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Crece desde el litoral

Se llama Liga Uruguaya de Ascenso, por más que todos sus equipos son montevideanos. Como compensación, muchos de sus jugadores no lo son. Entre los Sub 23, se destaca una gran cantidad de deportistas del litoral en esta LUA.

Mirando por departamento, encontramos siete salteños (Juan Galletto, Luca Magnone, Santiago Massa, Facundo y Octavio Medina, Rodrigo Pintos y Salvador Zanotta), cuatro mercedarios (Leonardo Bouchaton, Edison Espinosa, Cristian Mazzuchi y Agustín Zuvich) y dos sanduceros (Giano Belase y Agustín Cabillón).

Para confirmar aun más esta idea de que la renovación del básquet uruguayo viene en gran medida desde el Litoral, están los casos de Luciano Parodi (MVP de la LUB) y el fraybentino Emiliano Serres (MVP Torneo Sub 23).

La pregunta es: ¿Por qué? ¿Qué hace distinto al jugador del interior?

Valentín Luzuriaga, entrenador y formador salteño, destacó las características propias de los jugadores que hoy se destacan, muchos de los cuales pasaron por sus manos: “Lo primero es que tienen talento y entendieron que para destacarse hay que dedicarle muchas horas extras. Son jugadores que entienden todo y que se dejan entrenar”.

En el interior, el jugador suele tener más tiempo libre y más horas de cancha disponible: “Los jugadores que llegaron entrenaban 4 o 5 horas diarias, teniendo la ventaja de tener una cancha cerca y de entrenar en 2 o 3 categorías, incluso en Primera desde muy jóvenes” explicó Luzuriaga.

De acuerdo con Marcelo Cabillón (Profe y Entrenador sanducero, y padre de Agustín Cabillón actualmente en Capitol), el niño del interior tiene un diferencial en cuanto a las experiencias motrices: “El trabajo coordinativo es mayor, no por el trabajo en los clubes, sino por la experiencia que el niño recoge solo, como por ejemplo moverse en bicicleta por la ciudad o subirse a un árbol”.

El también entrenador salteño Atilio Lima concuerda con este concepto: “Los niños y adolescentes del interior tienen más libertad para pasarse en el club entrenando, hacen otros deportes, andan en bici, trepan árboles y eso les permite una maduración física más temprana”.

Cabillón también destacó lo positivo de jugar con los mayores: “Ya con 15 o 16 años juegan en 2 y 3 categorías a la vez, y el roce con los jugadores de Primera desde tan jóvenes también es un aspecto a tener en cuenta”. Al respecto, Lima complementó: “Eso los hace madurar antes basquetbolísticamente”.

El rol de los entrenadores es clave, especialmente en edades muy sensibles para la formación del jugador. Específicamente, Valentín Luzuriaga contó: “A Luca (Magnone) lo tuve desde Mini hasta Infantiles, igual que a Octavio (Medina) y Salvador (Zanotta), eso hace que uno vea la evolución y planifique trabajos específicos”.

Al respecto de las condiciones de trabajo, no es en este punto que los entrenadores salteños encuentran la diferencia: “A pesar de las carencias en cuanto a canchas adecuadas y cantidad de pelotas, por ejemplo, se logran generar más jugadores en proporción a la población. El litoral es una cantera inagotable de valores” afirmó Luzuriaga. A su vez, Atilio Lima habló del problema de la falta de competencia a nivel departamental: “Los jugadores de Montevideo tienen la ventaja de tener más y mejor competencia, acá son seis clubes y se juega menos cantidad de partidos”.

Dialogamos también con Leonardo Zylbersztein, uno de los entrenadores de la capital que más jugadores del interior ha recibido y terminado de formar. Al respecto de las fortalezas del jugador del interior con el de la capital, expuso: “Hay una diferencia técnica, porque tienen mucho tiempo de gimnasio o espacios libres en el club que pueden usar. Esa es la gran diferencia. Incluso en los fines de semana, cuando se juntan, es en la cancha a jugar al básquetbol”. Por el lado de los aspectos que no traen tan desarrollados, y que considera que es prioritario trabajar cuando están en Montevideo, afirmó: “Tácticamente no llegan tan bien preparados porque la competencia es muy diferente, y es acá donde pulen los aspectos colectivos. También se le agrega la parte de fuerza que no está muy preparada, y lo que se les suma acá es muy importante”.

Para una visión profesional distinta, dialogamos con Sebastián Cardozo, psicólogo del deporte del Club Remeros de Mercedes, quien afirmó: “La principal diferencia está en la motivación y en el temperamento del deportista del interior”. Al respecto de lo primero, Cardozo explicó: “El jugador que se va a Montevideo es porque tiene un objetivo claro: quiere jugar. Eso lo fortalece y lo hace enfocarse”.

Al respecto de cómo ve a los jugadores del interior en este aspecto, Leo Zylbersztein resumió: “Son jugadores en general tímidos al principio, pero en la cancha tienen siempre la experiencia de jugar en categorías más grandes, incluso Primera. Eso hace que tengan otra personalidad y mayor confianza en el juego”.

Para Cardozo, el desarraigo es un proceso difícil y de muchos cambios para un joven, pero sin dudas incide en el crecimiento tanto de la persona como del jugador: “Al irse solo, dejar la familia y los amigos, el jugador se fortalece. El que no logra superar eso se vuelve, muchos han ido y no han llegado. El jugador que trasciende y se estabiliza es porque ha logrado una fortaleza y maduración mentales, incluso en lo extradeportivo, como vivir solo y asumir responsabilidades desde edades muy tempranas. Esa maduración se capitaliza en la cancha” concluye el psicólogo del deporte.

La clave está siempre en el jugador, provenga de donde provenga, y la conclusión de Valentín Luzuriaga es real: “Lo más importante es que ellos entendieron que para llegar hay que dedicarse y eso es lo que hace la diferencia. Si tenés talento y le sumás trabajo duro todos los días tenés más posibilidades de llegar”.

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