Nació en La Habana, después Montevideo lo cobijó por muchos años. Luego tuvo idas y vueltas a diferentes países para jugar al básquetbol, pero su destino siempre fue nuestro paisito. Se radicó algunos años en Fray Bentos donde formó una familia y tuvo el mejor regalo: ser papá por primera vez. Máximo que hoy tiene 12 años y juega al básquetbol en el Club Caju en suelo fraybentino.

Muy agradecido por la hospitalidad que le brindó el suelo uruguayo, con todos los clubes que le dieron trabajo y también con la gente que lo veía en la principal terminal de ómnibus de la capital. Todos lo saludaban, sin importar el color de camiseta que estuviese defendiendo en ese momento. Con mucha honestidad manifestó: “Yo siento que le debo mucho al uruguayo”.

Su vida personal tuvo algunos cambios, se divorció y volvió a un viejo amor de su juventud. Su actual señora vino a Uruguay para comenzar juntos una nueva aventura y seguir los pasos del cubano Amaro. Esos que a partir del 2010 fueron todos de éxitos: vice campeón con Larre Borges, a los pocos meses obtuvo el mismo puesto con Goes en la DTA, al otro año ascendió con Nacional y en el siguiente le tocó otro logro, regresar al misionero a Primera División. Por eso se siente identificado con el elenco de Plaza de las Misiones.

El ganchito característico en la zona pintada jugó en las tres divisionales del básquetbol uruguayo, también subió con Cordón en la durísima DTA 2014. Un día llegó a su fin y se consagró campeón con Miramar en la DTA 2015.

Ya hace cuatro años que se fue a Miami con su señora, su otra hija y una postiza que la quiere como propia. Sin olvidar a Máximo con quien tiene una comunicación constante a la distancia y lo apoya de la mejor manera posible. Entre noches de merengue y salsa en Azabache, desde la ciudad del sol es que hablamos de la vida con Roberto Amaro.

¿Qué es de la vida de Roberto Amaro?

Hoy me encuentro en Miami, hace cuatro años que me vine con mi familia para acá. Tratando de acomodarse a una nueva vida después de muchos años en Uruguay. Trabajo hace tres años y medio en una fábrica de muebles, la llevo bastante bien, por suerte tengo trabajo que es lo más importante en este país.

¿Cómo se dio ese cambio de vivir en Montevideo a Miami?

Fue una decisión familiar con mi señora, se nos dio la posibilidad de viajar y lo hicimos. Con la ley que teníamos nosotros los cubanos antes que se fuera Obama (Barack) que podíamos entrar con la residencia permanente y gracias a Dios la obtuvimos.

¿Cuándo y por qué te retiraste?

Si no me falla la memoria fue en Miramar con el Negro Blazina (Andrés) que obtuvimos el ascenso directo al Torneo Metropolitano. Ahí terminé de forma profesional digamos, después estuve jugando con los veteranos de Miramar, pero oficialmente ese fue mi retiro.
Ya uno se daba cuenta que no podía, venían muchos jóvenes atrás. Y la realidad es que el paso mío por Miramar era para complementar un equipo que nos habíamos armado bastante bien gracias a la gestión del “Gordo” Andrés (Arruda), que fue quien me llamó y yo le di el ok rápidamente. Gracias a Dios pude jugar ahí y terminar una carrera de la mejor manera porque salimos campeones ese año.

¿Cómo se dio tu llegada a Uruguay?

Fue en 2003 para jugar el Federal en Cordón. Yo me encontraba en Argentina, y mediante Roca (Carlos) nos llegó una oferta que quizás no era muy buena, pero era un medio que me podía mostrar y acepté. Llegué a Cordón que venía de ser campeón y habían armado un equipo más o menos para mantener la categoría. El técnico era Daniel Ciechanovecchi y en el plantel estaba Rostán (Jesús), Daniel Rivero, Bonda (Javier), Camilo (Acosta) y algunos chicos del club como Renzo Lazzaroni que después llegó a ser una figura. Teníamos un equipo para salvarnos del descenso y estuvimos peleando los playoffs hasta el último momento.

