Algunos de sus amigos lo comparan con Sebastián Abreu por la cantidad de equipos en los que jugó al básquetbol. Lo disfrutó al máximo. Está agradecido con las más de 20 instituciones que lo contrataron ya que en todas se sintió muy cómodo, pero no duda en destacar a Aguada como el equipo que lo identificó más, actualmente juega en las categorías de maxibásquetbol del aguatero.

Nació a pocas cuadras del Prado de Montevideo, supo ser jugador de fútbol en River Plate hasta que se decidió por la naranja, fue así que comenzó una larguísima trayectoria en la Institución Deportiva y Social Olivol Mundial. Jugó en las tres divisionales del básquetbol uruguayo, desde la DTA a Liga Uruguaya.

Hasta que un día se dio cuenta que le costaba armar el bolso para entrenar y fue así que dejó la actividad en 2010 jugando para Larrañaga. Pasó el tiempo y le volvió a picar el “bichito”, se calzó los cortos de Lagomar a los 48 años en la DTA 2015, pero con el paso de los años comenta: “Ya no fue lo mismo y no fue la mejor decisión volver a jugar”.

Hoy con 53 años está  arraigado en Solymar, disfruta de su familia y vive tranquilo de su trabajo de herrero ya que no tiene horarios. Sabe que dejó una marca con su trayectoria, por la forma que defendió cada camiseta que se puso. Amablemente, en la barbacoa de su casa, con la atenta mirada de satisfacción por parte de su hijo Agustín, estuvimos hablando de la vida con Alejandro Francia.

¿Qué es de la vida de Alejandro Francia?

Hoy estoy trabajando en la herrería, tengo el oficio y después de lo que pasó con la pandemia lo estamos desarrollando de lleno. Yo estaba trabajando en una empresa de casas prefabricadas de madera, pero achicó el personal y ya no estoy más ahí. Yo por suerte tenía este oficio y ahora lo estoy empleando 100%, es la entrada económica que tenemos en mi casa.

¿Por qué el básquetbol?

Empecé cuando tenía 8 o 9 años en Olivol Mundial, me llevaba un vecino, al hijo y a mí, pero un día se le rompió el auto y no fuimos más. Yo vivía en Margarita Uriarte De Herrera y Quesada (cerca del Prado), entonces arranqué a jugar al fútbol en River Plate con Gustavo Poyet. Me llevó el padre de un amigo de la escuela, pero jugué sólo un año y me volvieron a ir a buscar de Olivol. Ahí ya me quedé, tenía 14 años por ahí. Comenzó como un hobby y después se fue encaminando la carrera. Luego mis padres se mudaron a Punta Gorda y fui a jugar a Malvín, ahí fue que arrancó toda la recorrida de equipos (risas).

¿Te acordás de tu debut?

Yo estuve en Biguá y tuve unos minutos en el equipo de primera, pero no muchos, porque había un problema con las fichas no oriundas. Podían jugar tres y yo era el cuarto, casi no jugaba. Ahí me fui a Tabaré y empecé a jugar en primera con 18 más o menos. Después me quedé ocho años seguidos ahí.

Por esa cantidad de años ¿Es Tabaré con el equipo que te sentís más identificado?

Si bien en Tabaré jugué muchos años, yo la particularidad que tenía era que en cada equipo que jugaba dejaba todo, porque era una forma de identificarme. Capaz que por los años, puede ser Tabaré. Después en alguna circunstancia de determinados clubes, la gente te hace sentir parte de esa institución. Actualmente estoy jugando en veteranos y tengo un montón de amigos, me siento identificado con Aguada. Más allá que jugué un par de años, ahora sigo con los veteranos. No quiero despreciar a ningún club de todos los que jugué porque todos me trataron muy bien y cada uno tiene sus cosas.

Te tocó jugar en equipos populares en un corto tiempo: Atenas, Goes, Aguada, Nacional. ¿Cómo se vivió todo eso?

