Siguiendo con la ronda de entrevistas a quienes escribieron la más rica historia de la selección uruguaya, Basquet Total dialogó con Eduardo “Peje” Larrosa, integrante de la generación de los Juegos Olímpicos de 1984 quien actualmente se encuentra viviendo en España, recuperándose del Covid-19.

¿Cómo ha sido la recuperación del Covid-19?

Fue algo muy raro. El día de mi cumpleaños (31 de marzo), luego de haber pasado la noche anterior con un dolor fuerte en la zona abdominal, fui al médico y me mandó al hospital donde me diagnosticaron apendicitis aguda y al otro día me operaron. A los dos días me hacieron el hisopado y uno de los test me dio positivo. Estuve 15 días en el hospital aislado pero por suerte no llegué a estar entubado. Luego estuve en un hotel continuando con el aislamiento y luego en mi casa 15 días más en donde me apareció una trombosis en una de mis piernas, que es una de las secuelas que deja en COVID-19. Hoy estoy mucho mejor pero sabiendo que esto es de por vida. Las secuelas pueden quedar hasta seis meses por lo cual hay que seguir cuidándose. La situación acá esta complicada nuevamente, sobre todo en Catalunya donde están manejando volver todo para atrás.

¿Cómo fueron tus inicios en el básquetbol?

Yo empecé en Aguada por que nací en el barrio. Media 1,95 metros y todos me decían que tenia que empezar a jugar. No tuve la suerte en el club que me enseñaran y sumado a que las condiciones para entrenar no eran las mejores, decidí no ir mas. Luego de unos meses, yo estaba en el taller mecánico de un amigo y llegó un señor mayor quien me pregunta si jugaba al básquet y que edad tenia, quedando impresionado con mi altura. Me invitó a ir a jugar a Olimpia, pero en primera instancia no fui porque me quedaba lejísimos. A la semana me encuentro a este hombre nuevamente en su Mercedes Benz en el barrio. Resulta que este señor era Roberto Lovera quien insistió y luego de hablar con mis padres me convencieron para ir a Colón. Tuve la suerte de encontrar al entrenador Carlos Cuezzo quien me enseñó todos los fundamentos. Increíblemente me pidió que le prometiera que en un año tenía que estar en la selección juvenil y finalmente al año era titular en dicha selección.

¿Cómo fue el Sudamericano 1981 en Uruguay?

Tuvimos la ventaja de estar muy bien físicamente para ese campeonato. Radamel Ventura nos entrenaba en la parte física y teníamos como técnico a Ramón “Pirulo” Etchamendi y Hugo Berardi como ayudante. Teníamos claro que, si bien éramos locales, debíamos enfrentar a Argentina y Brasil que eran rivales muy duros. Una de las anécdotas es que en la final con Brasil jugamos los cinco titulares todo el partido, sin realizar ningún cambio durante el mismo: Carlos Peinado, Wilfredo Ruiz, Horacio López, Hebert Núñez y yo. Le pudimos ganar a Brasil que estaba lleno de figuras y de esa forma logramos el campeonato. Previo al partido, con Walter Pagani habíamos prometido que si salíamos campeones nos tirábamos al agua en la playa Carrasco. Era pleno agosto y el frio era tremendo que no podíamos ni abrir las ventanas de ómnibus. Pagani se mojó hasta las rodillas, pero yo me tiré y la sensación fue horrible, no podía sacarme el frio. Pero no quedaba otra, había que cumplir (risas).

¿Como fue la preparación para los Juegos Olímpicos?

Tuvimos el Preolímpico en San Pablo que anduvimos muy bien donde salimos segundos por encima de grandes potencias. Antes de llegar a Los Ángeles, no tomábamos la dimensión de lo que habíamos logrado, la realidad es que luego de muchos años Uruguay volvía a estar en los Juegos Olímpicos. Pero luego de llegar a Los Angeles te puedo decir que es algo impresionante: La villa olímpica, las instalaciones, todo el entorno de los partidos, fue algo realmente fabuloso. Estar en una olimpiada para cualquier deportista es lo máximo.

¿Qué evaluación hacés de ese sexto puesto?

Quedamos muy conformes. Uruguay es un país tan pequeño, con tan pocos deportistas comparados con países muy poderosos que tienen mas deportistas que toda la población de nuestro país, que cuando lográs un sexto puesto y ves todas las potencias que quedaron atrás, no lo podes creer. Esa ubicación en los Juegos Olímpicos fue una verdadera hazaña.

¿Cómo fue la planificación del partido frente a Estados Unidos teniendo en cuenta la superioridad?

