era hijo pródigo, ni hincha, ni referente. Parecía ser uno más. Ni el tiempo sabía que ese Enano desfachatado iba a terminar siendo uno de los ídolos máximos de la historia del club.

Decir que Fernando Martínez trajo la gloria al club es una falta de respeto hacia un proyecto institucional de excelencia y a todos los que fueron parte de que aquel Malvín se transformara en el que es hoy. Pero si es una realidad que el Enano se convirtió en ícono de la institución y acompañó ese proceso de forma destacada.

Con diferentes roles, siempre se las ingenió para ser importante y lograr cuatro títulos con un club que hace una década no tenía idea lo que era cortar una red. Es tan hazañoso como increíble, y los elogios que se puedan escribir en este artículo siempre van a quedar chicos para tamaña consagración individual.

Hoy no hay nadie como él, ni en Malvín ni en la Liga Uruguaya. Es el más ganador, transpira y contagia gloria mientras mantiene su desfachatez característica, esa que usa tanto para ir al aro y escabullirse entre gigantes, como para liderar las “jodas” bien intencionadas en el grupo, según cuentan sus compañeros.

La historia ya está escrita y él, con lápiz en la mano, espera agregar algún capítulo más a este cuento de ensueño. Hay algo que es seguro, nadie le podrá discutir a ningún hincha de Malvín que su Dios es Enano.