Jugar en Goes y en Aguada tiene un plus. La gente es diferente y hay una rivalidad, son los verdaderos clásicos. Son equipos que vibrás por la gente, porque así te lo transmiten y a mí forma de jugar era como una adrenalina aparte que tenía de jugar en esos equipos. Capaz hay gente que de repente no le afecta mucho, pero a otros nos da un plus de dejar todo y jugar a full como si cada pelota fuera la última. Eso fue lo que me pasó cuando yo jugaba en Aguada y Goes.

Si bien quizás antes era más normal jugar en los dos equipos más populares. ¿Te generó algún problema en aquel momento?

No, en ningún momento. Yo no tuve problemas con ningún equipo, al contrario me han tratado bien en todos. Nunca tuve problemas por haber jugado en Goes y Aguada. Mismo cuando jugué en Atenas y Welcome que eran más o menos del barrio, tampoco me pasó nada. Eso es lo que te queda del básquetbol, más allá que quizás yo tenía una forma de jugar que dejaba todo en la cancha, es que los hinchas de los clubes te valoran todo eso.

¿Ese plus que te da el hincha de Aguada o Goes es la diferencia que tienen del resto de las instituciones?

Yo lo dije hace tiempo en una entrevista que me hicieron. La particularidad de jugar en Aguada y Goes es que tienen toda esa gente que le da un plus a un jugador, te sentís con más ganas, por más que yo jugué en todos los equipos igual aunque tenían 20, 50 o 500 personas, para mí era lo mismo. Pero cuando entrabas a la cancha, te daban esa particularidad que los demás no tenían, por más que todos me trataron bien.

¿Cuál fue tu verdadero retiro, en Larrañaga 2010 o Lagomar 2015?

(Risas) En 2010 en Larrañaga. En 2015 fue un pasaje medio breve que no sé si tendría que haber hecho, pero ta. A mí un amigo me dijo una vez que cuando me costara armar el bolso tenía que dejar. Yo en 2010 cuando tomé la decisión, para mí fue el momento correcto. Después en Lagomar como yo estaba trabajando y jugaba mi hijo (Agustín) en inferiores, yo le daba una mano a Fabián Cabrera. Tenía una parte que hacía toda la entrada en calor y demás en el calentamiento, ahí fue que el presiente me vio y me empezó a decir: “Dale, empezá a jugar, empezá a jugar”. Tanto me insistieron, es que jugué pero no fue lo que realmente hubiera querido. Son cosas que ya están hechas. Por eso te digo que para mí, me retiré en el 2010 con 43 años.

¿Por qué dejaste?

Yo trabajaba, llegaba a mi casa, armaba el bolso y me iba a entrenar. Estaba de lunes a domingo fuera de mi casa. Entonces llegó un momento que me di cuenta que perdía un montón de cosas, como el crecimiento de mis hijos, estar con la familia. Ponés todo en la balanza para tratar de vivir esos momentos y te das cuenta que tenés que vivirlos, esa fue una forma de haber decidido dejar de jugar.

¿Seguís vinculado al básquetbol en Lagomar?

No, no. En Lagomar fue una etapa cuando Agustín estaba en inferiores, ahora está en el plantel principal. Siempre que puedo voy a verlo, este año va ser muy atípico porque no se va a poder ir a la cancha, pero lo seguiremos por la televisión. A mí el básquetbol me fascina, por suerte a él le gusta también. Eso está bueno, que tengas un hijo que siga jugando. Yo después tengo otro hijo que jugó, pero no siguió.

¿Con que jugador de la actualidad se siente reflejado Alejandro Francia?

(Risas) Lo que pasa que ahora son tan diferentes los jugadores, se juega a otra cosa. Hay muchos jugadores que tienen condiciones, pero no me veo reflejado con ninguno en particular. Porque todo el básquetbol ha cambiado, ahora es otro básquetbol completamente diferente, otra forma de jugar.

¿Era más difícil antes que ahora?

