Seguimos conociendo historias de los protagonistas con doble actividad. Mauricio Rodríguez, quien recientemente renovó con Lagomar para el próximo torneo de ascenso, trabaja en un cementerio de mascotas. El laburo lo ayudó a organizarse, tener prioridades y enfoques claros en su vida.

A simple vista no parece ser la mejor ocupación del Mundo. Y yo que sé. Tenés que ser una heladera para dedicarte a ir a buscar mascotas que fallecieron para llevarlas al cementerio y no sentir nada. Se te hace un nudo en la garganta de solo pensarlo. Más, si sos como Mauricio Rodríguez, quien dice disfrutar de las mascotas. Tiene un gato “porque vivo en apartamento” pero la familia tiene perros, se divierte y juega con ellos, lo une un cariño especial.

Alguien lo tiene que hacer. Y el Pelado entrenador de Lagomar es uno de ellos. Su labor no tiene un rol específico, hace un poco de todo. Trabaja de lunes a sábados de 9 a 17. Y, a veces, cumple guardias rotativas para cubrir urgencias fuera de horario.

Atiende el público que va a las oficinas. Responde solicitudes que llegan por teléfono o mail. Y, cuando lamentablemente es necesario, va a buscar a las mascotas para trasladarlas al cementerio. Ahí la familia decide entre el entierro y la cremación. Si van por la primera opción, se le asigna una parcela a la que pueden ir a visitar cualquier día de la semana.

El momento es duro. Claramente la mayoría de los que deciden invertir en este tipo de servicios tienen un “cariño humanizado” con sus mascotas. El dolor, en la muerte, obviamente es un montón. Y acompañar esas instancias es dificil, más siendo un desconocido. Empatía y respeto son palabras que se repiten en el relato del entrevistado.

Más allá de esto, disfruta mucho su laburo por buen ambiente general que transita a diario con sus compañeros. Lo notamos en el ratito que duró la entrevista. Respeto, charlas, chistes. Es ameno, cada uno respeta su rol y aporta para el colectivo. Algo así como el equipo de básquet ideal que quiere todo entrenador. Cuenta incluso, que varios se hicieron hinchas de Lagomar en El Metro, y disfruta las jodas de básquet al día siguiente, en el triunfo y en la derrota.

Está agradecido con los dueños de la empresa que lo recibieron hace poco más de un año, y a un hermano de la vida que fue clave para conseguirle la entrevista laboral que desembocó en el presente.

Le cambió la diaria a Rodríguez. Lejos quedó aquel pibe que se dedicaba de lleno al básquet, mientras alternó un par de carreras universitarias -Relaciones laborales y profesorado de filosofía- que no lo entusiasmaron del todo. Las obligaciones aumentaron con la edad, y con otras responsabilidades económicas laburó casi dos años en Uber.

Pero era dificil compatibilizarlo con el básquet, la libertad de horarios le jugaba en contra y terminaba estando “todo el día en la máquina”.

Su llegada al jardín le sirvió, en principio, para organizarse. Establecer horarios: ”Esta oportunidad me llevó a tener prioridades en mi vida, hoy la número uno es esta”. Esto no quiere decir, ni cerca, que deje de lado su pasión por entrenar básquet. Todo lo contrario. El tiempo que le queda, busca aprovecharlo de la mejor forma posible.

Termina el 2020 como encargado de las formativas y el primer equipo de Lagomar, no sabe que deparará el 2021 que entra. Sabe que es dificil continuar con los más chicos. Quiere hacer lo que pueda hacer bien. Si no “voy a desprestigiar mi laburo”. Aunque se lamenta de sólo pensar en dejar algo donde se siente apoyado y a gusto. Intentará encontrarle la vuelta; para seguir formando y también para dirigir DTA; otro bichito que anda rondando en la cabeza pelada.

Este año ha sido un proceso de aprendizaje constante donde, entre otras cosas, intenta no trasladar calenturas ni euforias de un sitio a otro. Por más tarde que termine de picar la naranja, a las 8.30 está religiosamente en el jardín. Y, cuando sale, se enfoca de lleno en el partido o entrenamiento de turno. Bloques de vida marcados. Por ahí, camina seguro.

Saca piques para las relaciones interpersonales. La “cancha” para manejar determinadas situaciones en los dos laburos. Desde enfrentar momentos de dolor con familias que van a enterrar a sus mascotas, hasta charlar con jugadores a los que se los nota cansados porque llegaron a un entrenamiento después de una jornada complicada de trabajo. Empatía, otra vez la palabrita mágica.

Sabe que la profesión del director técnico en uruguay es dificil, y que son pocos los casos que pueden dedicarse de lleno al básquetbol. No se queja, todo lo contrario. Con la sonrisa permanente con la que disfruta la vida siempre busca el medio vaso lleno. En este caso, usar el deporte como un “cable a tierra”. Y laburar sin la presión constante de que un resultado puede marcarle el futuro económico. Si pasa, tiene el respaldo de un sueldo fijo atrás. Gana en salud.

Está mucho tiempo afuera de casa. Entre trabajos, le queda poco tiempo para todo lo otro. El agradecimiento para con su compañera de vida es imposible de describir con palabras. Se emociona al hablar de ella. Es la que lo soporta cuando la cabeza explota: “No podría hacer todo esto sin la comprensión y la tolerancia de ella. Es esencial su compañía”. Alejandra, si estás leyendo esto, a Mauricio cuando habla de vos le brillan los ojitos.

Hoy la vida pone a Rodríguez en un lugar que mezcla comodidad y felicidad. Encontró el camino, el desafío será transitarlo, para encontrar la recompensa.