El básquetbol vivió un hecho bochornoso y vergonzoso. Fuimos tirando tanto de la cuerda hasta romperla de la peor forma posible. El análisis y la autocrítica se imponen. Columna de opinión.

El básquetbol se paró. Era lo mejor. Dos planteles con casos de Covid-19 positivos confirmados y los dos restantes a la espera de hisopados. No se podía seguir así. Pero la forma fue nefasta. Pero nefasta eh. Les juro que no se me ocurre nada peor.

Estuvimos a punto de jugar una semifinal de Liga Uruguaya enfrentando a jugadores profesionales contra gurises de entre 14 y 17 años. ¿Había algo peor que eso? Lamentablemente sí. El circo que fue montado para decretar la suspensión del papelón fue incluso más papelonezco que el hecho en sí.

Llegamos al extremo de usar botijas mostrando un mensaje en una camiseta para las fotos. Con una persona que nunca vimos por los escenarios de básquetbol paseándose como perico por su casa y siendo el centro de atención. ¿En serio no la vimos venir? ¿Tanto pesaron los egos particulares para no darnos cuenta del daño que le estábamos haciendo al básquet? Muchachos, la cagamos.

Tiramos mucho de la cuerda. Mucho. Cuando era evidente que así no se podía seguir. ¿Qué importaba quién era el culpable? Estaba la salud de todos arriba de la mesa. Se imponía parar hasta que todos estuviéramos seguros sanitariamente para jugar. Hubo irregularidaes varias. Iba a haber tiempo y gente especializada para sancionar a los culpables. Pero no, decidimos hacer justicia por voz propia, insistir y seguir con la bomba en la mano. Iba a estallarnos en la cara. Y estalló nomá.

Ahora es una papa reclamarle a los de afuera. Nos vieron endebles, se metieron y nos dieron la patada final. Y dolió. Vaya si dolió. No conformes con todo lo que pasó, en el post partido seguimos buscando culpas en el de al lado, el de enfrente, el del costado. En cualquiera que sea rival. Basta del “Yo no, fue aquel”. Fuimos todos. Todos. Los que queremos el básquetbol y lo habitamos a diario no frenamos antes el papelón inminente.

Cada club miró su chacrita y la ventajita deportiva corta. Las autoridades de la Federación no lograron convencer a los clubes de un fin común. La BUA deslindó responsabilidad de sus asociados. Desde el gobierno la Secretaría Nacional de Deportes y el Ministerio de Salud Pública dejaron dudas en su proceder. Los periodistas tiramos leña al fuego señalando un “bochorno ajeno” sin darnos cuenta que eramos parte. Nadie tuvo la grandeza de ceder, nadie pensó en el bien colectivo. Fallamos todos. Pero siempre creimos que solo fallaba el otro…

Ahora es tiempo de duelo. De mirar para adentro. De ser autocríticos. De juntarnos entre la gente del básquetbol, con los que hace una semana y media estamos divididos. Porque si entre hermanos se pelean, nos devoran los de afuera. Y esta vez, nos comieron en dos panes.

Ayer amanecimos viendo un video hermoso, de la cuenta de los Juegos Olímpicos que recordaba como 64 años antes, en Melbourne, Uruguay venció a Francia y se quedó con la medalla de bronce en una de las alegrías más grandes que le dio el básquetbol al país. Fue tal el contraste, que nos fuimos a dormir habiendo visto uno de los circos más vergonozosos del deporte que amamos. Todo en el mismo día. Que lejos estamos.

Muchachos, la cagamos.