Lucas Lepiani, apasionado por lo que hace, detallista, trabajador y creativo. Muchos pueden pensar que es la forma de definir a esta persona cómo jugador, pero también siente así su vida. En la carpintería encontró su forma de canalizar su creatividad y algo que lo apasiona. Te lo contamos, Afuera del Rectángulo.

 

Una tarea que le llamó la atención de mayor, a pesar de que: “De chico no toqué una herramienta, estaba solo mentalizado en el básquet”, el hecho de crear cosas distintas lo atrapó desde el primer momento. Un amigo llegado de Estados Unidos, su inspiración. Las zapateras Jordan que este le mostró que se hacían en Norte América lo enamoraron. Lepiani salió detrás de esa idea que tanto le gustó, con Youtube como aliado, y su padre cómo su profesor, vio un negocio tocando a su puerta. Algo que se cobraba caro, pero que él podía hacerlo y barato. Fue la puerta de entrada a un nuevo proyecto en su vida.

 

 

Lucas confiesa que al principio no se animaba a arrancar, sin un estudio que lo respaldara. Con mucho tiempo libre a aprovechar, se dio cuenta que tenía que hacer algo más y comenzó fabricando cosas para amigos de onda, sin cobrar. Vio en la carpintería algo que le gustaba, y “si me daba una entrada económica, gozado”. Cómo en el básquet, que entrena mucha técnica individual cuando no tiene competencia de Metro, buscó perfeccionar más su trabajo. Se anotó en la UTU de construcción, en la parte de carpintería, y siguió buscando en Youtube cosas nuevas para hacer, para ir agarrando confianza.

 

El buen trabajo para sus amigos, lo llevó en el boca a boca a hacerse con una clientela mayor. Sus días con básquet 24/7 en su cabeza empezaron a tener otros matices. Lunes, miércoles y viernes 5:30 de pie para que el 214 lo lleve desde El Pinar hasta sus clases. La tarde la dedica a sus zapateras, las cuáles le ocupan 5 o 6 horas diarias, aunque confiesa que cuando no hay práctica a la noche, le mete algo más al laburo. Las noches son para entrenar, pero los días de partido sí dice enfocarse en el básquet, que no toca nada del laburo. Su trabajo independiente lo llevan a elegir sus horas, para sostener ambas tareas, y el apoyo del viejo, le facilita un poco cuando está apretado. Es quien termina los detalles de una zapatera casi finalizada, para que Lucas esté en hora a su entrenamiento nocturno, “Es fundamental, va pa adelante conmigo a morir.  Si no hubiese estado yo hoy no estaría laburando, me facilitó todo”.

 

A pesar de que un partido de Metro a segunda hora, con un despertador sonando a las 5:30 parece duro, Lepiani nos cuenta que disfruta lo que hace, “si no lo disfruto no lo hago”. Las zapateras no son una carga, y las horas en la UTU se le pasan volando. Aunque sí confiesa que lo que realmente le gusta son las zapateras, seguramente por su vinculación con la naranja, que cuando le encargan otro tipo de trabajos, esos le aburren un poco.

 

Si bien su negocio es un éxito, Lucas no se ha alienado al mundo de las redes sociales, “Soy de palo para las redes”. Sus amigos le insisten pero él no quiere forzar algo que no siente. Aún así, su popularidad en el básquet le da clientela, y si bien es perfil bajo y no le gusta presumir, tiene tantos pedidos que hoy lo tiene a cuento a Santiago Massa con su zapatera, la cual no pudo terminar por estar con otros pedidos.

 

No todo es color de rosas en este gran momento en la vida de Lepiani. El robo del auto de su padre en el CEFUBB, lo hizo pasar días complicados y hubo que desembolsar para uno nuevo por dos días de atraso con el seguro. Si bien Lucas Capalbo, le acortó el camino hasta Portones, de donde lo arrima, hay días que se sintió saturado e incluso tuvo que pedir para salir unos minutos de una prueba de la UTU por estar con la cabeza en otro lado. A pesar de esto, es uno de los puntos que destaca, el sacar su cabeza del trabajo con el básquet y viceversa.

