Hermanas, amigas, compañeras de mil aventuras. Comparten la misma pasión por la naranja, por Malvín y fueron tras el mismo sueño a Estados Unidos. Nos juntamos con Florencia y Carolina Fernández, frente al club que las vio nacer, en donde nos contaron acerca de su relación, de su periplo por Norteamérica y muchas anécdotas.

Sus inicios en el básquet tienen un punto en común: su abuelo. Carolina fue la primera en referirse a esto: “Arranqué porque mi hermana jugaba en Malvín, mi abuelo era director técnico y la venía a ver a ella. Le pregunté a mi madre cuando podía arrancar, mi abuelo me motivó a ir un poco. Primero hice varios deportes, entre ellos el básquetbol y ahí arranqué a practicar”. Florencia continuó diciendo: “El primer recuerdo que tengo es haber jugado en la cancha de Estrázulas, que era pedregullo e iba todo el barrio a jugar al básquetbol. Mis abuelos vivían pegados, ahí en la rambla. Era cosa de ir todos los días, mi abuelo que era entrenador a los 4 o 5 años me enseñó a hacer una bandeja, como se tiraba. Los primeros pasos fueron ahí y apenas cumplí 8 le pedí a mi madre que por favor que me llevara al club”.

La mayor profundizó en esa relación tan especial con su abuelo: “Nosotras lo vemos todos los días. Ahora en pandemia un poco menos porque tiene 93, pero nos va a ver a todos los partidos, a todas las prácticas, está parado en las gradas del gimnasio y siempre con la crítica constructiva y a veces no tan constructiva, para las dos”. También habló de cómo era en su etapa de entrenador: “Mi abuelo era un loco. Siempre dicen que el Cabeza (Serdio) se parece a él. En la vida real no parece. Dirigía con mucho entusiasmo, era su vida”.

Las dos tuvieron también un pasaje por el fútbol, respecto a esto comenzó habló Caro: “En verdad la que juega bien al fútbol es mi hermana. Yo fui al Náutico a entrenar para ver si me gustaba, pero todo por ella porque jugaba ahí, me llamaron para entrenar pero nunca jugué posta. Nada más practicaba para hacer deporte. El entrenador me dio a elegir entre el básquetbol y el fútbol, claramente jugaba mejor al básquet, me gustaba mucho más, tenía a todas mis amigas ahí y me decidí por el básquetbol”.

Florencia tuvo un año en el que dejó a Malvín por Nacional. Luego volvió a la temporada siguiente, donde compartió plantel con su hermana, pero ya tenía decidida su vuelta a pesar de eso: “Yo cuando me fui de Malvín, necesitaba rumbearme de nuevo en el básquetbol, y ese año jugué al fútbol también, hice los dos deportes a la vez. Yo me fui diciéndole al Cabeza, que me iba por esa temporada y después volvía. En la última semifinal, Malvín le gana a Nacional y cuando salgo el Cabeza me dice: ‘mirá que el año que viene volvés’. Dicho y hecho, así fue. Yo ya sabía desde un primer momento que mi destino basquetbolístico era Malvín siempre. No me veo en otro club. Fue porque se dio una chance porque soy hincha de Nacional en fútbol, justo abrían básquetbol femenino, tenía algunas amigas ahí y le di para adelante. Por cambiar un poco”.

Si bien Florencia sabía que en su vuelta iba a jugar con su hermana, se sorprendió por la cantidad de tiempo compartido juntas: “Nunca me había puesto a pensar que íbamos a jugar tanto tiempo en la cancha juntas, o que íbamos a entrenar de lunes a viernes todo el tiempo”. Carolina agregó: “No me esperaba tener tantos minutos y compartirlos con ella. Sí esperaba en las prácticas entrenar juntas”.

En la cancha se exigen una a la otra, pero también en la vida cotidiana. Caro nos contó que su hermana es más exigente con ella en la casa que en la cancha: “En casa es exigente con todo (Florencia se rie), dice que no hago mucho pero tengo que sacar a los perros, darles de comer. Limpiar la casa cuando viene mamá después de trabajar. Ella ayuda un poco, es la que cocina y yo la que lavó los platos”. Entre risas, Florencia también acepta que hay reclamos del otro lado: “Es el día a día, pero vivimos así, nos llevamos re bien. Estamos re acostumbradas a acordar que yo hago esto y ella hace aquello. Y hay días que uno no tiene ganas de hacer algo”. A lo que Caro acota: “Todos los días son para ella eso (risas). A lo que Flor con autocrítica responde: “Es verdad”.

