Nació en la calle Cardoso entre Benito Juárez y Juan Cruz Varela en el corazón del barrio Simón Bolívar, muy cerca Marne, que fue mucho más que el club de sus amores.

Fue su segundo hogar cuando era un purrete y fue la institución que lo acobijó cuando los pibes deben elegir entre el básquetbol y el fútbol. Clérici, un recio zaguero derecho en formativas de Bella Vista, se inclinó por el deporte de la naranja para jugar con sus amigos en el club que le quedaba a dos cuadras de su casa. Esa mano prodigiosa de aquel tiro espectacular empezó a tirar una y otra vez en la vieja cancha de Marne y como dice el protagonista: “A veces eran las 23:30 y yo seguía tirando hasta que el canchero me apagaba la luz”. 

Esa luz que quizás cuando abandonó Marne para irse a formativas de Defensor Sporting se le apagó un poco, ya que siendo muy joven se fracturó, no le gustaba estudiar, pero él tenía claro: “Yo quería ser jugador de básquetbol, para eso me cuidaba y lo pude lograr”.

Unión Atlética, Olimpia y Atenas; tres clubes que lo marcaron en distintas etapas. Con el elenco de Colón estuvo cerca de cumplir el único debe que le quedó: ser campeón de Federal o de Liga. Ese gusto de levantar la copa se lo dio en las Alas Negras, ya que obtuvo el título siendo referente en ese equipo de El Metro 2012. Mientras que la UA fue el primer “salto” que pudo dar desde su querido equipo de barrio, aunque a un veterano de la zona le aseguró que se iba a retirar donde todo comenzó: en Marne. 

Hace 5 años que se despidió del profesionalismo, pero nadie olvidará esa mano infalible, ese tiro que quedó en la retina de todo el ambiente del básquetbol. Hoy lejos de la canchas sigue usando sus manos para transitar en distintas calles de Montevideo. 

¿Qué es de la vida de Pablo Clérici? 

Ahora estoy trabajando en VTV, desde antes de retirarme que fue en 2015 que jugué en Marne. Cuando estaba en Atenas, a través de Edgardo Martirena fue que conseguí este laburo, ahora ya hace 8 años que estoy ahí, muy tranquilo y cómodo. Hay un grupo lindo para laburar. Soy chofer de prensa, yo estoy a la orden, sale un camarógrafo te dice: “Vamos” y ahí salimos a actividades, notas y demás cosas de cualquier índole, menos deporte que lo hace Tenfield.  

Me imagino que te habrá tocado ir a lugares complejos. ¿Cuál fue el más complicado? 

Pah, si habré ido. Fui a barrios bastantes complicados que me tocaba entrar el auto en lugares donde la calle no tiene salida y si pasaba algo en ese momento, no tenía para donde salir. No tenía marcha atrás, ni nada, pero lo bueno que estaba con gente que era de ahí. Pero tuve en varios lugares bravos, dentro de todo VTV no hace policiales, pero a veces les picaba esa cosquillita (risas) y nos metíamos en esos lugares medios difíciles. 

¿Por qué el básquetbol? 

Yo cuando era chico jugaba al básquetbol y al fútbol. Estaba en Bella Vista y como les pasó a varios tuve que elegir una cosa u otra y como estaban todos mis amigos en Marne me incliné por el básquetbol, ya que todas mis amistades estaban ahí. Estaba como desfasado en un momento con mi barra de amigos, porque ellos se iban a Marne y yo era el único que me iba a Bella Vista, entonces esa indecisión y las amistades en sí fue que me llevaron a jugar al básquetbol.

¿De qué jugabas en Bella Vista? 

(Risas) Era un back derecho, me revolvía en la zaga. Era categoría 78 y me subían a jugar medio tiempo en la 77 que era una categoría más grande, eso quiere decir que tan mal no andaba (risas). Era chico, pero me defendía.  

