Las últimas imágenes de él en cancha nos ubican en plena Avenida Garzón. A aquel base bajito de a poco se le iba a apagando la nafta para ir y venir a la cúpula del barrio Colón. Detrás de ese 1.75 m se esconden dos títulos de LUB, dos vicecampeonatos y un sin fin de historias que nacieron con el amanecer del siglo XXI.

Biguá le dio sus primeras armas, Defensor Sporting lo adoptó y lo catapultó para que en Aguada se terminara de graduar con muy buenas notas. Olimpia se encargó de dar el punto final a una carrera que tuvo de todo. Su familia como punto de partida fue la encargada de inculcar el deporte y desde el primer momento la pasión se metió por las venas para quedarse toda la vida. Como mucha gente: “por un vecino”, “por un amigo de un amigo”; o mejor aún “por un conocido de mi viejo”, así fue como todo comenzó. Gava, apellido más que respetado en pleno Villa Biarritz, fue quien lo invitó y lo agasajó. El destino quiso que en sus primeras prácticas llegara la primera quebradura. La incertidumbre y la disyuntiva no pudieron con la resiliencia que alcanzó para que al año siguiente volviera con la naranja en mano.

Amigos, allegados y varios protagonistas de todos los deportes hoy lo visitan y le piden ayuda. Aquellas manos que supieron engalanar varias canchas de la capital con alguna asistencia deluxe, en la actualidad se encargan de sanar lesiones ocasionadas por la alta competencia. Con el viejo como referente inició su camino por la fisioterapia y la osteopatía. Entre paciente y paciente, en su lugar en el mundo, nos atendió para conversar sobre sus inicios, los campeonatos, el ser un deportista profesional, la experiencia del rugby y la actualidad del básquet nacional. ¿Qué es de la vida de Diego González? Aquel base que junto a un plantel de campeones le devolvieron la alegría a todo un pueblo luego de 36 años.  

¿Que es de la vida de Diego González?

Mi vida cambió rotundamente pero dentro del deporte también porque soy fisioterapeuta, osteopata y desde que dejé me puse al firme con eso. Estoy con mi consultorio en la clínica del deportista, en la Selección de Rugby con Los Teros y en Carrasco Polo en el rugby y en el hockey atendiendo.

¿Te tocó romper algún hueso o algún músculo que hoy tenés que arreglar?

Naaa, yo no rompía nada (se ríe). Yo jugaba más tranquilo, normal, dirigía al equipo pero si, hoy por hoy intento arreglar esas cosas.

¿Cómo nació el amor por el básquetbol?

En mi casa siempre fuimos muy deportistas. Mis dos padres son profesores y yo estuve en los clubes desde chiquito. Iba a las cinco de la tarde y me iba a las diez de la noche. Hacía ping pong, básquetbol, tenis, handbol, voleybol o lo que sea. Todo nació con Horacio y Alejandro Gava, eran amigos de mi viejo y vivíamos todos juntos en el mismo edificio. El hijo de Horacio era amigo mío de toda la vida y jugaba en Biguá. Siempre jugábamos en la calle todo el tiempo; un día me invitó a Biguá y fui. Yo jugaba al baby fútbol pero empecé a los 13 en el básquetbol junto a Alejandro y luego ya seguí. 

¿Te acordás de esos primeros movimientos?

El primer día que fui a entrenar a Biguá, era en una de las canchas que estaba en el subsuelo, estaba el profe Rafael González y en una de las primeras jugadas salté a hacer una bandeja y cuando caí me fracturé el pie. Fue de las primeras jugadas que hice en la primera práctica. Ahí dejé un año y era mi último año de mini. Volví a jugar al baby fútbol y al otro año regresé a los pre infantiles. 

¿Qué te acordás del primer torneo y tu debut?

Fue en el 2001 defendiendo a Biguá, estaba Paco Bolaña de entrenador. El debut fue en cancha de Defensor Sporting contra Cordón y me tocó marcar a Camilo Acosta. Fue un placer porque era un salado mal.

Fuiste a defender a Hebraica y Macabi en El Metro y consiguieron el ascenso. ¿Cómo viviste esa etapa?

Esa fue la última vez que Hebraica estuvo en segunda. Estuvo muy bueno porque teníamos tremendo equipo aunque Welcome era más potente y por eso subió primero. Teníamos a Glik que arrancó y luego terminamos con Kogan pero en la cancha estaba Bouzout que venía de ser campeón con Trouville haciendo 40 puntos por partido y estaba imparable. Estaba Izaguirre, Demián Álvarez, Manicera, Narbais, Zylbersztein, Sebastián González, éramos un muy lindo plantel.

