La inconsciencia de cualquier pibe que disfruta de lo que hace lo llevó a moldear su forma y estilo de juego. La diversión como principal bastión de guerra fue mutando con el desarrollo de su profesionalismo en el rectángulo. Sus apariencias en los medios crecieron, su nombre empezó a llamar la atención y aquel desfachatado gurí se fue convirtiendo en pilar y en uno de los tantos requeridos del mercado. El tiempo pasaba y los equipos lo pedían. Ya con un trajín realizado, volvió al club de su barrio y se encontró con un obstáculo que le fue quitando esas ganas de ponerse los cortos y entrar a jugar. Volvió a donde todo comenzó para darle fin a su carrera.

Hoy, con medio siglo de vida, transcurre su día en las calles con la responsabilidad de su familia y la de varias más. Defensa férrea y ataque feroz como en sus mejores tiempos, siempre atento para ser ágil y estar al alpiste en una calle que parece una selva pero que no se compara con la zona pintada de aquel entonces. Su nueva labor le da ese cuota ideal de estar en su hogar y compartir con sus tres mejores tiros. Afuera está ella, la mejor DT que tuvo. Va y viene, piensa, cranea y fue sostén fundamental durante los 20 años donde el bichito naranja era el que ocupaba el mayor tiempo de su vida. Alejado del básquetbol despunta el vicio del entrenamiento con una nueva disciplina que combina sacrificio y una tranquilidad que no logró encontrar en otro lado: el triatlón. ¿Qué es de la vida de Gastón Triver? El que arrancó con una irresponsabilidad increíble a la hora de jugar y que terminó su andar en las canchas porque la familia siempre es lo primero.

¿Qué es de la vida de Gastón Triver?

Yo tengo tres hijos, una nena de 15, una de 9 y el más chico de 4. Terminé mi carrera cuando tenía 40 años en Cordón. En todo mi profesionalismo conté con el apoyo constante de mi familia y luego terminé mi estudio en la ORT. Cuando finalicé y empecé a buscar trabajo, luego del básquetbol, con solo el título no te alcanza. Mi familia tiene una empresa de transporte desde hace muchos años y yo fui invirtiendo en vehículos y en cosas para cuando terminara mi carrera deportiva poder dedicarme a eso. Hoy por hoy trabajamos con el transporte escolar que en realidad eso se va heredando, ya sabía que me iba a quedar a mí. Junto a mi hermano, que es agrónomo también, nos estamos dedicando de lleno.

¿Cómo se desarrolla un día en tu vida?

En el rubro al cual me dedico por suerte puedo manejarme. Tengo algunas horas de trabajo y luego se van cortando durante el día. Ahí aprovecho a pasar con mi familia, yo llevo a mis hijos al colegio, las voy a buscar, almorzamos todos y trato acomodar la vida para compartir en familia. Me parece que después de estar 20 años en la vida profesional es momento de que compartir la vida y disfrutar algunas cosas que antes no podía hacer y me las voy perdiendo. Básicamente trabajo con horarios cortados, me dedico a mis hijos luego y en la noche entreno algún deporte que es lo que me saca de la rutina.

¿Qué tan importante fue el sostén de la familia en el profesionalismo?

Yo creo que fue todo. La familia es clave en el apoyo y las ganas de que uno le pone. Uno tiene temperamento y ellos aguantan todo. Mi situación no era la de todos en el básquet. Nosotros no necesitábamos otro apoyo económico, ellos ayudaron pila. A mi me encantaba la parte de entrenar y cuando más entrenaba me sentía mejor y era fundamental tener el tiempo. Yo recuerdo compañeros que trabajaban e iban a entrenar, ahí ya le sacabas una diferencia importante. Las decisiones de la carrera siempre estaban apoyadas por ellos. Yo tuve la suerte de jugar en el exterior, que te ayuda a madurar. En los momentos de crisis me pude ir y para todas esas cosas tenés que tener una base importante.

