Siempre con su querido Nueva Helvecia en el corazón, ciudad donde nació y creció, que por el amor del básquetbol abandonó algunos años, pero como buen embajador volvió para arraigarse en ese hermoso rincón que tiene nuestro país.

El básquetbol fue el responsable de que con 12 años viniera a Montevideo a alguna selección juvenil para vestir la camiseta de Uruguay. También fue el culpable por el que, cinco años después de su llegada a Montevideo, atravesara el Océano Atlántico y llegara a España. Por eso define a esta disciplina como: “Una experiencia de vida”.

Llegó de Murcia un fin de semana y el lunes ya estaba viviendo en el Club Olimpia, esos cambios que la vida te presenta, pero que aceptó con mucha responsabilidad para empezar a encaminar una carrera de muchos años. Agradecido a todos los clubes que defendió, en ninguno se sintió incómodo y en todos dejó amistades. El mundo Aguada fue muy intenso por ese ascenso tan recordado, provocó que vinieran sus amigos a verlo jugar y ellos se hicieron hinchas del rojiverde.

Fiel a la tradición del departamento, hoy se encuentra en ese camino de los lácteos y en un futuro cercano volverá a entrenar a los pibes de Plaza. Sin olvidar su amor por Bautista, su hijo de 3 años y también su cariño especial por Bella Vista que disfrutó mucho en el periplo de Julio Ribas por el club papal.

Entre el básquetbol, la familia y alguna linda anécdota de hinchas que le dejaban cartitas en su casa, estuvimos hablando de la vida con Mauricio Trasante.

¿Qué es de la vida de Mauricio Trasante? 

Hoy estoy radicado en Nueva Helvecia, hace como cinco años más o menos, muy contento, disfrutando un poco del interior. Mucho más adaptado que cuando me volví, tranquilo, viviendo en la paz del interior, pero también extrañando Montevideo, aunque estamos cerquita y siempre me doy una vueltita por ahí. Ahora arranqué un emprendimiento que es muy reciente, es una distribuidora de quesos, lácteos y derivados, que reparto en Colonia y también en Montevideo. Hay varias aristas que estamos abarcando, si bien es un proyecto nuevo, con todo lo que eso conlleva, estamos contentos. Antes de eso era vendedor de una empresa de Montevideo para todo el departamento de Colonia.

¿Por qué el básquetbol en tu vida? 

Yo siempre estuve ligado al club Plaza, mi madre jugaba al voleibol, mi tío jugaba al básquetbol, mi abuelo fue presidente, entonces desde muy chico estuve cerca del club. Me fascinó el deporte, también es real que mi generación y yo vivimos una época de Plaza que se compitió al máximo nivel, siempre viajando a Montevideo. Entonces, eso ya te hace entrar en un mundo que era precioso y desde muy chico tuve ese vínculo con el básquetbol.
A los 5 años creo que comencé a jugar y ya en los premini fui uno de los privilegiados, porque ya en el club se estaba armando todo para competir todos los fines de semanas, contra los mejores y con un volumen de partidos impresionantes.

¿Cómo fue ese pasaje por el Murcia en España? 

Estuve de los 17 a los 18 años en Murcia, fue una experiencia divina. Si bien no fui a un club de los más profesionales, o capaz que sí, pero en esa época no tanto. Era todo nuevo, ir a un lugar donde no conocía a nadie ahí en España. Pasar de Nueva Helvecia a España era como: “Wow, un montón”. Me acuerdo que llegué y mis propios compañeros estaban sorprendidos como yo era internacional, como le llaman ellos, cuando ya has estado defendiendo tu selección. En mi puesto no habían muchos jugadores, entonces pude jugar mucho, el grupo era espectacular, viví cosas muy buenas. Ese año que yo llegué estaba Moltedo (Juan Manuel) en el primer equipo, que si bien el equipo anduvo muy mal, estaba él y era como una referencia para mí.

¿Cómo se dio esa llegada tuya a España? 