Te tocó estar 4 años en la base de Defensor Sporting. ¿Cómo asumiste ese rol?

Me tocó estar al frente de Defensor siendo casi el único base hasta la última temporada que llegó Marquitos (Cabot) y los últimos partidos compartimos un poco más. Esa conducción fue muy buena porque logramos pila de cosas a nivel local y también dimos que hablar a nivel sudamericano.

¿Qué fue ganar la Liga?

Estuvo tremendo porque era un grupo de amigos y además se había armado un buen plantel, completo por donde se lo mire. Teníamos dos bases, dos escoltas con Collum a la cabeza que era tremendo player, seguía Izaguirre, Federico Álvarez y Diego Castrillón. Estaba Gastón Páez, Chris Jackson que era un fuera de serie; entonces veías que teníamos un plantel muy completo. La experiencia fue inolvidable y además fue el último campeonato que se jugó en el cilindro y tengo la red en mi casa de esa serie. Hacía pila que Defensor no ganaba un título y fue muy especial. Al ser un club tan familiar, el festejo fue muy familiar, muy cercano.

Uno dice Defensor Sporting y en la base juega Diego González. ¿Por qué te quieren tanto en el club si no sos jugador de ahí?

Yo no lo entiendo mucho y hoy la gente me reconoce mucho más por Defensor: “ah vos sos Diego el que jugaba en Defensor”, me dicen. De repente muchos hinchas de Aguada por ejemplo que es el equipo más popular, no tuve yo tanta popularidad ahí. Es cierto que estaba Leandro, Muro, Pablo Morales que son figuras muy fuertes y por eso yo quedaba en un segundo plano pero la gente me identifica mucho más con Defensor que con Biguá por ejemplo. Muchos no saben que jugué ahí, que salí de ahí y que encima estuve cinco años ahí. En Defensor se lograron cosas buenas, se trabajó muy cómodo, justo agarramos años que siempre estábamos en la definición entonces tuve mucha visibilidad ahí. Cuando estuve en Biguá no me tocó definir, no te identifica la gente.

Te tocó jugar en ligas internacionales, ¿cómo viviste esas experiencias?

En México por ejemplo conocí a Robby Collum que fue compañero de cuarto. Es una liga tremenda, conocés todo México, de sur a norte, porque vivís yendo y viniendo, y la Liga es súper competitiva. Es muy duro, está buenísimo y conocés otra realidad, otra forma de jugar que es totalmente distinta al estilo que hay acá. El centroamericano es mucho más de correr y tirar, acá preferimos el culo para atrás y es mucho más estático. 

¿Qué te sirvió eso a vos como jugador?

Ganás pila de experiencia y sobre todo ver otro tipo de jugadores y sus formas de jugar. Ahí jugué contra, para mí el más difícil que me tocó marcar, que fue Charles Bird el zurdito que jugaba en Vasco Da Gama que era imparable. Jugué contra jugadores de la NBA porque es una liga que paga mucho entonces trae jugadores fuertes. Aprendés a vivir más como un deportista profesional porque si bien acá podés vivir del deporte, estás en tu casa, tenes tu familia y es distinto. Allá vas, venís, vas al hotel, dormis siesta, comés bien, se descansa, te cuidás, vas a tirar, volves y estás solo para eso, no tenés ninguna distracción familiar ni nada. Eso me parece que como jugador está bueno y te eleva personalmente.

Tuviste la chance de defender a Uruguay en un Sudamericano, ¿cómo se dio esa chance?

Vestir la celeste es un orgullo en cualquier deporte me parece y fue una responsabilidad porque el Oso se había lesionado, justo era Jauri el entrenador y me llamó para ir. Ni lo dudé. Al año siguiente de ese segundo puesto, donde yo jugué poco porque caí en paracaídas y fui el jugador número 12, fuimos al Pre Mundial de Puerto Rico y eso si fue impresionante.

Ver a todos los jugadores que están jugando en altísimas ligas y nosotros los teníamos ahí. Ver jugar a Scola, Arroyo que en su momento eran una sal; fue impresionante. Aparte quedar afuera del mundial por tan poco contra República Dominicana fue una lástima.

¿Cómo fue ir a Aguada que era lo opuesto, desde todo punto de vista, con Defensor Sporting?