(Suspira) Y…eran canchas abiertas, era otra cosa. Pasaba los inviernos practicando afuera, ahora son todos gimnasios con pisos flotantes, antes eran de hormigón. Ya de por sí, va cambiando todo. Eran canchas muy difíciles, ahora ya no son como antes, por ese lado cambió un poquito el básquetbol.

En cierto tramo de tu carrera tuviste un duro revés personal por el fallecimiento de tu hermana. ¿Fue un momento que te sentiste muy querido por el ambiente del básquetbol?

Siempre dije que soy un agradecido al básquetbol. En la mayoría de los clubes a raíz de lo de mi hermana se hicieron alcancías para juntar plata, partidos a beneficios, gente que colaboró de forma particular. Eso de cierta forma habla bien de uno y que no hizo las cosas tan mal, como cuando uno dice “Francia cuando entraba a la cancha se hacía cobrar técnicos, esto y lo otro”, quiere decir que afuera uno hizo las cosas bien y que la gente en cierta forma es lo que te reconoce. Es un agradecimiento que tengo, porque todo el mundo colaboró en un momento muy difícil. Un agradecido de haber tenido todo ese apoyo de la gente, todos con su granito de arena, pero de una forma u otra colaboró todo el mundo.

¿Qué sentiste cuándo se dio toda esa movida del ambiente deportivo?

Yo en ese momento estaba jugando en Bohemios. Y ahí la gente de Bohemios se juntó con la de Tabaré e hicieron un partido a beneficio, después un montón de gente particular que colaboró. Mismo amigos que tengo en EEUU hicieron una colecta con la colonia de uruguayos allá y me mandaron el dinero. Gente del fútbol también, hice amistad cuando jugué en Goes por ejemplo con el “Manteca” Martínez, él también colaboró. Por eso te digo, gracias al básquetbol es que me pudieron dar una mano en un momento tan difícil que me tocó vivir (dice emocionado), pero bueno la vida sigue y esto continúa.

Hay una sección en Básquet Total que son notas a los jueces y varios te han nombrado cuando les preguntan cuál es el jugador más difícil que les tocó arbitrar. ¿Tan complicado eras?

Yo no sé si era complicado, quizás tenía una forma de jugar que a otros jugadores la misma situación no eran pitadas de la misma forma. No eran equivalentes, no se medía con la misma vara. Esas cosas a mí me molestaban mucho, era una forma de protestar, que no estaba bien, vamos a decirlo. Pero en ese momento que estás con la adrenalina de los partidos jugando a full por cosas importantes, siempre se cortaba por el lado más flojo. Por eso a veces los jueces me lo decían, hoy algunos son amigos, otros son conocidos y  te dicen: “Pah, que pesado que eras”, pero son cosas que quedan en la cancha.

¿Cuál fue el árbitro más complicado?

Uno que parecía que la tenía conmigo era Ortuño (Santiago). Cada vez que hacía él se me complicaba. Después tenías a Julio Dutra (Padre) que por ejemplo vos le podías preguntar las cosas y él te explicaba con su paciencia, te cobré esto, por esto y por esto. Pero con Ortuño no, no le podía ni hablar, ya sabía que era así. Esas son cosas que te van generando rispidez con los jueces, aparte en esa época había muchos jueces que no te dejaban pasar una, otros sí, pero la mayoría no. Como todos, pero de esas generaciones ya no queda ninguno.

¿Cuál fue el rival que te buscaba por tu forma de jugar?

Todos. Por mí forma de jugar, todos buscaban la forma de hacerme entrar para sacarme del juego. Cuando no lo lograban, era el momento que yo andaba bien, pero siempre buscaban a alguno para que hiciera ese trabajo. Los rivales eran casi todos, por la forma de jugar que tenía (risas).

¿Cómo es hoy un día en la vida de Alejandro Francia?

Cuando tengo trabajo estoy con la herrería, estoy trabajando con un cuñado acá en casa. Después haciendo cosas de la casa, tratando de estar con mi familia. Ayer por ejemplo, fui a ver una práctica de Agustín en Lagomar, que hacía tiempo que no iba. El día a día es diferente, pero más o menos es mi rutina. Lo más importante es la familia, que es lo que te queda.

