Nos fuimos hasta el Parque Rodó, aprovechando un caluroso y despejado jueves a la tarde, donde además de respetar las distancias y cuidarnos en este momento tan complejo, tuvimos una gran charla con el foráneo aguatero.

Portando la camiseta del gran Tracy McGrady en su etapa de los Orlando Magic, Lee hizo un repaso de toda su carrera. Compartir vestuario con estrellas de la NBA y llevar a una de ellas por el mal camino. Contó como encontró el amor y la amistad en territorio australiano, seguido por el respeto nipón y sus tradiciones, finalizando en nuestro país, donde tuvo una semana en la que pasó de villano a héroe. Señoras y señores, sin más preámbulos, pasen y lean. Creanme, no se arrepentirán. Este es el pasaporte de Lee Roberts.

¿Cómo fueron tus inicios y tu infancia?

Yo nací en Seattle y soy hijo de militares, por ende no estuve ahí mucho tiempo ya que ellos tenían que viajar mucho. Estuve ahí unos 7 u 8 años y después nos fuimos moviendo por Estados Unidos. Tuve la posibilidad de estar en Alaska y en Ohio unos 4 años. Es algo diferente, pero sin dudas Seattle es como mi hogar porque mis padres son de ahí.

¿Qué se siente ser hijo de militares? ¿El servicio que ellos hacen es tan así como lo vemos en las películas/series en esta parte del mundo?

Son dos partes totalmente distintas. Ahí los militares siempre han sido respetados, pero no fue hasta el 11 de septiembre en donde se empezó a respetar aún más su figura. Al principio, tenés padres que son bastantes estrictos y duros, pero después te acostumbras (risas). Después de esa fecha, ellos tienen mucho más respeto y está bien que sea así porque se lo merecen. Ellos ponen su vida en peligro por nuestro país y por nuestra libertad.

¿Cuándo empezó tu amor por el básquet?

Es raro, pero mi primer deporte fue el fútbol. Al principio no me gustaba el básquet, incluso fui cortado en mi equipo de octavo de secundaria y casi lo dejo. Yo era atlético y me gustaba hundirla, más que nada. Es más, nunca fue mi primera opción y menos pensé ser jugador de básquet profesional.

También eras muy bueno en salto alto. ¿Cuándo fue que tuviste que decidir si dedicarte a una cosa u a otra?

El amor por el básquet vino después. A pesar de que tuvimos muy buenas temporadas tanto en mi año junior y en mi año senior, siempre fui mejor en salto alto. Fui al campeonato estatal y gané. Tuve varias ofertas de universidades, pero con el básquet estuve expectante para ver qué pasaba. Finalmente, me ofrecieron la beca por el básquet en Findlay, Ohio. Después de visitarla y de ver el programa, el cual tenía una cultura ganadora, decidí ir. Una vez allí y después de la temporada de básquet, le pregunté al entrenador “¿Puedo hacer salto alto también?” (risas). Al final, también hice salto largo y fui a las nacionales, ya que gané mi conferencia. Logré saltar 2 metros y 10 centímetros, casi 2 metros 11 centímetros.

Luego de dejar la universidad, te fuiste a Europa. Tuviste la oportunidad de pasar por uno de los grandes equipos alemanes como el Bayern Munich, pero no todo salió como esperabas. ¿Qué pasó ahí?

Lo que pasó en Munich fue que yo venía de Francia, ya que la situación ahí no había funcionado. Había un jugador lesionado en el Bayern y me preguntaron si estaba disponible para reemplazarlo, a lo que dije que sí. Estuve ahí todo un mes y le supe caer bien al entrenador, pero el jugador que estaba lesionado se recuperó y volvió al equipo. Él es un buen jugador, no tan bueno como yo, (risas) y todo pasó tan rápido. Se venían una serie de juegos importantes y el entrenador me dijo que se tenían que quedar con el jugador que estaba antes. Es una historia graciosa, porque después, cuando estaba jugando en Braunschweig, el asistente del técnico me mandó un mensaje diciendo que estaban tristes porque habían tomado la decisión equivocada. Si me hubiese quedado en Bayern Munich, capaz que todo hubiese sido distinto, pero no puedo enojarme. Lo que te voy a contar es significante. Cuando jugaba en Braunschweig, compartí vestuario con dos futuros grandes jugadores de la NBA: Daniel Theis y Dennis Schröder. Espero que algún día escuchen esto (risas). Dennis era algo joven y solíamos jugar 1×1 entre nosotros y con los otros jugadores negros del equipo. Daniel era muy atlético, pero era muy inmaduro porque también era bastante joven. Salvo por Dennis, él y yo, sumado a otros muchachos del plantel, fuimos al Oktoberfest y nos metimos en un Wolkswagen Gol. Imagínense un auto de ese tamaño con cuatro sujetos con más de dos metros de altura y manejamos por más de siete horas hasta llegar al Oktoberfest. Fue un momento muy divertido.

