El juego de su hermano junto a sus amigos fue el puntapié inicial para conocer de qué se trataba el básquet. El club de barrio siempre está destinado para comenzar a escribir la historia de cualquiera en un hábito. Arrancó cuadriculado por la Unión, se dio el gusto de jugar por el equipo a carbón del que es hincha, pero una esquina abajo de un puente le cautivó el corazón. El celeste se convirtió en ese color favorito que lo acompañó años, jugando en el medio local pero también lo lució a nivel internacional defendiendo al paisito. Con muchísimas ganas, logró el tan anhelado sueño de colgarse la dorada en el pecho y que la bandera flameara en lo más alto del podio. ¿Qué es de la vida de Camilo Acosta? Aquel base que picaba, ordenaba, conducía y seguía picando esa naranja que lo enamoró desde que arrancó a los 16 y de la cual se despidió transitando las cuatro décadas.

¿Qué es de la vida de Camilo Acosta?

Yo hace 21 años que trabajo en Atma en la parte de plásticos. Me dedico a toda la parte de supermercados y grandes superficies. Eso en materia laboral. A nivel personal soy muy casero, disfruto eso. Me gusta mucho estar en casa.

¿Cómo es habitualmente tu día?

Yo me levanto a las 6.30 de la mañana, me armo el mate y me voy a trabajar. Al estar en la calle siempre estoy en la vuelta. Sobre las 17, 17.30 ya me voy para casa y es difícil que salga.

¿Por qué el básquetbol?

Yo arranqué por mi hermano. Él jugaba junto a sus amigos y fue por ahí. A los ocho años me llevaron a Larre Borges y ahí arranqué. Yo jugaba al fútbol y al básquetbol. Cuando tenía 13 me citaron a una preselección y me terminé de decidir por el básquetbol.

¿Cómo fue tu debut?

Yo debuté a los 16 años porque cumplí cuando arrancaba el campeonato en marzo, en el año 1979. Le pidieron permiso a mis padres porque yo era menor y me salté las categorías para jugar en primera. De ahí ya jugué unos años en Larre Borges, luego pasé a Peñarol, para irme después a Cordón.

¿Tenés recuerdo de tus primeros pasos en el deporte?

Recuerdo que cuando debuté en Primera con Javier Rey que era el técnico, ya me puso de titular. De ahí empecé a jugar y luego se fue dando todo. Al comienzo me fueron cuidando porque yo era un nene. Yo lo recuerdo como bien de gurí pero yo ahí ya me cuidaba. Yo ya sabía que cuando debuté podía jugar a un nivel donde podía estar varios años. Siempre fui de cuidarme. Salía muy poco y eso es lo que me permitió llegar. Arranqué en Larre porque vivía muy cerca del club.

¿Cómo se dio el paso a Peñarol?

Yo jugué poco en Larre porque a los 22/23 me fui a Peñarol. En esa época me compraron y pasé a jugar tres años ahí. Luego llegó la época de que Peñarol se complicó por problemas económicos y terminé en Cordón. Yo soy hincha de Peñarol y eso era hermoso. Era importante jugar ahí porque yo seguía siendo joven y tenía buen equipo en ese entonces. Salimos vicecampeones federales en mi primer año y al ser hincha era una motivación extra.

¿Cuándo te fuiste a Cordón pensaste que ibas a lograr todo eso en el club?

Realmente no. Al principio me fue más o menos. El primer año regalamos el Federal en el 87 que nos terminó ganando Bohemios. Javier Espíndola fue mi primer técnico ahí, para que luego me dirija Etchamendi y eso nos dio tranquilidad. Tuve la confianza de todos y ahí llegó la escalera en Cordón que fue siempre en pleno ascenso.

¿Fue el “imparable Cordón del 92” el mejor plantel que estuviste?

El club siempre tuvo buenos planteles en la década del 90. Yo el año que perdimos con Welcome las finales y que llevamos 33 partidos sin perder fue el mejor año y el mejor básquet que jugamos. Las finales con Welcome nos quedamos sin extranjero y perdimos. Ese para mi fue el mejor plantel que tuvo Cordón.

