Alejado de las canchas pasa su día en la esquina de Ellauri y Scosería. Tiene el récord en saludos recibidos por la Avenida Eugenio Garzón desde Jose Batlle y Ordoñez hasta la plaza Colón. En las inmediaciones lo conocen como “El Capitán”. Sabedor de cada rincón de la cúpula. Con el número 4 en pecho y espalda, fue guiando a la nueva generación de la máquina blanca. Ídolo de varios y querido por toda la parcialidad olimpista.

Su juego, Olimpia como forma de vivir y sentir, la mancha o robo más grande que tiene la competencia interna, su experiencia en el exterior, su paso por Trouville, la lesión que lo llevó a replantearse si seguir en el deporte y hasta la difícil tarea de quedar en la Selección por unos animalitos con los cuales compartía posición en el rectángulo de juego. ¿Que es de la vida de Mauro Tornaría? Aquel ayuda base que supo romperla pero que ahora se dedica a arreglar en su emprendimiento “Todo Iphone”.

¿Qué es de la vida de Mauro Tornaría?

Yo ya me perfilaba desde antes de dejar el básquetbol con mi negocio “Todo Iphone”. Ya hace casi seis años que lo tengo y la idea fue antes de dejar ir viendo como iba a ser mi futuro tirado para el lado de la telefonía. Esto surgió sin querer. A un amigo se le rompió la pantalla del celular, la trajimos por correo, se la arreglé. Ese amigo le recomendó a otro conocido de él, la arreglé y así fue surgiendo todo, ya hace casi 10 años que estoy en esto.

Hubo cambio de local para mejor post-pandemia ¿pegó positivamente esta situación?

Es horrible la situación, es complicada, nos bajó un poco la cantidad de gente que viene al local pero sí mucha gente utiliza los celulares, las tablets, computadoras y al usarlo más se rompe con más frecuencia. Por ese lado se pudo agarrar ese público que tenía muchas cosas en la casa y no las usaba. Empezó a condicionar todos los artefactos y a nosotros por ese lado nos vino bien.

 

¿Por qué el básquetbol?

Por mi padre. Él jugaba en Stockolmo, yo iba a empezar ahí y por problemas de garganta el médico me recomendó que vaya a un club que tenga piscina. Nosotros vivíamos en Sayago y los más cercano era Olimpia. Mi madre era de Colón entonces arranqué ahí.

¿Te acordás el debut?

El de mini no me acuerdo mucho. Me acuerdo una anécdota de cuando acompañé a mi madre al club porque ella jugaba al voleyball ahí. Yo siempre me quedaba tirando en un arito al costado y me vio Mario Enrich. Ahí habló con mi madre, yo tenía cinco o seis años. y tiraba dos o tres horas en un arito solo mientras que mi madre hacía voleyball. Ahí fue cuando me llevó a los pre-mini. Mi debut en primera fue en la cancha de Cordón en el año 98. Yo tenía 16 y recién había terminado menores. Antes si jugabas en menores y jugabas en primera, perdías la categoría de menores, entonces tenía que terminar esa etapa. Te dejaban jugar en primera si estabas en juveniles pero no menores. Terminó el campeonato y Mario me llevó a Primera y me acuerdo que fui un desastre. Fue durísimo. Quise hacer en cinco minutos todo lo que pensé que podía hacer y no hice nada.

¿Que tenía el Olimpia de tus primeros años?

Hubo varios Olimpia en mis primeros años. Recuerdo uno que éramos casi todos sub-23, que fuimos campeones en ese torneo, y nos terminaron subiendo a todos. Luego como no íbamos a jugar la Liga nos dejó libre a todos para ir a los cuadros que queríamos. Nos fogueamos bastante ese año y volvimos a jugar el último federal que llegamos a la final. Después de ahí hubo varios altibajos pero se formó un equipo lindo y Olimpia no era uno de los clubes que económicamente estaba fuerte como para pelearle a Cordón o Welcome. Habían varios equipos que apostaban fuerte con americanos y fichas distintas. 

La crisis del 2002 le pegó a todos menos a vos que deportivamente tuviste un gran pasaje, ¿cómo fue ese doble vicecampeonato?