Fue algo muy entreverado. Hubo un Sub 17 que jugamos en Ecuador y ahí se inició un primer contacto, que en realidad no era para Murcia, sino para Ferrol, más para el norte. Yo también tengo a mi padre hace como 30 años en España, era como una excusa de vida para poder verlo, por eso me fui antes con eso arreglado, pero estando allá se cayó. Mi padre vive en Cartagena que es a 60 km de Murcia y estando allá Jesús Rostán se contacta con alguien de Murcia y fuimos a una prueba, enseguida pude quedar y salió todo redondo porque estaba cerca de mi padre que no lo veía hacía un montón. Yo sabía que por temas de papeles iba ser una experiencia de un año, hasta ser mayor de edad y estando en España empezamos las negociaciones con Olimpia y me volví de España directo a Olimpia. En una experiencia nueva, porque venía realmente a jugar a un equipo de Primera a Montevideo.

Sacando Plaza que es tu casa. Olimpia, Trouville, Cordón, Plaza, Aguada, Larre Borges, Nacional. ¿Con qué club te sentís más identificado?

Esa es una pregunta que quizás a todos los que jugamos alguna vez, nos hacen muy seguido. Sinceramente, no es por ponerme ningún cassette ni nada, pero realmente como yo lo viví en cada club fueron experiencias tan distintas y únicas, que todavía guardo el mejor de los recuerdos para todas las instituciones. Estuve cuatro años en Trouville y cinco en Olimpia, donde viví muchísimas cosas. Lo de Aguada fue muy corto, pero hiper intenso, la verdad que Aguada te hace vivir sensaciones únicas hasta el día de hoy. Cordón lo mismo, fue mi primera “experiencia” como Sub 23 para tener un rol más protagónico en el equipo, si bien yo venía de Olimpia, era distinto porque tenía que tomar las riendas del equipo, teníamos un lindo plantel ese año. Larre lo mismo, yo estaba afuera descansando y me llama el Pato (Juan Carlos Weinstein) que necesitaba un Sub 25 y enseguida estaba ahí jugando, nos fue muy bien, íbamos últimos y terminamos entre los mejores cuatro. Nacional también, pero ya ahí me agarró en una etapa que de reojo quería apuntar para otro lado. Pero no descubro nada lo que es Nacional en sí, es muy parecido a Aguada, te genera muchas sensaciones.

Volviendo a tu periplo en España. ¿Qué tan distinto se entrena allá que en nuestro básquetbol? 

Yo te puedo hablar en su época, creo que hoy la brecha es bastante más grande, al menos lo imagino así. En su época no había una brecha muy distinta, sí era en lo físico. Con 17 años eran gigantes, pero gigantes, pero a mí te diría que no me costó nada. El entrenamiento era igual que acá, pero no fui a un club de lo más profesionales, no había perfiles de jugadores que realmente se querían dedicar a jugar al básquetbol, sino que venían de un proceso de formativas, pero la mayoría tenían su vida encaminada a otras cosas. Seguramente en Estudiantes, Real Madrid, Barcelona, con esa edad el entrenamiento es distinto a lo que viví yo, eso seguro.

Recién mencionaste a tu viejo ¿Fue difícil la ausencia la figura paterna durante muchos años? 

Sí. Si bien yo con mi padre tengo un vínculo bueno, básicamente él no estuvo en el día a día. Desde que yo tengo uso de razón, él estuvo en España y lo he visto a cuenta gotas. Mi figura paterna siempre fue mi abuelo materno, que como todo niño uno lo valora más cuando crece, pero sin dudas fue él, que siempre estuvo ahí. Realmente no recuerdo un día que no me haya llamado después de un partido, si lo había visto, era para comentarme algunas situaciones, sino lo había visto quería que yo le contara. Él siempre estuvo ahí.

Te retiraste joven a los 28 años después de El Metro con Nacional. ¿Por qué fue? 

No fue tan drástico, que me retiré enseguida. Jugué también una DTA en Plaza. En realidad, si bien era joven, es real, no fui de atarme mucho a las cosas. Ya lo estaba padeciendo, tengo un problema crónico en la rodilla, si bien no es grave, me falta un pedacito de rótula y tengo un poco de artrosis. Era muy molesto, entrenaba de mañana y ya en la noche tenía la rodilla inflamada, a su vez me pasaba que envidiaba más a los entrenadores, quería estar más en su lugar que en el mío. Cerré esa etapa en Nacional, después me vine a Nueva Helvecia, jugué acá y fue como reencontrar el amor al básquetbol sin dudas.