¿Cuál es el recuerdo más lindo que te dio Cordón?

El recuerdo más lindo es el que tengo hoy. Yo cada vez que voy al club me demuestran un cariño tremendo por parte de la gente. No tenía tanta hinchada Cordón en su momento. En la década del 90 fue la que logró que se hicieran más hinchas por los resultados que obtuvimos. Hoy en la calle la gente de Cordón me sigue dando el cariño que me dio siempre.

¿A Biguá fuiste a buscar el campeonato?

Increíblemente regalamos ese campeonato porque cuando vamos a agarrar la parte económica yo le dije “quiero mis premios” a los directivos. Y me contestaron “premios por salvarnos del descenso no vamos a dar” y yo le contesté que era para llegar a las finales y salir campeones. Me miró, se río y me dijeron “para eso no hay problema” pero perdimos con el “Dream Team” de ese Welcome por un punto. Fue un regalo. En los últimos minutos erramos como ocho libres. Era uno de los campeonatos más importantes si lo ganábamos porque le ibas a ganar a ese Welcome. Nos faltó embocar los libres.

¿Jugaste presionado por ser una de las altas principales?

No, jamás jugué presionado, nunca sentí presión y era una virtud eso. Yo tuve la suerte de jugar en la década del noventa once finales. Eso te da una experiencia. Yo llegué a Biguá con la tranquilidad de haber logrado todos los títulos en Cordón más los que estuvimos cerca. Nunca tuve presión.

¿Por qué te fuiste a Malvín?

Primero porque era un cuadro de barrio que me quedaba cerca de mi casa porque yo vivo en Shangrila. Kogan fue a Malvín, también estaba Bonda y Tucuna, se dio todo para llegar.

¿Sufriste la primera temporada?

Si claro. Me acuerdo que nos salvamos del descenso en las últimas fechas. Lo que pasó esa temporada que fue importante era que Capalbo venía jugando con nosotros y estábamos arriba. Una cosa es jugar con Capalbo y otra es jugar sin él. Capalbo se fue para Grecia y ahí se desmanteló. En ese entonces jugábamos con doble base y luego se cayó todo.

¿Y la segunda temporada?

La segunda nos fue bien por el plantel que teníamos. Nos quedamos en cuartos de final y no teníamos tanto cuadro para llegar hasta ahí. Fue una temporada positiva.

¿Ya estaba pactado tu regreso a Cordón para retirarte?

En realidad no. Yo ya no tenía ganas de jugar más y Larre Borges quería que yo esté ahí junto a Cordón. Me llama Ernesto Barbosa y me dice que Cordón estaba muy complicado económicamente. Me pidió que le diera una mano y ahí fuimos con Javier Bonda, Jesús Rostán y fue una temporada espectacular. No solo nos salvamos del descenso si no que salimos octavos y metimos playoffs. Fue buena la campaña aunque jugué poco. Luego pedí pase para Larre pero no jugué, ya no estaba para eso.

Cuando te retiraste varios dijeron “se va un caballero del deporte”. ¿Por qué?

Lo que pasa es que yo no era un jugador problemático. No tenía problemas con nadie, creo que fui un jugador querido y me hice muchos amigos. Yo siempre trataba de solucionar los problemas, no los creaba. Dentro de la cancha jamás baboseé.

¿Fue difícil construir esa imagen en un deporte más de roce por aquel entonces?

Lo que pasa es que yo nunca fui un jugador violento ni de quejarme por nada. Eso te lleva a no tener problemas. Yo siempre estaba concentrado en el juego, jamás miré para afuera, ni para el banco rival. El jugador tiene que jugar. Yo siempre digo lo mismo: el exceso de gritar los goles exageradamente te saca. Cuando gritan el primer doble del partido lo veo como una pérdida de concentración en el juego y siempre se lo digo a mis hijos. Hay que concentrarse en el juego, no tanto en gritar. Hoy van ganando 3 a 0 y lo gritan como si fuera algo ilógico. Algunos dejan la vida y eso quita concentración.