Aguada es un equipo muy especial sin dudas. Hoy en día, luego de siete años de haber sido campeón, la gente me para y me agradece, yo no lo puedo entender (se ríe). Vas a la carnicería y justo el carnicero es de Aguada y ya me dice: “para que vos te tengo el especial” y me trae algo de adentro. La verdad que está muy bueno y aprecio pila a toda la gente de Aguada porque todavía me hacen sentir parte de ellos y lo super aprecio. Los tengo a todos en el corazón porque son gente muy pasional y creo seguramente que de acá a 20 años todavía me pase eso. Yo se que alguien me va a parar, me va a reconocer y me va a decir “gracias campeón”. Aparte fue un campeonato muy especial, después de 36 años vivir eso era una demencia. Alguno ahora me dice que ganaron el año pasado y que está buenísimo pero que la octava es la que realmente cuenta.

¿Sos consciente que le devolvieron la alegría a todo un pueblo luego de 36 años?

Soy muy consciente. Ese campeonato fue tremendo, está super agradecida por todo ese año. Ahora la novena es hermosa pero no los van a recordar como “los que devolvieron la alegría” al pueblo aguatero. Me parece que viene por ese lado.

Hay un fragmento de la película “Arriba Muchachada” que le preguntan a una niña de no más de 4 años que es Aguada para ella y le responde “mi vida”. ¿Qué sentís viendo eso?

Eso lo tienen muy pocos equipos acá. Es una pasión que logra alcanzar a todo el país y no es característico de un solo barrio. Vos vas a cualquier lado del Uruguay y ves a un niño diciendo “Aguada es mi vida” y nunca fue a la cancha de Aguada, son cosas que no lográs entender. Es muy loco todo. Al ver ese video no te digo que se me eriza la piel pero está bravo, o sea es muy salado eso. Está fuerte de verdad ese sentimiento. Son niños que no saben ni leer ni escribir pero saben decir y sentir eso.

¿Cuál fue la locura más grande que te tocó vivir como jugador de Aguada?

Yo lo que más recuerdo es la sensación del primer partido. Estábamos prontos para entrar a la cancha de Aguada, estar en el túnel y escuchar gente cantar. Salimos y la gente explotó y sin duda que es el momento más lindos que me quedó.

 Lleva a decir: “Puta, esto está sarpado de verdad”. Ahí se me erizó la piel realmente. Luego el obtener el campeonato que fue una locura, parecíamos unas estrellas de rock en serio. No podíamos caminar, hacíamos cinco metros en media hora, era una demencia. Son las cosas que más me marcaron de estar en Aguada.

Siempre se dijo que Diego en la temporada un poco desaparecía pero cuando la situación quemaba en los playoffs la pelota iba al base, ¿es tan así como se dice?

Si, realmente me considero así y todo el mundo así lo considera, no sos el primero que me lo dice. Yo siempre supe que era un jugador más de playoffs. Mis compañeros y todos me lo decían: “vos te la guardás para las finales”. Yo creo que explotaba más ahí porque me enfocaba más por lo que estábamos jugando. En Defensor siempre teníamos un equipo más largo, ganábamos un poco más holgados y llegábamos con el uno o dos a playoffs de forma tranquila, entonces ahí me descansaba un poco más. Cuando las papas quemaban ahí yo me enfocaba más en lo que tenía que hacer y explotaba más. Lo que yo siempre dije es que los rivales te van scotueando durante todo el año y después cuando llegan las finales te saben marcar por como fue el año. “A Diego pasenlé por atrás. A Diego atacalo por acá” y luego eso en las finales no existe. Lo de Diego siempre era mejor en esa etapa. El otro día estaba hablando con Leandro (García Morales) cuando se vino a atender y me decía que habíamos terminado séptimos, esto y lo otro. Todos sabemos que ahora es lo que importa. No existe ni importa que Aguada haya terminado séptimo. Sin menospreciar a los jugadores y los equipos, ya sabés que jugadores rinden y saben cómo jugar en playoffs y cuáles no saben jugar en esta fase del torneo. Que equipo sabe asumir esa responsabilidad en esta etapa porque también eso influye. Eso pasó con Trouville que ellos habían salido segundos y nosotros ya sabíamos que le íbamos a ganar. Éramos todos jugadores de playoffs y ganadores, lo sabíamos. 

¿Dónde nace el amor por la osteopatía, fisioterapia y sus derivados?

Yo creo que de mi padre. Él es fisioterapia, es profesor y siempre estuvo relacionado al deporte. Es un referente dentro de la rehabilitación y la fisioterapia y creo que de a poquito fui mamando eso y siempre tuve claro que quería hacer fisioterapia y educación física. Logré hacer educación física, luego fisioterapia y por último osteopatía. Nace todo por culpa del padre.