¿Cómo fue ese cambio de jugador a entrenador? 

Si bien no fue un cambio grande, porque ya estaba haciendo el curso. Arranqué como todos con categorías pequeñas, hice el proceso con cadetes y juveniles. Quizás, lo que me costó un cancho, fue que yo jugué un campeonato regional en la Liga de Colonia y al otro año pase a ser el entrenador.
Literalmente dirigía a compañeros que había tenido el año anterior, con quienes tengo una amistad enorme y un agradecimiento eterno por lo que dieron con el club. Si bien es verdad que yo estuve en otros lados, acá hay que tomar decisiones todo el tiempo y más con jugadores que hacen un montón de kilómetros para venir a jugar gratis al club. Uno tiene que estar al margen de eso y tomar decisiones constantes como entrenador que a veces son raras, pero tienen que ser así.

¿Cómo fue vivir ese ascenso de Aguada desde adentro?

Fue muy intenso. Es de los mayores recuerdos que guardo porque realmente es acordarse de lo que viviste y es impresionante. Yo jugué sólo un Metro y hasta el día de hoy, en algún momento los hinchas de Aguada siempre te lo hacen sentir y la verdad es increíble. Fue un Metro muy intenso, hubo muchos clásicos. El último del Cilindro fue tremendo, ese hasta el día de hoy sale el recuerdo. Además, veníamos de perder la final por el primer ascenso con Capurro, con un doble en la hora de Mati (Lado), que es uno de mis mejores amigos del básquetbol y hasta el día de hoy me lo recuerda (risas). Pero, yo siempre le dije que gracias a él me tocó vivir cosas únicas (risas), por esas llaves contra Goes. Estuvimos muy complicados en la serie, lo dimos vuelta y después lo lamentable del final con los incidentes. Pero bueno, a nivel de emociones Aguada está siempre presente.
Ese año muchos amigos de Nueva Helvecia me fueron a acompañar y cada amigo nuevo que venía, veía eso y quedaba impactado. Capaz que si vas al lado de Goes probablemente sea igual, pero yo sólo viví lo que es Aguada y la verdad que fue una experiencia inolvidable, con el grueso de la gente y los que están en el día a día.

¿Es difícil jugar en un club con tanta presión? 

No, lo difícil es manejar la ansiedad. Yo me acuerdo en el calentamiento, lo que me pasaba era de tener que hablarme a mí mismo para bajar la ansiedad, porque realmente si veías lo que era la gente entrabas demasiado cargado. A mí me costaba un poco eso, buscar la línea correcta para meterme en el partido, pero presión no ten.és y mirá que la tuvimos brava Después uno entra a la cancha y ya está preparado para eso.

¿Cómo es un día en la vida de Mauricio Trasante? 

Justo estoy con el emprendimiento nuevo, arranco tempranito. Acá en Colonia hay muchas ciudades y yo ando por todos lados, también estoy yendo a Montevideo. Es un rubro que con el tema de los quesos, los lácteos, tiene su yeito y en Nueva Helvecia estamos en la meca del queso (risas). Cuando tengo días de entregas quizás son más largos y otros más cortos que van más al tema logístico para conseguir clientes. Como ya estaba en otra empresa, ya tenía esa cartera de clientes conocidos. Hoy en día no te podría decir estrictamente como es un día mío porque tiene mucha vorágine (risas).

Desde lo cotidiano. ¿Cómo fue dejar Nueva Helvecia y llegar a Montevideo? 

