Por segunda semana consecutiva Básquet Total se fue hasta El Prado, pero esta vez para hablar con una pareja unida por la naranja y el silbato. Alejandra Godoy y Andrés Haller nos recibieron para charlar un poco de todo, desde su amor por el arbitraje, compartir los mismos colores y la pasión de hacer cerveza artesanal.

Sus inicios

En una charla amena rodeados por el cariño de Lola, su labradora de siete años, Alejandra fue quien comenzó hablando sobre el primer encuentro con el deporte que tanto ama: “Llegué al básquetbol en Aguada a los siete años, cuando estaban haciendo el piso por primera vez. En ese momento el femenino entrenaba en la Plaza de Deportes Nº2, mi madre iba a hacer deporte ahí, ella comentó que tenía una gurisa alta; mido 1.84 y toda mi vida fui muy grandota (risas). Ahí comencé, me encanta el básquetbol. Tuve la suerte de estar en una selección Sub 15 y viajar a Colombia. Luego me fui a vivir a Atlántida unos años y como que me alejé un poco, seguía jugando allá, pero no tenía competencia”. Tras un tiempo alejada de la capital, al regresar nuevamente se vio abrazada por el básquetbol, pero desde otro lugar: “comencé a trabajar y por medio de Marcelo Jarovisky, que hoy está en el colegio de jueces, me convenció de probar en el arbitraje. Hice el curso para ver si me gustaba, porque claramente de jugador es una cosa y de árbitro dentro de la cancha es otra. La verdad que me gustó”. 

Por su parte Andrés también tuvo su etapa de jugador: “Comencé en Albatros en mini y de ahí pasé para Cordón donde hice hasta juveniles en aquella generación del “Pato” Werstein que ganábamos todo, no solo en juveniles sino también en mayores”. Pero entre el estudio y el juego era muy difícil compaginar ambas cosas y optó por lo que a muchos les ha pasado: “con 20 años dejé, porque preferí dejar yo el básquetbol a que él me deje a mí, aparte también empecé a estudiar en Facultad de Economía, preferí dejar y dedicarme al estudio, sabía que del básquet no iba a vivir. En ese momento surgió la posibilidad de hacer el curso de árbitro, que era algo que me hacía seguir vinculado con el deporte y desde el 2006 que no he dejado”.

Claramente ser jugador y árbitro no es lo mismo, es por eso que muchas veces el cambio de un rol a otro es complicado, pero Andrés lo vivió como algo natural: “El hecho de haberlo jugado hizo que fuera mucho más fácil, porque también el estar dentro de una cancha y que todos sepan que vos jugaste, hace que tengas un respaldo. Probé, me gustó y seguí, no me veía como entrenador y para seguir metido dentro de la cancha de una forma u otra era estar arbitrando”. En cambio para Alejandra no fue tan fácil: “Adentro de la cancha al comienzo me sentía perdida, era un espantó, porque sentís que estás jugando el partido, iba corriendo y hacía el doble ritmo para hacer una bandeja, hacía el pasitito y la gente te mira y quedás como una boluda (risas), pero eso pasa porque lo jugaste toda la vida, seguís dentro de la cancha pero con un papel totalmente diferente, sos parte del juego, pero pasás a ser un espectador dentro de la cancha que debe marcar las reglas y pitar las jugadas”. En lo que sí la pareja coincide es que haber jugado te da ese plus que un árbitro que no jugó tal vez no lo tiene.

Igual cada tanto por un rato dejan el silbato para volver a picar la pelota. Andrés lo hace en Liga de Montevideo “con el equipo de los jueces, Los Cuervos”, mientras que Alejandra juega en “maxibasquet, en la unión de veteranas con las Pioneras dónde tenemos un gran grupo”, nuevamente ambos coinciden que es una situación complicada para quienes deben impartir justicia en sus juegos: “le arbitrás a jueces de primera o segunda categoría, internacionales o no, pero todos jueces y para esos árbitros hacernos un partido debe ser lo peor. El año pasado salimos campeones, este venimos invictos y tenemos un cuadro bastante interesante”, cerró Haller.