¿Tenías claro que te retirabas y te alejabas del básquet?

Yo sabía que entrenador no quería ser y del basquétbol me terminé alejando por el cansancio de ir y venir. Entrenaba a la noche hasta tarde y luego a la otra mañana arrancaba temprano. Eso me fue pasando cuando ya estaba en las últimas con Olimpia que iba a Colón y yo vivía en Malvín y me iba muerto, era tremendo. Era alejarme un poco también de toda la dinámica de entrenamiento, del básquetbol y sus cosas. Después de que me alejé estuve dos años sin ver un partido de básquet, absolutamente nada. Al único que fui fue a ver a Leandro con Hebraica que lo rehabilité de la rodilla y más nada. Fui, lo vi y me volví. Luego arranqué de nuevo con la NBA y a partir de ahí de a poco volví. Me fue quemando.

¿Te sirvió para darle el punto final todo ese ritual?

No, fue totalmente natural. No lo hice pensando en irme dos años para darle fin, automáticamente se dio. Al yo haber estudiado esto también me ayudó a tomar la decisión. Yo no quería esperar a los 40 para retirarme del básquetbol para arrancar de lleno con la fisioterapia. Tomé esa decisión, el ciclo se cerró y listo. Ahora estoy de lleno con esto.

¿Cómo fue estar en una experiencia mundialista con el rugby y toda una delegación?

Ya me tocó estar en Inglaterra en el 2015 y en Japón en el 2019 y es una locura. Cuando me dan la palabra en las reuniones con los jugadores y los técnicos yo recalco siempre lo mismo. A mi muchos me conocen, saben mi historia, son hinchas del básquetbol y alguno atomiza con esto u lo otro relacionado al básquet y yo les repito lo mismo: “ustedes no se dan cuenta lo que tienen acá. Los demás deportes tienen que tomarlo como ejemplo en muchísimas cosas”. Ellos tienen que valorar el liderazgo, el respeto al otro, el respeto al rival, del respeto al referee, a la jerarquía del capitán. Habla él y no habla nadie más. Las formas de dirigirse entre ellos y sus pares. El comportamiento dentro del hotel es así. Y por último los valores para y con el deporte y el entrenamiento no se compara con ninguna otra actividad. Yo estuve tres años en Danubio y no tengo dudas que el respeto por el entrenamiento por parte del rugby es inigualable. Son muy cuidadosos con la alimentación, con el descanso, con el entrenamiento y si bien hoy en día se está intentando ser más preventivos, de ir a un lado a hacer fisioterapia u osteopatía y de seguir el camino correcto considero que se está muy lejos de cómo se vive el rugby. 

¿Qué tanta es la diferencia entre el básquet y el rugby?

Yo voy a comparar porque conozco ambos teniendo en cuenta la Selección de Rugby y la de básquetbol. Nosotros fuimos a entrenar a Welcome a las 12 porque estábamos citados, llegamos y no había pelotas. No entra en ninguna cabeza que se cite a una selección y no haya pelotas. El que esté a cargo y ve que no hay pelotas que vaya y compre tres pelotas. ¿Cómo no va a haber pelotas en una selección?. Ni hablemos de la ropa. Si queríamos bañarnos no había forma. Estamos hablando de 2007, no hablamos de 1995 que me imagino que debe haber sido peor. Yo creo que con el nacimiento del CEFUBB, se está yendo a un camino bastante parecido al del rugby y creo que se tomó un poco el modelo del fútbol y del rugby. No tengo dudas que va a crecer enormemente. Ya se están viendo los resultados que estuvimos a punto de ir a un mundial. Obviamente que es muy importante que se vayan para afuera, es la clave del básquetbol uruguayo, no tienen que jugar acá. Cuanto más hayan jugando afuera, más se va a desarrollar el básquet y la selección. El camino de la profesionalización no va solo en los jugadores, va en todos. En la profesionalización de la dirigencia en el deporte. El rugby se dedicó a profesionalizar a todos los actores, no solo a los jugadores, y hoy le está dando resultados. El básquetbol tiene que ir por ese camino y sé que de a poco se va a ir construyendo.

¿Son bravos los dirigentes de nuestro básquet?

