El básquetbol tiene, a grandes rasgos, cuatro fases del juego:

Ataque organizado

Defensa organizada
Contraataque
Balance defensivo  

 

El contraataque es la fase con tiros de más alto porcentaje, por encontrarse acciones de juego en ventaja numérica o posicional y próximas al aro generalmente. Un manejo eficiente del contraataque genera puntos en los primeros segundos de posesión. También puede generar espacios para tiradores abiertos y buenas opciones de rebote ofensivo.

El balance defensivo debe procurar en primer lugar proteger la pintura, para dificultar entradas directas al aro, y luego demorar el balón. Cada entrenador construye, según sus sistemas ofensivos, los criterios de balance.

Por citar ejemplos, algunos entrenadores deciden que el jugador que toma un tiro de tres puntos sea el primero en hacer el balance defensivo, otros lo hacen por ubicación en la cancha al momento de la pérdida de la pelota.

Además, pueden designarse jugadores en la función de rebote ofensivo, que puede ser clave para evitar ataques rápidos y conseguir puntos de “segunda oportunidad”.

Durante el balance es frecuente que haya que detener penetraciones y perseguir con referencia individual a aquellos atacantes que cortan a la pintura, evitando aproximaciones o recepciones fáciles en las zonas cercanas al aro.

Cuando el equipo logre neutralizar el ataque, será cuando consiga volver al equilibrio defensivo del cinco contra cinco, ya sea con referencias individuales o marcaje zonal. En esa instancia de defensa organizada el objetivo será no permitir ventajas para tiros de alto porcentaje.

Aquellos equipos que mejor ejecutan sus sistemas defensivos, no permiten comodidad a los tiradores, suelen contener los rompimientos uno contra uno y expulsar hacia los laterales a los atacantes que trasladan la pelota.

Otros indicadores de la eficiencia defensiva son las ayudas agresivas y las buenas rotaciones.

En este ejemplo, los jugadores de Texas sueltan sus referencias individuales para dar ayudas y de inmediato el equipo responde con rotaciones veloces, procurando agresividad a la pelota y eligiendo dar más espacio en el lado opuesto a la pelota.

Para organizar una defensa son importantes las nociones de defensa sobre la pelota, defensa del lado fuerte y defensa del lado débil. Se llama lado fuerte al cuadrante de cancha donde se encuentra la pelota y que está delimitado por la línea del medio, la línea lateral, la línea de fondo y el eje (línea imaginaria que une los aros).

El lado débil es el opuesto y por lo tanto los atacantes que lo ocupan, están más alejados de la pelota, dando a la defensa mayor tiempo de recuperación en caso de que se les dirija un pase.

Un ataque organizado efectivo puede definirse sobre los principios de movilidad, continuidad y flexibilidad. Movilidad de la pelota y, principalmente, de los jugadores sin pelota que crearán oportunidades de pase. Continuidad del movimiento, concatenando acciones sin dar tiempo a la defensa a una rotación efectiva. Flexibilidad de opciones, eligiendo distintos caminos posibles para encontrar buenos tiros, de manera que el ataque sea más impredecible.

En esta interpretación también son necesarias las nociones de spacing (espaciamiento) y timing (sincronización o temporización). La primera, como forma de optimizar el espacio, ensanchando y/o profundizando la cancha con la ocupación del lado fuerte y el débil con jugadores que desde esos sitios puedan significar una amenaza. La segunda como inclusión de la variable tiempo: no alcanza con estar en el lugar indicado, también debo estarlo en el momento indicado.

El toque final es la selección de tiro, decisión que tiene más chances de ser buena si todo lo anterior funciona de forma aceitada.

Podemos incorporar a esta clasificación de fases del juego un concepto más, el de transición. Aquellos momentos en los que un contraataque no prospera o no se produce la ventaja y, tanto el equipo atacante como aquellos que defienden, se reorganizan en la cancha para estar preparados al momento de las fases organizadas.

En el juego ofensivo se procura una continuidad de acciones y movilidad con y sin pelota, que demore lo máximo posible la reorganización defensiva del 5×5 y que a menudo puede resultar en la generación de nuevas ventajas.

Como ejemplo para el cierre, la clásica transición de Argentina: