Continuando con el segmento que tanto ha dado que hablar, Básquet Total fue en búsqueda de la palabra de un árbitro internacional. No solo porque es FIBA, sino que además su lugar de nacimiento es la ciudad de Loja, Ecuador. La pasión y el amor hicieron que Carlos Peralta viera en Uruguay un destino ideal para seguir su vida -en pareja- y arbitrar. Combo.

¿Cómo fueron tus inicios en el básquet?

Prácticamente toda mi familia está involucrada en el baloncesto, mi padre es árbitro, mi madre fue jugadora igual que mis tías, mi abuela también y llegó a jugar con la selección de Ecuador, mi hermana es árbitro y eso hizo que desde chico ya me gustara jugar. Igualmente, como todos también hice futbol, voleibol y a los 12 me decidí por el baloncesto. Jugué hasta los 20 años más o menos, que es la edad universitaria. Naturalmente se dio que a esa edad comencé a dejar de jugar a un nivel competitivo, lo seguía haciendo, pero más a un nivel de recreación con mis amigos los fines de semana. Desde ese entonces tampoco he vuelto a jugar, ni en modo de recreación, eso es porque tengo miedo a que me suceda una lesión o algo que comprometa lo que hago. Pero más que nada en que me gustara el básquetbol es por mi abuela para ser sincero, sé que mi padre me llevaba a los 4 años con él, pero de eso no me acuerdo nada, era muy chico. El recuerdo de eso es meterme a la cancha a jugar con la pelota en los descansos, pero no más que eso. Y mí abuela es la que me lleva a mi primer curso vacacional de baloncesto. Con papá nos unió mucho el arbitraje, porque cuando era chico él se debió ir a Estados Unidos a trabajar y volvió cuando tenía 11 años y el deporte por así decirlo nos unió más, compartimos canchas y muchos viajes.

¿Cómo se dio el pasaje de jugador a árbitro?

Me costó como creo que le costó a todos los que han hecho ese cambio. Además, era algo que no me esperaba, si bien mi padre es árbitro desde los 24 años, a mí nunca me había llamado la atención querer arbitrar. Él siempre me dijo que me iba a apoyar en la decisión que tomara, no tuvo nada que ver en que decidiera ser árbitro, sí me dijo que si decidía ser juez me iba a apoyar y también mucha gente del medio iba a estar para lo que necesitara. Pero eso me lo dijo cuando tendría unos 18 años y sinceramente no quería dejar de jugar. Justo se dio que en Loja hubo un campamento de árbitros al cual asistí, donde no tuve problema con la prueba física, pero si me costó muchísimo lo teórico, sabía las reglas básicas como jugador, pero de ahí a saber las 8 reglas y 50 artículos la verdad que no tenía ni idea. Cuando comencé a dejar de jugar arranqué como planillero, porque no quería arbitrar y los primeros seis meses hacía planillas. Luego empecé a ver la parte económica, como planillero ganaba entre 3 y 4 dólares por planilla, mientras que por arbitrar eran 11 o 12, eso fue lo que terminó influyendo en decidir a pasarme del lado de los árbitros y con el tiempo le comencé a agarrar el gustito.

¿Recordás el debut?

Sí mucho nervio, a decir verdad. Tuve la suerte que tanto a nivel local como nacional el debut lo hice junto con mi padre y un árbitro que había sido mi profesor en la escuela primaria. Él era amigo de mi padre y me conocía, tuve la suerte de que el debut fuera con ellos dos, me acuerdo que era un U13 y en algunas jugadas donde había faltas, que sabía que eran faltas no las pitaba, por miedo a que me digan que me había equivocado.