Te tocó descender con Aguada y a pesar de que es una de de las hinchadas más pasionales tienen un buen recuerdo de vos. ¿Por qué crees que te pasó eso?

Sí, el hincha de Aguada quiere que vos dejes todo. Ese año fue complicado porque no arrancamos muy bien y nos tocó bajar con Welcome. Por suerte tuve la posibilidad de quedarme un año más en 2008 y ahí fue cuando le ganamos a Goes en el Cilindro, que se armó el lío famoso. Hoy la gente me cruza, recuerda las cosas buenas y las malas también, por eso sigo vinculado con amigos jugando ahora en veteranos. Fue un momento bravo, pero yo tuve la suerte de revertirlo y ascender al otro año, hasta el día de hoy sigue en la Liga.

¿Fue una noche magra ese clásico en el Cilindro?

Fue una noche media complicada, porque la gente fue a ver un partido de básquetbol y pasó ese lío, que en parte fue por una estupidez. Yo me acuerdo que había ido mi señora y con Agustín que era chiquito, yo estaba en el medio separando porque conocía a la gente de Goes porque había jugado ahí. La policía le tiraba gas a todo el mundo, palazos para todos lados, no son cosas lindas, no debería pasar. Un hincha puede ser fanático, pero no al extremo de llegar a ese punto de armar ese lío. Sí defender la camiseta como hincha, pero no llegar al extremo de eso que pasó, que fue una noche desagradable que podía haber sido más linda.

¿Tuviste algún debe en tu carrera?

Creo que si no hubiese sido por el carácter, podía haber llegado un poco más lejos. Con el diario del lunes, como se dice, es más fácil. Me hubiera gustado jugar a nivel internacional.

¿Fue contraproducente el tipo de carácter que tenías para que algún técnico no te quisiera?

Fue contraproducente por un tema personal, no creo que por los técnicos. Ellos te ponían las pautas, porque sabían que me podían cobrar algún técnico u algo y era la forma de que me frenaban antes. Pero tuve un montón de entrenadores, con muchos tengo amistad, afinidad. Pero el carácter me fue contraproducente para no llegar a otro nivel.

Hablamos del ascenso con Aguada, pero tenés campeonatos, con cual te quedás: ¿Bohemios o Tabaré?

Fuimos campeones con Tabaré en 2003 y para mí fue un año complicado porque perdí a mi madre. Y esa temporada fue mi mejor año, por lejos. Fui nombrado el mejor deportista del año en al divisional, tuve un promedio impresionante. Y mi madre siempre me decía: “Si vos jugás tranquilo, sos un jugador de básquetbol. Si te pones loco, perdés todo”. Y ese año me pasó eso, hice click, lo hice por ella. Fue mi mejor año el 2003. Después el torneo en Bohemios también fue muy lindo, teníamos un plantel importante, fue cuando se armó el lío en cancha de Cordón, el que ganaba subía en la cancha de ellos, y lo ganamos nosotros, después salimos campeones. Fueron etapas diferentes, pero es muy lindo salir campeón, por la gente y por el grupo. Son cosas que te quedan grabadas.

Hay una imagen de la revista Zona Naranja que se te nota muy emocionado cortando la red con la camiseta de Tabaré. ¿Fue por el objetivo de haberle cumplido a tu madre?

Sí, son cosas lindas de recordar. Esa red la tengo ahí guardada (señala con la mano), está entera. La mayoría de las veces se corta y se reparte un poco para cada uno. Yo la tengo entera, me falta una tirita no más. Significaba mucho para mí. Además, justo estaba mi padre ese día, que le regalé la camiseta que hoy en día la tiene Agustín encuadrada en el cuarto, porque es la primera camiseta que debuté junto a una de Lagomar cuando debutó él en primera. Están las dos en el cuarto, porque mi viejo se la regaló a él con el pasaje de los años.