¿Qué fue jugar por Uruguay?

Cualquier jugador de cualquier deporte siempre sueña con jugar en la Selección. Tuve la suerte de jugar varios sudamericanos y hasta premundiales.

¿Soñaste con ser campeón Sudamericano?

Si, claro, siempre se sueña con ganar. A pesar de las diferencias básquetbolísticas que siempre hubo con Brasil y Argentina, soñaba ganarles. Yo tuve la suerte de ganarles no solo en mayores sino también en juveniles. Recién ahora nos damos cuenta lo difícil que fue eso. Solo una vez fuimos campeones juveniles y yo lo logré.

¿Teníamos un cuadrazo ese año, fueron en busca de eso?

No, se dio. El tema es que en ese campeonato teníamos varias generaciones. Pierri y yo éramos generación mayor, Medrick también creo que era de los más grandes. Luego vinieron Gustavo (Szczygielski) y Osky (Moglia). Venía Mazzarino. Era un grupo muy bueno, buena gente. No éramos amigos pero si muy buenos compañeros. Berardi para planificar era excelente y se nos dio todo. Estábamos bien.

¿Se valora hoy por hoy lo conseguido?
Sí, yo creo que sí. Estoy convencido que va a pasar mucho tiempo para que Uruguay vuelva a ser campeón Sudamericano y más en el exterior. Ya nos costó cuando se jugó uno acá. Va a ser difícil porque todos mejoraron, hay mucho más dinero en el deporte y más inversión en otros países que antes no jugaban como ahora.
¿Uruguay va por esa mejora?
No, estamos lejos. Hasta que no nos demos cuenta que más jugadores de básquetbol, jueguen al básquebol, no vamos a mejorar. No puede ser que jueguen siempre los mismos. Ahora se dio este campeonato especial de el Metro que juegan los de Liga pero tenemos que abrir el abanico para que los jugadores jóvenes puedan mejorar. Yo te soy sincero, hay jugadores que tienen 24 o 25 años y todavía les cuesta explotar. Acá no los dejan, hasta que no se abra ese abanico no vamos a mejorar.
¿Por qué dejaste el básquetbol?
Porque ya estaba viejo. Yo ya no podía más. No tenía ganas de ir a entrenar todos los días. Debuté a los 16 años y todos los días llegaba a las 12 de la noche a casa, ya estaba cansado.
¿Estaba sabido que terminabas y te alejabas?
No que me alejaba porque sigo atento a lo que pasa. Mi hijo Bruno está en Malvín y lo sigo. Miro mucho y habló mucho con mis amigos. Nunca pensé estar dentro del básquetbol, nunca se me ocurrió. Yo sabía que cuando me iba, no iba a dirigir, ni nada. De repente me hubiese gustado estar en alguna audición de básquetbol, hablando del deporte y eso porque me encanta, podría ser pero te quita tiempo. Yo soy de pasar tiempo en casa y disfruto esto.
¿Extrañás el ambiente?
No, realmente no extraño. Prefiero quedarme en mi casa como te decía. Me gusta mucho el básquetbol, mirar y hablar que es lo que hago habitualmente. Pero extrañar no. No extraño las luces ni nada. Lo que hoy te decía de la no presión, ni nada de eso, es por la tranquilidad de estar siempre en paz. Yo estoy en mi casa y hoy disfruto eso, me gusta estar tranquilo. 
¿Hay algún Camilo Acosta en la Liga?
No sé, en realidad considero que las comparaciones son feas. Además, el básquetbol ha cambiado, es mucho más dinámico, es más rápido, se está propenso a más pérdidas. No he visto si hay alguno.
¿Fuiste feliz en la cancha?
Yo disfrutaba mucho realmente. A mi no me gustaba entrenar, me encantaba practicar el tiro y estar con la pelota pero físicamente no me gustaba, obviamente tenía que entrenar igual. Cuando llegaban los playoffs y la zona de definición entrenaba fuertísimo, me mataba los últimos 15 días. Me encantaban los dos contra dos, el tiro, eso siempre. Me encantaba porque eso es disfrutar el básquetbol.