Su vida adentro y afuera de la cancha, el crecimiento del femenino y Malvín en su corazón, con el que se aburrió de dar la vuelta. Pasional y dedicada, con sueños personales y familiares por cumplir. Ella es: Florencia Somma.

¿Qué recordás de tu niñez?

Recuerdo una niñez linda en el Kennedy, colegio al que fui y donde hice mis amigas de la vida, que son las que tengo hasta el día de hoy.  Más allá del club había detrás todo un vínculo hacía el barrio, vivíamos en Malvín y mis abuelas estaban cerca también. En esa época, veraneaba en Cuchilla Alta  porque mi abuela materna tenía una casa ahí y luego con mis padres ya separados, íbamos con mi madre a acampar a Piriapolis. Resumo mi niñez entre el club y todo lo que era el básquetbol, el colegio y las amistades y, por otro lado, las vivencias  con mi hermano que éramos bastante creativos a la hora de jugar. Siempre algo encontrábamos  para hacer.

¿Cómo nace el vínculo con Malvín?

Soy socia de Malvín desde que nací al igual que mi hermano, aunque él también es socio de Cordón porque mi padre jugaba ahí. Llegamos a Malvín porque mi abuelo tenía mucho que ver con el club, bastante antes de que mi padre fuera presidente, incluso fue él quién lo impulsó a serlo.

¿Por qué el básquetbol?

Hacía todos los deportes que ofrecía el club, basquetbol, natación, tenis y en el colegio jugaba al handball. A medida que fui creciendo tuve que decidir y opté por el básquetbol. Me atrajo como deporte colectivo. Es bastante variado, dinámico y siempre me atrapó. Desde chica tengo un  vínculo especial por ir a ver a mi padre jugar, siempre me ponía a tirar en los minutos de tiempo o entretiempos y de ahí creo que surge mi elección.

¿Cómo fueron las formativas?

Desde Mini hasta Mayores hice todas las formativas femeninas. Hubo un momento en el que para elevar el nivel de la competencia empezamos a enfrentarnos con hombres, viajamos al exterior a jugar encuentros amistosos y siempre buscamos distintas alternativas para mejorar; el nivel local no era el mismo que afuera. Un año llegamos a jugar una Liga Argentina y nos terminaron cocinando. Se dio un resultado imposible de que se diera y cuando estábamos en la camioneta nos enteramos de que había ocurrido.

15 veces levantaste la copa, ¿Qué campeonato disfrutaste más?

Recuerdo bastante el primer campeonato por ser el primero, porque era chica y muy importante para que me subieran a la mayor. Fue en cancha de Larrañaga y tuve mis minutos; cuando terminó el partido fui una de las que corté la red y me quedó grabado. Disfruté muchísimo el título del año pasado también, por la inserción de las más chicas más que por mí, verlas disfrutar a ellas y las caras de como lo vivieron en los vídeos que tenemos. Tuvieron mucho protagonismo y eso genera una gran satisfacción.

¿No sintieron la falta de motivación por la poca competencia que tuvieron durante varios años?

Ahí fue donde estuvo la virtud de Malvín como institución, liderada por el proyecto del “Cabeza” Serdio. No querer conformarse con el nivel que mostrábamos en lo local, sino siempre seguir buscando nuevos desafíos y crecimiento. En un momento hicimos un segundo equipo de Malvín, también se armó otro con la selección de Uruguay Femenino y jugamos en una serie contra Cadetes. Se fue dando que empezamos a competir internacionalmente con el club y con Uruguay todos los años. Fueron varios años donde pasaron muchas cosas positivas. En los últimos años,  la falta de competencia internacional  hace que el crecimiento se vea limitado, más allá de que el nivel en Uruguay, hoy por hoy, sea mejor.

Las más chicas te ven como líder y referente, ¿cómo llevas eso?

Es parte de mi rol. Se ha ido dando naturalmente, no fue algo buscado o que me lo hayan pedido. He cambiado mi participación dentro del equipo y en los últimos años he anotado un poco más que antes dadas las características del equipo. No soy una jugadora de 30 puntos por partido ni que tome una gran cantidad de tiros. El liderazgo pasa por el hecho de transmitir una experiencia de algo que ya viví y que  las más jóvenes aún no,  simplemente por una cuestión de edad.

¿Cómo fue el proceso de selección?

Primero estuve en una selección de formativas que entrenábamos en la Escuela Sanguinetti. Las entrenadoras eran Teresa y Brenda, yo regalaba años de edad y esa selección se terminó disolviendo. Yo nunca estuve en una selección de formativas porque no había. Luego se retomó y hasta el 2016 hicimos un proceso donde fuimos dando pasos hacia adelante. Primero ver que era representar a Uruguay, jugar internacionalmente y medir dónde estábamos paradas. Luego, al año siguiente, dimos un pasito más y fuimos competitivos con nuestros rivales directos, no con las potencias. Después ganamos algún partido hasta llegar al 2016, (Barquisimeto)  donde mi expectativa personal era ganar los partidos con Paraguay y Chile, ya que en otras competencias le habíamos ganado a Perú, pero no se pudo lograr. Me hubiese vuelto muy contenta si hubiéramos ganado esos dos juegos. Personalmente me dolió bastante. Ahora hace cuatro años no competimos internacionalmente, ni por selecciones ni por el Sudamericano de clubes. Competir a nivel internacional claramente te hace mejorar, es muy difícil acá compararse con lo de afuera.