Papá igualmente me fue guiando y convenciendo para que pitara, que no me diera miedo y estuviera seguro de mí, además en ese entonces estaba más flaco y usaba hasta dos shorts abajo del pantalón para que me quedara bien, porque debía atarme los pantalones dado que era muy grande para mí. En Ecuador desde mini hasta U12 se hace con mecánica de 2 jueces, mientras que de U12 en adelante siempre se hace con mecánica de 3, que fue algo que me costó cuando llegué, porque acá solo en primera se arbitra con 3 jueces, en juveniles y femenino siempre son 2. Me costó recordar cuales son las responsabilidades de cada juez, lo tuve que volver a incorporar, me costó un poco al comienzo.

¿Dónde sentís que diste el salto de calidad?

El salto de calidad para mí se dio en el primer torneo nacional que fui, porque la verdad que al principio no lo vi como un trabajo, yo me iba a divertir con amigos y me pagaban. Ese torneo me fue muy bien pero la juventud y falta de experiencia me pasó factura, a mí y mis compañeros, porque la noche antes de las semifinales salimos y eso terminó en una sanción de un año, luego la bajaron a seis meses por suerte. Esa situación me dolió en el alma y dije que no podía perder eso que tanto me gustaba por una burrada mía, por inexperiencia. Por suerte me pasó joven y no ya teniendo más experiencia.

En un momento de tu carrera pensaste en irte a Estados Unidos, ¿Por qué no se dio?

Sí, eso se fue en 2016, año que conocí a Valentina (Dorrego). Ese año había llegado a una final de un U14 Femenino, que para mí era la final del mundo de mayores y tras ese torneo tuve la intención de irme a trabajar a Estados Unidos y también poder aprender inglés. Además, en esa época se venían torneos donde sinceramente pensaba que no me iban a designar, entonces fui y me compré el pasaje. A la siguiente semana me llaman y me preguntan si yo tenía pensado hacer algo en las fechas que se venían, sabiendo que tenía el viajes les dije que no tenía nada, nunca nombré el viaje, entonces me preguntaron si tenía pasaporte para ir a México, les dije que sí y ahí me nominan a mí primer grupo de Liga De Las Américas de mayores en Mexicali. Dejé el pasaje a Estados Unidos tirado por ahí (risas). Ese torneo fue en definitiva el que me termina de dar el salto para todos los demás torneos que le vinieron después.

En 2017 estuviste en Las Vegas, en un partido de la Summer League de la NBA, ¿Qué te dejo esa experiencia?

Justo tenía la designación para un Sudamericano U15, donde me iba a encontrar con compañeros y también con Valentina. Ella fue quien me escribió preguntándome ¿que pasó?. Porque yo no estaba en la lista, y la verdad es que no sabía y llamé, me dijeron que era porque mi vuelo en conexión no llegaba a Ecuador para que pudiera llegar en fecha al campamento de la NBA.

Imagínate que cuando me llegó eso estaba saltando en una pata, previo a ese campamento tuve dos Premundiales juveniles y estar en esos torneos ya era impresionante, me llenaba de orgullo y cuando llegó lo de la NBA fue la frutillita del pastel. Además, es un torneo que los árbitros FIBA que van son bastante más maduros, de arriba de los 30 años y yo fui con 24. Quedé impactado de la ciudad, yo vengo de una ciudad pequeña y llegar a Las Vegas, que vive de noche, con las iluminaciones impresionantes de los casinos y los hoteles, fue un cambio drástico.

¿Qué dos equipos te tocó arbitrar?

Golden State Warriors contra los Cleveland Cavaliers. Tenía mucha ilusión con ese juego y con poder encontrarme algún que otro jugador famoso (risas), pero la verdad que me gustó mucho la manera en que trabajan allá, salí de ese campamento con otra visión de lo que es el baloncesto americano con el sudamericano.

Arbitraste en Europa, Bulgaria y Bosnia y Herzegovina en 2017 y 2018 ¿que tal esas experiencias?