Las chicas también probaron, no con la misma suerte: “Con las juezas tuvimos un intento de hacer nuestro equipo, “Las Cuervas” (risas) y la verdad que fue catastrófico, estaba Sandra López que jugaba en Capurro y yo, el resto bueno (risas de ambos). De 30 puntos, Sandra hacía 14, yo otros 14 y los dos puntos restantes que te puedo decir, era algo impresionante e impresentable”. Pero con su equipo de veteranas, las Pioneras sí logra seguir vinculada cómo jugadora y hasta hacerle la vida imposible a los árbitros: “cuando juego con las veteranas, sobre todo cuando viajamos, soy una máquina y protesto todo, pero discuto con calidad. Una vez me cobraron un antideportivo y le pregunte ¿Por qué?, ¿Qué criterio estás usando?, y el juez me miraba con los ojos bien abiertos y yo seguía, esto no es antideportivo porque esto y lo otro. Mis compañeras: “Ale callate”, pero eso lo hago porque sé las reglas y qué está permitido y que no”.

Entre mates y tratando de calmar a Lola, contaron su debut, bastante diferente para cada uno, además de definir cómo es vivir con el básquetbol

“Debuté en cancha de Capurro, Capurro – Marne con Alberto Arenas” comenzó diciendo Andrés pero la historia derivó en que quién iba a ser su compañero para el debut llegaba de arbitrarle una final a su hermano: “Alberto venía de hacer una final, Biguá – Cordón de Sub-20 que jugaba mi hermano Federico (Haller), había sido un partido muy difícil donde ganó Biguá y estábamos todos afuera esperando a Arenas para putearlo (risas) y fue bastante difícil porque cuando fui a hacer ese partido con él, mi madre y mi padre no fueron porque sabían que si lo veían lo iban a putear, debuté sin mi familia con Alberto, pero es sinceramente un señor”.

Lo de Alejandra fue mucho más tranquilo y con la familia presente: “Debuté con Ricardo Olivera en cancha de 25, un U12 si mal no recuerdo. 25 de Agosto – Larre Borges, cuando debutás sos espantoso, le metés onda, señalizás, pitás los fueras, pero cómo que en realidad no da para mucho más y con Ricardo fue muy fácil, además era uno de los que me arbitraba y se acordaba de mí, mi madre, mi padre, mi hermana y de todos los que me acompañaban. Me calmó los nervios del debut”.

Andrés cómo la gran mayoría de sus colegas tiene un ingreso principal gracias a su trabajo, que es en Conaprole; “en la parte financiera, el básquetbol es un plus, lo hago porque me gusta y es un extra, le dedico el tiempo que más o menos puedo. Si tengo un partido de primera salgo antes y duermo un poco”. Por su parte Alejandra estudia enfermería durante la mañana, aparte tiene un local de ropa en el Paso Molino que es su ingreso principal, “él básquet lo tomo como un extra, como un hobby pero con mucha responsabilidad. Estudio las reglas cuando hay cambios”. Pero ambos nuevamente coinciden que es una pasión agotadora y muchas veces te perdés de cumpleaños u otras actividades o solo descansar el fin de semana por arbitrar: “Me encanta arbitrar formativas pero, prefiero que sea los domingos de mañana porque es el único día que tengo libre y al menos me queda la tarde para mí, porque si arbitrás de tarde algunos arrancan a las cuatro y capaz que llegás a tu casa a las once de la noche, te perdiste todo el fin de semana y más si el sábado tuviste un partido de femenino, lo hago porque me gusta, lo hago como extra, pero también quiero disfrutar un poco”.

El comienzo del amor y la ventaja de compartir el silbato

En el momento de decir quién de los dos fue el que avanzó primero, Andrés fue claro: “Fue mutuo, porque nos conocíamos de ir a entrenar en Goes y a la vuelta nos íbamos para el mismo lado, no fue que uno haya dado un paso antes que el otro”, siempre mirando a Alejandra para coincidir con los dichos. También se dio en un momento indicado: “los dos estábamos en la misma situación, porque veníamos de relaciones largas, entonces cómo que hablábamos el mismo idioma con los mismos problemas y se fue dando”, concluyó.