Para mí fue durísimo. Te lo puedo dividir en dos partes. Una fue a los 12 años, que yo era bastante grande de chico, me citan a una pre selección Sub 15 para jugar. Era un nene y era muy intenso porque se jugaba todo el verano. Esa etapa fue durísima porque era un niño todavía y tus amigos estaban en la playa descansando o simplemente juntos entre ellos porque a esa edad ese núcleo es muy importante. Yo estaba ahí en Montevideo, ahora lo miro y parece ridículo, pero es real, acá andamos en bici para todos lados, una tranquilidad absoluta, allá ruido, tomar ómnibus, extrañar, fue muy duro. Nos quedamos en el hotel Aramaya, llegué a vivir en Biguá, Bohemios, a los del interior nos acomodan donde encontraban un lugar, tapábamos los agujeros (risas). Era algo extraño porque veías la responsabilidad que tenía por el lugar que ocupabas, pero a la vez era algo duro.

¿Y la otra parte en la capital? 

Mi primera etapa en Olimpia también me costó un montón, porque era vivir en Montevideo, en la anterior venía de a puchitos por “x” cantidad de días. Llegué a Montevideo desde Murcia un sábado y el lunes ya estaba en Olimpia, fue un cambio importante. Vivía en el club, la verdad Olimpia ocupa gran parte de mí, lo siento como una casa porque literalmente viví ahí el primer año, pero también vivir en un club social es bravo porque no desenchufás nunca. A partir del segundo año enganché con la generación de mis amigos que iban a estudiar en Montevideo y empecé a vivir con dos amigos, que uno es el doctor de Nacional en básquetbol y ahí ya empecé a disfrutar la cotidianeidad y ahora realmente amo Montevideo.

¿Siempre te tocó vivir en el mismo barrio en Montevideo? 

Sí, siempre estuve en la zona entre 18 de Julio, Eduardo Acevedo y después Gonzalo Ramírez y Jackson que me encanta ese barrio. Si algún día debo volver por algo, elijo ese porque me gusta mucho.

Y cuando te mudaste con tus amigos. ¿Te dedicabas al básquetbol solamente o tenías otro trabajo? 

No, no, siempre estuve dedicado al básquetbol. Yo soy de vivir el momento y me sentí un privilegiado de eso, es real. Lo que hacía a veces entre las temporadas era ir a una imprenta, tenía un amigo que tiene una, que es juez de fútbol, Juan Cardellino. Me quedaba a dos cuadras de casa, iba, pero más que a trabajar, iba a ocupar el tiempo.

¿Cómo se conforma tu familia? 

Ahora tengo un hijo, Bauti que cumplió 3 años el 22 de Agosto. Estoy separado, tengo mi abuela y mi madre acá en Nueva Helvecia. Pero vivo sólo, por suerte me llevo bien con la madre, pero generalmente gira todo en torno a Bauti.

Económicamente. ¿El básquetbol te dio para vivir el día a día o algo más? 

En mi caso me permitió vivir muy bien y muy cómodo mucho tiempo, pero no mucho más. También, siempre supe que iba a ser así, yo no busqué intentar aspirar a otras cosas. Yo realmente sabía que no me iba a salvar el básquetbol y si hubiese tenido la posibilidad, no sé si hubiese dado todo, para que así sea. Yo era más de disfrutarlo desde mi lado.   

Hincha de Bella Vista. ¿Por qué motivo? 

(Risas) En realidad mi abuelo fue dirigente años y también es hincha de Bella Vista desde la cuna, en realidad toda mi familia por culpa de mi abuelo. Él era muy amigo del padre de Sebastián Bauzá y de Sebastián también, fue dirigente añares de Bella Vista, entonces no teníamos mucha opción. Por suerte en mi adolescencia pude ver a un lindo Bella Vista, era de seguirlo, ahora mi hermano va mucho más a la cancha que yo. Pero, me acuerdo claramente cuando fuimos a la liguilla del 98 con Berbia (Adrián), Diego Alonso, Casanova (Jorge), Pilipauskas (Leonel), López Báez (Ariel). Hoy en día cuando compite voy en momentos puntuales porque estoy en Colonia y se me complica un poco. Pero sí, soy hincha de Bella Vista. ¡Es real!

¿Cuál fue la peor cancha que te tocó jugar y el rival más difícil en tu carrera? 