El de Olimpia fue toda una sorpresa porque nadie nos daba nada. Yo me acuerdo que me hicieron una nota al principio del año y yo tenía 20/21 años, no entendía nada. Me preguntan “¿para qué Olimpia?” y yo contesté “estamos para llegar a la final”. Todo el mundo quedó descolocado y me replanteaban lo que había dicho. Con el equipo que teníamos, yo sabía que se podíamos llegar a la final. Se nos fueron dando los partidos hasta que llegamos pero fue más que nada por un muy buen trabajo físico que hicimos. Era un equipo que corría, que agobiaba a todos, más que el potencial que tenía de talento. Habíamos jugado mucho tiempo juntos y por eso nos conocíamos. La otra final con Paysandú fue más una injusticia que otra cosa. 

¿Te robaron una final?

Sí, claramente. Hubo un poco de todo. Nosotros teníamos que haber ganado el campeonato en Paysandú que jugamos muy mal y se nos fue el cuarto partido. Después cuando vinimos acá, se jugó bien el primer tiempo y sacamos una diferencia. Después hubo varios fallos que te los ponés a ver y te dan ganas de tirar todo por la ventana porque ves cosas que no podés creer. Es real que nos acortaron la diferencia y estuvieron ahí, pero dejalo que lo definan los jugadores y no ellos.

Tu 2004 fue un año deportivo raro, ¿cómo lo viviste?

Fue rarísimo. De haber llegado a una final el año anterior a pelear descenso. No fue complicado porque teníamos una diferencia a favor pero peleamos por la permanencia abajo. Luego me tocó ir a Malvín en lo que fue el primer draft que fue una linda experiencia. Además estuvimos a punto de subir con Capurro del metro y no pudimos tampoco.

¿Que sufriste más de ese año?

En ese año se pensó que Olimpia podía seguir en la senda que venía y estaba bravo. En el 2003 nadie estaba preparado para llegar a eso y mucha gente pensó que el equipo iba a estar campeonando o iba a seguir por ese camino. No se pudo repetir lo mismo y es lo que terminé sufriendo más. Ver esa diferencia entre un año y otro me pegó.

¿Que tan importante eran las noches de concentración con playstation y helado?

Nos juntábamos mucho. Al principio no éramos mucho de salir, después sí. Pero nos quedábamos todo el equipo entero a comer helado y jugar playstation. Es más, jugábamos al play 2 porque era lo que había y algún FIFA medio nuevo que había salido en ese entonces. Te estoy hablando del FIFA 2000 o 2002 por ahí. Pasábamos bárbaro.

¿Que fue jugar en Goes y conseguir el ascenso?

Fue espectacular todo. Fue una experiencia hermosa más que nada por jugar con un público tan grande. En Olimpia ahora hay mucha más popularidad que antes, era un equipo más social o de barrio. En ese momento jugar en Goes era jugar en uno de los clubes con más hinchada del Uruguay. Me pasó lo mismo con Paysandú que no era un equipo o club formado pero estaba una ciudad entera a sus espaldas. Era jugar con 7 u 8 mil personas atrás.

¿Tuvieron que pelear mucho contra Capurro en ese final por el segundo ascenso?

Sí, fue durísimo todo. Estaban los hermanos Castrillón y fue una serie que era para cualquiera de los dos. Por suerte en el último partido, Joaquín Izuibejeres que estaba ese año pero quebrado, llegó al final e hizo un partido que la rompió. Nadie duda de la clase de él y sabemos lo que es, pero estuvo tres meses parados y en ese partido fue espectacular. Por suerte coronamos el ascenso.

Volviste a Olimpia, te lesionaste en la segunda temporada y estuviste mucho tiempo afuera. ¿Cómo fue eso?

Tuvimos algún año bueno con Olimpia en ese período y luego me toca la lesión que pensé que se me terminaba la carrera directamente. La peleamos. El médico me dijo que no jugara más y yo le dije que no me podía decir eso con 26 años que tenía. “Vamos a probar uno o dos años más entonces” dijo y terminé jugando casi 8 o 9 años más.

¿Se te había pasado por la cabeza dejar?

No se me había pasado pero era prácticamente una realidad que tenía que dejar todo. Hicimos una preparación con Santiago Espasandín al otro año que físicamente fue el mejor año que me sentí post-lesión. Eso me llevó a seguir jugando después de la operación.

¿Te hizo ver otras cosas la operación?