Increíble, así como la NBA hace un intercambio con FIBA Américas en los campamentos, con los árbitros con mejor desarrollo y proyección lo mismo pasa con FIBA Europa, fui a torneos como los que aquí son los sudamericanos, que es el EuroBásquet, que se divide en tres categorías, A, B y C. Tuve la suerte de dirigir la B, donde ves un nivel increíble y un muy lindo baloncesto, más limpio con una buena defensa plantada, eso me chocó porque estaba acostumbrado a que acá se dan, dejaba jugar, pero en Europa es como que al mínimo contacto te cortan el juego, con el pasar de los partidos fui agarrando la mano a eso y también incorporándolo. Además, que con solo 15 años todos miden casi o un poco más de dos metros, sin duda gran nivel y lo que lo hace competitivo es que hay ascensos y descensos entre categorías. En ese grupo me acuerdo que estaba Bulgaria, Polonia y Países Bajos, selecciones fuertes. Por suerte del primer al último partido fui mejorando y eso hizo también que me llamaran al año siguiente a Bosnia y Herzegovina, ese año ya conocía a los compañeros y pude compartir más con ellos.

¿Qué se sintió cuando te llamaron para ir a China?

Veníamos trabajando bien en las eliminatorias y en particular me habían tocado buenos partidos, que había resuelto de gran manera y eso hizo que previo al Mundial de China me llegue una designación para el mundial U19 de Grecia. Ahí la verdad es que pensé que se me alejaba toda posibilidad de ir a China, porque en la interna siempre se dice que no te mandan a dos torneos consecutivos. Cuando recibí esa designación estaba emocionado de poder ir a Grecia, pero a la vez estaba triste porque pensé que China era imposible. Con la ilusión que me hacía poder ir, por el trabajo que se venía haciendo y la preparación. Cuando definitivamente llega el llamado para ir a China, sí fue fantástico, estaba aquí en Uruguay y la verdad que la felicidad era enorme, comenzaron a llegar los mensajes, ver que compañeros eran los que iban, yo te diría que la frutilla del pastel es poco en este caso, porque estar en un Mundial de mayores a los 26 años, si bien no me quede hasta el final la experiencia fue fantástica. Obviamente que volvería a vivir la experienciq, pero ahora sí iría con la mente de ser más competitivo. Tengo solo siete años en el arbitraje, me falta mucho todavía, aunque claramente no voy a estar renegando ni poniéndome triste si voy como tercer juez, pero sí en estos cuatro años que vienen voy a trabajar para llegar al próximo y ser segundo árbitro o porque no primero, ese es mi gran objetivo ya que para ese entonces voy a tener 31 años, más experiencia y madurez.

¿Qué tal fue el grupo que te tocó?  

Prácticamente que fui el árbitro designado para Senegal (risas), tuve el gusto de ver un par de jugadores NBA. También me sorprendió el grupo, porque todos los árbitros tuvimos una semana en Beijín trabajando, donde teníamos muchas charlas de media hora o más en equipos. En cada equipo estaban los ocho árbitros que iban a cada sede y en una nos piden a cada grupo que armáramos el fixture y pusiéramos a que grupo creíamos que íbamos a ir, nuestro grupo era de juventud y experiencia. Empezamos a descartar grupos y sobretodo el Grupo H, porque era el supuesto grupo de la muerte y da la casualidad que es al que terminamos yendo, nos sorprendió para bien claro está.

¿Qué te quedó de la ciudad de Dongguan?

Llenísimo de gente, te quedabas quieto y te caminaban por la cabeza igual (risas). Había muchísimo tráfico a pesar de que también se manejaban pila en bicicleta. La ciudad en sí creo que era la más “fea” de todas las sedes, el clima era muy húmedo, muchísimo calor, llovía casi que a diario. Las actividades físicas de las mañanas eran con mucho calor, regresábamos muy transpirados y en sí no pudimos recorrer mucho de la ciudad.

