No puede separar al club del barrio. Para él, Larre Borges es La Unión. En el barrio nació, creció y aprendió valores para toda la vida. Fernando Corchs nos contó su historia con el cuadriculado.

Cuando uno nace a unas cuadras de un club de barrio, es bravo no convertirse en hincha, o por lo menos agarrarle un poquito de cariño. Pero cuando uno nace a cuadras de un club, tu viejo es dirigente y todo tu circulo íntimo se basa en torno a una institución es realmente imposible no hacerte hincha de ese cuadro de barrio. Y no hablamos de uno cualquiera; es uno de los pocos que representa a todo un barrio. Entero. No se divide en dos equipos. Es uno solo. Como bien nos arranca diciendo Fernando “Hablar de Larre Borges es hablar de La Unión”.

El barrio como punto de partida. Nació a poquitas cuadras del Romeo Schinca, precisamente en Humachiri y Pan de Azúcar. Y, como no podía ser de otra manera, continuó con la tradición familiar de ser hincha del Larre. Su viejo, dirigente de toda la vida que hasta llegó a presidir la institución por un par de períodos, le trasladó la pasión a flor de piel, “desde que me conozco estuve en una cancha atrás de Larre Borges”, afirma un poco entre risas, como admitiendo que es un sentimiento que no tuvo, no tiene, ni va tener cura.

Los primeros recuerdos de aquel gurí hincha de la cuadriculada llegan en el 79’ con el ascenso a segunda, donde el panameño Aristides Clarke lo maravilló. En esa época los equipos de tercera podían contar con una ficha extranjera, Clarke fue la de aquel Larre que marcó a un Corchs de apenas cinco años. Rememora esa campaña con muchísimo cariño, la noche del ascenso en Jaime Zudañez fue de esos momentos que marcan a fuerte el comienzo de una pasión.

Y la pasión iba de la mano con el barrio, y este último con los amigos. Las tardes enteras en la Plaza 5 jugando a la pelota, los campeonatos interescolares, el tablado en el club que decía presente en cada febrero. Intentó varias veces ponerse la pilcha de su club en formativas, “practiqué muchas veces, pero nunca jugué oficialmente”. Terminó siendo un fiel acompañante de todos sus amigos que jugaban, siguiéndolos a todas las canchas. Inclusive de su hermano mayor, que llegó a jugar hasta en la reserva del equipo de la calle Villagrán.

Todo niño tiene un ídolo, y el de Fernando sin duda es Camilo Ácosta. Era ver al pibe del club brillar en la elite, siendo uno de los tantos pibes que jugaban en el barrio y en Larre. Recuerda que en el 97’, viajó al Sudamericano en Maracaibo donde Acosta defendió a la selección uruguaya y bromeaban de que el Larre estaba siendo representado en una final.

Es que el ídolo de la infancia es ese que te marca, y para Fernando “Camilo lo siento como el tipo más identificado con el club”.

Pasó casi una década de mantenerse en segunda hasta llegar el enero del 89’, posiblemente uno de los momentos deportivos más felices en la vida de nuestro entrevistado. Luego de muchísimo tiempo, Larre llegaba a una final por el segundo ascenso contra Montevideo. En el Cilindro, “fue la primera vez que lloré por Larre Borges”, porque “con uso de razón y sin uso de razón, era la primera vez que veía a Larre en primera”. Un plantel repleto de jugadores de la casa que hicieron que ese ascenso de 1988 lograra un sabor especial por donde se lo mire.

El hecho de ver al club de toda tu vida llegar a la elite del básquet uruguayo, festejándolo con la familia y amigos, hizo que aquel enero del 89’ fuera muy movilizante para la familia Corchs. Como fueron de movilizantes las siguientes dos temporadas que el Larre se mantuvo en primera, donde el barrio recibió a tipos como Tato López, Fonsi Núñez, Carlitos Peinado y Luis Pierri, entre otros. En el mismísimo Romeo Schinca. Era ver a los más crá, jugando en la cancha del barrio, algo que hoy lo tomamos como cotidiano, pero que en aquella época movilizó a toda una barrida: “eran tipos que habían marcado la historia del básquet uruguayo, jugando en La Unión y contra el Larre, era todo un acontecimiento”.

Recibir a esos tigres en La Unión, levantó un arraigo popular en el barrio que fue un fenómeno muy fuerte. El ferretero que no tenía ni idea de básquet, se arrimaba pa pispear que pasaba con el equipo que tenía la camiseta cuadriculada, el panadero lo mismo y así fue que el barrio comenzó a girar en torno al club.

De golpe. Como casi sin quererlo. Y esos años Fernando los disfrutó y los añora con muchísima alegría.

