Olivol Mundial jugará en primera 40 años después del lejano 1981 que quedó en el recuerdo. La barra fuerte hará que el mejor grito de guerra del básquetbol nacional suene en la Liga Uruguaya.

Club chiquito y humilde, pero de corazón enorme y cantina con los valores de antaño. Olivol Mundial, enclavado en el barrio Reducto, goza de buena salud. Apostó a lo edilicio mientras transitó la década deportiva entre segunda y tercera, festejando ascensos y sufriendo descensos. Pero lo importante estaba en transformar la vieja cancha de vitumen en el lujito de piso flotante que hace brillar la zona.

El 2019 fue el puntapié para ir por todo y la escalerita perfecta fue tan rápida como inesperada. Ascendió en la DTA con un quinteto de lujo y mantuvo la base de ese plantel – entrenador incluído – para ir por El Metro.

Pre pandemia sonaba como candidato. Al ver como se armó el resto, Olivol parecía perder terreno. Pero la llegada del argentino Damian Tintorelli fue la frutilla del postre más rico que han comido en la historia.

Y ahí, se hizo camino al andar. Dando vuelta partidos insólitos ante los copetudos Urupan y Larre Borges; clasificando a Playoffs con autoridad y muestras de buen juego.

La dirigencia, aún con el proceder que despertó la burla viral en la salida de Sedes, siempre apostó a ganador. El objetivo era claro y cuando se la vieron negra, cambiaron el rumbo con la llegada de Reig.

El mensaje fue claro: nunca darse por vencidos, ni aún vencidos. Y eso lo interpretó el plantel. Que sacó de los pelos un juego durisimo ante Unión Atlética en dos alargues cuando la despedida parecía inminente. Y ni te digo lo que se sigue recordando el triple de Diego Álvarez, que llegó, otra vez, cuando las máquinas del CTI estaban por decir basta para velar al paciente.

Olivol dio vuelta dos series. Jugando al básquetbol, sí. Pero con unos huevos enormes, gigantes. Y la virtud de haber tenido su mejor noche en el día más importante del torneo. La noche fue larga. La cantina explotó. Y aunque siguen haciendo las mejores empanadas del Mundo, anoche el festejo fue de abrazos y cervezas.

La mayoría nunca lo vieron primera. Algunos ni siquiera lo imaginaron. Mientras cantaban y festejaban se fueron dando cuenta que el sueño que parecía lejano de ver al humilde cuadro de barrio es primera, hoy es real. Olivol Mundial subió al escalón y se medirá con los mejores.

Que se preparen para escuchar bien fuerte en la Liga que no hay dos en el Mundo entero, no hay dos que sean igual.

Salud, Oli-vol, Mun-dial. Acá y en Japón.