La pelota empezó a picar en Nuevo Malvín y entre tanto camino trazado en la capital se encontró con el balón naranja hasta en el coqueto rinconcito que adorna La Aduana. Se cataloga como un 4 bajo y eso pudo haber impedido su presencia en la Liga Uruguaya. Abajo peleaba y desde el perímetro jamás le tembló la mano. El equipo siempre por encima de cualquier individualidad e hincha de la filosofía de “ganar y ganar, para eso jugamos” dice quien el lunes empezó a transitar su año número 42 de vida.

Hoy disfruta de lo que el básquetbol por momentos le quitó: su familia. Padre de cuatro soles encargados de iluminar su vida. La más grande y única nena Julieta. Santiago que por ahora es el que mantiene el legado y defiende los colores de su UA querida. Fabricio con 4 e Ignacio con apenas un año y poco meses cierran la lista. Es que cada vez que habla de ellos la cara se le transforma. Alejado del rectángulo va recorriendo los barrios pero no picando un balón si no vendiendo el producto que lo recibió cuando apenas comenzaba el siglo XXI. Hoy es amigo de los almaceneros, del vecino y de la vecina que se acerca a compartir un mate y que de a poquito se ha convertido en sus compañeros durante su horario laboral. ¿Qué es de la vida de Diego Taramasso? Aquel jugador que se convirtió en garantía de ascenso. Traigan vino, copas sobran.

¿Qué es de la vida de Diego Taramasso?

Yo siempre laburé para Nativa, la empresa de la bebida. Yo entré en el 2002 y nunca dejé. Seguí laburando y fui jugando a la vez. El deporte era como un sueldo más. Sigo haciendo lo mismo, soy vendedor pero en esa época estaba como reponedor externo. Hace siete años que estoy en la venta. Hago Jacinto Vera, que tengo a Yale como cliente, Barrio de los Judíos y La Blanqueada. Tengo esas tres zonas y me voy dividiendo en la semana. Salgo a vender en la moto o en el auto. Es un lindo laburo, ameno. Me levanto sobre las 7, desayuno y ya directo a la zona.

¿Qué tan difícil era trabajar y jugar?

Para mi era normal porque siempre lo hice. Desde que estoy jugando en los planteles principales siempre laburé. A los 18 años ya arranqué. Imagino que me podía haber dedicado un poco más con el tema de las pesas, del físico, porque indudablemente eso jugaba. No era difícil porque lo hacía con gusto. A lo último costó un poquito más por la edad, por las lesiones y eso hace que te saquen las ganas que es lo que me pasó. Yo ya no estaba a la par de los demás y los gurises nuevos físicamente te pasan por arriba y eso te saca las ganas de ir, de jugar y de todo.

 

Todo comenzó…

Yo soy malísimo para la memoria pero se que arranqué a los 12 años. Creo que me llevó un vecino, yo vivía en la Plaza Fabini, no me acuerdo si fue Juan Negrone o quién. Pero me llevó un vecino y arranqué. Vi que en el club había pila de gurises de la escuela y del liceo, entonces empecé a pasar el día entero ahí. Yo en mini no jugaba nada, recién en juveniles empecé a mejorar y jugaba de titular, pero antes comía banco fuerte, pero iba, estaba ahí siempre.

Llegó un momento que estaba desde las 5 de la tarde hasta las 10 de la noche todo el día en el club. Entrenábamos y nos quedábamos jugando ahí. Le  empecé a agarrar el gustito, las mañas y eso fue lo que me hizo robar algunos años en el Metro.

¿Te acordás algún momento en particular?

Había varios personajes del club. Ahí hice todas mis amistades. Me acuerdo que íbamos a domar y en la puerta estaba el Travolta, uno que cuidaba afuera los autos. Nosotros salíamos y le tirábamos cuentas y el tipo sumaba en su cabeza, fumando un cigarrito y te hacía la cuenta como si nada. La cantina era hermosa. Es lo más lindo del básquet, menos plata te deja cosas de la vida. Cómo manejarte como un grupo, como leer la cabeza de la gente. Hay de todo. Me dejó muchos hermanos de la vida. Demian (Álvarez) es padrino de Fabricio y el Mono (Bavosi) es padrino de Juli. Se enteró y al otro año se fue a España.