¿Te costó esa decisión de dejar Bella Vista e irte a entrenar a Marne? 

No, porqué en realidad después cuando estaba en Bella Vista me empujó un técnico a dejar de jugar, era un entrenador militar, muy drástico en las decisiones y preferí no ir más. Luego me llamaron de nuevo y fui, tuve problemas de vuelta y ya no quise ir más. A mí, si me llevás por las buenas, está todo bien, pero por las malas, tipo regimiento, no. Entonces, ahí arranqué en Marne. Jugué dos años en cadetes, después me fui a Defensor que estuve dos años con Federico Moalli y un par de camadas más, empezó la inclusión y me quebré en el segundo año de menores. Ahí ya volví a Marne de nuevo en el 95 y arranqué juveniles hasta la carrera que hice.  

¿Se te cruzaba por la mente tener la carrera que te tocó en el básquetbol? 

La verdad que no. Yo en mi cabecita tenía pensado que quería ser jugador de básquetbol. Estaba en Defensor y yo era el cambio número 12, tenía 16 años lo que ahora es cadetes y antes era menores. Yo había dejado de estudiar ahí, no hice el liceo, fui hasta primero y dejé, no me gustaba, mi cabeza estaba dedicarme al básquetbol. Entonces, mis compañeros de Defensor me preguntaban: “¿Y vos que hacés? ¿No estudiás nada?” Ellos estudiaban todos, y yo les decía que me iba a dedicar al básquetbol y algunos se me reían porque ahí casi ni jugaba y tenía 16 años. Mi cabeza estaba vivir del básquetbol, después pasó la desgracia que me fracturé y me vine para Marne. Jugué un año en juveniles y en el segundo años que estábamos con José Fernández, Gervasini (Sebastián) ¡salimos campeones en juveniles! En Montevideo por ejemplo jugaba el Enano Martínez y Cabeza Viera. En Stockolmo estaba el famoso Trincabelli, Lema, eran muchas generaciones que eran muy buenas e igual salimos campeones y me ascienden a la primera de Marne. Estábamos con José (Fernández), Gervasini, Gustavo De León y una banda ahí. Empecé hacer partidos de 35-40 puntos, ahí es que empezaron a abrir los ganchos y empezó a sonar mi nombre. Se me acercó Goes y Unión Atlética me acuerdo. Goes quería dar unas pelotas y no sé qué más, pero Unión estaba decidido, justo estaba Lovera (Daniel) y me compró Unión Atlética. Así fue que comenzó mi carrera profesional, porque yo en Marne jugaba gratis como quien dice.

¿Con qué equipo te sentís identificado? Sacando a Marne que tenes un sentimiento especial  

A mí me marcaron tres equipos: Unión Atlética, Olimpia y Atenas. Si bien jugué en otros clubes, esos tres fueron muy importantes. Unión, fue el que me compró y prácticamente debuté ahí en Primera División, jugué muchos años en esa institución. Tuve 20 años de carrera y creo que 18 los jugué en esos tres equipos.
Olimpia me marcó también, porque fue el conjunto que me dio la posibilidad de llegar a una final, que por desgracia perdimos, pero ese año fue espectacular.
Y Atenas fue un equipo que me marcó desde lo familiar, porque nació mi hijo cuando estaba ahí, fue importante en mi futuro porque el laburo que tengo ahora, fue gracias a Atenas. Ósea, no puedo elegir uno, a mí son los tres que me marcaron.

¿Cómo es salir campeón con Atenas? Y quedar en la historia de un club que arrastra mucha gente. 

