En una nueva edición del Equipo sin Hinchada, Básquet Total se fue hasta Brazo Oriental para charlar con un fanático del fútbol y apasionado por Cerrito. Pablo Graiño nos contó su vida en el arbitraje y su trabajo en el Poder Judicial mezclando gritos de goles auriverdes.

¿Cómo fueron tus inicios en el básquetbol?

En realidad yo quería hacer el curso de juez de fútbol, no de básquetbol. Me anoté y un día recibí una llamada de Daniel Filippi donde me decía que con 27 años no podía hacer el curso. Eso me dejó caliente, mal, porque mi interés era estar vinculado a algo del deporte. Ya conocía el básquetbol, porque había tenido un pasaje por Marne, más por salud y hacer deporte que otra cosa. Era un desastre, ni jugaba pero yo quería ser útil dentro del deporte. Entonces Natalia una compañera de trabajo y señora de Marcelo Collotuzzo me dijo para hacer el de básquetbol, eso en el año 2007 y bueno, me anoté. Luego me llamó Antonio Gómez, llené el formulario y arranqué. Pero, hay una cosa que no me olvido más que fue lo que nos dijo Julio Dutra (padre) en la primera charla que nos dio: “el arbitraje es algo que se te mete por las venas y no se te va más”. Y tenía toda la razón, porque empezás a amar la profesión.

¿Recordás el debut?

Sí. Fue trágico. Mi padrino arbitral es Pablo Sosa, el partido era Banco República contra Mita Montevideo. Era a las 9:30 y a las 8:45 ya estaba en la puerta. El club estaba cerrado, no me habría nadie y Sosa llegó a las 10. Me quería matar, no podía ser que en mi primer partido Sosa llegara tarde. Pablo siempre me dice que el tenía de horario las 10 así que bueno (risas). Luego arbitré y resultó un debut soñado, porque se dio un lindo partido y sin errores.

¿Cómo ves el arbitraje en Uruguay?

Arbitramos como se juega. A veces se hace bien, a veces mal. Pero estamos creciendo. El Metro fue un muy buen torneo. Capaz en un momento decayó un poquito el nivel, pero repuntó hacia el final. Es que se torna difícil arbitrar los partidos de El Metro, son muy aguerridos.

Si tenés que elegir una divisional, ¿con cual te quedás?

La Liga, es hermosa con sus equipos de barrio, el color que le dan las hinchadas. Ir a Malvín y la cancha llena, los partidos de Aguada, los de Goes, Urunday es otra cancha divina, ese entorno que tenés las hinchadas pegadas a la cancha, es hermoso. Me quedo con la Liga, pero es verdad que un buen partido de Metro cada tanto no viene mal, porque ahí si que aprendés. También DTA, la hice durante mucho tiempo pero el ambiente cambia, las canchas son de pavimento, que ahora por suerte los equipos han crecido en sus estructuras, no es lo mismo que cuando arranqué. Pero los 10 años que me costó llegar a primera los disfruté, porque del curso que hice salieron grandes árbitros y se armó un hermoso grupo. Gonzalo Salgueiro, Julio Dutra, Alejandro Nadruz, Martín Rial entre otros y todos con un nivel parajismo y te digo más, el día que nos recibimos le dijeron al presidente de la federación que nivel como ese curso no iba a haber nunca más. Y el tiempo le ha dado la razón, estamos todos en primera división, otros internacionales. Fue un curso increíble sin dudas y todos con el mismo promedio, por eso Jorge Restuccia decía eso del nivel. Además, tengo una relación increíble con todos. Pero me llevo muy bien con Martín Rial, me pasa a buscar para entrenar y tenemos una buena amistad.

¿Cómo ves la actuación de UJOBB en este año tan especial?

Sin dudas que la gremial se puso las pilas, lo que laburó fue fantástico. Se consiguieron canastas, préstamos para los compañeros que quedaron sin trabajo. La pandemia ha sido muy dura, a mí me golpeó bastante, hice la inversión de un 0 kilómetro porque se venía un año donde iba a tener muchos partidos y todavía no ha podido reponerme. Por suerte tengo mi trabajo en el Poder Judicial, pero otros compañeros no tienen esa suerte, además saber que muchos de ellos se quedaron sin sociedad médica, ahí fue que me di cuenta que estábamos en la mala. Fueron meses muy duros.

¿Cómo llevás el trabajo con el arbitraje?

Mi trabajo termina cuando salgo a correr, llegó a casa y es lo primero que hago, salvo que tenga partido que ahí si, no corro. Cuando tengo partido pido en el trabajo para entrar más temprano o hacer una actividad judicial que sea más temprano para poder llegar bien al partido. Casi siempre pido para que sean partidos posteriores a las 19 horas así ya me llevo la ropa al trabajo y me voy directo desde ahí.

¿Sos de ver tus partidos?

Si, los veo todos por la plataforma, los veo con audio, eso no tengo problema. Aparte los miro para ver que dice el periodista, si me matan o no (risas). Cuando lo vemos en el colegio sí, ahí Uslenghi nos pasa los videos sin audio. El último Metro considero que me fue bastante bien.