Alejandra en todo momento coincidió, pero no perdió la oportunidad de dejar en público un pedido especial: “¡Yo me quiero casar!, por la fiesta y todo, él no, está en contra del matrimonio, la iglesia y todas esas cosas, estoy re quemada”. El próximo 20 de agosto la pareja cumple 10 años de relación e iban a hacer una gran fiesta, pero la situación sanitaria se los impide. “Aparte pienso que algún día va a venir y me va a decir algo, cuándo me dice tengo una sorpresa, pienso en que me va a pedir matrimonio (risas de ambos), pero no cae”, terminó diciendo ella.

El hecho de ser ambos árbitros hace que no solo sean autocríticos, sino que también son muy críticos del otro porque creen que ahí está la clave para mejorar: “es algo que está bastante bueno, que los dos seamos árbitros te da ese ida y vuelta con alguien que sabe cuando llegás a casa, porque entiende de esto y te puede decir que es lo que hiciste mal, hablar y discutir sobre jugadas o situaciones. Eso está buenísimo porque cuando uno hace un partido televisado el otro lo mira y anota, entonces cuando se llega a casa y se ve el partido tiene ya las anotaciones, que es lo que pasó, lo ve y como corregirlo”. 

Ella es mucho más autocrítica que él, muy rara vez, por más que tenga un excelente partido se la escuchará decir que le fue bien: “Salgo de la cancha y Andrés me dice ¿Cómo te fue? Lo primero que digo es espantoso, horrible o me equivoque acá y allá. También con Joaquín Silvera que somos amigos, la otra vez me fui a hacer fisioterapia con él y me dice ¿Cómo te fue en el debut de Liga?; que yo debutaba en un Defensor – Nacional y justo se dio el hecho de que mataron al hincha de Nacional luego del clásico; ese partido que todos debutan en septiembre u octubre yo debute un 7 de enero y me fue bien. Entonces le digo: “más o menos, creo que me fue mal” y me terminan rezongando porque siempre digo lo mismo”.

Son una pareja que siempre trata de acompañarse y eso tiene sus desventajas, en un partido final por un ascenso en la DTA 2018, Reducto y Danubio jugaban el partido definitorio en cancha de Trouville: “había un hincha de Reducto que la estaba puteando mal a Ale, me aguanté, una, dos, tres, a la cuarta fui y le dije: “mire que ella es mi señora y no la va a putear más”. Ahí el hombre quedó calladito y pidiéndome perdón”, ese sentimiento que cualquiera tendría de defender a su pareja. Pero no solo él la acompaña, se puede decir que Alejandra Godoy es la primera de la sección ‘El equipo sin hinchada’ con hinchada propia: “van todas las Pioneras siempre, recuerdo que me fueron a ver a un Peñarol – Montevideo en DTA, donde no había nadie en el Palacio Peñarol y a ellas no se les ocurre mejor idea que ir a la tribuna de Peñarol. Mariela me decía que había gente que me puteaba y ella contestaba gritando ‘Vamos los jueces, vamos Ale’ y la gente mirándola, luego me mandó un audio y me dice: nos tuvimos que ir porque nos iban a matar”.

El arbitraje en Uruguay, la UJOBB y la participación femenina

“Sin duda que esto es una situación horrible, el Coronavirus mató todo, esta es la peor crisis que ha vivido UJOBB cómo gremio en los 75 años, además hay muchos árbitros que dependen solo de esto, por suerte nosotros lo tenemos cómo un extra, pero hay gente que lo tiene para pagar una cuenta, la luz o el alquiler.

UJOBB hizo todo lo que estuvo a su alcance para intentar contemplar las situaciones de los árbitros, reuniones en BPS, en la Federación, entre nosotros. Fue y es algo estresante, porque agotamos todos los recursos, damos préstamos, vales de Macro Mercado, intentamos todo, sabemos que una canasta no va a cambiar, pero de última los alimentos los tenés”, comenzó diciendo Godoy sobre el momento duro que está pasando el gremio y el trabajo arduo que están haciendo. Con el pasar del tiempo la participación de la mujer dentro del básquetbol va creciendo así cómo crece dentro de UJOBB y es súper entendible que también nosotras estemos ahí. Porque a veces los hombres no entienden o no representan el sentir de una mujer”, culminó elogiando el trabajo que ha realizado Valentina Dorrego.