Es lindo porque queda tu nombre en la historia, además era un Metro muy parejo, estaba Goes, Urunday, hubo jugadores de mucha calidad en ese campeonato. La verdad que nos tocó salir campeones por suerte, el año anterior yo había estado en Atenas, también tuvimos un gran equipo con Marcos Cabot, Martín Volf, Trindade (Jorge), era un plantel muy bueno y no nos tocó subir porque fue un año muy complicado. Al otro año sí, nos tocó salir campeón. Eso me marcó porque es un campeonato que quedó. Olimpia me dio la posibilidad de jugar una final, en Unión Atlética como te dije anteriormente debutar en Primera y en Atenas en el 2009 fui elegido el mejor sexto hombre de la Liga Uruguaya. Fue el año que nos desafiliaron, sino yo no sé hasta dónde llegaríamos, éramos un equipo que nadie nos quería enfrentar, pero por desgracia nos desafiliaron. 

¿Tu comienzo en Marne fue porque eras del barrio?  

Sí, exacto. Yo vivía donde ahora está ASSE, antes era el edificio Libertad que era la casa de gobierno. Yo nací atrás, en Cardoso entre Benito Juárez y Juan Cruz Varela a dos cuadras del MAM. 

Era Marne o Yale, no había muchas opciones. ¿No? 

No, (risas) Marne. Yale vs Marne es el clásico, ósea es un clásico que nos conocemos todos. Yo a los de Yale los conozco a la gran mayoría, íbamos todos al mismo liceo, todos paraban ahí. Pero, lo mío siempre fue en Marne, nací a dos cuadras del club, pasaba todo el día ahí adentro. Es un club divino, no es porque sea mi club, pero Marne es un club divino.

¿Qué tan real es que cuando te fuiste a Unión Atlética dijiste que la siesta era sagrada para vos?

Es real, es real (risas). Mi cabecita era jugar al básquetbol, entonces muchos de mis amigos salían a jugar al fútbol de tarde o de noche a dar una vuelta, algo normal. Pero, yo a los 19 o 20 años ya entrenaba de mañana. Me levantaba temprano, desayunaba y me iba a practicar. Llegaba a mi casa, almorzaba y ya me acostaba a dormir la siesta, después me levantaba a las 17:00 preparaba el bolso y a la noche iba a entrenar de nuevo. Todos me decían: “Bo, preparas el bolso tres o cuatro horas antes”. Yo tenía que estar preparado y pronto. La verdad es que me prohibí de muchas cosas, de muchas cosas, pero no me arrepiento.
Ahora tengo una barra de amigos que se llama: “Los segundos sábados” entonces nos juntamos el segundo sábado de cada mes, es una reliquia, somos amigos de toda la vida. Está José Fernández, Walter Leone, que ahora se fue para España, pero antes se juntaba con nosotros y otros son directivos de Marne que nos criamos juntos. José está de técnico, Gabriel Valls, Martín Cuitiño están de dirigentes, es la barra que siempre está ahí.  

¿Cómo fue ser rival de Pepe Fernández en un Olimpia vs Anastasia? Amigos de toda la vida y que entró a la cancha a marcarte a vos.  

Pah, tremendo. Mirá lo que son las cosas, José es del año 79 y yo del 78. Él nació el 29 de Mayo y yo soy del 30 de Mayo. Ósea todo el tiempo compartimos cosas juntos, fuimos competencia, pero una competencia sana. Aparte yo siempre digo lo mismo y capaz queda feo que lo diga. José, no llegó más porque él no quiso, si bien jugó, estoy seguro que él podía haber sido más de lo que fue. Le gustaban algunas comidas de más, salir con los amigos y yo prefería otra cosa. Pero, nos criamos juntos, tuvimos una competencia sana. El hijo de él, Lucas, tiene la misma edad que Lautaro uno de mis hijos, jugaban juntos en Marne. 

¿Qué pasó en un entrenamiento en Olimpia con Andrés San Miguel? Es verdad que se enojó por tu forma de marcar, te lo anticipó, volviste a ir fuerte y después te pegó. 