Pero también hablaron sobre la exigencia de ambas en la cancha. Flo comienza diciendo: “Ella se me enoja un montón, a mí no me salen muy bien las cosas y me caga a pedos. Ahora por ejemplo que estamos haciendo técnica individual, me sale todo mal”. Caro reconoce que su hermana le tiene algo más paciencia pero ella no: “No le tengo nada de paciencia”.

También tienen su etapa de aprendizaje una con la otra. Flo empezó contando: “No soy buena en la técnica individual y le pido a Caro que se ponga conmigo para que me muestre como es. Si no la tengo a ella estoy tres días. Las ves a todas que se matan de la risa y el Cabeza también. Es mi déficit”. A su vez, Carolina recuerda sus inicios en donde le tocó aprender de su hermana: “Cuando yo era chiquita le copiaba todo. La iba a ver a los partidos, me ponía al lado de la cancha a hacer lo que hacía mi hermana pero por niña chica también”. La más grande destaca la facilidad de su hermana menor a la hora de aprender y recuerda una anécdota a la hora de aprender una técnica nueva: “Me acuerdo que un día estábamos en la casa del tata, que Sabina (Bello) les había enseñado a hacer el salto y giro. Yo nunca en mi vida lo había aprendido, yo no sabía lo que era y lo aprendió ella primero que yo. Yo tenía 13 o 14 años, ella recién había arrancado, hacía el salto y giro y yo lo intentaba hacer y no me salía. Estuve como una hora para que me salga y después lo aprendí, más o menos lo hago a veces”. “Más o menos”, acota la más chica entre comillando. “Pero obviamente le sale diez veces mejor a Caro. Todo lo que es técnica individual, ella tiene un don adentro. Le sale bien”, terminó diciendo la ex Nacional.

Las Fernández destacan por su tiro de tres puntos y nos cuentan cuanto entrenan. Flo comienza contando: “Yo entreno más que ella el tiro. Me pasó que allá lo entrenaba un montón porque era mi posición y es para lo que te dedicas. Aparte del entrenamiento semanal, grupal, yo tenía que ir todos los días de lunes a sábado, me levantaba a las 5:30 de la mañana, a las 6 estaba en el gimnasio y a las 7:30 me iba. Era una hora y media de tiro, dependía si tenía clases o no, solamente de tres. Entrenaba demasiado, nunca lo había vivido. Ahí vi lo que había mejorado. Igual eso lo perdés enseguida, estás un mes sin tirar, como ahora nos ha pasado, volvés y no tocás el aro. Pero ahí te das cuenta cómo podés mejorar”. Por su parte, Caro nos dijo: “Después de las prácticas allá nos quedábamos a tirar. Mismo la entrenadora nos hacía tirar fuera de práctica. Acá me tiene que obligar más mi hermana para hacerlo. Me gusta pero me aburre, después de la práctica estoy cansada pero igual lo hago. Mi hermana también se enoja siempre porque le paso mal la pelota supuestamente (risas)”. Florencia agrega: “No es tiro de partido. Estoy tirando para mejorar el porcentaje, tiene toda una mecánica”. “Para vos”, le responder Caro, y agrega: “A mí me la pasás así nomás y la tiro como viene”.

Su madre tiene una relación especial con ambas. Es la hincha número “1” de las Fernández y es la primera que escribe a la hora de preguntar cuando se publican las notas que se les hace: “Ni le dijimos que teníamos ahora la nota porque si no ya estaba llamando a ver cuando sale la nota para mandársela a mis abuelos que no manejan mucho las redes”, aporta Florencia. Luego agrega: “Somos muy unidas, y lo que tiene mamá es que es fan nuestra, porque no tiene ni idea de básquetbol. Mira, le encanta, pero es incapaz de decir algo adentro de la cancha o pegar un grito. Siempre te dice que jugaste bien, aunque perdiste por 40”.