Luego tocaron las difíciles, tras dos temporadas en primera llegó el descenso en el 91’ con Nacional, ahí el llanto no fue de felicidad, sino de tristeza. En cancha de Cordón, en un tercer y definitivo encuentro, el bolso mandó a Larre nuevamente a segunda, el partido terminó en una generala tremenda, de esas que Fernando recuerda varias. Principalmente en tercera, “los clásicos con Unión eran bravísimos, en uno le ganamos por 20 y como mi viejo era el presidente de Larre, llovieron cañitas y bombas brasileras para adentro de casa”.

Pasaron los años y una de las profesiones que Fernando comenzó a transitar -el periodismo-, directa o indirectamente se empezaba a chocar con su pasión. Tal es así que recuerda una anécdota, en sus comienzos en Últimas Noticias en el año 1995, donde Larrañaga le ganó un partido a Larre en el Schinca, que tuvo un accidente gravísimo, donde un hincha del club, “sacudió al juez con dos o tres piñas camino al vestuario”. Corchs dejando su pasión de lado y a pesar de tener a su viejo en la directiva… “metí un tremendo recuadro el diario ‘Sanciones ejemplarizantes a Larre Borges, está totalmente identificado el agresor’…”.

El hecho terminó con que a su club le sacaron dos puntos por ese incidente, el padre no podía creerlo “Fernando no puede poner eso” decía. Recuerda un poco arrepentido porque “a veces con tal de dar el ejemplo te pasas un poco de rosca”. Otra de esas anécdotas lindas vinculadas a la pasión con su profesión fue hace poquito, cuando el aurinegro metió un campañón logrando el sexto lugar de la LUB. Partido de playoffs, Palacio Peñarol, 95% de Aguada y 5% de Larre, “Me tocó comentar para la radio con mi familia y mi gente en la tribuna, si no te tira es porque tenés menos sangre que una morcilla” (risas). Trata y uno de afuera ve, que la objetividad se mantiene por encima de la pasión, con tantos años remándola de esa manera y conviviendo es que uno se va acostumbrando. “Pero es raro, soy hincha de un equipo grande de futbol, pero no me pasa ni el 10% de las cosas que me pasan con respecto a Larre”. Puntualmente se acuerda de aquel punto de Playoffs que el cuadriculado le robó al aguatero con los recordados cuatro triples consecutivos de Marotta en el último cuarto, “yo en el tercer o cuarto triple lo grité y pateé por debajo de la mesa, fue muy lindo”.

Creo que no es casi ni necesario mencionar de que club son hinchas sus dos hijos, ¿no? “Le pude trasmitir el hecho de la alegría y tristeza deportiva con Larre”. El más grande de “los corchitos” juega en la UA, el menor va a Malvín, aunque Fernando reconoce sin dudar que le gustaría que jugaran en el aurinegro, pero por un tema de logística terminan haciéndolo allí. Comenta que los “han intentado trasladar de emociones, pero de ninguna manera lo lograron”.

Siempre se dice que el primer paso es asumirlo, algo que nuestro entrevistado siempre lo hizo: “como talento básquetbolistico no tenía, algún legado, algo lo tengo que aportar al club”… pensó durante mucho tiempo, hasta que un día en 2010, previo al Metropolitano que luego se daría el recordado ascenso de la mano de Pepo Vidal y Cabot, se puso a pensar que su Larre ¡no tenía himno!

¿Cómo podía suceder esto? ¿Iban a presentar el equipo sin el himno de fondo? Así fue que una tarde, mateando, empezó a bajar ideas hasta componer el himno que luego fue cantado por Emiliano Muñoz, “no me cerraba, tiraba papeles, hasta que quedó y para mi quedó buenísimo, más con lo que hizo Emi Muñoz”.

Sentados en la Plaza 5, atrás del Schinca, viendo el gimnasio por fuera, Corchs intenta dimensionar todos los cambios que vivió el club, principalmente estos años: “Es increíble, es un estadio de Liga, para un equipo que, si me apuras, no sé si es de Liga, porque a veces querer no es poder”. Argumenta que le gustaría que el crecimiento deportivo vaya de la mano con el institucional, como se está haciendo en los últimos diez años, “el club todavía tiene mucho para crecer, tiene una barriada popular y debe acompañarlo con más proyectos y obras como se viene haciendo”.

Lo deportivo para Fernando, pasa a segundo plano, es que Larre “es un sentimiento de vida, que trasciende lo deportivo”. Es algo mucho más fuerte que si una guinda entra en el aro o no. Es su familia, es su viejo, su hermano, son sus hijos y sus amigos. Es su barrio, y un punto de partida permanente.