(Risas) Sí, es verdad, nos trenzamos ahí. Son cosas que quedan ahí, hay veces que en las prácticas jugamos un poco fuerte y a alguno a veces le pegabas medio fuerte, sin querer y se piensa que lo hiciste por gusto. Y a mí no me gustaba que me llevaran de prepo, entonces pasó esa situación, pero nada grave. La otra vez leí que le hicieron la nota a San Miguel, pero quedó todo bien. Ese año fue un grupo espectacular en Olimpia, el más grande era yo que tenía 25 años, eran todos guachos. Mauro (Tornaria), Pablo (Rak), Omar (Galeano), San Miguel, Leguizamón (Sebastián), el Pelado Vázquez tenía 17 años, el Cabeza Viera creo que era de mi generación, Ramiro Acuña tenía 23 o 24 años. La verdad que ese cuadro fue espectacular.  

¿Cómo era jugar con hinchadas tan numerosas como la de Unión Atlética, Atenas y Olimpia? 

Eran diferentes. Yo siempre dije lo mismo, después que jugas en Marne podés jugar en cualquier lado. En Marne somos 10,15, 20, a mí me pasó de jugar en equipos que llevaba mucha gente y otros que no. Olimpia cuando yo fui en el 2002 que jugué con el Pata Pereira, Jorge Cabrera, Navarrete, si bien iba gente, no era tanta, era un número normal. Al otro año en 2003, es como todo, íbamos ahí arriba, la gente se empezó a entusiasmar y la verdad ese año Olimpia llevó mucha gente. Atenas, lleva mucha gente, Unión Atlética también. Yo nunca jugué en Aguada por ejemplo que es de llevar buen número, pero esos equipos que te nombré cada uno en su momento arrimaban buena cantidad de público.  

¿Qué tan particular es el hincha de Atenas? ¿Alguna vez te apretaron afuera de la cancha? 

Vos sabes que en Atenas jugué muchos años y nunca tuve un problema con ninguno. Yo se lo digo a pila de gente que, Atenas no es para cualquiera. Si a vos te va a buscar Atenas, tenés que ser consciente si vos podes ir a Atenas, si sos jugador para Atenas y si podés jugar en Atenas.

¿Tan así? 

 

Es un equipo muy especial, no podés dar una pelota por perdida, vas perdiendo por 20 puntos a falta de un minut, tenés que seguir marcando hasta el final del partido. Te aplauden más si te tirás a una pelota en el piso, a qué si metés un triple de la mitad de la cancha. Esas cosas son las que marcan el club. 

 

¿Cómo te cayó lo que sucedió con el plantel de Atenas la temporada pasada? 

 

Se perdieron mucho los códigos, antes cuando me tocó jugar a mí, nos pasó algo similar, no a ese extremo de un arma o lo que haya sido. Una vez entraron al vestuario a decirnos las cosas que nos tenían que decir, sólo a hablar, nada raro. Es más te digo, el que entró al vestuario trabajó conmigo después en el canal (risas). Fue después de perder un partido insólito con Aguada en el Palacio Peñarol, que sacamos de costado, no importa el jugador, ganábamos por un tanto a falta de pocos segundos, pierde la pelota y nos ganó Aguada por uno. Al otro día cayeron al vestuario, cuando yo los veo entrar, es que me paro y les digo: “Me parece que no es momento” y me dijeron la clásica: “No Pablo, tenemos que hablar porque están de vivos”. Los dejamos, hablaron fuerte, nos dijeron un par de cosas a los jugadores, pero hasta ahí, no fue más. Y después otro año en segunda, me acuerdo que le pincharon las ruedas del auto a Trindade, pero no fue algo de tal magnitud como lo que pasó ahora. Se perdieron los códigos, antes era otra cosa. Ahora, por lo que me contaron a mí fueron botijas chicos de 15 a 16 años, se perdieron todo tipo de códigos. 

 

¿Cómo es un día en la vida de Pablo Clérici? 