Le gané el salto inicial a Michael Jordan, así que arrancamos bien (risas). Me acuerdo de que estábamos en el vestuario y nos mirábamos las caras, la verdad que entramos con el puñal en la mandíbula porque nosotros entrabamos para ganar, pero sabiendo que no lo íbamos a hacer porque enfrente teníamos a Estados Unidos. La planificación fue en base a Jordan, pero ese plantel tenia grandes jugadores por lo cual era muy difícil competir en ese nivel. Lo importante era que estábamos allí, el partido era trasmitido para todo el mundo y eso nos llevaba a elevar nuestro ánimo y disfrutar de lo que estábamos viviendo.

¿Cómo era el estilo de juego de esa generación?

Nosotros teníamos clara nuestra falta de altura. Pero en contrapartida, teníamos muy claros los roles en el equipo. Peinado trasladaba, Tato López y Fefo Ruiz tomaban los tiros, yo reboteaba y volaba sobre el aro y Fonsi Núñez aportaba con su tiro de media. Luego todos colaborábamos con una defensa muy sólida, dejando la vida como si fuera la última pelota. Esto ayudaba incluso a los compañeros que ingresaban desde el banco porque no desentonaban. Sabíamos lo que queríamos como equipo. Por su parte, teníamos un gran entrenador, Etchamendi quien era un show aparte con los jueces y la mesa, pero fue de gran ayuda sumado al aporte de Berardi que tenía la virtud de estudiar mucho a los rivales para hacernos la tarea más sencilla.

¿Cómo definirías a Tato López?

Fue de los jugadores mas dotados del basquetbol uruguayo. Creo que podría haber llegado a mucho más, no tengo claro si no se lo propuso o con lo que hizo a nivel nacional le alcanzó, pero sin dudas que podría haber estado en grandes ligas del mundo.

Luego de las olimpiadas, sufrir una lesión en el hombro, ¿cómo fue?

Estábamos jugando un torneo en Taiwan y frente a Canadá, como yo soy bruto para jugar (risas), le tire un manotazo de costado a un rival para sacarle el balón y en ese momento se me salió el hombro. Tuve que estar 21 días con el brazo inmóvil y allí justo estaba el Sudamericano en Medellín, pero no pude participar.

¿A que atribuís el bajo rendimiento del Mundial 1986?

Realmente no fue bueno. El plantel pegó un bajón, de repente nos creímos algo que todavía no habíamos terminado de cumplir. Si bien es verdad que el sexto puesto olímpico derivó en un respeto a nivel internacional, no pudimos demostrarlo en ese Mundial que fue espantoso, terminando muy abajo.

 Luego de finalizar tu carrera como jugador, te fuiste a Ecuador ¿Cómo fue esa decisión?

No fue una decisión fácil. Tuve que decidir dejar a mi familia y muchas otras cosas. La realidad es que antes de esta etapa, quise hacer el curso de entrenador de básquetbol en Uruguay, pero la Federación no me lo permitió. Cuando voy a inscribirme me pidieron tener secundaria completa y yo no tenía porque como me dediqué al basquetbol profesional desde muy joven había dejado el estudio. Yo no pedía que me dieran el carnet de entrenador pese a mi trayectoria, yo quería estudiar, pero no me dejaban inscribirme porque no tenia el liceo terminado. Fui a hablar con el presidente de la FUBB y su respuesta fue negativa al igual que la del Comité Olímpico, lo cual para mi fue un dolor enorme que me llevó a cuestionarme que hacía en Uruguay ante esa negativa. Luego de 20 años defendiendo a la selección, tanto sacrificio defendiendo a mi país, cuando los necesité para poder seguir vinculado al básquetbol enseñando a los mas chicos, la FUBB no me lo permitió porque me faltaban dos años de secundaria. En ese momento decidí irme muy dolido porque sentí que no valoraron todo lo que di por Uruguay y allí fue donde apareció la posibilidad de ir a Ecuador a través de un gran amigo donde me recibieron de gran manera. Me dieron la posibilidad de ser entrenador, aceptado en todos lados y muy respetado donde estuve durante 15 años. Luego de un Mundial en Italia de MaxiBásquet donde jugué por Ecuador, me quedé en Europa dado que tenia varios amigos y finalmente me radiqué en España donde puedo seguir ejerciendo la profesión de entrenador.

¿Cuál fue el momento más alto de tu carrera?

Hubo varias etapas buenas a lo largo de mi carrera. Me acuerdo el año que gane el balón de Oro. Fue en un Federal donde todos los partidos había veedores y te daban un puntaje del 1 al 10 y se iba acumulando hasta el final de temporada donde el jugador de mayor puntaje obtenía la distinción. Finalmente lo gané siendo muy joven, tenía 18 años. Ese fue un punto alto porque fui muy regular durante todo el año teniendo puntajes de 7/8 en todos los encuentros.