Un hombre que tuvo que remarla de abajo. Un convencido de que al básquet hay que bancarlo con otro sustento. Damián Mujica sostiene su tarea como jugador, pero a su vez es dueño de su inmobiliaria, trabaja en un estudio contable, es el sostén de su familia y, a su vez, lucha por recibirse de contador. Te lo presentamos, Afuera del Rectángulo.

Proveniente de una familia de nivel socioeconómico bajo. Por muchos años, Mujica vivió con su madre, su hermano con discapacidad y su abuela. Las pensiones de estos últimos, y el sueldo de sirvienta doméstica de mamá, eran el ingreso familiar, que se vio reducido cuando su madre decidió renunciar para cuidar a la abuela y el hermano de Damián. El jugador decidió salir al mercado laboral, en donde probó varias cosas, desde vender filtros de agua, hasta trabajar en un supermercado en enero, cuando todos piensan más en la playa que en las ocho horas.

Además de sustentar el laburo con el básquet, el hombre de Stockolmo también lo sostuvo con su carrera de contador, la cual sigue cursando. Su amor por los números y el desconocimiento por otras carreras, que hoy en día, confiesa que hubiese hecho, lo llevaron a adentrarse de lleno a las matemáticas, aunque nos cuenta que el oasis que él presenció lleno de números, realmente estaba cubierto por un desierto de letras. En el colegio era un alumno impecable, siendo varias veces abanderado. Pero con el básquetbol como obstáculo, el generación 2005 en la facultad se ve un poco atrasado, “cuando llegué a la facultad siempre fui un desastre por complementar con el básquet”. Aunque también reconoce su parte de culpa: “Parte de boludez hay, podría haber apretado un poquito más las clavijas con el estudio”.

Trabajando en la parte de administración en la empresa de su viejo, Damián llamó la atención de quien hoy es su jefe, a pesar de estar cursando y no tener título, le gustó la manera de trabajar de Mujica y lo llevó a su estudio contable. Allí trabaja hace 12 años y empezó a encontrar un sustento económico con el cual respirar un poco más tranquilo. Con eso, le devolvió la ayuda que su familia le dio durante su infancia: “Soy quien soy gracias a ellos”. Desde su inexperiencia, el jugador destaca el aprendizaje ejerciendo el trabajo, aún por encima de lo que aprende en las aulas de facultad.

Su jefe ocupa un rol muy importante. Él lo siente como un padre, es con quien vacaciona, lo apoya, lo jode cuando tiene partido a la noche, lo aconseja con su negocio particular y lo deja salir antes para ir a mostrar una propiedad. Es de quien heredará el negocio cuando este se jubile, y es hasta quien le ahorro las horas de bondis, al prestarle para su primer auto. El dueño del espacio donde hoy funciona la inmobiliaria de Mujica, y quien le dio para adelante, cuando Damián se animó, ahorró e invirtió para subir su estatus económico, y poder mudarse en pareja.

La mudanza juega un papel protagónico en esta historia. Buscando nuevo hogar, Mujica no quedó conforme con el trabajo de las inmobiliarias y quedó convencido de que podía hacerlo mejor. Siempre le gustaron los negocios, y el haber generado en su trabajo la plata para invertir, hicieron de esta una oportunidad inmejorable. Su relación con escribanos y contadores por su trabajo, sumado a clientes con propiedades, ensamblaron un puzle perfecto. Hizo la inversión en su inmobiliaria, lo que le dio perfectamente para su nueva vida independiente. Sin descuidar, por supuesto, la ayuda que le sigue brindando a su familia. A su nuevo negoció lo bautizó con su nombre tras mucho pensar. Esto le generó dudas, pensó que sería egocéntrico, pero se terminó decidiendo gracias a que podría hacer que fuese conocido por su relación con el básquetbol. Y así fue, en su inicio destaca la ayuda que le dio el deporte naranja. Habla de Gustavo Vidal, quien tiene inmobiliaria y le dio consejos, y de dirigentes varios que ofrecieron sus propiedades a Mujica para vender o alquilar.

El día de Damián comienza muy temprano, apronta el bolso y se va a entrenar. Con cientos de notificaciones de clientes en el celular, se va de la cancha a la oficina, en donde hace las horas en el estudio contable y después se va a mostrar alguna propiedad, la facultad le ocupa parte de la tarde y terminaba su día con el entrenamiento nocturno cuando jugaba en Liga. Reconoce que con su nuevo emprendimiento, económicamente está mejor, y que en su etapa en Lagomar, en donde el viaje a la Costa le quitaba un par de horitas, visitó menos los pasillos de la facultad y se bancó clases particulares para preparar los exámenes, al crecer de nivel económico.

