Desde la experiencia personal, Luis Eduardo Pierri repasó su carrera, para entregar una visión sin casete y en profundidad sobre todos los temas: el barrio, el club, la celeste, nuestra Liga y los entrenadores.

¿Qué recuerdos tenes de tu infancia en Parque Rodó?

Nací en Maldonado y Bulevar. Mi niñez estuvo vinculada a la plaza de deportes y al viejo Sporting. Pasábamos el tiempo en la calle, que era un lugar donde desarrollábamos actividades. Corrí hasta carreras de embolsados y de bicicletas. Igualmente no soy muy melancólico. Entiendo que las realidades son otras, se trata de disfrutar el aquí y ahora. En mi caso con lo que tenía la pasaba muy bien.

¿Cuál fue la primera sensación cuando llegaste a Bohemios?

En aquel momento Bohemios era “EL” club. No había otros con la infraestructura de Pereira, eso me impresionó. Ahí sentí que me necesitaban, tuve mi primer reconocimiento. El grupo era espectacular y me abrieron las puertas. Implicaba salir del barrio, en el que estaba contenido por mis hermanos. Me tocó abrirme camino, transformándose en mi segunda casa por 20 años. Ahí conocí a mi mujer, tuve triunfos deportivos espectaculares y de las otras también.

¿Cuánto te ayudó en tu carrera haber tenido éxitos en formativas?

La herencia que traíamos era importante. La generación anterior era la del Tato López, y se forjaba una institución ganadora desde los más chicos. De los torneos que jugué, vencimos en todos menos uno, que quedamos afuera en la Federación. Esa experiencia, se transmite a la hora de pasar al profesionalismo. En particular, tuve una carrera llena de motivaciones. A los 14 ya estaba en la selección juvenil y a los 17 en la mayor. Un camino duro, lleno de enseñanzas que se dieron rápidamente. Además, tuve participación importante en cada uno de los torneos.

¿Qué valor le das a la competencia interna?

Hay dos. La primera es la carrera contra uno mismo, definir los objetivos propios, el camino para lograrlos y el precio que estemos dispuestos a pagar por eso. La siguiente es con los compañeros. Recién después, aparecen los rivales. En los planteles que conformé, éramos sumamente competitivos. Por ejemplo, cuando llegué a la selección me tocó disputar el puesto con veteranos de guerra, como Wenzel, Haller y Cuqui Barizo, que estaban todavía en gran nivel. Con Tato jugué muchísimos mano a mano. Es cierto que perdí casi todos, pero cuando le gané di un paso adelante. Inconscientemente elegimos al más débil para defender, y debería ser al revés, para crecer en ambos lados. Primero en limitar al rival, luego en copiar sus virtudes para aplicarlas y mejorar ofensivamente.

¿Cómo es compartir un plantel con grandes estrellas?

En la selección es más simple diagramar límites que en los clubes. Al tener a los mejores, se hace más sencillo y evita confusiones. Los más grandes son los que bajan la línea de conducta. Cuando apareció Capalbo con su rapidez y dinamismo, entendimos que era lo que más nos convenía a todos, porque favorecía al colectivo. De hecho, siendo el capitán, probablemente iba a ser el más “perjudicado” por su ritmo, pero había que seguirlo. En los clubes es más complejo, se necesita la figura del técnico y el líder, especialmente cuando algunos priorizan sus números, por sobre lo grupal.

¿Con la selección tuviste los momentos más lindos y también los más dolorosos?

Me fascinaba ponerme la celeste y me marcó como jugador. Tuve la fortuna de ser parte de procesos exitosos y otros frustrantes. Aprendí conociendo el básquetbol internacional. La selección es otra cosa. Fue lo que más disfruté, incluso lo asocio con mis mejores momentos como deportista. A pesar de habernos comido bolsas feas, pusimos la cara siempre. Afortunadamente después de buenas y malas, se cerró con los éxitos de 1995 y 1997.

¿Cómo visualizas el futuro celeste?

Muy complicado. Todo camino tiene su primer paso, y tantos años de sequía sudamericana llaman la atención. Hemos tenido buenos planteles, enfrentando a rivales lejos de su máximo potencial, y realmente creí que se podía. Se perdieron algunas oportunidades, nos faltó esa victoria que sea el mojón para cambiar la cabeza. Creo que tenemos la pandemia adentro, todo es miedo y temor por no ganar. Si no rompemos con ese paradigma, es difícil. Ojalá sea pronto, porque han pasado excelentes individualidades y generaciones. Esto visto desde afuera, con dolor y el mayor de los respetos. Ojalá podamos ir al próximo Sudamericano con el objetivo de ganarlo. Recuerdo que antes de la selección de Pirulo Etchamendi, nos costaba imponernos en América. Hubo un cambio de mentalidad y generaciones, nos animamos a cosas diferentes en todos los estamentos. Hasta desde la parte dirigencial, creando un viático digno. Entrenadores que se reinventaron, jóvenes que entendieron que se podía triunfar ante monstruos como Brasil. Deseo que la generación actual, con muchachos humildes y trabajadores lo puedan lograr, porque se lo merecen.

¿Qué análisis haces de nuestro básquetbol?

La Liga local influye en lo internacional. No está diagramada para construir jugadores y eso es un problema. Seguimos pendientes de Mazzarino y García Morales, para saber quiénes son candidatos, lo cual habla muy bien de ellos y pésimo del torneo. Todos somos responsables, desde la formación hasta arriba. Se tiran culpas a los técnicos (que seguramente tienen su cuota parte), pero es más profundo el tema. No ganar en el exterior, está relacionado con el techo que se pone cada uno. La única forma es tomar conciencia individualmente, reconocer, recapacitar, corregir, mejorar y apuntar a la excelencia. Quedarse en las excusas y mirar para el costado, es lo más fácil y conformista. Lo que creés que es, se confirma. Sería bueno que cada uno intente crecer desde su lugar. A mí me toca con el femenino que está en su mejor momento, pero igualmente no se lo valora.

¿Cuánto hay en un entrenador de técnica, estrategia, liderazgo y otras cosas?

Cuanto más escucho y más leo, me doy cuenta que no sé nada. Por otro lado, si simplificamos, vamos a ser mejores. Los técnicos trabajamos para hacer mil cosas a la vez, y eso va en desmedro de la calidad. Los staffs a nivel mundial entendieron que la cabeza no puede dominar todos los aspectos, por eso se dividen el trabajo en varios miembros (defensivo, ofensivo, scouting previo, scouting en el momento, etc). Además, el trabajo debe traducirse en química de equipo, para que a través de los líderes se vea reflejado en todos. A veces nos encontramos con un exceso de información, que al tirarla confunde. También hay otros que prefieren volcar todo y que los jugadores elijan. Es complejo y la carrera del director técnico es poco valorada. No hay una sola verdad, todas son relativas.