 

Y, arranco tempranito, me levanto 6:30 o 7:00 con mi señora que ella entra a trabajar a las 9.00. Tomamos unos mates tranquilos, aprovechamos estar un rato tranquilos los dos que a veces no podemos estarlo porque estamos todo el día ocupados. Después mis hijos tienen actividades, como inglés u otras cosas que tengan, los llevo y después los dejo a los dos en la escuela y me voy a trabajar. Hago de 12:00 a 20:00. 

 

¿Cómo está conformada tu familia? 

 

Fernanda que mi señora y mis dos hijos. Lautaro de 9 años y Benjamín tiene 6 años. 

 

¿Cómo fue salir en la revista Paula con tu señora en una sección que se llamaba “Parejas, desparejas”? 

 

(Risas) A mi señora no le gusta mucho el tema de las cámaras, notas y esas cosas. Y un día me llaman de la revista Paula, me pareció rarísimo, yo estaba jugando en Unión Atlética. No entendía nada, porque con el deporte nada que ver (risas). Ahí me comentaron que era para hacer “Parejas, desparejas”, le dije a mi señora y les dijimos que vengan. Me paré en la escalera ahí en el escalón de abajo (señala con la mano la escalera de su casa) y ella tres escalones más arriba (risas). Y ahí nos hicieron una nota muy graciosa por la diferencia de estatura, muy graciosa, estuvo buena. 

 

Hoy cuando los medios se ponen a hablar de tiradores, siempre viene tu nombre arriba de la mesa. ¿Qué se siente cuando pasa eso?

A mí me encantaba tirar de tres puntos, siempre me gustó. Pero habían buenos tiradores: Pablo Morales era buen tirador. Leandro es buen tirador. Yo creo que el tema del tirador es, si lo dejan sólo, emboca, tiene que embocar. Excepto que tenga una mala noche, eso sí, si tiene una mala noche puede tirar sólo 10 veces y no meterla. Pero si vos estás sólo y tenés una buena noche, tenés que embocar y eso se está perdiendo un poco. Tirar puede tirar cualquiera, el tema es embocar. Si vos tiras 10 o 12 triples, cuatro o cinco vas a meter.

 

En tu caso particular como un gran tirador. ¿Lo entrenabas aparte? 

 

Sí, sí. Desde que estaba en Marne, me echaban del club. Hay una anécdota, que cuando a mí me compra Unión, yo estaba en Marne tirando, el primero había terminado a las 22:30 de la noche y eran más o menos las 23:30 y apareció Juan Carlos Alonso que era ayudante de Lovera (Daniel), yo me había enfrentado contra él cuando jugó en Sayago y ahí estaba de ayudante. Me preguntó si mi viejo estaba en casa, le dije que sí y se fue para casa. Le pregunté si había pasado algo y me dijo que no, que quería hablar con él. Yo pensé que era por algo de Cutcsa porque mi viejo laburaba ahí. Yo seguí tirando un rato más, hasta que el canchero me dijo que se quería ir, apagó las luces y nos fuimos. Cuando llego a casa estaba Lovera con mi viejo porque me quería en Unión, ahí me cerró todo (risas). Pero, yo siempre me quedaba tirando, quizás cuando fui a Unión Atlética no podía por el tema de los ómnibus, yo no tenía auto, siempre andaba en ómnibus. No podía quedarme dos horas a tirar porque no tenía como volver a mi casa. Cuando estaba en Marne me quedaba horas tirando, pero horas e iba a la mañana también ¿no? (risas). 

 

¿Hoy son forzados los tiradores que hay? 

 

Yo creo que faltan horas de entrenamiento. En el año de Atenas que hoy te decía que salí mejor sexto hombre, el técnico era Da Prá (Héctor) y nos hacía tirar cinco libres seguidos, sino embocabas, no te ibas. A veces estábamos un rato, pero embocábamos. Hay veces que es tema de cabeza también, el tiro lo podes entrenar 10.000 veces pero si no tenes una buena mano, embocarás alguna, pero hay veces que no te da.  