Todo comenzó

Mis inicios fueron de total inconsciencia. Yo iba, jugaba y me divertía. Así pasé los primeros cinco o seis años donde no sentía la presión de ser un jugador profesional. Yo me dedicaba a lo que quería todos los días y jugaba con la inconsciencia que tenía un chiquilín de 20 años y sin aspiraciones. Yo lo que veo hoy por hoy que las aspiraciones de todos los chiquilines son altas. A mi se me fue dando de a poco, fue un proceso más lento pero gradual, paso a paso. Ahora uno ya quiere saltar al primer equipo a los 20 años y eso se complica. En aquella época había mayor cantidad de jugadores y no podías acceder tan fácil a jugar en primera. Yo jugué un torneo juvenil con Cordón, subí a reserva y luego al plantel principal. Hoy esos pasos son más cortos, ahí se complica mucho para los jóvenes. Yo jugaba por inconsciencia, me divertía. Luego crecí y cambió la responsabilidad.

¿Si tuvieras que elegir un partido cuál sería?

Me acuerdo un partido contra Cordón, luego de haber jugado dos años en el club. Me fui a Trouville porque el “Chino” Izuibejeres me había pedido. Yo en Cordón era suplente, de los que no entraba nada. Pero en un calentamiento previo a un partido me vio y me pidió. Yo lo único que quería era romperla contra Cordón. Me acuerdo que en ese partido jugamos en nuestra cancha y viste que siempre hablan de la ley del ex, yo quería cumplirla. Nosotros teníamos un equipo para pelear el descenso y me acuerdo que tenían un cuadrazo pero estaba motivado y la rompí. Además en la tribuna estaba mi viejo, mi hermano que gritaba como loco. Después terminé volviendo porque era a préstamo y jugué como tres años más, terminé siendo campeón Federal y jugando mucho más.

¿Soñaste con ser campeón en Cordón?

No, jamás. Nunca soñé con nada de lo que se me dio. Todo se fue dando y jamás tuve el sueño ese que tienen todos. Fue todo muy natural. Yo no sé si eso me ayudó o me perjudicó, no se como analizarlo, pero en mi carrera se me fue dando todo bastante bien. En la vida misma se que hay que tener objetivos y sueños pero no me lo planteé mucho. No me arrepiento de nada porque hice todo lo que quise y creo que hice una carrera bastante buena, siempre fui evolucionando.

Te tocó jugar en equipos muy populares, ¿cómo se vivieron esos momentos?

Mi pasaje por Goes fue impresionante porque después te reconocen en todos lados. A cualquier lado que vas hay un hincha de Goes, lo mismo me pasó con Unión Atlética. El equipo donde la pasé mejor fue Trouville pero de todos los equipos me siento identificado con Cordón. En ese momento ya no existían los jugadores que están asociados a un solo club porque ya todos estábamos en todos lados. Había un jugador que se identificaba mucho con un equipo pero en ese entonces se iba perdiendo. Yo estaba identificado con Cordón porque jugué mucho años pero la gente piensa que nací jugando en Malvín porque siempre estuve en el barrio pero no, jugué poco y luego también fui a Unión Atlética.

Siendo de la zona, ¿cómo viviste la rivalidad Malvín y Unión teniendo que haber jugado en los dos?

Yo no lo sentí mucho te soy sincero. Primero había jugado en Unión y luego fui a Malvín y me parece que Unión en aquel entonces había bajado y yo nunca jugué en segunda división entonces nunca sentí eso. En Malvín yo nunca había jugado y cuando me fui de Unión bajaron a segunda y eran cosas diferentes. La gente de Malvín es diferente y ve el básquetbol muy distinta a los de la UA que son muy pasionales.

En Goes jugaste en plena crisis y te tocó vivir un momento muy especial

La gran mayoría de ese plantel vivimos tiempos jodidos, Onetto se terminó yendo a Italia, Muro también y yo luego, eso es lo que nos pasó. Fue medio raro porque habíamos creado un plantel bastante competitivo y teníamos al extranjero Jamel Haywood que venía de ser goleador en un Panamericano con Islas Vírgenes y era el más caro que andaba en la vuelta. Nosotros hicimos tremenda campaña, pero en el final nos terminaron cortando porque no nos podían pagar. Obviamente uno va, le plantea al directivo y ahí aparece el discurso: “bueno déjame ver como hago”. Al final me pagaron todo y no me quejo pero es bravo porque había gente que necesitaba la plata. Deportivamente fue bárbaro, pero a lo último nos quedamos con las manos vacías, entonces uno hace un balance del año y terminó siendo bravo. Cuando terminó, fui y pedí lo mío, me dijeron que no había plata, que le haga un juicio al club. Le hice un juicio a Goes y me terminaron pagando. En ese momento estaba Carlitos Muñoz que la realidad es que tenía varios patrocinios pero se vino abajo todo por la crisis que afectó. Dentro del plantel había varias formas de pensar, yo quería que el americano cobre y que sigamos jugando como veníamos pero porque contaba con el sostén económico de mi familia. Otros querían cobrar sin vuelta y estaban en todo su derecho, había gente que necesitaba la plata para vivir.