El día que salimos a recorrer nos agarró la lluvia y justo vimos unos cartones en la calle, regresamos al hotel caminando con los cartones arriba de la cabeza y aun así terminamos empapados por completo. La cultura totalmente diferente, la gente muy respetuosa. La gran barrera igual fue el idioma, porque ahí no hablaban tanto inglés, como para decirte estuvimos una semana pidiendo que nos dieran agua fría, ¡con el calor que hacía! Igualmente, ellos solo toman agua caliente, siempre andan con su termito y té, mucho té. Aparte llegábamos cansados, más de treinta grados, les pedáas por favor que te trajeran agua y te la traían caliente. Luego le pedíamos por favor que fuera agua fría y nos traían hielo. Otro tema en esa ciudad fue la comida, si bien se inspeccionó todo previamente, los instructores y preparadores físicos se encargaron de que la alimentación sea de un deportista de elite, teníamos buena comida, pero te puedo asegurar que pasé comiendo arroz toda la semana porque no había otra cosa, o con papas fritas o con pollo, porque no tengo idea que era la otra comida que había y tampoco lo quería averiguar (risa). El día que salimos encontramos un local de pizza, caímos de cabeza a comer como unos desesperados, solo la pedíamos con muzzarella, teníamos miedo que le fueran a poner alguna cosa rara (risa).

¿Y Shanghái?

Fue un cambio de 180 grados, teníamos un hotel de lujo con un bufet mucho más variado. Hasta había comida cruda que elegías y te la hacían en el momento. En la otra ciudad eran solo cuatro menú y siempre los mismos, ahí se notó la diferencia. Igualmente comí solo pato, además su comida era muy picante, estaba algo acostumbrado por la gastronomía mexicana, pero los chinos comen muy picante, hasta por demás. Entonces dejabas eso de lado y a lo conocido: pollo, pescado, arroz y un par de pastas, para que más (risa). Igual no fui el único, la semana previa al inicio donde compartimos una cena con Yao Ming, era el tipo de menú que te sentás y te va pasando la comida por la mesa giratoria, empecé a ver y elegir, pero no había nada que me convenciera, te puedo asegurar que esa noche todos terminamos en el McDonald’s que había enfrente porque nadie se atrevió a comer nada. Si probamos comida, pero te puedo asegurar que algunas no sabía que era.

¿Imaginabas una carrera así en tan corto tiempo?

Claramente cuando comencé no me imaginaba nada de esto, más después de la sanción que tuve en Ecuador luego de haber salido de noche. Creí que para mí lo máximo era llegar a la primera de Ecuador y listo. Hasta decía que para qué iba a estudiar ingles y los árbitros de experiencia siempre me decían que estudiara por si llegaba a estar en una cancha NBA y yo pensaba que estaban locos, cuando miro para atrás y veo que esto pasó solo en cinco años es bastante increíble, además que los dos primeros años no tuve tanta actividad. Ahora lo difícil es mantenerse, hay que seguir trabajando, no me desesperé por ningún torneo, hay que tener paciencia y trabajar que se van dando las cosas. Por eso que ahora me preparo para mejorar, llegar a ser segundo árbitro o primero, siempre en pos de mejorar.

¿Cómo vivís tu día a día con el arbitraje, podes llevar a cabo tu carrera de Ingeniero Comercial?

Si bien me gradué en administración de empresas nunca trabajé de eso. Sí me ha servido para manejarme a mí (risas). En Ecuador era muy difícil trabajar de eso porque cada dos días estaba viajando y es muy difícil que en un empleo te acepten eso. Además, empecé a viajar cada vez más al exterior y como vivía con mis padres no tenía muchos gastos.

Acá en Uruguay estoy intentando encontrar un trabajo fijo, por ahora paso en casa tratando de ayudar en lo que pueda, en este tiempo en casa estuve pintando y arreglando cosas. El tiempo también lo invierto en entrenar, leer, ya voy más de 10 libros. Ahora con el comienzo de las formativas he tenido más partidos y eso me mantiene más enfocado en el arbitraje y en entrenar.

