Sin dudas es una amante del basquetbol, lo lleva en la sangre. Se metió en el deporte naranja con 7 años, hoy con 31 lo vive con la misma intensidad y pasión. No sólo lo jugó, sino que está en proceso de ser entrenadora y hasta estudio periodismo deportivo para darle mayor difusión al basquetbol femenino. Contó las dificultades que tuvo en su desarrollo, hoy vive en Brasil y hasta se animó a dar su opinión de Jair Bolsonaro.

Con ustedes, Juliana Dibarboure.

¿Qué recordás de tu niñez?

Fue muy tranquila, si bien nunca nos sobró nada porque mis padres no tiraban manteca al techo, lo básico y esencial siempre estuvo. Recuerdo las peleas con mi hermano más chico y que cuando tenía 7 años nos mudamos de Barrio Sur a Malvín y fue un cambio de vida en general. Con la llegada al barrio, por iniciativa propia pedí para jugar al básquetbol.

¿Cómo fueron los inicios en Malvín? ¿Por qué el básquet?

Me acuerdo de las primeras prácticas y de que no entendía nada porque era la más chica. Yo ni siquiera podía competir el primer año porque no te dejaban teniendo 7 años, esas cosas que no se logran entender. Si el básquetbol se prohibió jugar gente de más de cierta altura, se puede prohibir cualquier cosa. Estuve un año solo practicando y mi elección por el deporte supongo que fue porque mi padre lo había jugado.

¿Cómo era el femenino que te tocó?

Cuando yo era chica existían todas las categorías. Yo soy generación ´89 y la ´90 fue la última que agarró Mini, Infantiles, Cadetes y Juveniles. Cuando yo llegué a Juveniles ya la categoría no se jugaba y pasabas a Mayores. Teníamos todo solamente de Femenino y recuerdo que existían 6 o 7 cuadros.

Tuviste varias trabas en tu desarrollo como jugadora…

Siendo primer año de Cadeta no me dejaban jugar en Juveniles ni Mayores, simplemente por ser primer año, si fuera segundo podía jugar. Al año siguiente ya siendo segundo año de Cadeta, jugué en Mayores. Como todas las injusticias de desigualdad de género, en el momento que sucedía para la gente era normal y no se cuestionaba, había que convivir con eso.

En los años 60 era normal que la mujer se quedara en la casa y el hombre trabajara, era lo que había que hacer y no existía el cuestionamiento. Hoy 40 o 60 años después son cosas que se cuestionan y pensás que no debiera ser así. De vez en cuando la Federación mandaba una generación de Femenino a jugar un Sudamericano yo creo que para que no la desafiliaran de FIBA. Si mal no recuerdo esas generaciones fueron la 87 que era la de Victoria Pereyra y la 90. La 88 y 89 nunca jugaron un Sudamericano hasta que llegaron a Mayores.

¿Cómo fue esa primera experiencia con Uruguay?

Tenía 20 años, fue un Sudamericano en Chile e íbamos a ver que pasaba. No teníamos noción ni nos habíamos medido con otras selecciones, no sabíamos a qué nivel estábamos. El primer partido fue contra Brasil y fue una paliza, luego con Venezuela perdimos por 3, estuvimos ahí. En nuestra generación siempre nos pasó eso, quedamos muy cerca de ganarle a una selección más importante pero nunca terminamos de concretarlo. No sabíamos cerrar un partido. Llegábamos a un final parejo faltando dos minutos y no sabíamos que hacer porque acá con Malvín ganábamos por 30 todos los partidos. Los partidos parejos en la Liga Femenina empezaron hace 3 o 4 años, antes era demasiada la diferencia entre las herramientas que nos daban a nosotras Malvín y las que les daban otros clubes a las chiquilinas para desarrollarse. Yo siempre dije que no era casualidad que Malvin fuera campeón durante 15 años seguidos.

Fuiste campeona con Bohemios, ¿Cómo se da tu llegada?

El entrenador de Josefina Zeballos y Florencia Niski era Carlos Vázquez que luego se fue a Lima. Yo tenía buena relación con él por charlar de básquetbol y en 2017 que jugué en Nacional ya le había preguntado si se iba a formar Mayores y me dijo que no porque todavía eran muy chicas. En 2018 se dio que fui para Bohemios y el campeonato fue divino. De mi parte lo que más disfruté fue que se hiciera más interesante la Liga Femenina, que no fuera obvio que salía campeón Malvín antes de arrancar. Desde que me fui de Malvín, decidía a que equipo ir en función de como se formaban los planteles de los otros equipos para que fuera más pareja la Liga. En 2017 fui a Nacional porque Defensor, Goes y Malvín estaban bien armados, faltaba un cuarto equipo.

¿Terminaste el curso de entrenadora?