¿Cómo fue tu pasaje por el Team FOG Næestved danes?

Dinamarca fue divertido, de hecho es uno de mis países favoritos solo porque la cultura era muy buena. El básquet tenía un nivel un poco más elevado y teníamos un buen equipo que no paraba de ganar. Nos fue bastante bien en el campeonato, pero nos quedamos cortos. Una gran experiencia.

Después tuviste la oportunidad de ir a Australia, ¿qué te pareció esa experiencia?

El 12 de Abril de 2011. Ese día llegué a Perth y no me lo olvido más. Desde el momento que arribé fue algo loco, ya que por ejemplo tuve que manejar por la izquierda y poner los cambios del auto con la mano izquierda. En Alemania me había adaptado bastante bien, en Dinamarca no tuve la chance de manejar y ahora tener que adaptarme fue algo inesperado. Cuando llegué al aeropuerto, el hombre que me esperaba me tiró las llaves del auto y me dijo “seguime”. A esto, eran las dos de la mañana cuando llegué y por suerte que nadie me vio manejando, porque el auto se me apagó como unas diez veces (risas). Llegué a la casa, la cual estaba al lado de la playa y era algo hermoso. Me quedé con la familia de esta persona y me dejaron sin palabras. Eran las tres de la mañana y me recibieron de una manera muy cálida. Al día siguiente, me levanté y quise ir a explorar este nuevo lugar. Fui a la playa y fue asombroso, desde ese momento dije que quería vivir ahí. Ahora mi familia está viviendo allá, está viviendo en ese mismo barrio y a dos minutos de esa playa. Australia estuvo bien, a pesar de que el nivel del básquet era inferior, me abrió muchas puertas. Sin duda, lo mejor de ese año fue que conocí a mi esposa y al año siguiente conocí a mi mejor amigo que tengo en el mundo, que fue con quien me terminé quedando cuando llegué ahí, hasta que pude terminar mi casa después de ocho años. Él y su familia son mi familia. Australia es mi casa y amé jugar en esa liga porque se desarrolla todo en una sola ciudad (Perth). Este año la cambiaron y es una liga nacional, por lo que ahora juegas a nivel de la ciudad y después ese ganador juega a nivel nacional.

Una vez finalizada la etapa australiana, te fuiste más al norte y terminaste en Japón. Hay mucha gente que tiene un prejuicio de la liga japonesa. ¿Qué tenes para decir al respecto?

Japón es un mundo totalmente distinto, empezando por la cultura. Por ejemplo, algunas personas se sacan los zapatos antes de entrar a los lugares y nadie se lo cuestiona. Me pasó de ir al gimnasio en el estadio y tener que sacármelos porque es una cuestión de respeto. También hacen posiciones de estiramiento durante mucho tiempo. En lo que es a nivel de básquet, son muy profesionales y eso ayudó a que fuese mi año clave, lo que me llevó a ponerme en el mapa. Jugué contra jugadores de alto nivel NBA, también con algunos que tuvieron buen nivel en la universidad. Eso hizo darme cuenta de que podía jugar contra estos tipos. Estar en Japón te hace sentir que estás en una gran liga, ya que por ejemplo tenés una presentación personal donde te dan 30 segundos para que tengas una canción y un baile propio, es todo un show y te diría que ell All Star es algo mucho más grande aún. El juego se hace en Saitama y con unos 30.000 espectadores, donde hacías alguna hundida o había que defender alguna pelota clave y todos se volvían locos en la tribuna, pero cuando el juego se terminaba se vivía un ambiente de respeto y de paz. El juego de estrellas fue algo emocionante y realmente me hizo sentir que estaba en la NBA. Honestamente, Japón fue una experiencia cool y es un país al cual volvería definitivamente.

Mencionabas que la cultura y el respeto eran algo predominante, pero que ellos tenían costumbres extrañas. ¿Cuál fue la experiencia más loca que has tenido ahí?