Su carrera hoy en día está en minuto de tiempo. La poca amistad de Mujica con el Zoom lo llevó a tomarse un año sabático con el estudio, aunque reconoce que recibirse es su gran deuda pendiente. Al hacerlo, su jefe le dejaría su negocio para jubilarse, aunque cobrando un porcentaje. Cuando esto suceda, le pondrá fin a su carrera sobre el flotante. A pesar de la presión, el título lo volvió a patear para adelante, como dice que lo ha hecho durante su vida como basquetbolista, en donde también ha tenido que faltar a exámenes por noches de partidos, y ha usado fines de semana para descansar y compartir tiempo con su familia. Si bien Damián sabe que le falta un año dentro de las clases, reconoce que será más que ese lapso de tiempo.

Para Mujica su verdadero yo está detrás de un escritorio y de camisa. Entre risas cuenta que cuando se pone los cortos se disfraza. A lo largo de la nota destacó varias veces la importancia de tener un plan B para el deporte. Eso se lo inculca a sus compañeros, y en especial a Gianfranco Espíndola, a quien apadrinó después de ganarle varias veces tirando de tres puntos. En su convicción personal, son pocos los que triunfan en el básquet, y los que lo hacen, una vez terminada su carrera ya tienen que tener un proyecto personal, por la dificultad de ingresar en el mercado laboral en edades de retiro.

La pandemia pegó duro en un activo Mujica. Su novia lo define como un adicto al trabajo, y durante los primeros meses, su inmobiliaria y el básquet se le terminaron por completo. Se mantuvo activo en el estudio contable, pero no de manera presencial. Los días se volvieron eternos para un laburante 24/7, que si tiene que atender el teléfono a las 10 de la noche lo hace, que ha cerrado negocios de vacaciones, y que es la típica persona con capacidad de mantener la casa sin necesidad de llamar a ningún especialista. Carpintero, electricista, fontanero y hasta cerrajero, cuando su pareja deja las llaves en el auto y debe oficiar de ladrón improvisado. En su retiro del básquet no piensa en descansar, sino en tener más tiempo para realizar tareas del hogar. Durante el confinamiento fue obligado a tener Netflix como un hobbie, pero sostiene que dos horas sentado frente a la tele es una pérdida de tiempo.

Una vez retirado del deporte Damián afirma no querer seguir ligado al básquet, a pesar de la recomendación de su novia que le dice que sería buen representante por su buena relación con los jugadores. Con su trabajo, sueña dejar de alquilar para tener su propia casa, siempre con Montevideo como opción, por cercanía con su familia y porque le gusta el clima de ciudad, estar siempre “en la maquina”. Como en la cancha, un tipo laburador, el que muchas veces hace el trabajo sucio para el equipo, el que con convicción y esfuerzo ha trepado desde abajo, y que gracias a eso, se permite soñar a futuro, afuera del rectángulo.

Un hombre que tuvo que remarla de abajo. Un convencido de que al básquet hay que bancarlo con otro sustento. Damián Mujica sostiene su tarea como jugador, pero a su vez es dueño de su inmobiliaria, trabaja en un estudio contable, es el sostén de su familia y, a su vez, lucha por recibirse de contador. Te lo presentamos, Afuera del Rectángulo.

Proveniente de una familia de nivel socioeconómico bajo. Por muchos años, Mujica vivió con su madre, su hermano con discapacidad y su abuela. Las pensiones de estos últimos, y el sueldo de sirvienta doméstica de mamá, eran el ingreso familiar, que se vio reducido cuando su madre decidió renunciar para cuidar a la abuela y el hermano de Damián. El jugador decidió salir al mercado laboral, en donde probó varias cosas, desde vender filtros de agua, hasta trabajar en un supermercado en enero, cuando todos piensan más en la playa que en las ocho horas.

Además de sustentar el laburo con el básquet, el hombre de Stockolmo también lo sostuvo con su carrera de contador, la cual sigue cursando. Su amor por los números y el desconocimiento por otras carreras, que hoy en día, confiesa que hubiese hecho, lo llevaron a adentrarse de lleno a las matemáticas, aunque nos cuenta que el oasis que él presenció lleno de números, realmente estaba cubierto por un desierto de letras. En el colegio era un alumno impecable, siendo varias veces abanderado. Pero con el básquetbol como obstáculo, el generación 2005 en la facultad se ve un poco atrasado, “cuando llegué a la facultad siempre fui un desastre por complementar con el básquet”. Aunque también reconoce su parte de culpa: “Parte de boludez hay, podría haber apretado un poquito más las clavijas con el estudio”.

Trabajando en la parte de administración en la empresa de su viejo, Damián llamó la atención de quien hoy es su jefe, a pesar de estar cursando y no tener título, le gustó la manera de trabajar de Mujica y lo llevó a su estudio contable. Allí trabaja hace 12 años y empezó a encontrar un sustento económico con el cual respirar un poco más tranquilo. Con eso, le devolvió la ayuda que su familia le dio durante su infancia: “Soy quien soy gracias a ellos”. Desde su inexperiencia, el jugador destaca el aprendizaje ejerciendo el trabajo, aún por encima de lo que aprende en las aulas de facultad.