 

¿Cómo fue aquella noche vs Welcome que pusiste 11 triples? Que hace pocos años Johwen Villegas te sacó el record con 12 en cancha de Trouville. 

 

Por suerte soy el único uruguayo metiendo triples (risas). Por lo menos fue Johwen, que jugué con él y es un monstruo. Es más, te soy sincero, me puso contento que haya sido él. Ese mismo año Pablo (Morales) metió 10, después yo lo pasé en ese partido con Welcome con los triples. Después tuve la cantidad de libres sin errar, que fueron 63 consecutivos sin errar, creo que García Morales estuvo por llegar, pero muy cerca y creo que no llegó. Pero lo de los triples, yo tiré 20. ¡Hay que tirar 20 triples! Pero lo de Johwen fue tremendo, metió 12/15, fue un porcentaje exuberante, no creo que lo haga nunca más (risas). Es difícil por la cantidad de triples que tenés que tirar, porque no es que vas a lanzar 11 veces y metés 11 triples, por lo menos tenes que tirar entre 15 y 17 triples que no es fácil tirar esa cantidad ahora para un solo jugador. 

 

¿Cuál fue el defensor más bravo que te tocó en tu carrera? 

 

El Bicho era bravo y otro que era complicado fue el Pelado Vázquez. El Bicho (Silveira) después de viejo te dejaba libre un poquito más, pero al principio era insoportable.  

 

¿Y la cancha más complicada? 

 

Pah, en esta voy a coincidir con Pedro (Xavier) que lo leí acá. Defensores de Maroñas era bravo, bravísimo. Eran muy bravos esos equipos de antes, Defensores de Maroñas, la cancha de Paysandú. Antes eran líos lindos, no pasaba más de eso, no salías o demorabas más de lo normal, te quedaba un ojo hinchado. Ahora, no tienen códigos y puede pasar cualquier cosa.  

 

¿Por qué te retiraste? 

 

Si yo seguía jugando al básquetbol, no podía disfrutar a mis hijos. Yo me retiré en el 2015 en Marne, una vez el finado Walter Pesqueira me dijo: “Por favor retírate en Marne”. Entonces eso me quedó, mi cabecita siempre estuvo retirarme en Marne. Mi hijo Lautaro tenía 5 años y Benjamín 1 año y pico, jugamos contra Verdirrojo que nos salvamos del descenso y ya a partir de ahí tenía pensado que me iba a retirar. Pero, igual le pregunté a Lautaro si quería que siguiera jugando y me dijo: “No papá, no juegues más”. Y ahí decidí no jugar más. Tampoco me daba el tiempo, laburaba de mañana, mis hijos salían de la escuela, los veía dos horas y me tenía que ir a practicar, no tenía vida familiar.  

 

¿Económicamente el básquetbol te dejó algo? 

 

Lo único que me dejó es mucho conocimiento, muchas amistades, gente conocida. Vivía el día a día, capaz juntaba algún pesito, pero no hacía la diferencia. Cuándo yo jugaba en Olimpia fue cuando saltó de Federal a Liga, ahí fue más o menos que mejoró mi sueldo y justo me casé (risas). No me dio el tiempo para poder juntar plata, ya nos vinimos para acá (Cuernos de Batlle) y había que pagar luz, agua, etc. Mi señora trabaja también y nos ayudábamos. Pero, no era lo mismo cuando vivís en la casa de tus viejos que no ponés un mango a estar casado y mantener una casa. 

 

¿Ahora seguís jugando? 

 

No, ahora decidí no jugar. Hace unos años, yo soy amigo del Gucci y teníamos un equipo que éramos Asesinos del Sabor, jugaba José Fernández, Caballo Lambert, nos reíamos mucho, yo jugaba para romper las pelotas y joder un rato. Y a veces por ser quién sos, venían y te pegaban, empujaban y yo no estoy para esas cosas. Al otro día hay que ir a laburar, para que te lastimen u algo, ahora están de nuevo y decidí no ir por eso mismo.  