¿Cómo hiciste para romper un aro?

Fuimos con un equipo de Miramar reforzado a un torneo en Chile, en un cuartel de bomberos en una cancha abierta pero teníamos un cuadrazo porque estaba Giuliano Rivera, Marcelo Capalbo y varios más. Era la base de Miramar y refuerzos. La gente era hermosa, nos trató como nunca en ningún lado, muy cálido. En ese momento estaba con la fiebre de saltar por todos lados y le rompí el aro mientras estaba jodiendo en un entrenamiento. Era una cancha muy humilde, le rompí el aro y me quería matar. Tuvieron que salir a buscar uno para el campeonato, tenía una vergüenza bárbara. Gente muy humilde y yo le destrocé el aro, no sabía donde meterme.

¿Cómo fue jugar la Liga Sudamericana con Millonarios de Bolivia?

Eso fue raro porque ahí ya estaba retirado, tenía 41 años. Yo después de retirarme seguí entrenando con Malvín durante seis años y nos dijeron de jugar con ellos. El “Chato” Horacio Martínez y yo jugamos contra Trouville, creo que el otro era Libertad de Sunchales de Argentina. El más alto de los bolivianos medía 1.80 creo y nos dijeron si de onda queríamos jugar y la verdad que fue medio vergonzoso. No te imaginas lo que era. Pero es como todo, les falta físico, eso los mataba.

¿Sos campeón Sudamericano con Uruguay en un torneo para personas menores a 1.95 m. ¿Que fue eso?

Fue raro, imagínate que yo mido 1.98 y estaba el flaco Soto que está cerca de los dos metros, la medida ni sé para qué estaba. Uruguay fue con la base menos los grandes. Nosotros dos y Niquichenco por Bouzout y alguno más. Teníamos un cuadrazo. Me parece que se le ocurrió a los paraguayos eso para ver si podían ganar algo o hacerlo un poco más difícil para las potencias. Ni así pudieron porque la final la peleamos con Argentina que también tenía gente de la selección sin los grandes. Vendría hacer un torneo medio moderno como pasa ahora. Hoy los grandes todos tiran y corren como si fueran bajos y ágiles. En ese momento los grandes marcaban el torneo, hoy están pero no terminan haciendo la diferencia.

¿Por qué dejaste?

Porque ya tenía 40 años y mi familia me requería más atención. Desde los 20 estuvieron apoyándome y atrás mío, yo solo me dediqué a eso durante ese período. Ya llega un momento donde uno tiene que pensar en que sucederá después del deporte. Yo necesitaba otros objetivos, sabía que económicamente tenía que hacer otro emprendimiento porque no era lo mismo para mi el básquetbol a los 40. El pasaje de una actividad a otra siempre lleva un periodo de transición y adaptación pero yo intenté ocupar mi cabeza en otra cosa para que no afecte y llevar bien. Igual nunca terminás de una, yo dejé la competencia pero seguí el entrenamiento con Malvín. Terminé con Pablo López y Malvín porque tenía un hijo en camino pero la realidad es que mi cuerpo me pedía ejercicio porque llega un momento que es una forma de vivir. Necesitaba entrenar, quemar energía, tener la adrenalina que no lo logré con el basquet de veteranos. No lo disfruté, lo padecía y me reenganché con el tema de triatlón.

¿Cómo vivís el triatlón?

Me lleva mucho tiempo en el día entrenarme para alguna competencia pero lo disfruto porque me encanta el entrenamiento, te aleja la mente de todo, te crea una responsabilidad diferente. Estás en un ambiente deportivo con gente que está tratando de cultivar la mente y el cuerpo diferente, me está ayudando. A los 50, como tengo ahora, ya no es lo mismo. Tomo otra forma de disciplina, la familia requiere otra cosa, pero uno se acomoda. Este fin de semana me fui a Punta del Este, me lleve la bici y pedaleé 50 km.