Carolina consiguió su salida a Estados Unidos, pero su hermana tuvo mucho que ver en esa situación: “Flo fue la que me consiguió que pueda ir allá a estudiar. También por suerte me tocó estar cerca de ella, que eso me hizo no extrañar tanto a mi familia. A pesar de que extrañaba a mis abuelos, a mis padres”. Florencia además contó cómo fue la búsqueda para la ida de su hermana al exterior: “Yo ya había firmado con una universidad de allá. Ya estaba lista, me iba, ella ya lo sabía y nunca me había puesto a preguntarle si se quería ir también, sabía que tenía mucha más chance que yo seguro. Me manejé siempre sola, es un mundo nuevo introducirse en el básquetbol norteamericano, que es un quilombo, muchos papeles, es un proceso que lleva tiempo y no tenía mucha idea. Había aprendido con lo mío pero sabía que universidad y college no es lo mismo allá, más considerando que yo tenía 21 años y mi hermana 16, menor de edad. Empecé a averiguar cómo era el tema y un día le pregunté: ‘Caro ¿te gustaría irte?’. Yo ya estaba con las valijas listas, en casa se hablaba de eso todo el tiempo y mi hermana me dijo que se quería ir”. A lo que Caro aporta: “Lo dije como pensando en la fantasía de irme a Estados Unidos, no me esperaba que iba a ser así”, y su hermana mayor continúa diciendo: “Yo nunca le di las expectativas. Yo más o menos tenía una idea de a quién le iba a hablar, a que colegios iba a aplicar. Ahí fue cuando le dije: ‘no te emociones, no te ilusiones, es un 80% de que no te vas y un 20% de que sí’. Porque allá te dicen que te quieren, pero después viene todo un proceso atrás que lleva tiempo. Salió rápido, yo ya sabía cómo era el tema del papeleo porque era parecido a lo mio. Hubo tres colegios interesados y ella se decidió por el que más le gustaba”.

La más joven comenzó hablando acerca de las dificultades con el idioma en tierra extranjera: “Yo sabía lo básico y un poquito más por el liceo, porque desde chiquita iba a inglés en el colegio. Mi hermana hablaba mucho mejor, se ponía a ver las películas en inglés y aprendía mucho más que yo. Yo lo entendía bien, pero no lo hablaba muy bien y mejoré bastante”. Florencia agregó a esto: “Dos semanas antes de que le dije que nos vamos, yo veía que hablábamos con la entrenadora de allá, Caro poco y nada. Ella ya es vergonzosa y no le salía expresarse mucho. Entonces dos semanas antes de irnos, hablábamos en inglés nosotras, en casa, para practicar, para que no fuera tan horrible ir a otro país a adaptarte con el idioma, más estando sola. Yo más o menos me manejaba y nos fuimos ayudando en eso, practicando”.

También Caro empezó refiriéndose a estudiar en un idioma extranjero: “También es mucho más difícil. No es como los profes de inglés acá que hablan español y te ayudan. Yo el primer día en la clase salí y me fui a llorar, porque no entendía nada, me puse re nerviosa. Era matemática, que acá me va bien, pero allá me hablaban con los términos matemáticos en inglés. Me explotó el cerebro. Pero después me fui acostumbrando bastante bien”. Florencia, si bien se manejaba mejor, también notó dificultades: “Hablan muy rápido. Una vergüenza bárbara, no preguntaba nada. Después es una realidad que a la semana te re acostumbraste. Eso es los primeros días. Después te olvidás”.

Ambas notaron el profesionalismo con el que se trabaja en Estados Unidos. Carolina nos dijo: “Hay una diferencia en el tema de los entrenamientos, de los tiempos y de la exigencia que teníamos allá. En mi caso, los entrenamientos eran bastante parecidos a los del Cabeza en Malvín, pero se diferenciaba  en como mis compañeras de equipo me exigían a mí en comparación a acá”. Florencia también notó la diferencia: “Te hacen sentir ese profesionalismo. No es profesional, pero vos estás cobrando una plata semanalmente por ser atleta, que no la cobra cualquier estudiante; y por jugar al básquetbol, que no es la misma plata que cobra el jugador de béisbol. Yo ganaba más que el hombre jugador de béisbol por ejemplo. Te lo hacen sentir de esa manera también. Te dan todo, y vos tenés que dejar absolutamente todo, porque realmente es otra historia allá. Yo hablaba con mis amigas brasileras, que tienen más o menos el mismo formato de básquetbol que acá, el prototipo, la metodología, y allá entrenábamos a la 1 de la tarde, y habían días que nos íbamos a las 7:30. Dos horas y media de práctica en cancha, ofensivo, defensivo, técnico-táctico, pesas y después a correr en pretemporada. El cuerpo te quedaba destruido, pero vivíamos para eso. Era lo único que teníamos para hacer, estudiar y jugar al básquetbol. No es profesional, porque vos estás estudiando, te estás pagando tu carrera, formándote académicamente, pero es el básquetbol que te lo da. Si vos no rendís en el básquetbol no te van a dejar ahí, a ellos no les importa. Si no rendiste, hay 150 más, acá no pasa eso. Con la experiencia que tuve allá, prefiero basquetbolísticamente la metodología del Cabeza, su entrenamiento, que el entrenamiento yankee”.

