Jugar, crecer, entrenar, almorzar y ahora trabajar, todo lo hacen juntos. La vida ha hecho del lazo de Matías y Santiago De Gouveia, uno cada vez más unido. Con una oportunidad grande tocando a la puerta y las ganas de encarar a la par un trabajo, los hermanos tomaron los lubricantes Goodyear, no sólo como una excusa más para pasar el rato juntos, sino como un proyecto de vida. Te lo contamos, Afuera del Rectángulo.

Un idea craneada desde hace tiempo, la pandemia cómo obstáculo. El retraso de la importación del producto que sería sustento de su vida, permitió sólo hace tres meses, que los hermanos emparentados con Tabaré abrieran su negocio a pocos kilómetros de la tribu del Indio del Parque Batlle.

Sobre Ramón Anador se junta un proyecto que llega de dos caminos diferentes. Matías, tras vivir sólo del básquet hasta los 28 años, venía de trabajar junto a su tío en una empresa de jardinería. Santiago, llegaba con seis horas diarias en la parte administrativa de una mutualista.

Las ganas de encarar algo autónomo y el tener a su tío cómo representante de Goodyear a nivel sudamericano, le dieron a los De Gouveia la chance de compartir oficina por primera vez. “Surgió como una alarma que se despertó en mí”, nos dijo un Matías que piensa que está dando sus últimos pasos sobre el flotante. Necesitaba un sustento en un país en el que pocos son los que viven sólo del básquet, y que mejor que conseguirlo, que junto a su compañero de vida, con quien además de compartir adentro de la cancha, lo hace en los momentos de ocio, entrenamiento y en el innegociable almuerzo con los viejos de 1 a 2 de la tarde.

De inmediato se enamoraron del proyecto, “Lo queremos encarar para la vida”, nos dijo Matías. La marca era algo que seducía, la proyección era ambiciosa, y si bien juntaron sus caminos, buscaban algo más personal para sustentar su futuro.

El hacerlo juntos no era algo planificado para Santiago, pero s{i cuenta que muchas veces Matías lo tiraba cómo un comentario. De improvisar tocando música juntos y pasar a poner barras en boliches para tener un negocio conjunto a ya tener algo más profesional que los llena de orgullo. “El poder hacerlo con mi hermano es lo que más me llena”, confiesa el menor. “Lo que más me apasiona es hacer un camino con mi hermano”, nos cuenta el mayor acerca de un proyecto que significa más que un trabajo para ellos. Unificar sus rutas lo ven como algo necesario. Entienden que hacerlo por separado hubiese sido imposible, que las soluciones salen de varias cabezas, que muchas veces hay que delegar y confiar uno en otro, en el acierto y en el error.

Si bien de sus bocas se desprenden análisis dignos de economistas, ninguno de los dos tiene una carrera universitaria atrás. Pero sí confiesan el gusto por la economía. Charlan mucho del tema, se asesoran y su tío es un gran profesor en este sentido. Es de quien aprendieron a manejar la empresa y quien siempre aconseja para que el proyecto de los De Gouveia, sea cada vez más real.

Si bien en otras entregas de esta sección, el trabajar de forma autónoma llevó a otros basquetbolistas a encontrar cómo acompasar la naranja y las ocho horas, a los hermanos les pasa todo lo contrario. Ellos entienden que cumpliendo un horario tenían sus tiempos establecidos. Ahora, la cabeza que le tienen que meter al proyecto, los lleva a dedicarle más horas, “Dependemos de nosotros, todo esfuerzo va a ser mejor y más redituable”.

“Encararlo con la cabeza que se merece”, dedicarle más iniciativa, no hay nadie que mande de arriba y su futuro depende de sus decisiones. La empresa le permite a ambos seguir con el básquet con un respaldo, ese que a lo largo de sus carreras no tuvieron. Matías nos cuenta que el profesional da mucho más de lo que le dan, que invierte gran parte de su sueldo en prepararse para estar en óptimas condiciones. Pero ahora tiene un respaldo atrás para que ese impacto económico no sea tan grande. A pesar de eso, se sienten privilegiados de poder hacer lo que aman.