Acá te tocó jugar en muchos equipos. ¿Con cuál te sentís más identificado?

Es una pregunta dura, pero te la voy a responder. En todos los clubes que participé en Uruguay siempre tuve una gran comunicación, me fue bastante bien y la gente me quería mucho. Pero si me tengo que identificar con algún club, te diría que Goes te lleva a eso, por lo grande que es su hinchada. Yo me identifiqué bastante con Goes, después que me retiré, muchos hinchas que pasaban por Tres Cruces me gritaban para ver cuando volvía. El año pasado fui de visita, me crucé con mucha gente de Goes, y me preguntaban donde andaba, que estaba haciendo y esas son cosas que te quedan.

¿Sentís que fuiste un tipo querido en el ambiente del básquetbol?

Sí, sí claro. En donde yo trabajaba en Tres Cruces era el pasar de casi todo el Uruguay, pasaba gente de Aguada por ejemplo y me saludaban, es más, tengo amigos que son hinchas de Aguada. Aunque yo nunca jugué un clásico, porque en Goes estuve en tercera y en segunda, pero por la rivalidad que tienen a mí nunca me dijeron nada y son las cosas lindas que tiene este deporte.

¿Trabajar de guardia de seguridad era un complemento con tu sueldo de jugador o era al revés?

No, no. Yo lo de guardia de seguridad lo tomé cuando fui a vivir a Montevideo porque yo en Fray Bentos no tenía equipo y ya me había divorciado, entonces quería irme a la capital. Llamé al Pata Pereira que en ese momento ya estaba de representante y le dije que estaba interesado jugar en El Metro y enseguida me contactó con Larre Borges. Ese año terminamos cuartos, pero sólo jugaba, no tenía un doble trabajo. Después se me dio la posibilidad de Prosegur que era de mañana y terminaba a las 16:00, me daba tiempo para descansar y luego irme a entrenar que era las 21:00 casi siempre. Era como un complemento al básquetbol, pero poco a poco lo fui tomando con más seriedad porque el básquetbol con el pasar de los años no es lo mismo. Por más pasión que tengas, te va costando más, así fue que tuve bastante tiempo en los dos trabajos.

¿Era difícil ir a jugar después de un día de guardia de seguridad?

Cada persona es un mundo. Yo terminaba mis ocho horas de Prosegur y automáticamente me desconectaba. Me iba para casa y me enfocaba en entrenar, hacerlo bien para el club que estaba, porque era otra responsabilidad que tenía. Cuando terminaba la noche en el básquetbol, aunque me haya ido mal, hubiésemos perdido o alguna pelea que haya tenido, una puteada o algo que quedás re caliente, me pasaba lo mismo, llegaba a mi casa y me desconectaba, me enfocaba que al otro día tenía que ir a trabajar. No era de mirar y entreverar los problemas de un trabajo con otro. Como en la vida cotidiana, yo no ligo mis problemas familiares al trabajo, porque es una responsabilidad que tengo.

¿En qué barrio estuviste en Uruguay?

Primero estuve en el Centro en un hotel que me daba Cordón. Después me fui a Fray Bentos que jugué en Anastasia. Luego a Montevideo y me quedaba en otro hotel en el Centro que me alquilaba Larre Borges. Ya después empecé a hacer mi vida sólo y estuve viviendo muchos años cerca de la cancha de Nacional en Lucas Píriz y Monte Caseros.

¿Alguna vez te sentiste discriminado en Uruguay?

No compadre, al contrario, no sé sino quedé debiéndole yo a los uruguayos. Porque la verdad que me trataron muy bien. Tanto en el tema deportivo como en la parte laboral, no tuve una queja, ni discriminación por parte de nadie.

Últimamente han llegado muchos cubanos a nuestro país. ¿Conoces a alguien o tuviste algún conocido que te haya preguntado cómo era vivir en nuestro país?