Andrés por su parte destacó el nivel de arbitraje que hay en Uruguay: “Lo veo muy bien, y si me apurás lo veo mejor que el nivel del propio básquetbol. Porque tenemos árbitros haciendo mundiales y haciendo torneos internacionales donde la propia selección no llega”. También dijo algo que varios jueces repiten: “el básquetbol uruguayo es bastante difícil, todos los que han ido a arbitrar afuera te lo dicen es más fácil arbitrar acá que un torneo FIBA”.

Alejandra coincidió completamente con esa idea y agregó: “este colegio arbitral apoyó muchísimo al arbitraje joven y al femenino”, destacando la buena actitud que hay hacia las juezas que antes no lo había. “Hace diez años que soy árbitro y recién por primera vez hace dos años arbitré con una mujer un partido de sub-20, que fue con Vivian García, donde estaban todos petrificados porque iban dos mujeres, que además ya teníamos experiencia”. La televisación de la Liga Femenina también hizo que ellas pusieran el grito en el cielo y fueran escuchadas: “las mujeres siempre arbitramos femenino y las finales las arbitraban los N1 hombres, entonces era cómo bastante injusto, ha evolucionado tanto el apoyo que hemos tenido que las finales del femenino, la primera y la última la hicimos Vivian García, Valentina Dorrego y yo, mientras en las otras estuvo Aliné García y Valentina Benítez, ha aumentado la confianza hacia nosotras”.

Ellas tienen la meta clara, la posibilidad de poder hacer un partido de Liga Uruguaya con una terna completamente femenina, clase y categoría hay: “el año pasado por primera vez en una terna hubo dos mujeres, creo que este colegio es muchísimo más abierto y no es machista como el anterior. Esperemos que tengan la confianza de darnos un triple arbitraje femenino en Liga Uruguaya, porque para nosotras es un desafío. Tenemos un buen nivel, nos podemos mandar alguna cagada como todos, tenés ternas masculinas que les va horrible y nosotras hemos demostrado que cada vez que arbitramos juntas nos divertimos y rendimos, nos merecemos esa confianza para expandir un poco más el femenino y que las chicas de abajo sientan que se puede llegar”.

Andrés fue parte de un hecho pocas veces visto en el básquetbol, en un partido entre Larre Borges y Cordón por El Metro 2019 uno de sus compañeros de terna tuvo una situación complicada con un jugador que derivó en la suspensión de tres fechas para el juez: “Ese partido fue bastante loco y hasta el día de hoy no sé que fue lo que pasó. Además, ese mismo día me voy para Aguada que Ale estaba haciendo femenino y la novia de (Joaquín) Jones jugaba en Aguada y él estaba ahí. Hablé con Jones y tampoco entendía que había pasado, fue una cosa de locos, para mí escucho algo mal, entendió mal y reaccionó así. Pero nunca me pasó algo así, pensé que nos mataban, pero no, los jugadores calmaron todo la seguridad también, era un partido que venía muy tranquilo. Jamás me pasó que un juez le meta peso a un jugador, jamás”.

Alejandra es jueza internacional desde 2014, pero con la particularidad de que aún no ha podido debutar en ningún torneo FIBA, lo esperaba hacer este año, pero el Covid-19 hasta ahora ha tenido otros planes. Es por eso que su experiencia como árbitro internacional “no fue lo que esperé”, tal es así que por momentos pensó en dejar todo. “Estaba (Gabriel) Baum en ese momento y no me dio una oportunidad, esa etapa fue bastante difícil y estuve a punto de dejar. Me recibí de FIBA en 2014 junto con siete árbitros más, empezaron los viajes y viajaban todos mientras que yo, nada. Me decían que eran designaciones que venían de FIBA. Un día viene (Geraldo) Fontana a darnos una clínica y me dice ‘Alejandra tengo que hablar contigo’ yo pensé, genial voy a viajar, además ya se me estaba por vencer la licencia y me dice ‘No sé que es lo que pasa contigo, yo pido por vos, todas las nominaciones de femenino he preguntado por vos y siempre una excusa. Me dijeron que estuviste embarazada, que habías dejado de arbitrar, que te habías roto la rodilla, que no te interesaba viajar’ y eso había sido todo Baum, salí totalmente perjudicada”. Fueron dos años donde no viajó a ningún torneo, la licencia la renovó el año pasado y ahora espera que pase un poco la pandemia para poder tener su primera experiencia internacional.