¿Disfrutás ver un partido de básquetbol?

No, voy al arbitraje derecho y miro la mecánica, la posición, los movimientos, lo que pitan. También miro el partido, pero me centró más en eso. Me gusta analizar en que situación de juego están, por qué se pitó, por qué no y me quedo con la primer imagen, no veo las repeticiones, lo hago en tiempo real. Este año vi casi todos los partidos de El Metro, porque también arbitro liga de veteranos y liga universitaria y a veces me coincidían horarios. Pero siempre que podía ver los veía y para ello fue de mucha ayuda la plataforma.

¿Qué fue lo que sucedió a la salida del CEFUBB en el partido entre Verdirrojo y Lagomar en El Metro?

Primero que jamás me había tocado algo así en mi carrera. Fue un acto de delincuente lo que hicieron. Porque que te siga desde dentro del CEFUBB una moto, por 10 cuadras y te pateen el auto es de delincuente. Ese día entre policía, denuncia y todo terminé como a las tres de la mañana, además llovía, todo un desastre. Como pasa generalmente acá, la situación quedó en la nada, presenté todos los papeles, la filmación porque lo tengo hasta filmado y quedó en la nada. Lo que más me llama la atención es que te toman hasta la fiebre, te piden los datos, la chapa, si tenés o no seguro para entrar al CEFUBB y que haya una moto dentro del predio y nadie sepa de quien es. Ya está, el campeonato terminó, el auto lo arreglé y no quise saber de más nada, pero fue una situación dura. En el auto íbamos los tres, pero la verdad que no sé para quien era la agresión o sí era para meter peso, pero que la moto salió atrás mío del estacionamiento, no tengo dudas.

¿De dónde viene el amor por Cerrito?

Del barrio. Los que somos del Cerrito, somos una raza diferente. El microclima que hay en el barrio los días de partido es increíble. Lo que se dio este año también es increíble, con el campeonato, los festejos por el ascenso y se me viene a la mente mi tío, que nunca pudo vivir un ascenso, yo tengo cuatro y mi tío que fue quien me hizo hincha no vivió ninguno. Tampoco pudo vivir el estadio. El siempre soñó con su estadio y no llegó a conocer el Parque Maracaná.

¿Cómo se dio el hacerse hincha de Cerrito?

De chico mi tío siempre me llevaba a la cancha y sinceramente iba a romper las bolas. Me juntaba con otros de mi edad y corríamos o nos llevábamos una pelota o lo que fuere, ni bolilla le dábamos al partido. Ese año (1989) Cerrito venía muy bien y llegó a la final por el ascenso con Racing, que tenía un equipazo y mi tío me llevó al Franzini ese día y perdió. Era joven, tenía 13 años y vi gente llorar, vecinos del barrio llorar. Ver llorar a hombres a mí me conmovió y mucho más ver llorar a mí tío. En ese momento me planteé que tenía que hacer algo por esta gente y a la vez me decía que no podía hacer nada, porque era un resultado deportivo. Entonces empecé a seguirlo solo, no de ir a la cancha porque era chico, pero empecé a ver los resultados, seguirlo en el diario, verlo por la tele cuando Canal 5 pasaba los partidos. Después sí, me hice socio y a medida que iba creciendo mi tío me soltó la mano y ya iba solo al estadio. Entonces ahora me acuerdo de todos esos hinchas que al igual que mí tío no pudieron ver un ascenso, ni el estadio. Te digo más, algo que él siempre manifestaba y dejaba claro era el amor que le tenía al club. Fue socio protector, no me preguntes de donde sacaba la plata, pero arrimaba algo al club. Si se está enterando mí tía por esto ahora, tía no se nada (risas), pero siempre tenía un peso para Cerrito. En una fiesta en Cambadu, por el aniversario del club a él lo iban a homenajear por cumplir 35 años ininterrumpidos como socio. Tuve un cumpleaños de 15 o algo así, que no pude ir, dicen que fue una noche extraordinaria con Bafo Da Onca, un ómnibus todo pintado con los colores de Cerrito que llevaba a los jugadores, todo, una noche preciosa. Le dieron la medalla a mi tío y se fue de la fiesta con la medalla en la mano y no sé porque, pero así lo quiso el destino, cae muerto en San Martín y Larrañaga. Bueno ahí te podrás imaginar, fue todo horrible, porque venía de una fiesta donde sus amigos nos dijeron que había pasado bien y se convirtió en una pesadilla, que la policía golpee la puerta de tu casa y te de una noticia así, imagínate. Entonces los vecinos empezaron a correr la voz, “mira que al gallego le dieron la medalla, por favor si alguien la ve”, todo así, porque la medalla no aparecía por ningún lado. Entonces en la morgue, le abren la mano, porque tenía el puño cerrado y ahí estaba la medalla. No sé sí son cosas del destino, pero vivió por el club y murió por el club. Lo que a mí me duele es que no haya podido ver su estadio o al club en primera. Siempre me acuerdo de él y no hay día que no piense en el club, que no piense en mí tío y que no me imagine vivir una copa Libertadores o Sudamericana. Siempre lo sigo al club, me llevo la radio todo para seguirlo si no puedo ir ni verlo por la tele o lo sigo por las redes o por donde pueda, más ahora que se esta limitado para ir a verlo. Por la pandemia y que no haya público, por más que los dirigentes me han colocado en la lista para ir a varios partidos en el Charrúa, pero por mi trabajo es difícil. Prefiero decir que no y que vaya otro socio que sí pueda ir, para no sacarle el lugar a ninguno. Pero en situaciones normales con los partidos los sábados me era muy difícil también, porque uno arbitra formativas. Pero he ido a la cancha vestido de juez, si el tiempo me da lo hago.