Yo me comunico con dos personas que son cubanos y para mí son como dos hermanos que están ahí. A cada rato hablo con ellos y me cuentan que ahora hay muchos cubanos que están trabajando en Uruguay. Algunos, como en todos lados hay, se han dedicado a la mala vida. Pero ellos dos están trabajando para tener un futuro mejor, aparte han decidido bien porque Uruguay es un país que te abre las puertas para poder trabajar, para que tengas tus papeles en regla, sin tener malas actitudes ni nada.

Con respecto a los papeles. ¿Fue complicado salir de Cuba en el 99?

Yo cuando salgo de Cuba, lo hice legal. No tuve ningún problema, porque yo salgo cuando regresamos de los Juegos Panamericanos de Winnipeg (Canadá) que algunos jugadores se habían quedado para el Pre Mundial y cuando nosotros regresamos decidieron sacarnos a todos. Entonces, mediante un amigo que tenía en Argentina se me dio la salida para ahí.

¿Presentaste una carta para salir de Cuba y podías volver cuando quisieras?

Claro, me hicieron una carta de invitación y salí legal. Yo si quería, podía regresar antes de cumplirse un año o sino quedarme directamente. Yo no estaba en el mismo grupo, que si eras atleta de alto rendimiento y te quedas en otro lugar, te ponen una penalidad que no puedes ingresar a Cuba durante ocho años. Yo al año y pico que estaba en Argentina, viajé a Cuba y no tuve problemas, si regresaba antes del año tenía que pedir otra carta de invitación por parte de Argentina para salir, pero eso no pasó porque volví después del año y ya tenía un status en otro país.

En el portal 180, que es un medio uruguayo, hace muchos años te manifestabas a favor de la Revolución Cubana. ¿Cuánto cambió eso ahora?

En la época de nosotros era como que teníamos los ojos vendados, todo lo que nos decían del capitalismo era todo malo. Pero cuando uno vive la realidad día a día, puede ver que no estaba equivocado el capitalismo, sino la parte de allá, el socialismo. Aparte son contradicciones diferentes porque comparan que la salud es mejor allá (Cuba) que acá (EEUU), y esto mejor acá que allá. Yo creo que fuera de Cuba tienes más futuro que estando allá.

¿Cómo está la realidad en Cuba?

Yo tengo mi hermano, mi madre, primos y amigos. Me dicen lo que se puede ver por todos, y es verdad tal cual, la cosa está muy dura, muy mal. Desde lo económico principalmente y lo de la pandemia lo han ido llevando bastante bien, porque no hay muchos afectados,  hay como en todos los países, pero no tantos. Pero con las pocas cosas que tienen, tampoco se ha desatado mucho lo del virus.

¿Cómo se conforma tu familia actualmente?

Yo estoy con mi señora cubana, la conocí antes de yo salir en el 99. Ya nos conocíamos de ese momento, después ella hizo su vida y yo la mía. Y con el transcurso del tiempo nos volvimos a encontrar y yo la invité a Uruguay (risas). Ella estuvo conmigo un tiempo en Uruguay y ahí nació mi hija, la más chiquita. La otra niña yo la quiero como mi hija, pero es de mi señora con otra pareja, yo la quiero como propia porque está desde los dos años conmigo. Después tengo el varón en Uruguay, que ese sí es hijo de una uruguaya. Mi hija chiquita tiene 5 años se llama Camila, la otra es Britney tiene 12 y el varón es Máximo que también tiene 12 años.

¿Cómo es vivir lejos de tu hijo?

Es una situación muy difícil. Yo cuando salí de Uruguay para acá estuve un año y unos meses sin verlo, porque tenía que esperar que me dieran la residencia acá para poder salir del país y volver a entrar sin problemas. Lo pude ir a ver el año pasado recién, este año ya tenía todo preparado para ir de nuevo, pero por la pandemia no pude viajar. Se te hace difícil, por más que lo llame por whatsapp y eso, no es lo mismo. A veces uno quiere un abrazo del hijo, poder verlo crecer, eso son cosas que uno pierde. Pero, bueno cuando pase todo esto pronto lo volveré a ver. 

¿Le gusta el básquetbol?