¿Qué fue para vos representar a Uruguay?

Genera alegría y orgullo. Es algo que siempre ves de otras disciplinas y nosotros no lo veíamos como algo fácil hasta que pasó. Al principio si bien estaba el orgullo, al no estar difundido era algo mucho más personal. Es decir, nadie sabía que nosotras íbamos a representar a Uruguay en lo que hacíamos y al nivel que lo hacíamos. Ahí ya entra en juego la manera en que uno se tome las cosas, disfrutamos de trabajar muy en serio y fue una experiencia espectacular. Tuve la suerte de estar en un mundial 3×3, algo que en el 5×5 no me pasó ni me va a pasar. Ahora tenía la posibilidad del PreOlímpico pero por todo esto del Covid-19 no se hizo y no sé si la tendré el año que viene. Todo eso es reconfortante.

¿Cuánto cambió el femenino  de antes con respecto al de hoy?

En el presente tenemos una camada de jugadoras muy jóvenes que están en el exterior y que tienen un nivel totalmente diferente al que teníamos nosotras a los 15 años. Hoy es una decisión y una opción intentar dedicarte al basquet, yo a la edad de ellas tenía que terminar el liceo, hacer una carrera y trabajar. En un test vocacional, no existía la posibilidad de ser jugadora, ni siquiera de irte a los campus NBA y todas las cosas que hay hoy. Antes era impensado, no se nos pasaba por la cabeza. Yo jugaba y juego al basquetbol hasta el día de hoy porque me gusta mucho, me divierte y porque soy competitiva. Dentro de nuestras posibilidades, lo hicimos con mucha dedicación.

¿Y en cuanto a la difusión?

Hoy hay una difusión totalmente distinta, está el Cefubb, hay una contención y una estructura que es muy destacable y disfrutable para las jugadoras. Antes se difundía en Zona Naranja que había una página para el femenino y por ahí algún portal. La noticia salía siempre cuando pasaba algo negativo, “fueron al sudamericano y perdieron los siete partidos”. Y hoy si perdés los siete partidos, la noticia es que fuiste competitivo. Recuerdo que Dulio y el “Cabeza” dirigieron una sub 15 que jugó en Flores un Sudamericano y el título de un portal fue: “La tortura de 12 niñas”. Hoy eso no pasa, se ha educado al entorno sobre el lugar al que nos dirigimos y que queremos buscar. Las finales son a cancha llena, televisadas. Se informa desde otro lugar, se reconoce el crecimiento aún perdiendo.

¿Te sentís impulsora del femenino, junto a Victoria Pereyra y alguna más?

No sé si me animo a decir que soy impulsora. Sí, que hemos tenido que ver y hemos aportado desde nuestro lugar para que el femenino hoy sea otra realidad. Toda nuestra generación, entrenadores, profes y delegados colaboraron, no sólo nosotras. Para un viaje obviamente teníamos que juntar la plata e hicimos todas las cosas que se te puedan ocurrir para recaudar dinero. Los padres nos ayudaban una enormidad y quienes trabajaban en el femenino no lo hacían para sacar un beneficio económico ni por ningún tipo de interés. No volvería el tiempo para atrás para poder vivir lo que hoy viven las jóvenes, fue lo que nos tocó a nosotras y estamos felices por lo que hicimos. Hoy disfruto plenamente de esta realidad de femenino y que a mi me haya tocado lo que me tocó, sin dudas me ayudó y mucho para formarme como persona y como profesional. Lejos estoy de quejarme.

Pasando a lo profesional, sos Licenciada en Educación Física…

Me recibí en el 2011 en la ACJ . Yo entrenaba con Andrés Barrios en Maldonado, establecí un vínculo con él. Andrés fue muy generoso conmigo en cuanto al conocimiento y en el momento que me empezó a interesar más lo profesional, me ayudó un montón.

¿Cómo se dio el empezar a trabajar en Malvín?

Andrés trabajaba acá en Malvín con un grupo y me ofreció para que lo empezara a ayudar con jugadores seleccionados que tenía. A su vez, también le daba una mano a Nestor Lucas en la preparación de los Cadetes y Juveniles.  Al año siguiente entre Nestor y Alejando Infantozzi me ofrecieron para que me encargue de los Pre Mini y Mini.

¿Cómo fue el proceso hasta llegar al plantel principal?