Su mayor caudal de trabajo es en las mañanas, mientras que de tarde organizan todo lo que es administrativo en conjunto. Esto hizo que la primera semana de El Metro fuera muy dura, cuando tocó perder ante Danubio en un juego iniciado a los diez y media de la noche, y al otro día tenían que encarar tempranito. Afortunadamente para ellos, el horario del torneo pasó a ser más familiar y de a poco fueron agarrando costumbre al trajín de su día a día. Entre naranja y lubricantes pasan la mayor parte de su semana. Hasta los sábados de mañana, siempre hay algo para hacer, e incluso terminan hablando de la empresa y craneando cosas los domingos o en sus tiempos de ocio.

A pesar de tener sus cabezas todo el tiempo en la empresa, nos cuentan que lo saben separar a la hora de jugar. Para Matías, el tener otra actividad lo hace disfrutar mucho más el básquet hoy, por lo que logra cambiar el chip a lo que le corresponde. Por su parte, Santiago nos cuenta la importancia de marcar prioridades, lo que lo lleva a estar enfocado en la tarea indicada, en el momento que corresponda. Tampoco permiten que un mal resultado empañe sus horas en la oficina, en donde si bien algo de la noche anterior se comenta, dicen que el ritmo del trabajo no lo permite.

Matías destaca lo positivo de trabajar en familia porque se entienden. Confiesa ser el más rezongón en el trabajo, quien siempre busca el punto flaco para apretar en eso, para tratar de sacar lo mejor. El hacerlo con su hermano, lleva a que este entienda que lo hace tratando de sacar algo positivo, creando una pareja de socios que se complementa perfectamente.

Es una cualidad que el mayor de los hermanos nos dice que arrastra del básquet, en donde busca mejorar sus puntos flacos a la hora de improvisar de base, cuando se siente más cómodo como escolta. También arrastra su espíritu competitivo, en un mercado de consumo grande, de muchas marcas y de una competencia que la define como feroz. A pesar de ser apasionado también con el trabajo, de todas formas nos cuenta que la maneja de otra manera, que lleva la competitividad con mesura. Santiago sí se nota con una personalidad distinta a la que muestra en la cancha. El menor de los hermanos nos dice que a veces en el deporte la pasión juega un poco en contra y que en el trabajo no cuenta con esa tensión, lo maneja mucho más tranquilo, tiene las cosas bien alineadas.

A pesar de mantener un perfil bajo y confesar que no les gusta salir mucho a la luz, al punto de dudar si dar esta nota, la naranja de alguna forma los mantiene ligados a su trabajo. Destacan la mano que les dio Eduardo Bigot al iniciar su proyecto, por su cercanía con Tabaré, y también que algún cliente les ve cara conocida, lo que les facilita tener relación con ellos.

A futuro sueñan con ver la empresa establecida, “Poder transitar un camino que el día de mañana nos deje orgullosos”. En el básquet, el hermano mayor piensa hacer el curso de entrenador, pero no cómo formador, sino que quiere ir derecho a competir. De todas formas, confiesa no compartir la ideología del básquetbol hoy, pero si puede encontrar un lugar en donde hacerlo, seguramente lo haga porque lo apasiona. A Santiago le queda más carrera a que a su hermano y en plena nota le metió presión a Matías, para cuando este se retire y él siga jugando, seguramente tendrá que cubrir alguna horita más en la oficina. “Todo se negocia”, nos dijo el menor entre risas. Sí cuando su carrera llegue a su fin quiere dedicarse a sus proyectos al 100%, porque cómo se lo dice a su hermano, le es difícil ver un partido de afuera y no se ve vinculado al básquet cuando la naranja deje de picar para él.

En su cabeza todo el tiempo están pensando cómo mejorar su producto y tienen varias ideas que mantienen en secreto para seguir creciendo como empresa. La cual ven cómo un sustento de vida, pero sobre todo, algo que los apasiona y que los lleva a ser más unidos que nunca. De ser los hermanos que en formativas soñaban con compartir plantel en primera, a soñar despiertos, pudiendo haber compartido su tiempo sobre el flotante, pero también, detrás del escritorio de su oficina.