Y bueno…viste que ahora los gurises con el internet son medios complicado (risas). Pero ahora se animó y está practicando en Caju de Fray Bentos. Cuando yo estuve no lo vi jugar porque él se unió al básquetbol después que regresé. Algunos gurises les gusta y empiezan a formar una carrera como basquetbolista, otros no, pero la juventud cambia mucho. Yo le digo que se divierta, que primero juegue y después vea. Le digo que primero estudie, que fundamentalmente estudie, porque esto del básquetbol es algo que a uno le gusta, pero el estudio es algo que te queda para el futuro.

¿Cuál fue el rival y la cancha más complicada que te tocó jugar en Uruguay?

Uhhhhh, la cancha más complicada fue la de Verdirrojo allá en el Cerro. Es duro, una cancha donde tenía la gente muy cerca, era muy bravo ir a jugar al Cerro (risas). Y un rival que siempre me complicó, no sólo para atacarlo sino para defenderlo, después compartimos equipo, fue Marcelo Pérez (risas).

¿Cómo es un día en la vida de Roberto Amaro?

De lunes a viernes me despierto a las 6:00 y me voy para el trabajo. Antes de la pandemia, terminaba mi jornada laboral y me ponía hacer Uber hasta las 20:00 o 21:00. Después de la pandemia que empezaron a restringir, del trabajo me vengo a mi casa con mis hijas y mi señora. Los fines de semanas salíamos a dar alguna vuelta con las nenas y los domingos a las 10:00 iba a jugar al básquetbol a una Liga +50 que es de unos amigos míos dominicanos. Si bien me incorporaron antes de yo cumplir 50, cuando los cumplí (Octubre 2019) ya me oficializaron vamos a decir. El equipo se llama Miami Master Básquetbol (risas).

¿Es difícil hacer Uber en Miami?

Al principio me costó porque no conocía. Pero ahora con toda la tecnología y eso, te vas adaptando y es más fácil. Pero sí, al principio estaba complicado porque es una ciudad muy grande, te puede tocar un viaje de dos o tres horas de Miami a Los Cayos por ejemplo. Pero con el tiempo te acostumbrás.

¿Por qué eligieron Miami?

La primera idea era ir a Las Vegas. Mi hermana vive ahí y me invitó. Pero mi señora tenía a su hermano y sus sobrinos aquí, yo también tenía algunos amigos, entonces nos vinimos. Acá es verano todo el año, estamos cerca de Cuba, estoy a 45 minutos en avión, estoy cerca de mi vieja. Es verdad que es más caro que en otros estados, los alquileres son más caros, los trabajos lo pagan menos que en otros lugares. Pero, es una ciudad que se está pagando el derecho de tener verano todo el año. Por algo le dicen la ciudad del sol (risas).

Te tocó vivir en Argentina, Paraguay, Ecuador y Uruguay. ¿Fue acá el mejor lugar para vivir?

En Argentina estuve poco tiempo en el 99, en Paraguay sólo cuando iba a jugar y me iba enseguida. En Uruguay iba con la idea de quedarme. Cuando llego a Cordón, empiezo a notar que en la sociedad el uruguayo quiere mucho al cubano, eso en Argentina no lo noté, ese trato amigable con el cubano. Y ahí cuando llegué enseguida sentí ese calor de amistad, que siempre te quieren ayudar, y eso me dio la pauta para decidir mi vida y radicarme definitivamente en Uruguay.

En Ecuador te tocó pasar un momento personal complicado. ¿Cómo fue?

Cuando me cortan en Cordón, me sale la posibilidad de ir a Ecuador para jugar en el Club Uruguay, así se llamaba el equipo. En ese año (2004) mi padre estaba mal y hablaba todos los días con mi familia, entonces rescindí el contrato para volver a Uruguay. En el transcurso del viaje de Ecuador a Montevideo es que falleció mi padre. Hablé con mi mamá, mi hermano, me dijeron que tomara las cosas tranquilo, que las cosas ya habían pasado y que lo organizara con tiempo no a las apuradas. Entonces lo hice, más tranquilo y viajé.

En lo deportivo desde el 2010 al 2012 te tocó muy buenos momentos. Dos ascensos muy recordados por lo que significa Goes . ¿Fue una locura vivir todo eso?