¿Por qué Uruguay?

Uruguay, tiene nombre de una sola persona: Valentina Dorrego. Anteriormente de venir tuve invitaciones de la Liga de Brasil para ir a arbitrar, una invitación directa no como aquí que caí en el país. En ese momento árbitros de más experiencia y sobretodo el director de FIBA Américas me recomendó que no fuera, que no era mí momento, porque me necesitaba como un árbitro neutral y quedó así. No me volví loco por no ir a Brasil. En 2016 conozco a Valentina, le empecé a seguir sus pasos, ella a mí también, pero como en ese momento ella estaba en pareja quedó en solo una amistad. En el 2018 viajé a Uruguay a un Sudamericano en cancha de Atenas. Salimos, compartimos momentos. Luego a los 15 días volví a Uruguay, pero por Liga Sudamericana y bueno ahí sí, conversamos más, tuvimos más tiempo a solas. En el 2018 antes de navidad tomé la decisión de venirme de vacaciones y a partir de ahí me vine, no lo pensé mucho, armé mis dos maletas y pronto. Tuve un campamento en Argentina y de ahí ya me instalé acá en enero de 2019.

¿Cómo fue meterse en el arbitraje uruguayo?

Antes de meterme en el básquet lo hablé un poco con (Andrés) Bartel y con Valentina para ver cómo sería, si bien acá tienen las herramientas necesarias como para no necesitar que venga alguien de afuera yo me tiré al agua. No me iba a morir si no salía, no voy a vivir toda la vida en el arbitraje y comencé a pensar que, si se daba genial y sino también. No me estresé con esa situación, además iba a seguir arbitrando por FIBA, eso no me lo iba a sacar nadie, además estoy más cerca de dos puntos fuertes como Brasil y Argentina entonces podía tener más nominaciones. Hable con Héctor Uslenghi quien en todo momento le dijo que me apoyaba, además de ser un caso muy parecido al mío porque había arbitrado en Brasil y Argentina mucho tiempo. Lo hablaron con el gremio para ver si querían que un árbitro extranjero entrara, tuve una muy buena aceptación de un gran número de personas, obviamente hubo gente que votó en contra, no sé quienes son y tampoco es que me interese saberlo. Se dio que me dieron en ok, estuve más o menos seis meses sin arbitrar, siempre tranquilo esperando el momento y llegó con el partido de Peñarol – Miramar por El Metro 2019 en primera, ya estaba haciendo formativas, eso fue justo antes de irme a China.

¿Cómo se sintió ese primer partido?

Si bien en mi país las canchas también son así, no me imaginaba una cancha tan llena, si conocía el nombre Peñarol, pero por el fútbol más que nada. Toda la familia de Valentina es de Peñarol en fútbol, pero de básquet me habían dicho que era la vuelta, no imagine algo así. Ese partido lo tomé como una final, estuve con Bartel que sin duda es un gran amigo y eso me hizo estar muy cómodo. Pero si me reía mucho de los insultos, mí primer partido y ya todos sabían que era ecuatoriano (risas), por suerte fue un partido muy bueno. La verdad que ver todo el Coliseo lleno no se da en todos los países como si se da acá. Sin duda que Aguada – Goes es el ambiente del básquetbol, si bien las finales del año pasado entre Malvín y Aguada a las que fui, era mucho más la hinchada de Aguada, la gente mucho más eufórica y va a ser lindo también ver un Peñarol – Nacional en el básquetbol la próxima liga también.

Este torneo ha sido muy atípico y se ha dado algo que tal vez antes no se daba o al no ser televisado no se notaba tanto, que son los errores arbitrales. ¿Por qué pensás que se dan tanto?