Estuve unos cuantos años en el Mini basquet que es algo que hasta hoy extraño y a partir de ahí fui ascendiendo de categorías con respecto a las edades, pasando por todas. Hace unos años me quedé con Cadetes, Juveniles y Sub 23. El vínculo con la mayor empezó ayudando a Nestor y haciendo unos trabajos individuales con Nicolás Mazzarino y Federico Bavosi. Al año siguiente trabajamos juntos con todo el plantel, fue el último año que salimos campeones y pasó que Nestor tuvo que dejar por otro trabajo y me quedé yo sola.

¿Alguna vez te sentiste incómoda por ser mujer?

Nunca me pasó. Partimos de la base de que las personas son personas independientemente del sexo y lo que hay que respetar es la persona. Desde que empecé a integrar el plantel tuve un recibimiento espectacular por parte de los jugadores y del cuerpo técnico. Soy una agradecida a Pablo López, al “Chato”, al “Pájaro” y ni que hablar de Nestor que fue quién me planteó ayudarlo. La relación es de respeto mutuo, hay jugadores que los tuve desde muy chicos. A varios los conozco de muchos años, pero cuando llega alguien nuevo que no es del club la relación es muy buena. Con el correr de los años hemos creado una relación que va más allá del trabajo y del cuerpo técnico-jugador.

¿Qué tal es trabajar con Pablo López?

Pablo ha inculcado una forma de trabajo y una dedicación por lo que hace que es admirable. Yo he aprendido un montón con él y tenemos una relación en la que él es el jefe del equipo pero hay un diálogo constante para la planificación de entrenamientos y objetivos que queremos alcanzar con el plantel. Trabajamos colectivamente, utilizamos mucho el trabajo de las formativas integrado a la mayor. Obviamente a veces tenemos nuestras discrepancias, yo planteo mi postura pero él es quién toma la decisión final.

¿Está en tu cabeza dejar de jugar?

Ya hace un par de años que me da vueltas en la cabeza. Creo que el día que deje de jugar va a ser porque no voy a estar pudiendo hacerlo como yo lo quiero hacer. Si fuese por mi jugaría para siempre, pero obviamente ya no es lo mismo venir a practicar a las nueve de la noche después de trabajar todo el día. Hay veces que tengo más o menos energía. Mientras pueda seguir cumpliendo con todo lo haré, cuando me dé cuenta que no, considero que sería injusto con el resto de mis compañeras y dejaría de hacerlo.

¿Te interesaría ser entrenadora?

Hice solamente el Nivel 1 del curso de entrenadores como complemento cuando estaba trabajando en el Mini basquet y por si surgía cualquier eventualidad. En ese momento estaba el tema de firmar la planilla. Por ahora no me interesa dirigir, por más que lo hago en el colegio que trabajo que tenemos un plantel femenino y se organiza un campeonato intercolegial con los demás colegios de Sudamérica: American School de Uruguay, Chiile, Ecuador, Perú, Argentina y Brasil. Es otro nivel que no tiene nada que ver con la Federación y lo disfruto un montón.

¿Qué otros trabajos tenés?

Además de trabajar acá y en el colegio, soy docente de la Licenciatura de Educación Física en la ACJ. Me gusta porque es una rama de la docencia que es enseñar a enseñar, el objetivo es formar a docentes que tienen que enseñar. Empecé a dar clases al año siguiente que me recibí. Iba a empezar como practicante pero quedó un cupo y ahí arranqué. No conocía ese lado y me gustó, el acompañar al estudiante y todo lo que eso conlleva. Me gusta enseñar a mi manera, con mi forma de ver las cosas, aunque siempre digo que para nada es una verdad absoluta. Y por último pusimos un gimnasio “SPORTSLAB” con “Pitu” Santiso y Mariana Sosa, estamos contentos y le estamos metiendo bastante. Se han armado lindos grupos, empezamos para ver que pasaba y por ahora venimos bien.

¿Hace cuánto y cómo surgió la relación con Mariana?

Con Mariana vivimos juntas hace cinco años y llevamos de relación ocho. Fue surgiendo y se fueron dando las cosas, nos conocimos por la profesión y los mismos círculos. Ella trabaja en 25 de Agosto con Javier Espindola y en las formativas también, incluso es por ella que se consiguió el lugar de que el gimnasio sea ahí y acá en Malvín trabaja con el femenino.

¿Quién es Florencia Somma?

Soy bastante dedicada y pasional con lo que hago, disfruto mucho de la familia, de mi casa y mis amigas. Me gusta establecer relaciones con las personas y trascender un poco más de la relación profesional, así como también entender a la persona como un todo y que le pasan cosas.

Sueños…

Sueños deportivos ya no tengo, juego porque me gusta mucho, lo disfruto. Pienso que si dejara de jugar, me faltaría esa adrenalina de la competencia. En mi vida, formar una familia y disfrutar de una buena salud sería lo más importante. Profesionalmente, me gustaría trabajar al mejor nivel que pueda, independientemente de los resultados, hacer las cosas como creo que hay que hacerlas porque considero que el resultado es una consecuencia de eso.