La peor cancha…(piensa), la que siempre me complicó fue la de Bohemios. Era algo personal, sé que es una linda cancha y está divina, pero a mí siempre me costó muchísimo. Nunca fui un jugador muy rápido, tampoco tenía mucho espacio, ya dependía mucho si entraba o no la bola de afuera, pero siempre me costó un montón. Un jugador, sin dudas fue el Enano (Fernando Martínez), creo que fue el único jugador que realmente lo padecía desde días previos. A mí me pasó mucho, principalmente al principio que iba en la marca del mejor atacante del rival y pude defender a muy buenos jugadores, quizás no me costaba tanto, mismo por el scouting previo o las estrategias que tenía el entrenador de turno. Pero, el Enano dentro de su versatilidad, su impronta, tuvo 10 años impresionantes. Si le ibas muy arriba, te dejaba pintado, si le dabas un pasito para atrás, te la mandaba a guardar, te mantenía activo todo el partido. Era el que me quitaba el sueño un par de días.

En la noche al ser jugador de básquetbol. ¿Cuánto te favoreció? 

(Risas) Yo igual no era de salir mucho, normal. Pero sí, te mimaban, cositas como entrar a un boliche, otras que quizás están buenas. Pero, a diferencia del fútbol, el básquetbol es un entorno más chico, los conocés a todos, porque lo televisan y demás. No tuve episodios feos cuando salía, sino al contrario, te saludaban lo más bien. Si recuerdo en ciertos lugares que estaban de moda, que no te dejaban entrar sino ibas con pareja, a nosotros nos miraban y nos dejaban pasar, son detalles.

Pero con 26 años y luego de un ascenso con Aguada que es muy popular en la noche te favoreció me imagino… 

Y…si, bueno (risas). Hay de todo, obviamente. Pero cuando subimos con Aguada o con Cordón ahí salimos todos a festejar a un boliche en Ciudad Vieja, es real que tenías todo a favor, además los extranjeros que también genera un grupito de que somos jugadores de básquetbol. Pero sí, tal cual, en la noche te hacen muchos mimos digamos.

¿Te arrepentís de algo en el básquetbol? 

No, de nada.

¿Cuál fue el momento más complicado como jugador? 

Fue en Nacional, quizás por lo que era mi cabeza, mi cuerpo, la verdad lo padecí mucho. La verdad sin palabras con Nacional, es un club que me encantó. Pero el primer año me quebré, todo mal, pero bueno con el tiempo me di cuenta que era mío el problema, que estaba pensando en otras cosas y no en jugar digamos.

¿Alguna vez tuviste algún problema con una hinchada? 

No, por suerte no me pasó nada. Sí, tuve un pequeño inconveniente una vez con la hinchada de Atenas como rival, yo jugaba en Trouville, pero con el tiempo quedó hasta con una anécdota graciosa. Incluso con la persona que varios años me carcomió, hoy está todo bien. Fue un lío general conmigo porque hago un gol y foul, lo grito para la hinchada de Atenas, pero tampoco es que los miré, sino que fue algo espontaneo, normal. Tiro el libre y cuando voy retrocediendo tenía un montón de gente insultándome, hubo invasión de cancha, a nosotros nos dirigía el Yayo González, le dijeron algo a él también y ahí nos acorralaron en cancha de Atenas. Yo vivía cerca, en Gonzalo Ramírez y Jackson, tuve un par de semanas que me dejaban muchas cartas. Después con Nacional nos tocó practicar ahí y estaba todo bien. Era una persona muy hincha de Atenas que comenzó todo, después a los cuatro años más o menos, pisaba la cancha de Atenas y me recordaba siempre ese episodio. Con el tiempo, se me arrimó, estuvimos hablando y quedó todo bien, la cruzaba en el barrio y nos quedábamos hablando, cero drama, ni con ella, ni con Atenas.

¿Qué te dejó el básquetbol?

Es una experiencia de vida, sin dudas. Es lo que más me queda, es como te decía hoy, cada año tuvo lo suyo, buenas o malas. Por suerte, puedo hablar con cualquiera de mis ex compañeros y entrenadores con la mejor para recordar. Me dejó amigos, otros que no son amigos, porque no teníamos tanto vinculo, pero es llamarnos, juntarnos y va ser así siempre. No me reprocho nada y agradezco que así sea.