Un compañero y yo, que éramos los mejores del equipo, fuimos invitados a comer por el dueño del cuadro junto con su esposa. Estaba el presidente, el gerente general y todas las grandes autoridades. Era un gran restaurante en Japón, en donde entrabas y te tenías que sentar en el piso y te quedaba la cabeza sobre la mesa.

También estaba el fisioterapeuta, que me hacía de traductor a mi y al otro extranjero. Resulta que estaba sentado al lado del presidente del club y tenía al fisio en frente mio, y en ese momento el presidente le dice algo al fisio sobre los sushi que estaban en la mesa. Había una pieza que me gustaba y otra que era asquerosa. A todo esto, el fisio me dijo que la pieza asquerosa era para mi, ya que era una de las piezas más caras y más finas del menú, y por eso el presidente quería que lo probara. Yo le dije al fisio que ni loco lo iba a comer, a lo que él me miró con cara de compromiso y me dijo que lo comiera, que no tenía otra opción. Yo por dentro pensé, estoy en Japón y aquí son muy respetuosos con las costumbres. Habían 10 personas en la mesa esperando a que comiera ese sushi y no tuve otra opción. Enseguida de eso, todos se empezaron a reír y yo no pude ni tragarlo. De hecho, tuve que ir al baño a escupirlo, pero dentro de todo es una anécdota muy graciosa.

Luego de tantas locuras en varios continentes, terminaste desembarcando en Argentina, más precisamente en Concordia. ¿Qué hizo que te fijaras en ese país?

Fue algo distinto porque fue un shock cultural, ya que era la primera vez que venía al tercer mundo. Como país, tuve que tener mucho cuidado en la forma que actuaba. Sin embargo, las personas en Concordia eran muy amistosas, había un entorno muy familiar y todos querían compartir las cosas conmigo, incluso el mate. A pesar de que en ese momento no hablaba español, ellos querían comunicarse conmigo y expresar lo que sentían. Concordia es una ciudad pequeña y ahí no tienen fútbol, lo único es el básquet. Cuando empezamos a jugar no fue la gran cosa, pero empezamos a ganar y nunca imaginé ver una pasión de ese estilo en ese lugar. Eso fue algo eléctrico y muy divertido. Ahí también tuve la suerte de ganar mi primer campeonato profesional y puede que sea uno de mis momentos favoritos. Abracé tan fuerte a ese trofeo porque significó muchas cosas, no solo que era el único americano en el equipo, sino que además de que fue ahí donde empecé a hablar en español. Mis compañeros eran realmente mis amigos, con ellos salía todo el tiempo y eso hizo que me quedara un año más en Estudiantes.

Entonces, si tenes que evaluar tu estadía en el gigante verde, ¿cómo sería?

A pesar de que éramos un equipo tosco, ya que estaba en un club pequeño y competíamos contra grandes clubes como San Lorenzo, Peñarol, Obras, entre otros; además de ser una ciudad chica y eso para un americano no es fácil, no hay Mcdonald’s (risas), no hay nada. Si tengo que hacer una escala del 1 al 10 y decirle a alguien que vaya a Concordia, sería un 6, pero la gente es un 10. Aún sigo teniendo buenos amigos ahí.

Después, tuviste otros pasajes en varios equipos argentinos, además de retornar a Australia varias veces, para así terminar desembarcando en Aguada. ¿Cómo se gestionó eso?

Tuve otras ofertas de otros clubes, pero Aguada puso todo sobre la mesa. Ellos llamaron a mi agente y le preguntaron por mi situación, además de comentarles que la economía argentina estaba complicada. Mi agente me preguntó si quería volver a Sudamérica (yo estaba en Perth) y lo consideré mucho por mi hija, ya que acá en Uruguay no hay ningún problema con el tema de las distancias y eso hizo que me gustara el panorama. Una vez que llegué, las cosas se pusieron aún mejor porque los muchachos fueron muy buenos conmigo y hubo mucha diversión desde el principio, sumado a que los hinchas son una locura. Yo no podía pedir nada más, estaba en el club más grande de Uruguay con una hinchada que apoyaba siempre, y jugar con grandes jugadores como el Mono Bavosi y Leandro García Morales, es como ir a Argentina y jugar con Manu Ginóbili.