El amor, también por los mismos colores

Ambos jueces y ambos hinchas del mismo club coinciden en no pitarle. “No puedo, somos hinchas de Aguada los dos y no le hacemos, lo único que hice una vez más o menos parecido fue una práctica a mi hermano”. Comenzó diciendo Haller, que también además de no arbitrarle al aguatero, no le arbitra a los equipos donde juega su hermano, “de hecho eso me ha trancado bastante porque en estos últimos años que ya estaba con aspiraciones de poder hacer finales o semis se dio que Aguada ha estado siempre en esa instancia y más en las finales y si no era Aguada era mi hermano que jugaba las semifinales o las finales. Me pasó que un año me dieron muchos partidos de playoffs porque se dio que Aguada iba de un lado y Defensor del otro, llegaron los dos a semifinales, entonces no podía hacer nada. He ligado mal con eso (risas), si ha pasado que le erran y me designan para un partido de Aguada, pero renuncio inmediatamente”, concluyó.

Alejandra coincide en ambos casos, no le hace partidos a Aguada en primera y no le arbitra a su cuñado: “Me pasó que me dieron dos veces seguidas a Hebraica y después a Aguada y yo no le arbitro a mi cuñado y no le arbitro a Aguada. Un árbitro de primera me decía ‘a tu cuñado arbítrale’. ¡No!, porque es exponerme a una situación espantosa, porque aparte no lo voy a querer ayudar y lo voy a terminar matando. Me es imposible arbitrarle a Federico y a Aguada en mayores no le hago ni loca. En formativas y femenino sí, no me estreso, pero lo que es mayores no”, terminó diciendo la jueza internacional.

La pasión fuera del arbitraje

“Tenemos un hobby de pareja” arrancó diciendo Alejandra, “hacemos cerveza, hace dos años y somos socios del club de cerveceros caseros del Uruguay, lo hacemos porque nos gusta, no para vender. Consumimos nosotros, la familia y los amigos. Es más sana y mucho más barata que lo que gastás en la cerveza comercial, lo hacemos juntos y la cocinamos juntos”, terminó contando Andrés que también tiene un pasatiempo personal, “la fotografía, es algo íntimo, personal, me compré mi cámara réflex que no se la presto a nadie”.

¿Quién es Andrés Haller afuera del rectángulo? 

Como me gusta a mi decirlo con mis amigos, una persona light, muy tranquilo.

¿Quién es Alejandra Godoy afuera del rectángulo? 

Qué difícil, soy una mujer buena, segura de si misma, responsable, con principios, solidaria y a veces hasta demasiado.

PING PONG HALLER

Mejor partido: La semifinal del año pasado, Malvín – Urunday Universitario. Mi primera semifinal porque no era Aguada ni mi hermano jugando en algún equipo.

Peor partido: Aguada – Verdirrojo, sub-14. Terminó en una bataola asquerosa con gurises de 13 y 14 años que se dieron con ganas.

Jugador más complicado que te toco arbitrar: No juegan Liga ni Metro, pero son bastante conocidos, Julián y Claudio Pau. Juegan veteranos, liga universitaria, amateur, están en todos lados.

Hincha de: Club Atlético Aguada.

Terna ideal: Alejandra Godoy, Miguel Nieto y Andrés Haller.

Un partido que te gustaría arbitrar: Una final de Liga.

PING PONG GODOY

Mejor partido: Final de DTA en Larre Borges, Auriblanco – Lagomar. Fue la primera final que hice cómo primer juez. También la final de femenino del año pasado, Malvín – Defensor donde no hubo casi ningún error en cancha de Malvín.

Peor partido: Partido de DTA en cancha de Juventud de las Piedras, Juventud – Montevideo para entrar entre los ocho. Cuando recién había cambiado el paso cero y uno de los árbitros le pitó a Savariz 10 veces caminar en un partido que iba tanto a tanto, lo mató. Salí muy enojada conmigo y mis compañeros.

Jugador más complicado que te toco arbitrar: También, los hermanos Pau. Son tremendas personas fuera de la cancha, pero arranca el partido y se transforman.

Hincha de: Club Atlético Aguada

Terna ideal: Andrés Haller, Mauricio Correa y Alejandra Godoy.

Un partido que te gustaría arbitrar: Mundial o Juegos Olímpicos.