Todos los deportes tienen dos problemas: los dirigentes y los padres. Son las dos patas más débiles que hay porque la Federación la dirigen los clubes, entonces cada uno cuida su chacrita. Hasta que no pongan neutrales que estén enfocados realmente en el avance del básquet uruguayo y en olvidarse de los clubes va a ser dificil. Si tienen que hacer una Liga de 10 meses y que venga equipos de bajo presupuesto y digan no me conviene estar en la Liga pero puedo jugar por 4 meses y no vean el pro del básquet nacional, no va a existir nada ni nadie que lo cambie. Tienen que ser realmente neutrales sin conflicto de interés para sus clubes. Eso es lo más clave. En el rugby pasa y esos clubes patean, no buscan el pro del rugby nacional, buscan lo de sus clubes. Hay equipos que protestan porque tienen cinco jugadores en la selección y no lo celebran. El otro día en la final, en el equipo de Old Christians habían 18 jugadores que pasaron por el proceso de selección. Hay equipos que si tienen 18 jugadores en la selección los matan porque no tiene tantos jugadores pero tendría que ser como un orgullo.

¿Sos partidario de jugar en paralelo todas las competencias?

Yo sí, sin dudarlo y hace añares. incluso digo que se debe jugar de marzo a noviembre y todas las ligas paralelas. Que no juegue un jugador en metro por más de ser sub 21 y luego que juegue en primera división. Está perfecto pero dale fogeo en la sub 23 que tanto se habló y nunca se formó. Es todo recontra discutible pero la competencia tiene que ser paralela como en todos lados del mundo. 

¿El cansancio te terminó de alejar del básquet?

Hay varias patas sin dudas. Una fue el poder dedicarme de lleno a esto de la osteopatía y de la fisioterapia. Otra fue la dinámica familiar porque tengo un hijo y yo me iba cuando mi esposa llegaba, luego yo llegaba y todos dormían, entonces la dinámica familiar se hace un poco difícil. Es verdad que los domingos de noche me costaba ir a entrenar (se ríe). Yo sé que si no hubiese estado la fisioterapia seguramente seguía jugando, capaz que hasta el día de hoy.

¿Extrañás el ambiente?

No, realmente el ambiente no. Lo que extraño es jugar, el juego en sí. A veces me pongo a jugar a algo y me reclamo o me digo que extraño eso. Luego tal vez pasan unos meses que no juego a nada y no extraño. Jugué la Liga Montevideo con los Bulldogs, estuve un semestre y subimos pero al otro semestre nos cambiaron los días y me coincidía con el trabajo, ya se me complicó y dejé.

¿Ves algún Diego González en la Liga?

Yo sinceramente no (se ríe). El otro día hablaba con Leandro eso mismo, ya se perdió el base armador. No está más el que ve el defecto del otro equipo e intenta atacar por ahí o el que ve las virtudes de nuestro equipo para potenciarlo y superar al rival. No se ve el que piensa, idea la jugada, decide y asiste. Se ha perdido el base que armaba el juego y al equipo, yo era así y hoy no existe ese estilo de jugador. Hoy es real que el base es más tirador y menos armador. Ves a nivel internacional y son muy protagonistas en ofensivas. Hoy se juega mucho el pick and roll, casi que exclusivamente, entonces hay pocas jugadas. Hoy ya veo descargas, penetraciones, pick and roll y ya está. Ya no existe el poste bajo, ya no hay Chris Jackson, Cardenas, no hay ese estilo de juego. Son todos tiradores, ágiles, todos corren y se modificó desde ya hace 10 años. En Uruguay los que más se asemejan son Romero y Marotta.

¿Quién es el mejor base uruguayo de la actualidad?

Yo no soy de mirar básquet europeo y si pienso en bases no puedo no decirte Granger o Fitipaldo, no quedan dudas. Pero no los he visto jugar mucho. A Fiti lo vi un poco más pero a Granger casi nada. Por lo que dicen sé que son los mejores, igual si juegan en Europa por algo será. Si Jayson fue el base del campeón de España en su momento, si juega en la actualidad en un equipo de Euroliga y hace cuatro años fue el mejor base de Europa y estuvo para ir a la NBA obviamente no hay con quien compararlo acá.

¿Por qué se lo reniega tanto a Granger?

Yo creo porque no viene. Igual no ha venido por ciertos motivos. En la interna sabemos que no vino por un tema dirigencial. No creo que no tenga ganas de venir a defender a su país. También es verdad que se estaba jugando mucho dinero. Entonces al decir “voy a jugar a Uruguay un Sudamericano o jugarme la ropa acá en Europa con un contrato que me juego la temporada” me parece difícil tomar la decisión.

¿Fuiste feliz en la cancha?

Si, obvio, sin dudas. El básquetbol me dio muchas alegrías y me las sigue dando porque tengo muchos recuerdos y muy lindos. Seguiría eligiendo la misma historia que me tocó vivir.