No creo que se den por cansancio, porque no nos estamos exigiendo tanto físicamente, porque si decimos eso estamos diciendo que el árbitro no llega a las jugadas, además cada juez tiene su sitio dónde es su responsabilidad y a veces pasa que por posición o que te tapa un jugador no la vemos ninguno de los árbitros. Personalmente creo que tanta cantidad de errores se deben principalmente a la falta de rodaje, el árbitro práctica con partidos y si no hay partidos no se practica. En esta pandemia hubo muchas charlas, reuniones por zoom, se vieron muchos videos, pero no es lo mismo que estar dentro de una cancha. No es que un juez entre pensando que se va a equivocar, ni a favorecer a nadie, pero cuanto más rodaje hay, menos equivocaciones se dan.

¿Cómo ves el arbitraje en Uruguay?

El arbitraje uruguayo es muy bueno, cuando lo vi desde afuera y que siempre hay árbitros uruguayos en torneos internacionales, te da a pensar que el nivel es muy bueno. Es un arbitraje que mantiene la regularidad y consistencia en el tiempo, si bien hay cosas por mejorar se está apuntando a eso.

¿Sos de ver tus partidos?

Sí, también cuando hago partidos a nivel internacional que se puede ver en todos lados siempre estoy en contacto con mí padre, preguntándole o pidiéndole consejos o debatiendo los puntos de vista. Siempre me felicita cuando termino un partido, pero me marca mis errores si los hay o que le preste atención a detalles que tal vez se me pasaron, o sí pite tal cosa y tengo alguna duda.

¿Sos una persona que disfruta ver básquet o sos muy obsesivo y lo mirás cómo árbitro?

No, soy muy analítico. No sigo a ningún equipo fanáticamente, en la NBA por ejemplo quiero que ganen los Lakers. Pero siempre miro más a los árbitros, trato de analizar el por qué de lo que pasa y de eso ver que puedo agarrar para mejorar yo. También miro mucho a los árbitros de futbol, su manera de correr, la elegancia con la que lo hacen. Antes mí forma de correr era espantosa, parecía un ganso tratando de caminar, lo pude corregir mirando como corren en el fútbol y como se paran.

¿Qué extrañás de Ecuador y que agarraste de Uruguay?

De Ecuador extraño mi familia, al principio no porque como vivía viajando fue normal, después en el tiempo sí ya se fue sintiendo mucho más. Sobre todo estando solo en casa y un par de comidas típicas de mi ciudad, más que nada a la hora de desayunar. Y de acá el asado sin dudas, comería todos los días asado, otra cosa que incorpore fue los postres, alfajores, helados y alguna otra cosita.

¿Tenés otra pasión fuera del arbitraje?

Siempre me gustaron los deportes, baloncesto, fútbol, voleibol, tenis, que lo llegué a jugar también e ir al gimnasio. Y la familia, a pesar de estar lejos con la tecnología hablo a diario con ellos y eso me hace tenerlos más cerca.

¿Quién es Carlos Peralta afuera del rectángulo?

Soy una persona muy tranquila. Apasionado por mi trabajo, no me gusta equivocarme en nada. Soy muy apasionado de mis amigos, comer asado, me encanta. Soy muy respetuoso con los demás y disfruto de la familia.

PING PONG

Mejor partido: Segunda final de la Liga de las Américas 2018 entre Franca e Instituto de Córdoba.

Peor partido: Mundial de Grecia U19, una decisión mía terminó matando el partido, un error muy técnico que me reprocho hasta hoy: Argentina – Francia.

Jugador más complicado que te toco arbitrar: Tengo una anécdota con Leandro García Morales. No pito falta, porque si la pitaba era antideportiva y él viene a reclamarme por qué no la pité si él estaba intentando cortar, se enojó y se fue expulsado por doble falta técnica.

Hincha de: Liga de Quito

Terna ideal: Andrés Bartel, Julio Anaya (Panamá) y Carlos Peralta.

Un partido que te gustaría arbitrar: Un Aguada – Goes donde no se escuche ni el silbato por el aliento de la gente.