Pese al buen arranque del equipo y que estaba jugando bien a nivel internacional, el juego con Franca significó la eliminación del certamen y que varios te señalaran por lo que sucedió la noche anterior. ¿Cómo lo viviste?

Fue un error que tuve. Tomé muchos tragos antes del partido, no el día del partido, sino que en la noche anterior. No me sentía de la mejor manera y fue una de esas veces que el escenario es más grande que el error porque ese partido era un juego decisivo de la Champions League Américas, entonces es algo más importante de lo normal.

Soy una persona, soy humano y todos cometemos errores, pero le agradezco un montón al club y a los hinchas por haberme respaldado y por haberse quedado conmigo.

¿Llegaste a sentir que eso te iba a costar tu puesto en el club?

Sentí que decepcioné al equipo, pero lo primero que hice fue hablar con mis compañeros. Después de hablar con ellos y con los dirigentes, no sentí que estuviera en riesgo mi puesto en el equipo. Además, no es algo que hubiese acabado con mi carrera deportiva. Yo no asalté a nadie, lo que hice estuvo mal y decepcioné al equipo.

Sin embargo, en menos de una semana tuviste la chance de reivindicarte y metiste 52 puntos en la cancha de Trouville contra el Rojo. ¿Qué te dijeron tus compañeros después de esa semana loca?

Ese fue el día que más puntos hice y el mejor partido que jugué en mi carrera hasta ahora. Fue muy gracioso porque hubo una especie de “venganza personal” con Callistus Eziukwu porque nos enfrentamos en la universidad. Fue bueno verlo de nuevo y jugar contra él. En la universidad, él era un año más grande y en su año senior, ellos nos vencieron unas tres veces y ahí se fue. Espero que él esté leyendo esto y sepa que le pude ganar esta vez (risas). Volviendo al juego, nos pudimos llevar la victoria y fue un juego apasionante que lo ganamos en alargue.

Una vez que habían asegurado su presencia en Playoffs luego de terminar séptimos en la temporada, ocurrió la explosión del COVID 19. ¿Cómo lo viviste vos y los demás extranjeros?

Lo estábamos haciendo muy bien, estábamos en el camino que queríamos estar con Al (Thorton) y Dwayne (Davis) y estábamos ahí nomás, a un juego de los Playoffs y después vino la pandemia. Igualmente, estoy agradecido de que Aguada pudo manejar muy bien la situación y nos pudo sacar rápido porque tenía que volver rápido a Australia ya que las fronteras se estaban cerrando. Ellos nos sacaron rápido y siempre se mantuvieron en contacto conmigo para ver qué estaba pasando. Afortunadamente, después de algunos eventos, pude retornar aquí.

Pese a que estaban en contacto contigo, Aguada se inclinó por Justin Williams en lugar de vos. ¿Qué sucedió realmente?

Lo que pasó fue que ellos estaban en permanente contacto conmigo y todo, pero después vino la idea de Justin Williams. Para serte sincero, no estaba triste porque jugué contra él cuando era MVP en Argentina y yo pensé que él era lo que realmente Aguada necesitaba porque tenían a Al (Thorton) como ala pívot y yo también soy un ala pívot, no un pívot. Si bien puedo hacerlo, hay pívots mucho más altos que yo en esta liga. Yo por dentro estaba mal por no poder seguir, pero contento porque esa era una gran contratación. Entonces, yo firmé un contrato para irme a jugar a Israel. Cuando me estaba yendo para allá, un dirigente de Aguada me llamó y me preguntó cuál era mi situación porque Justin (Williams) tuvo Coronavirus y se dieron cuenta que él estaba gordo, por ende me preguntaron que iba a hacer y les dije que hace un día había llegado a Israel. Les dije que lo sentía mucho, pero que ya había firmado un contrato. Sin embargo, yo seguía en el aeropuerto cerca del aeropuerto y la situación era terrible. Cuando había llegado, diariamente habían 700 casos, lo cual no era tanto pero si había que tener los cuidados necesarios con la tapa boca y el alcohol en gel. De repente, con el año nuevo judío, todos empezaron a volver a Israel para celebrar y al día siguiente hubo 1500 casos, al siguiente 3.000 y al siguiente 5.000, a lo que llamé a mi agente para que me sacara de ahí lo más rápido posible. Me junté con la dirigencia y les dije que esto no iba a funcionar, ya que supuestamente mi familia iba a venir pero en ese momento habían 5.000 casos. A esto hay que sumarle que el presidente de Israel ordenó cerrar las fronteras y que nadie podía entrar ni salir en un plazo de dos días. Yo estaba en pánico y quería un ticket de avión como fuese, pero primero tenía que tener un test negativo. Luego pensé a donde iba a ir, a lo que me contacté nuevamente con Aguada y pregunté si seguían precisando un jugador. Fui a mi casa en Seattle y esa posibilidad aún seguía latente, hasta que después de una semana de charlas, llegamos a un acuerdo y retorné a Aguada. El día que dejé Israel habían 7.000 casos.