 

Agradece el haber empezado este proyecto previo a la pandemia, en la que no se imagina cómo hubiese estado si se le hubiese cortado el sustento del básquet. Reconoce que fue una época en la que le metía 10 horas por día a las zapateras y mucho entrenamiento en su casa.

 

A la hora de elegir entre una zapatera y un 1×1 para ganar, se queda con ese ataque al aro cómo tarea más fácil. Pero en ambos ámbitos destaca ser detallista y que siempre busca ir a más. Aunque hay veces que peque de terco y no mida dos veces la madera, y corte de más por hacer caso omiso al consejo de papá.

 

 

Hoy en día Lepiani se sienta y se pregunta cómo llegó a este punto. A estar trabajando cuando a los 20 rechazó una propuesta de un amigo por estar centrado en el básquet. A disfrutar de sus clases con pruebas prácticas cuando de escribir no quería saber nada. En esos momentos de reflexión se da cuenta que este proyecto le llegó cuando tenía que llegar, “Capaz más adelante no estaba viviendo con mi viejo, no tenía las herramientas que tengo”. La vida le mostró que no todo era color naranja, que con el básquet sólo no daba, y hoy tiene el sustento para bancar su vida cuando deje de picar la bola.

 

A pesar de eso, ama el básquet. En su carrera no se propone un resultado como objetivo, sino disfrutarlo lo más que se pueda. Piensa en ser el mejor entrenador que pueda ser, pero no quiere dejar de ser el mejor carpintero que pueda ser. Su futuro seguramente será con taller propio, un aro en el fondo y una pizarra bajo el brazo. Hoy combina sus pasiones, pero no se descansa. Su detallismo y perfeccionamiento lo acompañarán hasta el último día. Por eso a pesar de estar viviendo un momento soñado, para Lucas será siempre un soñar con mejores cosas.

Lucas Lepiani, apasionado por lo que hace, detallista, trabajador y creativo. Muchos pueden pensar que es la forma de definir a esta persona cómo jugador, pero también siente así su vida. En la carpintería encontró su forma de canalizar su creatividad y algo que lo apasiona. Te lo contamos, Afuera del Rectángulo.

Una tarea que le llamó la atención de mayor, a pesar de que: “De chico no toqué una herramienta, estaba solo mentalizado en el básquet”, el hecho de crear cosas distintas lo atrapó desde el primer momento. Un amigo llegado de Estados Unidos, su inspiración. Las zapateras Jordan que este le mostró que se hacían en Norte América, lo enamoraron. Lepiani salió detrás de esa idea que tanto le gustó, con Youtube como aliado, y su padre cómo su profesor, vio un negocio tocando a su puerta. Algo que se cobraba caro, pero que él podía hacerlo y barato. Fue la puerta de entrada a un nuevo proyecto en su vida.

Lucas confiesa que al principio no se animaba a arrancar, sin un estudio que lo respaldara. Con mucho tiempo libre a aprovechar, se dio cuenta que tenía que hacer algo más y comenzó fabricando cosas para amigos de onda, sin cobrar. Vio en la carpintería algo que le gustaba, y “si me daba una entrada económica, gozado”. Cómo en el básquet, que entrena mucha técnica individual cuando no tiene competencia de Metro, buscó perfeccionar más su trabajo. Se anotó en la UTU de construcción, en la parte de carpintería, y siguió buscando en Youtube cosas nuevas para hacer, para ir agarrando confianza.