Jugar, crecer, entrenar, almorzar y ahora trabajar, todo lo hacen juntos. La vida ha hecho del lazo de Matías y Santiago De Gouveia, uno cada vez más unido. Con una oportunidad grande tocando a la puerta y las ganas de encarar a la par un trabajo, los hermanos tomaron los lubricantes Goodyear, no sólo como una excusa más para pasar el rato juntos, sino como un proyecto de vida. Te lo contamos, Afuera del Rectángulo.

Un idea craneada desde hace tiempo, la pandemia cómo obstáculo. El retraso de la importación del producto que sería sustento de su vida, permitió sólo hace tres meses, que los hermanos emparentados con Tabaré abrieran su negocio a pocos kilómetros de la tribu del Indio del Parque Batlle.

Sobre Ramón Anador se junta un proyecto que llega de dos caminos diferentes. Matías, tras vivir sólo del básquet hasta los 28 años, venía de trabajar junto a su tío en una empresa de jardinería. Santiago, llegaba con seis horas diarias en la parte administrativa de una mutualista.

Las ganas de encarar algo autónomo y el tener a su tío cómo representante de Goodyear a nivel sudamericano, le dieron a los De Gouveia la chance de compartir oficina por primera vez. “Surgió como una alarma que se despertó en mí”, nos dijo un Matías que piensa que está dando sus últimos pasos sobre el flotante. Necesitaba un sustento en un país en el que pocos son los que viven sólo del básquet, y que mejor que conseguirlo, que junto a su compañero de vida, con quien además de compartir adentro de la cancha, lo hace en los momentos de ocio, entrenamiento y en el innegociable almuerzo con los viejos de 1 a 2 de la tarde.

De inmediato se enamoraron del proyecto, “Lo queremos encarar para la vida”, nos dijo Matías. La marca era algo que seducía, la proyección era ambiciosa, y si bien juntaron sus caminos, buscaban algo más personal para sustentar su futuro.

El hacerlo juntos no era algo planificado para Santiago, pero s{i cuenta que muchas veces Matías lo tiraba cómo un comentario. De improvisar tocando música juntos y pasar a poner barras en boliches para tener un negocio conjunto a ya tener algo más profesional que los llena de orgullo. “El poder hacerlo con mi hermano es lo que más me llena”, confiesa el menor. “Lo que más me apasiona es hacer un camino con mi hermano”, nos cuenta el mayor acerca de un proyecto que significa más que un trabajo para ellos. Unificar sus rutas lo ven como algo necesario. Entienden que hacerlo por separado hubiese sido imposible, que las soluciones salen de varias cabezas, que muchas veces hay que delegar y confiar uno en otro, en el acierto y en el error.

Si bien de sus bocas se desprenden análisis dignos de economistas, ninguno de los dos tiene una carrera universitaria atrás. Pero sí confiesan el gusto por la economía. Charlan mucho del tema, se asesoran y su tío es un gran profesor en este sentido. Es de quien aprendieron a manejar la empresa y quien siempre aconseja para que el proyecto de los De Gouveia, sea cada vez más real.

Si bien en otras entregas de esta sección, el trabajar de forma autónoma llevó a otros basquetbolistas a encontrar cómo acompasar la naranja y las ocho horas, a los hermanos les pasa todo lo contrario. Ellos entienden que cumpliendo un horario tenían sus tiempos establecidos. Ahora, la cabeza que le tienen que meter al proyecto, los lleva a dedicarle más horas, “Dependemos de nosotros, todo esfuerzo va a ser mejor y más redituable”.

“Encararlo con la cabeza que se merece”, dedicarle más iniciativa, no hay nadie que mande de arriba y su futuro depende de sus decisiones. La empresa le permite a ambos seguir con el básquet con un respaldo, ese que a lo largo de sus carreras no tuvieron. Matías nos cuenta que el profesional da mucho más de lo que le dan, que invierte gran parte de su sueldo en prepararse para estar en óptimas condiciones. Pero ahora tiene un respaldo atrás para que ese impacto económico no sea tan grande. A pesar de eso, se sienten privilegiados de poder hacer lo que aman.