Su jefe ocupa un rol muy importante. Él lo siente como un padre, es con quien vacaciona, lo apoya, lo jode cuando tiene partido a la noche, lo aconseja con su negocio particular y lo deja salir antes para ir a mostrar una propiedad. Es de quien heredará el negocio cuando este se jubile, y es hasta quien le ahorro las horas de bondis, al prestarle para su primer auto. El dueño del espacio donde hoy funciona la inmobiliaria de Mujica, y quien le dio para adelante, cuando Damián se animó, ahorró e invirtió para subir su estatus económico, y poder mudarse en pareja.

La mudanza juega un papel protagónico en esta historia. Buscando nuevo hogar, Mujica no quedó conforme con el trabajo de las inmobiliarias y quedó convencido de que podía hacerlo mejor. Siempre le gustaron los negocios, y el haber generado en su trabajo la plata para invertir, hicieron de esta una oportunidad inmejorable. Su relación con escribanos y contadores por su trabajo, sumado a clientes con propiedades, ensamblaron un puzle perfecto. Hizo la inversión en su inmobiliaria, lo que le dio perfectamente para su nueva vida independiente. Sin descuidar, por supuesto, la ayuda que le sigue brindando a su familia. A su nuevo negoció lo bautizó con su nombre tras mucho pensar. Esto le generó dudas, pensó que sería egocéntrico, pero se terminó decidiendo gracias a que podría hacer que fuese conocido por su relación con el básquetbol. Y así fue, en su inicio destaca la ayuda que le dio el deporte naranja. Habla de Gustavo Vidal, quien tiene inmobiliaria y le dio consejos, y de dirigentes varios que ofrecieron sus propiedades a Mujica para vender o alquilar.

El día de Damián comienza muy temprano, apronta el bolso y se va a entrenar. Con cientos de notificaciones de clientes en el celular, se va de la cancha a la oficina, en donde hace las horas en el estudio contable y después se va a mostrar alguna propiedad, la facultad le ocupa parte de la tarde y terminaba su día con el entrenamiento nocturno cuando jugaba en Liga. Reconoce que con su nuevo emprendimiento, económicamente está mejor, y que en su etapa en Lagomar, en donde el viaje a la Costa le quitaba un par de horitas, visitó menos los pasillos de la facultad y se bancó clases particulares para preparar los exámenes, al crecer de nivel económico.

Su carrera hoy en día está en minuto de tiempo. La poca amistad de Mujica con el Zoom lo llevó a tomarse un año sabático con el estudio, aunque reconoce que recibirse es su gran deuda pendiente. Al hacerlo, su jefe le dejaría su negocio para jubilarse, aunque cobrando un porcentaje. Cuando esto suceda, le pondrá fin a su carrera sobre el flotante. A pesar de la presión, el título lo volvió a patear para adelante, como dice que lo ha hecho durante su vida como basquetbolista, en donde también ha tenido que faltar a exámenes por noches de partidos, y ha usado fines de semana para descansar y compartir tiempo con su familia. Si bien Damián sabe que le falta un año dentro de las clases, reconoce que será más que ese lapso de tiempo.

Para Mujica su verdadero yo está detrás de un escritorio y de camisa. Entre risas cuenta que cuando se pone los cortos se disfraza. A lo largo de la nota destacó varias veces la importancia de tener un plan B para el deporte. Eso se lo inculca a sus compañeros, y en especial a Gianfranco Espíndola, a quien apadrinó después de ganarle varias veces tirando de tres puntos. En su convicción personal, son pocos los que triunfan en el básquet, y los que lo hacen, una vez terminada su carrera ya tienen que tener un proyecto personal, por la dificultad de ingresar en el mercado laboral en edades de retiro.

La pandemia pegó duro en un activo Mujica. Su novia lo define como un adicto al trabajo, y durante los primeros meses, su inmobiliaria y el básquet se le terminaron por completo. Se mantuvo activo en el estudio contable, pero no de manera presencial. Los días se volvieron eternos para un laburante 24/7, que si tiene que atender el teléfono a las 10 de la noche lo hace, que ha cerrado negocios de vacaciones, y que es la típica persona con capacidad de mantener la casa sin necesidad de llamar a ningún especialista. Carpintero, electricista, fontanero y hasta cerrajero, cuando su pareja deja las llaves en el auto y debe oficiar de ladrón improvisado. En su retiro del básquet no piensa en descansar, sino en tener más tiempo para realizar tareas del hogar. Durante el confinamiento fue obligado a tener Netflix como un hobbie, pero sostiene que dos horas sentado frente a la tele es una pérdida de tiempo.

Una vez retirado del deporte Damián afirma no querer seguir ligado al básquet, a pesar de la recomendación de su novia que le dice que sería buen representante por su buena relación con los jugadores. Con su trabajo, sueña dejar de alquilar para tener su propia casa, siempre con Montevideo como opción, por cercanía con su familia y porque le gusta el clima de ciudad, estar siempre “en la maquina”. Como en la cancha, un tipo laburador, el que muchas veces hace el trabajo sucio para el equipo, el que con convicción y esfuerzo ha trepado desde abajo, y que gracias a eso, se permite soñar a futuro, afuera del rectángulo.