Una casa levantada con sus propias manos, fue el lugar donde nos recibió Martín Rial en el Barrio Sayago.

¿Cómo fueron tus inicios en el básquetbol?

Jugué en Liverpool, arranqué a los 9-10 años. Luego el club se desafilió de la FUBB por problemas económicos. Recuerdo que estábamos en la casa de un compañero, vivíamos por Nuevo París y escuchábamos el partido por radio porque no se transmitían los partidos de Segunda de Ascenso y Liverpool se jugaba el descenso, ganó y festejamos, pero a los dos meses nos enteramos que no jugábamos más que se desafiliaba. Ahí empecé a buscar cuadro y ver si seguía jugando, realicé unas pocas prácticas en Olivol Mundial y no me gustó; después fui a Stockolmo que había un llamado que estaban buscando jugadores, éramos como 40 chicos y quedé jugué segundo año de infantiles hasta mayores donde llegue a integrar el plantel como chiquilín y debuté contra Capitol. Mi padre estaba re contento, había por ahí hasta recortes de diario de los puntos que había y eso, recuerdo me tocó marcar al padre de Álvaro Taibo, el Gallego, y era una emoción enorme como chico.

¿Cómo se dio tu acercamiento al arbitraje?

Enfrente a donde estamos ahora hay una Cooperativa y yo trabajaba allí para hacer nuestra casa y luego terminé de este lado trabajando para hacer esta casa que la hicimos desde cero con mi señora, este lugar era todo campo. Allí donde trabajaba vi un recorte de diario que hablaba de un llamado de árbitros y en ese momento tenía 22-23 años y sabía que como jugador no ganaba mucho dinero más que para un par de championes, ya tenía a mi hija (Morena) que ahora tiene 22 años y opté por el tema económico y seguir vinculado al básquetbol que fue siempre lo que me gustó y tenía arraigado de familia ya que mi abuelo fue uno de los fundadores de Liverpool. Así arranque con el curso y hace 17 años que arbitro.

¿Cuánto te costó pasar de ser jugador a árbitro?

Al principio costó, sobre todo el salir de hincha; una cosa es estar adentro de la cancha como jugador y otra como árbitro. Ver el entorno y todo lo que lleva el árbitro, el tema de la concentración, las puteadas, es al que van a putear.

No importa si el jugador se equivoca siempre hay que putear al juez y hay que acostumbrarse a eso. Al principio me costó, pero después te vas acostumbrando a eso y hacerle hincapié a todo para ir mejorando y perfeccionándote. En 2003 comencé el curso junto con mi señora Ale que la conocí allí, pero no estaba muy cómoda con las puteadas y dejó. Esa generación para mi gusto fue una de las mejores; salieron árbitros como Bartel, Dutra, Salgueiro, Graiño, Nadruz, Galli, Aunchayna, Borio, Spilman, Dianessi. Muchos jueces, capaz que me olvidé alguno que aún sigue arbitrando. Hay muchas generaciones que se van desarmando y quedan dos o tres. Nosotros nos recibimos más de 20 y hoy más de 12 estamos en actividad aún.

¿Cómo fue tu debut como árbitro?

Fue en formativas hice con Raúl Gordsendsof, ya fallecido, en cancha de Montevideo un partido de minis y no me salía una realmente. No hacía señas, estaba re nervioso. Luego en mayores el primer partido que me iba a tocar no lo hice, era un partido de DTA en Las Piedras, jugaba Juventud y ese día salía de mi casa en la moto para trabajar y un camión me pellizco un poco el tobillo y me quedé sin hacerlo. Estaba tan ansioso que luego vino el bajón, pasó un mes y luego debuté pero realmente no me acuerdo bien, sabía que ese partido con Juventud de Las Piedras iba a ir. La ansiedad me hizo hasta olvidar lo otro.

¿Cómo es tu día afuera del arbitraje?

Trabajo en una empresa como cobrador, me levanto temprano. Estoy hace varios años y tengo flexibilidad para ir a arbitrar a Mercedes o a otras ciudades del interior, te dejan hacer tu profesión tranquilo no como otros compañeros que están complicados con eso. Siempre laburé con cosas flexibles porque buscaba que me ayudaran a tener tiempo para arbitrar, al principio uno quiere estar siempre, como todo principiante.

¿Cómo llevás el título de abuelo – padre?