La verdad que sí. Me acuerdo que cuando ganamos el segundo ascenso con Larre Borges en cancha de Cordón contra Larrañaga me hacen una entrevista la tele y el periodista me dice: “Vas a tener que mejorar el ganchito porque vas a un equipo más exigente que Larre Borges”. Y era Goes después de la desafiliación, yo estaba en Larre y ya sabía que iba a jugar en Goes. Entonces, escuchaba que había empezado a jugar amistosos con la cancha llena, no me quería imaginar lo que iba a hacer cuando arrancara el campeonato. Y fue un infierno cuando empezó el torneo, era impresionante la gente en la cancha. Si no me falla la memoria soy el único jugador que ascendió con Goes de tercera a segunda, y del Metropolitano a la Liga.

¿Qué opinión te merece tu carrera como jugador?

Siento nostalgia de vivir ese día a día en las canchas. Cuando salías de la cancha y la gente me gritaba: “Cubano, cubano, cubano” ibas por la calle y la gente te comentaba algo del partido de ayer. Esa nostalgia siempre te queda.

¿Qué extrañás de Uruguay?

Mira compadre, extraño a Uruguay en general. Como te dije anteriormente, es como que fuese mi otra casa. Hablo con mis compañeros de Prosegur, de los locales de Tres Cruces y se mantiene ese cariño. Esas son cosas que a uno le quedan, quiero creer que hice las cosas bien y como que formé otra familia con la gente de ahí. Extraño también el día a día de Tres Cruces, como el básquetbol, el vestuario, compartir cosas, festejar un triunfo. Terminar un partido e irte a comer un asado, o perder y pasar todos juntos ese mal momento.

¿Tenés pesando volver algún día o sólo de visita?

La vida es muy cambiante. Ahora pienso volver sólo a ver a mi nene y hacer los trámites de su visado para que pueda tener la visa. Así puede ver a su hermana, conocer otros lugares, y estar de vacaciones conmigo. Hace cuatro años que no ve a su hermana porque Camila nació allá y enseguida fue que nos vinimos.

Debés tener muchísimas anécdotas. ¿Te acordás de alguna?

Ufff si, ahora no se me viene una a la cabeza. Pero, me acuerdo una, cuando logramos el ascenso con Larre Borges viene un señor mayor y me da una abrazo bien fuerte. Yo no lo conocía y me sorprendió. Después pregunto quién era y me dijeron que era el senador Agazzi (Ernesto). Yo no lo conocía, terminó el partido contra Larrañaga y me acuerdo que vino, me abrazó. Después sólo lo vi en un velorio me acuerdo y estuvimos hablando porque se acordaba de mí.
Me dio gracia porque un senador vaya a abrazarme así como si nada. Pasa en Uruguay no más, después en los festejos pregunté quién era.

¿Cuánto te ayudó el básquetbol para la noche?

Cuando terminaba los partidos me acuerdo que se acostumbraba a salir a tomar algo todos juntos. Yo si era de ir las noches a Azabache que estaba en el Parque Batlle, porque ahora me dijeron que lo quitaron. Iba mucho, por el tema del básquetbol las chicas te conocían y te hablaban, ahí me destacaba con la salsa y el merengue (risas).

¿Eras mejor en la salsa que tirando el ganchito cerca del aro?

Era mejor con la salsa que con el ganchito, aunque después el ganchito lo empecé a perfeccionar y me dio resultados (risas).

¿Qué te dejó el básquetbol?

A mí me dejó muchos amigos. Tanto jugadores como entrenadores. Con la mayoría de los entrenadores me comunico en alguna fecha determinada y con jugadores hablo a menudo con algunos. Una linda amistad tuve con el Naranjo Soria y Pascual Formeliano, ahora hace tiempo no me escribo con ellos. Tuvimos una linda amistad cuando jugamos los torneos regionales con Touring de Paysandú. Actualmente hablo mucho con Ciro Pastrana, quedó una linda relación desde cuando jugamos en Goes, ese año fue espectacular.