Me hizo cambiar mucho en el sentido de la dedicación que uno le dio al básquetbol. La realidad es que en Uruguay el profesionalismo es relativo. No tenés que dejar todo por el básquetbol y esa fue mi visión a los 26 años. Hasta ese momento yo había dejado todo por el básquetbol y a partir de ese entonces mi visión pasó a ser sobre qué iba a hacer después del básquetbol. Mi carrera podía terminar a los 36, 37 o al otro año. A partir de ese año me acomodé pensando en cómo iba a ser mi futuro.

Después del sacudón te tocó ir a jugar México, ¿cómo viviste esa experiencia?

Fue muy lindo todo. Fueron dos meses en Tecos de Guadalajara, una ciudad espectacular. Es un club impresionante y me tocó justo llegar a cuartos de final. No pudimos ir más porque nos cruzamos con Soles de Mérida que tenía un cuadrazo pero fue divino.

Te tocó estar en la selección y con algún inconveniente que otro, ¿que fue estar ahí?

Estuve en varios procesos de Selección pero mi puesto era complicado, estaban García Morales y Mazzarino, era muy difícil quedar. En la selección post-operación estaban ambos pero Nicolás estaba con mononucleosis. Ese fue el proceso que estuve más cerca de quedar que fue con el “Che” García. Hago todo el proceso, Uruguay jugaba en Puerto Rico el preolímpico pero hacíamos una gira por Brasil antes. Desde Brasil íbamos directo a Puerto Rico al torneo. Se iba toda la delegación salvo que Nicolás se mejorara; 24 horas antes de viajar llama y dice que estaba bien, terminó yendo él en lugar mío. Yo me volví de Brasil solo para Montevideo, toda la selección a Puerto Rico y Nicolás solo para allá. Igual fue bueno su gesto que a la vuelta me regaló la camiseta del certamen. Ahí fue la que tuve más cerca de jugar. El otro proceso fue con Jauri que prácticamente estaba confirmado pero fue dos años después de la operación y me resiento de la espalda, me cortaron porque no me daba para ir.

¿Sos de aconsejar a tu ahijado Jerónimo Galeano?

Y yo siempre le digo que se divierta. Que no se cargue tanta presiones y que se divierta. El básquetbol después te va a llevar decisiones y presiones que después te pasan factura. Hoy en día tiene 15 años, es un proyecto bárbaro, tiene todo para llegar pero sobre todo que disfrute y se divierta.

¿Por qué cuando volviste a Uruguay fuiste a Trouville?

Fue simplemente por una negociación. Teníamos todo para seguir en Olimpia pero fue por una apuesta económica y deportiva. Me habían hablado muy bien, en ese momento fue Alvarito Rodríguez que me vino a hablar, e hice una buena amistad y por eso me decidí por Trouville.

Es raro ir cuatro temporadas a un cuadro donde uno no nació, ¿cómo se dio eso?

Cuando yo arreglé era por tres años. Cuando terminó el segundo, que fue muy bueno, me renuevan por dos años más y se dio así. Me sentí muy cómodo. Tengo la espina de que estuve mucho tiempo lesionado, fueron dos años de lesiones continuas relativo a la espalda, desgarro y dolores generales. Fue complicado pero muy bueno.

¿Por qué te quieren tanto en Trouville?

Porque yo soy eso y me gusta eso. Tienen gente muy cálida y me hicieron sentir igual que en Olimpia y por eso le tengo tanto cariño yo a ellos.

¿Cuando volviste a Olimpia fuiste con la idea del retiro?

Sí, sin dudas. Yo volví a Olimpia para retirarme ahí. Yo quería si o si despedirme en Olimpia. No pensé retirarme en otro equipo jamás. Sabía que podía seguir jugando, no al 100%, pero en determinado momento cuando decido retirarme fue pensando en mi familia, en mi futuro donde yo ya tenía el negocio y en mi físico que sabía que no podía aguantar una temporada más.

¿Por qué dicen que sos “El Capitán” de Olimpia?

En Olimpia, aparte de ser un club de básquet, es un club social donde yo creo que por mi forma de ser y por como soy quedó esa imagen. A mi me gusta relacionarme desde que entró con la chica que está con los carnets, en el vestuario y con todo el mundo. Vos vas a ahí y yo conozco a todos. Me cuelgo a hablar con todos y creo que ahí, más allá de lo que puedo haber hecho deportivamente hablando, fueron también los años que estuve en el club. Imaginate que fui desde los 5 años ahí. Estuve prácticamente 30 años en el club y fue siempre mi segunda casa.