¿Extrañas el ambiente del básquetbol?

Cómo sigo yendo al club Malvín veo a los jugadores, veo a mis compañeros, mi hermano está en veteranos y voy a las comidas aunque no juegue. Hablan de básquetbol y la realidad es que se extraña, el ambiente sobre todo. Las reuniones, el joder con los compañeros, eso sí.

¿Siempre estuviste decidido a qué te retirabas y no te relacionabas a otra cosa del básquet?

Si, no me vería capacitado jamás para hacer algo de eso. De repente podría haber estado relacionado o involucrado a algún club porque de hecho yo estudié marketing y gerenciamiento, me gusta toda la parte de administración y de publicidad, relacionamiento. De hecho lo hago en la empresa familiar, soy el que administro y el que busca cosas nuevas, pero nunca estuve identificado mucho con un club por ir de un lado a otro. De repente me veo más identificado con Cordón porque jugué más años ahí o con Trouville, pero tampoco. Si estuviese relacionado más se mete en otro aspecto del ambiente. Me siento identificado con el club pero tampoco tengo un relacionamiento grande. Voy a Malvín y veo al Tano (Somma) en la vuelta y me gusta eso. Me interesó siempre y hasta jugando veía eso. Yo lo hablé con Carlos Muñoz con el que tengo una relación y siempre le pregunté porque se había metido ahí porque no le encontraba la vuelta y luego uno ve que con esa pasión que lo hacen, es algo inexplicable. El “Chino” Izuibejeres fue otro con el cual hablaba porque yo lo veía remar siempre solo contra todos. Todos te explican lo mismo y te dicen que nacieron en el club, que vivieron acá, que la gente de su vida está acá y ahí entendés un poco. Yo nunca tuve esa sensación como para meterme en un club.

¿Fuiste feliz dentro de la cancha?

Si, fui feliz siempre. Durante los primeros años era un inconsciente bárbaro donde no sentía responsabilidad alguna. Jugaba y me divertía. Cuando fui avanzando obviamente fue pesando la responsabilidad sobre mi y el tener un poco más de nombre me hizo cambiar, el ser contratado como jugador franquicia de algún cuadro te hace ir cambiando durante el transcurso. Las notas, los números, uno dependía del rendimiento de sus número para seguir jugando el año que viene. También eso te hace sufrir y es real. Tenés momentos muy buenos como los que viví en Goes pero tenés de los malos como tuve en Unión Atlética donde tenía todo tipo de presiones. El equipo no ganaba, no le encontrábamos la vuelta. Luego en Malvín me pasó en el segundo pasaje donde fui como jugador franquicia y el equipo no caminaba y uno se va a su casa y se queda preguntando, se reprocha varias cosas y a veces todas las variables no dependen de uno. Tenés que tener suerte, ligar con el americano, son varias cosas. Una de mis decisiones por las que dejé el básquetbol fue por Pablo López y él lo sabe. Desde los 25 años fui titular en todos lados, me pide en un momento para que vaya como uno de los responsables del plantel y jugué poquísimo. Ya tenía 37 años y me sacó las ganas de jugar. El loco no me daba participación y yo ya era un jugador maduro, yo le digo que fue él el que me sacó las ganas de jugar. Yo consideraba que podía jugar más, pero de ahí me mermó las ganas y se precipitó el retiro. Me acuerdo que entré desde el banco en un juego, lo di vuelta, era figura y me sacó porque es de la filosofía de los técnicos de terminar con los cinco que se arrancó. Hay técnicos que son muchos mejores técnicamente que otros y están los que tienen más “boliche”que otros. El ejemplo de Berardi es claro, si eras el jugador 12 pero entrabas y cambiabas el partido, no te sacaba al primer error. Te sacaba al tercero, pero seguías jugando si estás en tu momento. Los mismos minutos que un titular, no le importaba. Tengo y tuve siempre la confianza con él y le digo que el me sacó las ganas de jugar. Me encantaba su forma de entrenar pero es muy metódico. A Bruno (Fitipaldo) desde afuera le decía lo que tenía que hacer y lo que no. Hoy lo ves jugar y juega libre, hace lo que quiere y lo hace bien. Fui feliz pero también hay de las malas.