Estaba haciendo el Nivel 2 cuando me vine para Brasil, me queda la parte práctica y me falta Nivel 3. Ahora yo estoy en Minas Gerais que es a 40 kilómetros de la frontera con San Pablo, en San Pablo hay 40 equipos y el basquetbol acá no existe. En Uruguay no tenemos el concepto de lo grande que es Brasil y lo diferente que es un estado de otro.  El curso de capaz en algún momento lo termino, pero ahora es inviable.

Trabajaste en Tabaré, ¿Cómo fue esa experiencia?

19 años de mi vida los pasé en Malvin y crecí con MalvÍn siendo un club de barrio, luego fue creciendo y yo hoy no lo considero un club de barrio, aunque hay gente que piense que sí. Mi llegada a Tabaré me devolvió eso, los gurises jugando a las cartas, la gente con su sentido de pertenencia. Me sentí como en mi casa y eso fue precioso. En cuanto a lo laboral, Tabaré tiene un equipo muy bien conformado y todos los entrenadores tienen claro su rol, lo que quieren y van detrás de ello. Eso es fundamental porque le da un contexto al trabajo, no es solamente voy a la práctica, termina y me voy a mi casa. Realmente la experiencia me encantó.

También te animaste en el Periodismo Deportivo…

Empecé porque quería difundir el femenino ya que no se estaba difundiendo lo suficiente. Luego se fue dando que aparecieron otras cosas que me coparon como las estadísticas avanzadas. En Basquet Caliente arranqué porque le mandé a Tamborini una crónica de una final de Femenino y al año siguiente empecé. Y en Último Cuarto estuve porque Gustavo (Seijas) me llamó para tener a alguien para cubrir el Femenino e hicimos muchísimas cosas.

¿Sufriste bullying por tu altura algina vez?

Nunca sufrí bullying por mi altura. Con mi novio que es alto como yo tenemos la teoría de que no nos hacen bullying porque nos tienen miedo (risas). Si me lo hicieron fue algo que bloqueé completamente y no recuerdo, más allá de que te digan jirafa como una broma, pero eso no lo considero bullying. Sí me hace bullying la sociedad porque en Uruguay es imposible encontrar ropa, todo me queda corto.

Acá en Brasil encuentro todo y estoy gozada. A veces me rio de cosas que pone Josefina Rivera en Twitter que dice que calza 42 y que no encuentra calzado y me veo reflejada a mí, no con el calzado, pero si con la ropa. Cada vez que viajo voy con la valija vacía y vuelve llena.

¿Por qué te fuiste a Brasil?

El venirme a Brasil fue por algo laboral. Hace tres años trabajo en una empresa que se llama DIAGEO y mi posición se iba a eliminar, iba a dejar de existir. Las tareas que yo hacía en Uruguay se iban a empezar a hacer en Brasil y me surgió la posibilidad de venir para acá. La empresa trabaja con Uruguay, Paraguay y Brasil integrados como región, prácticamente es como si fuera un solo país. Yo estoy en la parte de Logística, hago todas las tareas de un depósito.

¿Cómo has llevada el Coronavirus?

Lo bueno de estar en una ciudad chica es que no pegó al nivel que pegó en las ciudades grandes. Acá hubo 25 muertes aproximadamente y la gente no está tan paranoica. Obviamente que hay locales que cerraron, los restaurantes pueden abrir hasta las 10 de la noche, existen los protocolos, pero no es como en San Pablo o Río. Se cortaron las reuniones sociales y todo ese tipo de cosas, pero por ejemplo yo salgo a correr y no hay problema.

¿Qué pensás de Bolsonaro?

Es un fantasma. No fue un fraude como en Bielorrusia, él ganó bien. Un montón de gente lo votó y está a favor de él. Acá hablás y la gente te dice que no puede creer el presidente que tienen. Brasil es una República Federativa, es un continente. Es totalmente diferente hablar con alguien de acá que con alguien de otra región. La gente es diferente, vive diferente y lo único en común que tienen es que hablan el mismo idioma, con otro acento. Cada estado tiene su propia Cámara de Representantes, su propio gobernador, su propio Poder Legislativo y Judicial, hay leyes estaduales. Los otros gobernadores manejaron mejor la situación que Bolsonaro que ya sabemos los papelones que ha hecho. Hasta el año que viene es el presidente…

¿Extrañás jugar?

Tengo muchas ganas de jugar, ahora acá no tengo la posibilidad. Ahora estoy priorizando mi carrera profesional sobre el básquetbol, lo que no implica que no pueda jugar en un equipo en San Pablo, por ejemplo, aunque claramente no jugaría a nivel profesional. Seguramente allá equipos de algo más amateurs. Aún no se.

Un sueño…

Poder estar en un ambiente de trabajo más desarrollado. En un país de primer mundo, con gente que haga las cosas bien y trabaje bien. Veremos si se puede dar, no di el paso correcto en ese sentido al venir a Brasil.