¿Cómo fue tu debut?

Me acuerdo la primera vez que me cambié que dirigía Parrella en cancha de Montevideo, segunda de ascenso. Luego debuté ya con Lovera en la cancha de Defensor en el ascenso ante Peñarol, tenía 17. Ese año subimos pero jugaba nada.

¿Cómo fue jugar en Las Bóvedas?

Fue lindo, precioso. Ahí fue donde conocí a Demian, siempre contamos eso. Él jugaba en Unión, vino de Mercedes y yo no lo conocía. No se porque yo estaba en Unión, siempre iba aunque no jugaba, y uno me preguntó si luego iba a Las Bóvedas porque Demian iba. Eso era una especie de casting. Ese año estaba Busanello en Larrañaga y sale lo de las fichas que podía bajar una ficha de primera y luego volver a la Liga. En la UA no me habían dado el pase definido, o sea que iba y volvía. Me llama Busanello y me dice: “yo te quería pero arreglamos con el Enano Martínez y vos tenés que volver a tu club”. Yo ahí sabía que había perdido todo, era más que entendible. Entonces nos fuimos a probar ahí. Caímos en una moto a la Ciudad Vieja y el canario no sabía ni a donde iba. Empezó a preguntarme si nos quedabamos o nos ibamos y yo le decía que era lo único que me quedaba, era eso o no jugaba en ningún lado. Jugamos un 5 contra 5 y cuando terminó el entrenamiento Lussich nos dijo que nos quedábamos. “Van a cobrar $2.000 pero le pagamos seguro” fue lo que nos dijeron. Obviamente que luego ni nos pagaron. Fue muy lindo, conocí gente muy linda ahí. Pasamos precioso.

¿Hay alguna anécdota particular?

A mi lo que me llamaba la atención de Las Bóvedas es que iban hinchadas que mueven mucha gente, como Goes, Verdirrojo, un poco pesadas. Ahí en Las Bóvedas no había mucha gente pero siempre los respetaban. Eran 4 o 5 veteranos de siempre y jamás los puteaban, los respetaban, algo que no pasa en ningún lado. Les toca ir a otra cancha y terminan puteando a todos el mundo.

Otra que contaban es que desde los conventillos desde arriba, con una caña de pescar y un reel enganchaban la carne desde arriba y robaban la carne que se estaba asando. No la viví pero siempre me la contaron.

¿Cuantas veces metiste cantina?

No era mucho de meter cantina pero si quedarme a veces. Las Bóvedas era una cantina linda, luego está la de 25 de Agosto que cuando me tocó estar ahí se ponía linda. Algunas metía pero no mucha cosa. No me quedaba todas las prácticas, un poco, es parte del folclore del metro.

Te tocó ganar el ascenso con Capurro ante Aguada en el Cilindro en la última pelota con toda la gente en contra. ¿Cómo fue eso?

Fue salado. Al Pepe lo marcamos bien en la última abajo, tenía manos por todas lados. Fue un palanganazo hermoso de Mati Lado en ataque. Capurro llevó gente pero lo de Aguada era una locura. Creo que fue el partido que jugué con más gente. Fue precioso todo. Éramos el cuadro chico pero teníamos un lindo cuadrito. Era Capurro, bien de barrio, pero con Rostán, Lado, el negrito Benitez, Craig que anduvo volando, el Tito Borsellino, Yaquinta, nos dirigía Fede Camiña. Aguada era Aguada como siempre. Fue precioso y el partido más emocionante que jugué.

¿Cómo viviste la escalera de tercera a primera con Montevideo?

