Las mujeres y el básquet, una combinación única

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Las mujeres y el básquet, una combinación única

En conmemoración del día de la mujer, Básquet Total homenajea en esta columna a todas aquellas chicas apasionadas por el deporte naranja, haciendo un recorrido por la historia de las mujeres en el básquetbol.

La lucha por igualdad de género como bandera, el básquet no es la excepción. En la última década tímidamente las chicas fueron buscando un lugar en el baloncesto local y en este último año dichos esfuerzos crearon una “revolución”, que no sólo dejó a las mujeres a la misma altura que los varones en algunos aspectos, sino que también han desarrollado su marca personal, que contagia el amor por el básquet a todo aquel que las ve jugar.

En lo deportivo cada vez son menos los partidos con diferencias abismales, y a su vez son más los encuentros de calidad, las invitaciones a torneos internacionales y los triunfos a nivel de selección. Todo está a la vista, desde las finales del torneo femenino hasta el histórico sudamericano U15 de Ibarra, que son ejemplo del gran proceso de selección que encabeza Alejandro Álvarez, apoyado por toda la Federación, siendo además, incluído dentro del proyecto de las selecciones masculinas, trabajando a la par.

A la hora de analizar el crecimiento, los primeros marcadores están a la vista, y se encuentran en las jugadoras, pero las juezas son parte también. Si del colegiado hablamos, cada vez son más las chicas que se animan al arbitraje y el número de mujeres ejerciendo no sólo crece, sino que también la calidad es excelente. El número de juezas es mayor año a año, y tal vez la motivación y confianza para hacerlo surge desde nuestras juezas internacionales: Valentina Dorrego, Alejandra Godoy y Vivian García, mujeres que se han ganado su lugar en el arbitraje, no solo llegando a la Liga Uruguaya, sino que también a competiciones internacionales. Sin duda estas tres mujeres son ejemplo y motivación de otras, que gracias a ello saben que pueden llegar a ser igual de reconocidas que los hombres, o más aún. El año pasado, en la DTA, se dio por primera vez el arbitraje de un tridente femenino, en cotejo donde impartieron justicia Dorrego, Godoy y Ángela Quesada.

Si bien hemos tocado temas en los que el femenino está en crecimiento, hay características específicas que hacen al básquet de chicas único e inigualable. Lamentablemente es un hecho que en Uruguay se cree que los deportes de contacto como este son para hombres, y dicho motivo ha hecho que el baloncesto sea amateur, con un crecimiento lento y tardío, en comparación con la región.

Este amateurismo que rodea al básquet femenino, permite que las mujeres nos muestren la esencia misma del deporte, fecha tras fecha en el torneo local o en los entrenamientos. La gran mayoría muchas veces ellas se acercan a los clubes y hasta tienen que pagar por entrenar. Ni hablar que tienen familia, estudian, trabajan y tienen otras tareas que dejan a la naranja como un simple hobby. Entre tanto punto negativo que podría alejarlas del básquet, nace una pasión única, irrepetible y que solo ellas pueden demostrar. Del poco tiempo que les queda del día, aprovechan al máximo cada práctica, dejan todos sus problemas de lado y se abocan pura y exclusivamente al básquetbol cada vez que entran al rectángulo.

Lo mejor de todo, es que no cobran por hacerlo, y su único “pago” es ganar un partido, su objetivo es llegar a la selección, o simplemente divertirse haciendo lo que más les gusta. Esto las hace únicas. Mientras quienes viven del deporte toman a la selección como una opción, para ellas es casi una obligación llegar allí, y hacen todo lo posible por hacerlo.

Pocas veces van a escuchar que el básquet femenino es lindo de ver, pero si en algún momento tienen la oportunidad de asistir a un encuentro, no tengan dudas que van a estar viendo a 24 chicas que aman lo que hacen, que van a dejar todo por ganar un partido, mujeres que trabajan por superarse, festejos o lágrimas luego de cada partido que enamoran más a quienes las ven, que entienden que esto no es solo un negocio, sino que también es una pasión.

Desde el arbitraje, en el cuerpo técnico o como jugadoras, ellas son el ejemplo perfecto de lo que es el básquetbol, y de todo lo que se necesita para disfrutarlo: Amor, dedicación, esfuerzo, pasión y amor por la camiseta.

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