 

¿Te gusta ir a ver básquetbol a la cancha o te gusta mirarlo tranquilo en tu casa?

 

Sí, soy de mirarlo por televisión. A Marne si puedo, voy a verlo siempre, trato de ir siempre con mis hijos que me acompañan. Más con Lautaro que es más grande, a veces no voy a ver otros partidos porque no termino viendo nada. Porque te cruzás con medio pueblo, te empieza hablar y se te va el partido (risas). Un día llevé a Lautaro al Palacio Peñarol que no conocía, jugaba una de las finales Hebraica vs Aguada y apenas entré me hicieron una nota para la radio. Me senté y me puse hablar con Rodolfo Kaminietzky, porque conocía a mi viejo de antes. Cuando quise acordar le quedaba 2:00 al partido y ¡no pude ver la final! Por eso, prefiero hacer una picadita o algo y lo miro tranquilo en casa.  

 

¿Qué jugador se parece hoy a Pablo Clérici en la cancha? 

 

Pah es muy difícil compararse. Pero, el otro día estaba mirando y me gustó mucho Agustín Pose el de Colón, yo conozco a Mateo el hermano y siempre pintó para ser bueno, estuvo en selecciones y todo. Ahora lo vi y es un jugador que tiene temple, otro que tiene temple es Planells (Luciano) no tuvo muchas chanches en Unión Atlética, pero es un jugador que hay que seguirlo. Martín Rojas también me gusta mucho.  

 

¿Qué se extraña más después del retiro? 

 

El vestuario, eso se perdió mucho. Yo cuando estaba en Atenas y entrenábamos 10:30, a las 9:45 yo estaba ahí con el termo y mate con Celso (canchero) abajo en la habitación. Se perdió todo eso, pero el vestuario era fundamental. Yo salía de bañarme y estaba media hora para ponerme la ropa, charlaba de la vida, rompía las bolas y eso es lo que hace el grupo. Vestuario y comida, ahí vos te das cuenta si el equipo está para algo o para nada. 

 

¿Hoy se juega más por la plata que por amor a la camiseta?  

 

Capaz que sí. El día que a mí me diera lo mismo ganar o perder no iba a jugar más al básquetbol, por suerte no me pasó eso, no me retiré por eso. Yo he visto jugadores que perdían por 30 y los veía en la noche o te decían que lo habían visto, yo si perdía por 30 me encerraba en mi casa y me daba vergüenza salir al otro día. Yo, Pablo Clérici, los demás que se manejen, pero yo creo que se perdió mucho eso. Siempre fui un jugador que me gustó ganar a todo, no me daba lo mismo, capaz que eso se perdió porque miran más la plata, ellos lo que les importa es cobrar, cosa que antes era más difícil cobrar, a veces te debían tres o cuatro meses, capaz que ahora está más estricta la cosa.

 

¿Qué te quedó por hacer en el básquetbol? 

 

Y…salir campeón en Primera División, salí campeón, que es lo máximo, en El Metro, pero en Primera quedamos ahí en la puertita, pero no se dio, no era para mí.

 

¿Fuiste feliz dentro de una cancha? 

 

Sí, sí, me gustaba mucho jugar al básquetbol. Disfrutaba jugar al básquetbol, quizás como a todos no nos gusta la preparación física, pero tenías que hacerlo para estar bien físicamente. A mí me gustaba jugar al básquetbol, me dejó mucho conocimiento, el gran tema acá, si bien uno juega por plata porque la precisa, ya que vivía de eso. Pero, yo hoy puedo entrar a cualquier club que vaya, eso es fundamental y a cualquier lado que voy a uno lo saludan con mucho respeto y eso hay que ganárselo y es lo que trato de inculcarles a mis hijos. El respeto es fundamental.