Montevideo es divino, de los clubes más lindos. También es como te vaya, tal vez me tocaba bajar y el club era divino pero yo podía odiarlo si me iba mal. Ahí pasé precioso, la cantina era preciosa y creo que ahora no está más. Cuando yo jugué estaba el viejo Novick. Ahí me tocó jugar con el piso viejo y es un club con una gente preciosa. Me hice muchos amigos, teníamos lindo plantel y toda la gente era ideal. Hay lugares que no se puede acercar a los directivos y eso pero ahí jamás me pasó eso. Era bien barrio y pasé hermoso.

Te tocó ser campeón con Urunday Universitario también. ¿Cómo fue eso?

El primer año venía bárbaro y me perdí las finales por lesión. Venía siendo el goleador, justo ese año me había separado y pasaba todo el día en el club. Venía en un momento ideal, hacía pesas, estaba entero. El partido antes de las finales, en la cancha de Auriblanco, ibamos ganando por 20 cuando hago una bandeja, me hacen una cama, me caigo y al caerme apoyo la mano y me quiebro. Me perdí las finales con Goes, festejé con el yeso. 

¿Cómo seguiste con tantas lesiones en Urunday?

Me pierdo las finales, me recupero de la mano e igual me arreglan para el año que viene porque anduve bien. Estaba Lovera que había sustituído a Daniel Álvarez. Lovera me quería y estuve a punto de irme a Tabaré porque estaba Camiña pero me quedé. Fue el año que Tabaré salió campeón y tenía un cuadrazo, jugaban Calfani y Vidal. Cuando arranco a entrenar en el Metro, en un amistoso, hago la penetración más lenta de la historia contra Federico Martínez, pisé mal y me jodí. Me atendí hasta con Walter Ferreyra porque no sabían que era. Me quemaba todo el pie y no podía hacer nada. No fue un esguince y terminó siendo una facia plantal, algo así. Tuve como tres meses parado, me compré plantales, gasté platales y nunca fue igual. Luego volví y en el segundo partido contra Verdirrojo anduve bien y me termino comiendo un codo del Nico Juan sin querer pero seguí jugando porque no tenía nada. Cuando termina me viene a saludar y me dice que me haga ver porque estaba torcida la nariz. Yo ahí ya me quería matar, no me podía pasar más nada. Me vio el médico, fui y me diagnosticaron que me había quebrado el caballete. Jugué con máscara y todo. Esos años fueron una amargura bárbara con el tema de las lesiones.

Varios dicen que priorizaste siempre el equipo por encima de tus individualidades, ¿es cierto?

Es verdad. Para mi, a lo que sea, lo más importante es ganar. No me importa hacer 40, a todo hay que ganar. ¿Qué hay que hacer para ganar? No sé, pero se hace, al menos así lo vivo yo. 

Nico Ibarra siempre fue garantía de ascenso, ¿pero vos seguís ese camino?

Si, sin duda, de Nico siempre se dijo eso y cumplió. A mi me tocó bastante pero hay más. Ferrés es otra garantía. No se cuanto tiene cada uno pero lo que pasa es que metíamos seguidilla. Metíamos tercera y segunda. En tercera habían tres cuadros que metían plata para subir y yo tuve la suerte de siempre estar así.

¿Te iban a buscar a vos los cuadros para subir?

No sé si para subir porque era garantía pero me iban a buscar. Yo terminé jugando en equipos que siempre estaban ahí y por eso también iba. Los que ponían la plata se armaban y me llamaban.

¿Te sentís identificado con Unión Atlética?

Sí porque yo crecí ahí. Soy hincha pero no voy a la cancha. Mi hijo juega ahí. Tengo sentimientos porque todo lo que viví en la UA pero no te puedo decir que soy hincha enfermo porque no voy a todos los partidos. A mi me cuesta, como en el fútbol, sentir el fanatismo. No lo entiendo mucho ni con el deporte ni con la política. Lo que me pasa a mí es que me genera muchos recuerdos y todo lo que me generó. Al club y la gente pero para con mi vida. Tengo mis amigos, mi familia, mi todo, eso es la UA para mí, nada lo supera.

¿Por qué no se te dio jugar algún año en primera?