Su mayor caudal de trabajo es en las mañanas, mientras que de tarde organizan todo lo que es administrativo en conjunto. Esto hizo que la primera semana de El Metro fuera muy dura, cuando tocó perder ante Danubio en un juego iniciado a los diez y media de la noche, y al otro día tenían que encarar tempranito. Afortunadamente para ellos, el horario del torneo pasó a ser más familiar y de a poco fueron agarrando costumbre al trajín de su día a día. Entre naranja y lubricantes pasan la mayor parte de su semana. Hasta los sábados de mañana, siempre hay algo para hacer, e incluso terminan hablando de la empresa y craneando cosas los domingos o en sus tiempos de ocio.

A pesar de tener sus cabezas todo el tiempo en la empresa, nos cuentan que lo saben separar a la hora de jugar. Para Matías, el tener otra actividad lo hace disfrutar mucho más el básquet hoy, por lo que logra cambiar el chip a lo que le corresponde. Por su parte, Santiago nos cuenta la importancia de marcar prioridades, lo que lo lleva a estar enfocado en la tarea indicada, en el momento que corresponda. Tampoco permiten que un mal resultado empañe sus horas en la oficina, en donde si bien algo de la noche anterior se comenta, dicen que el ritmo del trabajo no lo permite.

Matías destaca lo positivo de trabajar en familia porque se entienden. Confiesa ser el más rezongón en el trabajo, quien siempre busca el punto flaco para apretar en eso, para tratar de sacar lo mejor. El hacerlo con su hermano, lleva a que este entienda que lo hace tratando de sacar algo positivo, creando una pareja de socios que se complementa perfectamente.

Es una cualidad que el mayor de los hermanos nos dice que arrastra del básquet, en donde busca mejorar sus puntos flacos a la hora de improvisar de base, cuando se siente más cómodo como escolta. También arrastra su espíritu competitivo, en un mercado de consumo grande, de muchas marcas y de una competencia que la define como feroz. A pesar de ser apasionado también con el trabajo, de todas formas nos cuenta que la maneja de otra manera, que lleva la competitividad con mesura. Santiago sí se nota con una personalidad distinta a la que muestra en la cancha. El menor de los hermanos nos dice que a veces en el deporte la pasión juega un poco en contra y que en el trabajo no cuenta con esa tensión, lo maneja mucho más tranquilo, tiene las cosas bien alineadas.

A pesar de mantener un perfil bajo y confesar que no les gusta salir mucho a la luz, al punto de dudar si dar esta nota, la naranja de alguna forma los mantiene ligados a su trabajo. Destacan la mano que les dio Eduardo Bigot al iniciar su proyecto, por su cercanía con Tabaré, y también que algún cliente les ve cara conocida, lo que les facilita tener relación con ellos.

A futuro sueñan con ver la empresa establecida, “Poder transitar un camino que el día de mañana nos deje orgullosos”. En el básquet, el hermano mayor piensa hacer el curso de entrenador, pero no cómo formador, sino que quiere ir derecho a competir. De todas formas, confiesa no compartir la ideología del básquetbol hoy, pero si puede encontrar un lugar en donde hacerlo, seguramente lo haga porque lo apasiona. A Santiago le queda más carrera a que a su hermano y en plena nota le metió presión a Matías, para cuando este se retire y él siga jugando, seguramente tendrá que cubrir alguna horita más en la oficina. “Todo se negocia”, nos dijo el menor entre risas. Sí cuando su carrera llegue a su fin quiere dedicarse a sus proyectos al 100%, porque cómo se lo dice a su hermano, le es difícil ver un partido de afuera y no se ve vinculado al básquet cuando la naranja deje de picar para él.

En su cabeza todo el tiempo están pensando cómo mejorar su producto y tienen varias ideas que mantienen en secreto para seguir creciendo como empresa. La cual ven cómo un sustento de vida, pero sobre todo, algo que los apasiona y que los lleva a ser más unidos que nunca. De ser los hermanos que en formativas soñaban con compartir plantel en primera, a soñar despiertos, pudiendo haber compartido su tiempo sobre el flotante, pero también, detrás del escritorio de su oficina.