El buen trabajo para sus amigos, lo llevó en el boca a boca a hacerse con una clientela mayor. Sus días con básquet 24/7 en su cabeza empezaron a tener otros matices. Lunes, miércoles y viernes 5:30 de pie para que el 214 lo lleve desde El Pinar hasta sus clases. La tarde la dedica a sus zapateras, las cuáles les ocupan 5 o 6 horas diarias, aunque confiesa que cuando no hay práctica a la noche, le mete algo más al laburo. Las noches son para entrenar, pero los días de partido sí dice enfocarse en el básquet, que no toca nada del laburo. Su trabajo independiente lo llevan a elegir sus horas, para sostener ambas tareas, y el apoyo del viejo, le facilita un poco la tarea cuando está apretado. Es quien termina los detalles de una zapatera casi finalizada, para que Lucas esté en hora a su entrenamiento nocturno, “Es fundamental, va pa adelante conmigo a morir.  Si no hubiese estado yo hoy no estaría laburando, me facilitó todo”.

A pesar de que un partido de Metro a segunda hora, con un despertador sonando a las 5:30 parece duro, Lepiani nos cuenta que disfruta lo que hace, “si no lo disfruto no lo hago”. Las zapateras no son una carga, y las horas en la UTU se le pasan volando. Aunque sí confiesa que lo que realmente le gusta son las zalapateras, seguramente por su vinculación con la naranja, que cuando le encargan otro tipo de trabajos, esos le aburren un poco.

Si bien su negocio es un éxito, Lucas no se ha alienado al mundo de las redes sociales, “Soy de palo para las redes”. Sus amigos le insisten pero él no quiere forzar algo que no siente. Aún así, su popularidad en el básquet le da clientela, y si bien es perfil bajo y no le gusta presumir, tiene tantos pedidos que hoy lo tiene a cuento a Santiago Massa con su zapatera, la cual no pudo terminar por estar con otros pedidos.

No todo es color de rosas en este gran momento en la vida de Lepiani. El robo del auto de su padre en el CEFUBB, lo hizo pasar días complicados y hubo que desembolsar para uno nuevo por dos días de atraso con el seguro. Si bien Lucas Capalbo, le acortó el camino hasta Portones, de donde lo arrima, hay días que se sintió saturado e incluso tuvo que pedir para salir unos minutos de una prueba de la UTU por estar con la cabeza en otro lado. A pesar de esto, es uno de los puntos que destaca, el sacar su cabeza del trabajo con el básquet y viceversa.

Agradece el haber empezado este proyecto previo a la pandemia, en la que no se imagina cómo hubiese estado si se le hubiese cortado el sustento del básquet. Reconoce que fue una época en la que le metía 10 horas por día a las zapateras y mucho entrenamiento en su casa.

A la hora de elegir entre una zapatera y un 1×1 para ganar, se queda con ese ataque al aro cómo tarea más fácil. Pero en ambos ámbitos destaca ser detallista y que siempre busca ir a más. Aunque hay veces que peque de terco y no mida dos veces la madera, y corte de más por hacer caso omiso al consejo de papá.

Hoy en día Lepiani se siente y se pregunta cómo llegó a este punto. A estar trabajando cuando a los 20 rechazó una propuesta de un amigo por estar centrado en el básquet. A disfrutar de sus clases con pruebas prácticas cuando de escribir no quería saber nada. En esos momentos de reflexión se da cuenta que este proyecto le llegó cuando tenía que llegar, “Capaz más adelante no estaba viviendo con mi viejo, no tenía las herramientas que tengo”. La vida le mostró que no todo era color naranja, que con el básquet sólo no daba, y hoy tiene el sustento para bancar su vida cuando deje de picar la bola.

A pesar de eso, ama el básquet. En su carrera no se propone un resultado como objetivo, sino disfrutarlo lo más que se pueda. Piensa en ser el mejor entrenador que pueda ser, pero no quiere dejar de ser el mejor carpintero que pueda ser. Su futuro seguramente será con taller propio, un aro en el fondo y una pizarra bajo el brazo. Hoy combina sus pasiones, pero no se descansa. Su detallismo y perfeccionamiento lo acompañarán hasta el último día. Por eso a pesar de estar viviendo un momento soñado, para Lucas será siempre un soñar con mejores cosas.