Yo jugaba de 4 y medía 1.90 y eso en la Liga me iba a complicar. Tampoco es que me vinieron a buscar, solo fue Welcome con Yaquinta el año que terminó bajando. Yo le dije que podía ir pero que tenía que dejar el laburo porque no me podía comprometer a ir doble horario.

Él me planteó que lo arreglábamos pero no se dio. Yo ya era grande y no podía probar suerte en la Liga. Era difícil porque yo no era un gran jugador y tenía la contra de mi altura.

¿Por qué dejaste el básquetbol?

Yo creo que el tema físico no me estaba funcionado. Estaba jodido de la espalda, la rodilla ya me dolía y obviamente la cabeza quería hacer algo y el cuerpo no me daba para hacerlo. Había momentos que me decía que me quedaba quieto porque no podía hacerlo. Eso provoca que en un momento dejes de disfrutar. No me costó tanto, lo hablo con los compañeros y a alguno le cuesta más. Los jueves nos juntamos con amigos, ahora no por la pandemia, pero no es algo que me haya matado. Sigo mirando El Metro y la Liga. Voy a ver a Aguada cuando juega el Mono, veo a Demian ahora con Biguá, pero no me afectó negativamente, tal vez es porque el recuerdo de lo último no era lindo. Ya llegar, tomar el antiinflamatorio, el hielo en las rodillas, ya no era lo mismo.

¿Sabías que te ibas y te alejabas del ambiente?

Nunca pensé en nada realmente. En un momento me agitaron y Demian siempre quiere que haga algo porque él tiene el curso de técnico. No es algo que me llame la atención ni me imagino yendo a las 5 de las tarde hasta las 8 entrenando gurises. No me seduce entonces no me estreso mucho. No hay nada que me cuelgue hacer.

¿Y si viene el llamado de los amigos para que los acompañes?

Demian siempre dice que voy a ser su ayudante técnico vestido de traje y corbata. Esa es la imaginación que tiene él, se hace el europeo y después en la cancha es todo lo contrario. Realmente no se si lo haría. Diego Cal me llamó el primer año que agarró Capítol que me quería con él . Él siempre me dijo cerebrito Iniesta y nosotros a él lo jodemos con que es Ben 10, es igualito. Me llamó pero no era viable. Tenía que ir todos los días a Capitol a entrenar y luego que dejás perdés la práctica del ir y venir. Prioricé los gurises y el estar con ellos. Por suerte le fue bien y le va a ir bien porque tiene talento y es crack.

¿Te quedó algo por hacer?

Me debe haber quedado un montón por hacer pero a mí me hubiese gustado un ascenso con la UA. Lo logré en el primer año pero no jugaba, estaba en el plantel, ni lo cuento como ascenso. Esos metros con ascensos me hubiese gustado meterlos con la UA.

¿Qué te sacó el básquet?

Los niños. Yo tengo dos de una pareja y los dos últimos con Magela, mi esposa actual. Si bien Juli, que es la más grande, iba a los partidos y se metía en la cancha de 25, le perdí tiempo. Perdí cosas que hoy puedo compartir con los dos más chicos y no con ella en ese entonces. Uno llegaba a las cuatro de la tarde y tenía un tiempo antes de ir a entrenar, pero metía una siesta para llegar bien a entrenar. Perdí mucho tiempo con los gurises pero el resto no me quitó mucho. 

¿Qué te dejó el básquetbol?

El estar en un plantel te deja un montón de cosas, por eso es clave que los gurises hagan deporte. Es lo que le digo a mi hijo, no importa si juega o no pero el estar en un plantel, respetar a un técnico, saber como manejarte con los gurises y todo eso es parte del deporte. Más allá de las amistades que me dejó. Conocí gente que tal vez nunca conocía. Con mucha guita, gente muy humilde y tal vez yo viviendo acá en Malvín jamás la hubiese conocido. Los personajes del ambiente. Me formé así como soy por todo lo que viví y cómo lo viví. Fui muy feliz en la cancha, no me arrepiento nada. Mis amigos me joden con que quedé rengo por jugar metro y yo les contesto que lo volvería a hacer.