¿Qué pasaba por la cabeza al momento de escribir la carta de despedida en las redes?

Era complicado. Era una decisión que tenía que tomar. Podía seguir jugando un par de años más pero fue tal cual lo expresé en la carta. Quería pensar en mi familia y un poco más en mi salud. Hay veces que tenés que poner las cosas en la balanza y tenía mucho más para perder físicamente que para poder seguir. Las lesiones me iban a seguir todo el año. Mucho desgaste emocional y físico que no se si podría soportar, aparte del descuido de algunas cosas que no quería descuidar más. 

¿Que tan importante fue haberle ganado a Sayago y dejar a Olimpia en primera para tomar la decisión?

Yo creo que ese fue el partido que más recuerdo. Fue un año duro, complicado, arrastré alguna lesión que otra pero me quise preparar y creo que ese partido fue más emocional que otra cosa. En un momento ese partido estaba perdido. Faltaban cinco minutos y estábamos abajo por 8 puntos. Me pone Lovera y me dice: “esto no podemos perderlo”. No me preguntes como porque no sé, pero entraron los tiros del final porque tampoco era yo el protagonista de hacer esos tiros, no era mi especialidad. Tal vez lo practico de vuelta y no me sale pero sabía que ese partido no podíamos perderlo porque era el partido que me iba a marcar en mi trayectoria, es lo que más recuerdo. Yo soñaba con dejar a Olimpia en primera, no por mi, si no por el equipo y nos merecíamos estar ahí. Eran muchas las cosas que se hablaba del club y soñaba con no descender. Las noches anteriores no dormía. Yo me siento parte del club, me estaba por retirar y retirarse descendiendo era poner una mancha que no me la sacaba más. Agradezco que salió así, eso lo soñé.

Siempre dijiste que querías estar alejado del básquet post-retiro, ¿por qué?

Porque me cansó. Fueron muchos años. Yo no tengo problema con nadie, me llevo bien con todo el mundo pero me desgastó mucho entre el ambiente del básquetbol y el deporte mismo. Yo ya estaba trabajando hacía años y llevaba una vida complicada. Me levantaba de mañana, me iba a entrenar desde Pocitos que es donde vivía hasta Colón. Llegaba, trabajaba en la tarde, dormía 15 minutos de siesta y me iba al club de nuevo. En la vuelta pasaba por Tres Cruces por si tenía que hacer algún retiro o envío. Así fueron 3 años y me terminó desgastando.

¿Extrañás el ambiente?

No, realmente no. Sí el básquetbol me dejó muchas amistades y relaciones hasta el día de hoy. Nos juntamos con muchos. Veo partidos, no he ido mucho. Fui a ver a Olimpia apenas me retiré pero dejé de ir. Lo sigo, estoy en contacto con los jugadores porque muchos son de mi época cuando yo jugaba y ellos eran juveniles pero no extraño. 

¿Hay algún Tornaría en la Liga?

Era otro básquetbol y había más formas. Había un solo extranjero, uno tenía que tomar más decisiones. No sé con quién me puedo comparar con los de ahora. Yo cuando arranqué era un jugador que no tenía un muy buen tiro exterior. Mi fuerte era el uno por uno y defendía muchísimo, era lo que me caracterizaba. Yo corría, eran ataques rápidos.

¿Te quedó algo por hacer?

Probablemente quedarme con algún campeonato, el de Paysandú estuvo ahí, pero si hubiese sido con Olimpia era espectacular.

¿Que te dejó el básquetbol?

Amistades, relaciones, contactos. Eso es lo que más me dejó. Aparte, es una enseñanza de vida en muchos aspectos, muchas cosas, muchas experiencias.

¿Fuiste feliz en el rectángulo de juego?

A mi la cancha de básquetbol me daba felicidad siempre, incluso cuando tenía un quilombo de personal, en el laburo o de lesión, mi psicólogo que siempre lo remarqué era la cancha de básquetbol. Yo iba, lesionado o no, entre cuatro y cinco horas de básquetbol y eso era la felicidad para mi.