Creo que soy el único, pero por suerte bien. Mi pareja Alejandra es una “mostra”, ayudó mucho con mi hija ya que cuando arrancás con esto no existen los fines de semana, yo iba a buscarla y la cuidaban como una hija. Luego tuvimos a Lucas y a Valentino ahora tienen 15 y 5 respectivamente. El grande juega en Capurro y el otro no quiere nada con el básquetbol y juega al fútbol en el Estrella Federal. Luego ese pasaje de abuelo con Morena está bien, los sábados viene para acá la nieta y pasa con nosotros, disfrutamos, mi hija viene cada tanto, no mucho como cada adolescente pero viene.

¿Cuál fue el mejor insulto que recibiste como árbitro?

Cuando me dijeron Petinatti en cancha de Olivol Mundial creo que fue en un partido de Metro jugaban Olivol – Capurro. Yo ese año había hecho mi primer partido de Liga como N2 en cancha de Unión Atlética, antes había una reserva de Sub23 y yo hice ese juego entre Unión y Sayago,

hago con Borio un partido que terminó medio entreverado con la gente del local, re quemados que validé un doble o un triple, era algo que para ellos no era y para mi sí. Me fui al vestuario a cambiar. La terna de partido de primera era Miguel Nieto, Daniel Zavattiero y Nelson Infante; en eso viene Nieto y me dice no te cambies que no viene Infante. Y yo cuestionaba que no venía y me dijeron que era real, que estaba en Florida. Tuve que arbitrar una cancha llena y los delegados de Unión Atlética señalándome por el partido anterior; realmente estaba cagado y me saludaban los yankees y me quería matar. Terminé ese partido que salió bastante bien, pero habían bastante gritos y puteadas. Luego fui a ver ese partido de Metro de Olivol Mundial, ese año arbitraban Miguel Nieto y Gabriel Baum faltaron los dos y quedó Jorge Araujo que era N2 como yo y estaba el presidente del Colegio y me pregunto si estaba con ropa y me mandó a la cancha y en ese partido me gritaron a coro los muchachos de Olivol Mundial: “Petinatti”. Ahí me quedó el insulto ese guardado. Luego las clásicas puteadas de siempre.

¿El arbitraje te dio varios amigos?

El básquetbol me ha dado muchas amistades y tengo muy buenos compañeros, me ha dejado también a un hermano de la vida como Daniel Spilman. El arbitraje te da amigos y conocidos, te ayuda a madurar. Generar tu forma de vivir y que tu vida tiene que ser correcta dentro y fuera de la cancha, con justicia, no mentir. Eso te ayuda a llevar la vida. También se trata que todo sea armónico, pero a veces se pierde.

¿Cómo fue dejar Los Cuervos para jugar con los veteranos de Stockolmo?

Antes era peludo y en un partido de Liga Universitaria me vio un compañero de aquel equipo de Stockolmo y me invitó a jugar con ellos como cuando éramos chicos, los muchachos de Los Cuervos se ofendieron, me sacaron del grupo, pero sé que en algún momento vamos a volver porque soy de los fundadores junto con Salgueiro que fue el de la idea y ahora Ortiz es el que siguió todo adelante. En un principio eran los cuervos blancos y ahora están los negros que son la nueva generación, uno a veces se calienta de más porque el cuerpo te dice una cosa y la cabeza otra. Ahora si bien cambio de equipo sé que tengo un par de manotazos guardados para mí, pero nos vamos a divertir que es lo principal.

¿Participas del Grupo de Whatsapp “Oficialismo”?

En el grupo participo poco por el tema de mi trabajo, estoy subiendo y bajando de la moto y si miro todo el celular no laburo, pero meto algunas cosas. Es un grupo buenísimo y divertido. Arranca por algo serio, se van transformando y nos cagamos de risa. Participo poco, alguno si no participa por ejemplo (risas), pero estamos bien ahora estaban muchos stickers y eso con lo que fue el fallecimiento de Diego Maradona.

¿Cómo ves el arbitraje en Uruguay?

En relación al nivel que tenemos para mí está bien, miro mucho básquetbol español y argentino, a veces comparo los partidos y miro el arbitraje, su nivel que va vinculado a la competencia y la liga que tienen. Para el nivel que tenemos estamos bien, pasa que se piensan que tenemos que ser súper jueces y no es así. En mi categoría, N1 estamos bien para lo que es. Si bien hay errores como en todo, a veces uno falla una bandeja y es culpa del juez, eso no es así siempre. Ahora ayudó mucho el tema de la tecnología, el replay, la televisión, antes se moría con la palabra de uno y no lo hacías porque vos querías que perdiera ese equipo o ganará el otro, era por como vos veías la jugada y pitabas según eso. Ahora vienen unas generaciones jóvenes, con muchas ganas y eso está bueno para ir cambiando las cabezas de arriba y los que vamos dejando la profesión.

¿Te parece hacen falta más clinics?