¿Cómo fue vivir el ascenso desde casa?

Fue tremendo, como te decía para ese partido también me anotaron en la lista, pero preferí darle el lugar a otro socio. Ya sea por mis horarios de trabajo o porque pueda llegar a tener algún partido y había que confirmar asistencia 72 horas antes, se me era imposible. Pero este año el club se portó muy bien, se pagó aguinaldo a los jugadores, la B no paga eso. Además los jugadores que hay, te digo más, no se que esperan los grandes para llevarse a Maximiliano Silvera.

¿Cómo vivió el barrio la hazaña en primera de Rentistas?

Se festejó, pero Washington Chamorro me alquiló con fotos y videos de Rentistas de cuando el jugaba. Paso raya y veo que no estamos tan lejos de Rentistas, Cerrito salió campeón con 41 puntos ascendiendo una fecha antes. El año que viene tendremos clásico en primera, pero reconozco que el fantasma del descenso está, porque arrancas descendido el torneo, pero se va a disfrutar. Me quedo con una frase del presidente “Cerrito subió, pero esto no termina acá. Recién empieza”. Cuando dijo eso, la ilusión de un torneo internacional, una Sudamericana. No me quiero ir de esta vida sin ver a Cerrito jugar una copa internacional, capaz que Libertadores es demasiado, pero el sueño está.

¿Qué se quede ahí la hazaña o que sean campeones uruguayos?

Rentistas hizo una campaña espectacular, twitteé felicitando al club. Es por eso que me encantaría que fueran campeones uruguayos, para demostrar que no son solo los grandes. Hay equipos como Cerrito que están bien, ordenados, las cosas al día y bien vestidos, este año las camisetas son hermosas. Pagás la cuota anual, por amor al club y te dan la camiseta. Tengo como 40 camisetas que no tengo idea donde meterlas (risas). Últimamente les pido más un short que una camiseta, porque no se que hacer con ellas.

¿Le pudiste inculcar a tu hija el amor por Cerrito?

Salió de mascota con Juan Faccio y Nicolás Vikonis de la mano. Es más, la mamá de Vikonis le regalaba tortas fritas en la cancha, cuando Nico jugaba en Cerrito. Pero ahora es de Nacional, nunca pude pisar el Maracaná, ella entró dos veces y ahora es de Nacional.

¿Qué hubiera pasado si en vez de básquetbol fueras árbitro de fútbol? Y ¿Sos Hincha de algún equipo de básquetbol?

Primero que nada a Cerrito no lo arbitraba, pero después no sé que hubiera sido. Ahora en el básquetbol he llegado lejos arbitrando y no soy hincha de ningún equipo. Cuando jugué en Marne lo hice por salud, por la actividad física. Me acuerdo que jugaba con el papá de Juan y Federico Viana. Por eso en básquetbol no tengo drama de arbitrarle a cualquier equipo. Ahora sí preferí no arbitrarle más a Verdirrojo por un tiempo, luego de lo sucedido en El Metro. No se que pasó, pero se la agarraban conmigo siempre que perdían, y lo del CEFUBB fue determinante.

¿Tenés alguna otra pasión?

Me encanta tomar sol, me dicen el Julio Ríos del básquet. Salgo mucho a correr, soy una persona que le gusta el contacto con el aire, la playa. Con el encierro este de la cuarentena quedé como loco. Igualmente salía a correr, solo, pero salía porque no aguantaba.

¿Quién es Pablo Graiño fuera del rectángulo?

Una persona sencilla, común. Buen compañero de trabajo, humilde, creo que por ahí me defino. Que lo digan los demás el resto. No se sí soy el mejor padre del mundo, pero intento serlo y ser mejor persona cada día.

PING PONG

Mejor partido: Sayago – Capitol de la Liga pasada. Con Diego Ortiz y Andrés Haller. Partido por el descenso y nos dieron 7 puntos.

Peor partido: El primero que hice en el Palacio Peñarol. Atenas ante Unión Atlética. Un desastre en lo personal, muy nervioso. Me mató el pánico escénico. Por suerte ganó la UA por bolsa y pasé desapercibido.

Jugador más complicado que te tocó arbitrar: Leandro García Morales. Es complicadísimo, no él, sino los movimientos que tiene a la hora de jugar. Tenés que estar muy atento a todo, es espectacular lo que tira, hay que cuidarlo en el 1×1.

Hincha de: Na, Cerrito.

Terna ideal: Andrés Bartel, Martín Rial y Pablo Graiño.

Partido que te gustaría arbitrar: Un clásico Aguada – Goes.