Tuvieron que derrotar a Olimpia para avanzar a semis y ahí se enfrentaron con Nacional. Después pasó lo que todos ya saben. ¿Vos cómo viviste la situación en general?

No me importa lo que los de Nacional piensen, lo que ellos hicieron estuvo mal y deberían estar avergonzados. Todo el país está así por eso, por lo que ellos hicieron.

Ahora, la frontera está cerrada y mi familia pudo llegar a Uruguay justo a tiempo, pero hay otros compañeros que no van a poder pasar las fiestas con su familia porque hicieron esa tontería de querer jugar. Miren lo que hicieron.

Estando todo el básquet suspendido hasta nuevo aviso, ¿que te han dicho desde Aguada y como estás sobrellevando este panorama?

Me dijeron que el básquet está suspendido hasta enero y mi primer pensamiento fue el de irme para poder conseguir otro trabajo o de irme a casa, ya que es Navidad. No me podía ir a Australia porque son dos semanas de cuarentena y en Perth es más estricto aún. Si venís del extranjero, tenes dos semanas de cuarentena y si vas a Perth son otras dos semanas. Si me iba hasta ahí directo y volvía, tenía que hacer tres semanas de cuarentena. Pero, en Aguada me dijeron que íbamos a empezar a practicar después de Navidad y me preguntaron si me podía quedar, y se ofrecieron a traer a mi familia y les dije que sí.

¿Estás en contacto con el plantel?

Si, estoy en contacto con ellos. De hecho, le pedí a Dwayne si me podía traer un par de championes (risas). Hablé con Al (Thorton) el otro día y estaba feliz de estar con su familia, pero todos nos hacemos preguntas sobre qué va a pasar con todo esto y cuando vamos a volver a jugar. Todos estamos esperando respuestas, ya que todos queremos volver a jugar y ganar. Todos estamos enojados por las cosas que sucedieron con Nacional y solo queremos jugar contra ellos, nada más.

¿Quién es Lee Roberts?

Un hombre de Dios, es un esposo y él juega al básquet. En este momento soy un jugador, pero espero que eso no me defina. Quiero ser un buen tipo y caerle bien a las personas, no solo por la forma de jugar. No me malinterpreten, amo jugar bien en la cancha y amo este deporte, pero hay mucho más en la vida. Amo a mi familia, eso es lo principal y no puedo aguantar a ver a mi pequeña hija junto a mi esposa.

PING PONG

¿Vino o cerveza? Cerveza
¿El verano uruguayo o el australiano ? El uruguayo
En fútbol, ¿Nacional o Peñarol? Nacional
¿La mejor comida que has probado? Asado
¿Que tipo de música escuchas? Rap
Si no fueras jugador de básquet, ¿qué serías? Sería paramédico.
¿Equipo de básquet favorito? Los Ángeles Lakers.
¿Joda de noche o mediodía tranquilo? Mediodía tranquilo.
¿Alguna meta por cumplir? Ganar este campeonato con Aguada.
¿Tenés algún hermano que te haya dado el básquet? Robert Batlle y Ed Morris.
¿Mejor jugador con el que jugaste? Manny Harris, con quien coincidí en China. Metió 64 puntos en un juego y en el siguiente metió 51.
¿Te arrepentís de algo en tu vida? No
¿Te gustaría vivir en Uruguay? Prefiero Australia.
¿Tu mejor partido? El campeonato nacional en la Universidad. Ganamos un campeonato nacional invictos y con un tiro ganador de mi parte.
¿Tu peor derrota? Solo perdí un juego en mis cuatro años de universidad, ese fue duro.
¿Un entrenador que te haya marcado? Ash McCormick en Australia
¿Un momento que vas a recordar siempre? Cuando mi esposa me dijo que se quería casar conmigo y ver a mi hija recién nacida.