Seguramente nunca se detuvo a pensar en el trabajo que hacen, la atención casi nunca está sobre ellos, pero sin su presencia no puede jugarse y con un error o acierto en el momento señalado pueden incidir como un jugador más en el partido. Hoy en la “Cara no visible” es el turno de saber mucho más sobre los delegados de mesa, como siempre reflejando la realidad con la palabra de los protagonistas.

Sin dudas podemos decir que Edgardo González es un histórico en la tarea, actualmente está contratado por Hebraica y también trabaja para Olimpia, pero trabajó en más de una decena de clubes, siempre con el “OK” del macabeo: “Soy un agradecido a Hebraica que me permite trabajar en otros clubes, en esto que para mí ya es un trabajo pero nunca dejó de ser una pasión”, y no duda en afirmar que son como un jugador más, ya que por errores de la mesa se han perdido partidos.

Gimena Méndez arrancó como tantas otras madres para acompañar a sus hijos en Albatros hace seis años y de a poco fue metiéndose en el club, y la institución fue ganándose un lugar en su corazón; hoy integra la directiva y sueña con continuar su carrera como delegada en el más alto nivel: “Soy muy profesional, lo considero un trabajo y mi objetivo es hacer mesa en la Liga”. De una forma parecida fue el inicio de Graciela Barros en Goes: “Yo iba a ver a mis hijos al cuadro de mis amores, un día faltó uno y di una mano, después faltó otro día, cuando me quise acordar estaba a la cabeza” recuerda entre risas sobre su comienzo hace unos trece años, donde aprendió con los más chicos y ahora se ocupa de todos, incluso primera.

La labor

González aclara que antes se daban cursos en la Federación, pero él aprendió mirando, preguntando y rebuscándose; como dice Graciela: “Se aprende sobre la marcha, es como una cadena que cuando va apareciendo gente nueva se le explica”.

En Liga hay cuatro delegados de mesa, los dos que pone el local: uno lleva el reloj y el otro levanta los cartelitos de falta; mientras de los del visitante uno lleva la planilla y el otro los 24. En formativas son tres, dos que pone el visitante y uno el local.

La tarea de llevar los 24 es quizás la más difícil o que requiere una mayor atención, ya que los errores con los relojes muchas veces no tienen arreglo, pero no por eso es la menos popular: “A mí me encanta llevar los 24, pero hay que estar muy atenta, trabajo sin ningún miedo a equivocarme, pero siempre lo más enfocada posible”, afirma Gimena y agrega que para ella no son tanto un jugador más sino un juez más, o una ayuda para los jueces.

También el delegado tiene la función menos visible de controlar que toda la documentación de los jugadores esté al día (ficha médica, fichaje, etc.)

La carrera

Todos los oficiales de mesa suelen comenzar en formativas a modo de banco de prueba, y a medida que van aprendiendo y mejorando, van trepando hasta llegar a primera. Méndez aprendió mucho desde sus inicios en Albatros donde ya hace DTA desde hace algunos años, y le abrió otras puertas como trabajar en la Liga de Basket Montevideo: “Ahí lo disfruto más que en Albatros donde lo sufro como una hincha más mientras trabajo”, e incluso la acercó un poco más a cumplir su sueño de llegar a ser delegada de mesa en Liga: “A principio de año se dio de hacer una suplencia de un par de partidos en Goes para LUB. Lo disfruté mucho, me lo tomo con profesionalismo y siempre intentando ser neutral, mi objetivo es llegar a estar fija en Liga”.

Difícil es resumir la carrera de Edgardo que ya trabajó en Liga para Tabaré, Hebraica, Welcome, Nacional y Olimpia; además de Metros en Olivol y en unos cuantos equipos más: “Además hice suplencias en casi todos los clubes, juveniles y mayores, eso es un reconocimiento y un orgullo muy grande”, y reconoce que sí bien no es su trabajo principal, es un buen ingreso fijo para complementar y utilizar para la educación de su hija, pero igual lo hace porque le gusta.

Como dice Barros con humor: “Lo haría gratis pero no digas nada, que capaz me dejan de pagar en Goes”, Graciela también trabajó para Urunday en El Metro y lo hace también en la LBM.

Sobre errores y vivezas

Edgardo asegura con toda su experiencia que quizás hace muchos años había más lugar para “hacerse los vivos” desde la mesa, pero el avance tecnológico y la mayor presencia de cámaras fue reduciendo ese margen: “Ahora los relojes están visibles de todos lados y también está la estadística en vivo que apoya”, y pone las manos en el fuego al decir que según su visión la mayoría de las veces son equivocaciones y no un intento de sacar ventaja: “En un 98% de las veces creo que son errores”, aunque la deja picando con el otro 2%.

Graciela no ve tan raro que algún delegado se quiera pasar de listo, y cree que por ser mujer a veces intentan más sacar ventaja, por lo que la atención tiene que estar al 100%: Somos humanos y nos podemos equivocar, pero ya conocemos a quién le puede pasar y quién lo hace de vivo”. Gimena no comparte que por ser mujer se hagan los vivos, pero aclara que ella no da la chance porque está muy atenta, es neutral, pero muy atenta y se hace respetar.

El básquet en su vida

Graciela aclara que aunque hay que tomarlo como un trabajo, no deja de ser una pasión: “Hay que estar siempre, a la hora que sea y la cancha que sea, a veces nos perdemos cumpleaños familiares, todo tipo de actividades porque hay partido”.

Seguramente cuando Gimena comenzó con esto no esperaba que el básquet, y sobre todo Albatros llegaran a ocupar un lugar tan importante en su vida como lo tienen hoy. Ella además de hacer la mesa también está trabajando en la secretaría y formando parte de la directiva: “Se transformó en una parte muy importante de mi vida, no podría vivir sin él. Me genera mucha emoción, a veces bronca, hay muchos sentimientos. Cuando arranca la DTA con Albatros es lo mejor del año, es difícil explicarlo pero es parte de mi familia, como dice la bandera: Más que un club, una familia”.

González nos cuenta con una notoria mezcla de emoción y orgullo que nació con un problema en las piernas pero igual pudo jugar en Waston hasta juveniles: “No jugaba mucho pero lo disfrutaba como nadie, y lo hacía orgulloso”, hasta que el día que él sabía que llegaría, llegó y no pudo jugar más, y encontró así la manera de seguir vinculado al básquet y de seguir a su hermano mientras jugaba. Luego cuando su hermano dejó, Edgardo pudo sumarlo a su equipo y seguir viviendo el deporte que aman juntos. Más allá de que sea un trabajo, lo hace porque lo apasiona, y le dio grandes satisfacciones: “Es muy lindo que vengan a saludarme con cariño los jugadores de los clubes en los que antes trabajé porque tienen un buen recuerdo, y ni te digo cuando ves que los chiquilines que le hacía la mesa en formativas llegan al profesionalismo y se siguen acordando con un saludo o una broma, no se puede pedir más”.