Antes no se hacía nada, ahora con Héctor Uslenghi se hace un trabajo bueno, corregimos errores sobre los vídeos que pasan, comentamos reglas y demás. Siempre se pedían estas cosas y costaban, ahora se hacen bastante seguidos y realmente son muy útiles esperemos que sigan.

¿Cómo ves la UJOBB y su “Escuelita”?

Son dos cosas aparte, la UJOBB ha tratado de hacer lo mejor posible en esta situación de pandemia, ha dado canastas, se ha movido mucho y trabajó. La “Escuelita” es con Álvaro y su señora Florencia, están trabajando bien el otro día fui a ayudarlo en un encuentro de mini. Tiene muchos chiquilines y eso es sorprendente, igual son cosas distintas la UJOBB con la Escuelita, pero están ambas trabajando bien y muestra otra cara del juez, eso está bueno. En cuanto al espacio propio fue un golazo, el predio del ex Club Buceo nos llena de orgullo, hacer asambleas ahí, tener nuestro lugar. Va a llevar trabajo, si bien ya se han hecho cosas. Yo ahí jugué contra Buceo con Albatros un partido, por eso me acordaba con la gente gritando atrás de la reja, era bien tercera; cancha dura, tableros duros, un chico que llevaba los puntos me acordaba de jugar pero no recordaba estaba tan mal. Con la pandemia entrenábamos ahí en el salón.

¿Sos de mirar tus partidos?

No los miro todos (aunque su mujer nos dice que miente). Miro jugadas puntuales, cagadas que me mando para no hacerlas de nuevo. El año pasado en una jugada se cayó Cabot y paré el juego en un triple que tiraba Lamonte. Paré pensando que se lastimó, ya había parado, me comieron la oreja y luego me di cuenta que no tenía que haber parado el partido, ese tipo de cosas son las que miro.

¿Disfrutás de mirar el básquetbol?

Me gusta, al principio no, pero ahora sí. Miro alguna cosa puntual arbitral pero disfruto más del deporte en sí con los partidos de la ACB, el ascenso de Argentina, incluso la tercera de allí es similar al ascenso de acá. Ahí sí miro el arbitraje, son jueces muy jóvenes, pero en el resto ya es un placer de ver el juego.

¿Cómo es arbitrar al equipo que sos hincha?

En mayores nunca, en formativas sí. Pero en el club no conozco a más nadie y en formativas no tengo relación, para evitarme problemas no lo hago, a veces en formativas sobre todo la gente se pone densa.

¿Cuál es tu pasión fuera del básquetbol?

Está también vinculada al básquetbol que es ver a mi hijo jugar, siempre quiero verlo, me encanta y el chico que juega al fútbol, realmente disfruto de eso. Con mi hija no la pude ver crecer, estábamos separados y mi señora fue la que hizo todo realmente, como que esa parte de niña no lo disfruté y mi primer hijo tampoco, entonces ahora que ya tengo una “plancha”. Más de lo que hice no puedo, hice finales de Liga, de Ligas de Soriano y Salto, ahora priorizo más a Lucas y Valentino.

¿Faltó algo en tu carrera como árbitro?

Me hubiera gustado llegar a ser FIBA, es lo que todo el mundo anhela. Si pudiera volver para atrás sería la meta, pero la mía fue otra cuando empecé a arbitrar, que es estar donde estamos. Esta casa que construí junto a mi señora desde cero y laburamos cuatro años haciendo planchadas, arbitraba de tarde. Perdí cuatro años de mi vida arbitral pero prioricé el hogar, hoy tengo el techo de casa y lo disfruto, por eso los quería hacer venir acá porque estoy orgulloso de lo que hicimos con mi señora. Si bien sería un sueño hacer una final del Mundial me quedó con este sacrificio de tener el techo propio.

¿Quién es Martín Rial afuera del rectángulo?

Una persona educada, laburadora que saca la familia adelante y esta casa que creo es lo mejor que hice, lo que le va a quedar a mis hijos.

PINGO PONG

Mejor Partido: La final de la Liga  2016-2017, Hebraica y Macabi con Aguada.

Peor Partido: En formativas Urunday Universitario – Verdirrojo con Antonio Gómez, fue una bataola fatal.

Jugador más complicado: Alejandro Francia, que sigue siendo complicado ahora que juega veteranos (risas). Junto con los mellizos Paul que se pasan puteando entre ellos.

Hincha de: Stockolmo

Terna ideal: Daniel Spilman y cualquiera que te guste a vos, me siento cómodo con todos.

Partido que te gustaría arbitrar: Volver a hacer una final de Liga Uruguaya y el clásico de Nacional-Peñarol.