¿Cómo se conforma tu familia?

Acá vive mi señora, mi hijo y yo. Después tengo otro hijo (Mathías) en Argentina que está con su señora y tengo dos nietos, uno argentino y el otro uruguayo. Después está toda la familia de mi señora que son los que siempre estuvieron, les gusta el deporte y siempre estuvieron ahí.

¿Tu otro hijo juega al básquetbol? ¿Y los nietos van encaminados o no?

Mis nietos son chicos, uno tiene 7 años y el otro 3. Mi hijo, es el más grande de los dos, tiene 30 años. Él siempre quería ir a jugar a donde yo fuera, tenía buenas condiciones, pero nunca llegó porque no tenía la constancia de entrenar, entonces a veces eso es contraproducente, es la diferencia con Agustín que a él sí le gusta entrenar.

¿Cuál fue la cancha más complicada que te tocó jugar?

Uhhhh, canchas complicadas hubo montón. Antes eran abiertas y eran las más complicadas, la de Waston, Las Bóvedas, eran todos equipos de barrio, pero querían que ganara su equipo y eran bastante difíciles para jugar y mismo para salir también.

¿Alguna vez te presionó alguna hinchada en un entrenamiento o antes de un partido?

No, por suerte no tuve eso. Habrá sido por mi forma de ser capaz, yo sé que hubo compañeros que en clubes los han increpado por un montón de cosas, pero por suerte, en todos los equipos que jugué nunca tuve un problema de ese estilo, sino al contrario, siempre palabras de aliento, uno está defendiendo un club, es lo menos que puede hacer un hincha.

Económicamente. ¿Te dejó algo el básquetbol o te sirvió para el día a día?

En mi situación era un sueldo más. Yo siempre trabajaba y jugaba. Sólo un año vamos a decir pude vivir del básquetbol que fue cuando jugué en Welcome, pero después siempre era un complemento al sueldo del trabajo. Por eso a veces cuando hablamos de la carrera es muy sacrificado, porque uno trabajó ocho horas, llegaba a mi casa, me cambiaba y me iba a entrenar, después llegaba a las 12 de la noche o 1:00 de la mañana. Me perdía de estar con Agustín que es el que vivía conmigo, porque cuando llegaba de practicar ya estaba durmiendo y al otro día a las 6:30 ya me iba a trabajar. Y así era de lunes a domingo, por eso cuando dejás de jugar es algo que ponés en la balanza y tratás de recuperar el tiempo que perdiste estando con tu familia.

¿Cómo hacías para no llevar los problemas de tu trabajo a la cancha?

A veces trataba de separar las cosas. Pero era medio difícil, era contraproducente, se te iba el carro porque tuviste un día malo y justo tenía partido, entonces era complicado, no es lo ideal. Trataba de apartar las cosas, pero era parte del día a día.

¿Qué te dejó el básquetbol?

Me dejó muchas amistades, mucha gente que te valora y hasta el día de hoy te da un abrazo, un saludo, un mensaje. Muchos amigos, y lo más importante seguir jugando que es lo que me fascina y que mi hijo pueda seguir la carrera. Hoy en día ir a verlo a él es lo más importante.
Lo bueno son los amigos, algunos están en los veteranos,  juego contra ellos e igual juegan a muerte (risas). Eso está lindo, porque somos gente adulta que ahora por momentos nos divertimos. En veteranos hay ex jugadores o algunos que nunca jugaron y son de repente los que te pegan o algo, no me voy asustar, pero al otro día hay que ir a trabajar y si te lastiman no es lo mismo. Juego a ganar como si estuviese en un campeonato de mi carrera, no me gusta perder. El año pasado salimos terceros en más 45 y campeones en más 50. Este año voy a jugar en más 45, más 50 y más 55, porque puede jugar uno de 53 años como yo, por suerte seguimos en rodaje. Lo lindo es que te juntas con amigos y por un bien común de salir campeones que en estas categorías de veterano es lo que te llena.