Ambas también se refirieron a encajar en un grupo en el que las compañeras eran de todas partes del mundo: “Fue una experiencia muy linda. Era un menjunje de cosas, ni nos parecíamos. Yo me identificaba con las brasileras pero también teníamos cosas que nada que ver. Allá el básquetbol lo viven distinto, como decía Caro, tus compañeras te exigen. No es el ‘dale vamo arriba de acá’. Allá lo tenés que hacer y aunque tengas un mal día lo hacés igual. Si no lo hacés después pagamos todas, corriendo. Esa cultura de básquetbol no la teníamos ninguna de las internacionales, la pasamos medio mal al principio, nos costó, algunas más que a otras. Yo me adapté bastante rápido, iba entrenada, pero las que no la pasaron bastante mal al principio”. La más chica también dejó su experiencia: “Yo me adapté bastante bien. Tenía dos compañeras que ya las conocía del Sudamericano, de Chile. Después hice pila de amigas, todas nos llevábamos bien, porque al vivir todas en el colegio, compartíamos todo el tiempo cosas juntas”.

Ambas contaron cuando tuvieron que hacer correr a sus compañeras. Florencia comienza contando: “Me pasaba de tener la culpa porque no iba a rebotear. Todos los ejercicios allá se terminan con box out y rebote. No importa lo que estés haciendo, vos igual tenés que hacer la mueca como que estás reboteando. Me pasaba que a veces me olvidaba, porque estabas haciendo un ejercicio de otra cosa e igual tenías que hacerlo. Por eso nos hacían correr un montón, pero siempre pasa. Siempre la culpa es de una. Nos vamos rotando según el día”. Caro también aportó su experiencia: “A mí me pasaba por no hablar. Para el entrenador lo más importante era la comunicación y si no lo hacías o no contábamos las bandejas que íbamos embocando, corríamos. A veces te olvidás, a veces las decía en español porque muchas hablábamos español y nos mandaban a correr. La culpa era de las latinas siempre”.

Las Fernández no destacan por su físico. Caro comenzó contando cómo fue ese roce en Estados Unidos: “Es complicado. La genética que tienen allá es muy diferente a la nuestra. Son todas grandes, con músculos que no sabés ni de donde salen. En mi caso y el de las chilenas, a pesar de que en sus países eran de las mejores, en Estados Unidos no tanto por el tema de la altura”. Florencia también dejó su impresión acerca de eso: “Me costó. A mí me dolía el cuerpo. Era la más bajita de todas, la más baja de ellas a mí me llevaba media cabeza. Igual me adapté, y se mataban de la risa porque no podían creer a veces las cosas que pasaban en la práctica. Juegan muy físico, muy al contacto, como hombres. Me hacía acordar a cuando nos hacían practicar acá con los preinfantiles. Es distinto y te das cuenta porque hay algunos países que están tan avanzados comparados con Uruguay. Acá la media de estatura no llega ni al 1,70. Allá están enormes realmente. Te dan ganas de ser como ellas, porque jugaría 100 veces mejor, seguro (risas)”. A esto Caro acotó: “Comen cualquier cosa y no engordan”, a lo que Flor asienta y agrega: “Yo las veía comer y no podía creer. Yo estaba comiendo pollo con ensalada, ellas hamburguesas con papas fritas a las 11 de la mañana, a la 1 ya estábamos entrenando, y puedo asegurar que corrían más que yo”.

En el medio de su periplo por Estados Unidos, Carolina jugó un Sudamericano y resaltó las ventajas que le dio al enfrentar selecciones físicas como Colombia: “Tenían prácticamente el mismo físico que las colombianas, las ecuatorianas. Disfruté la experiencia de poder volver a mis amigas y jugar al básquetbol con ellas, que es lo que más me gusta”.

Florencia nos contó además, como vivió desde América del Norte el Sudamericano de su hermana y los esfuerzos que tuvo que hacer para que pudiera ir a jugarlo: “Fue un quilombo sacarla del colegio, porque tiene muchas reglas. A pesar de que era para la selección, tuve que pelearme y hablar con todo el colegio para que la dejaran salir. Allá estás entrenando y jugando para el colegio y era una semana sin clases. Por suerte en esa época el campeonato de ellas no había empezado. Ella quería ir, la entrenadora habló conmigo en privado y me dijo que el colegio no quería que vaya, pero a ella si le interesaba, para ver cómo estaba Caro internacionalmente, porque le iba a servir, era una experiencia y ella era jugadora de básquetbol. Eso me ayudó pila en ese sentido a tramitar todo lo que fue el proceso para sacarla, porque mi madre tuvo que firmar 20 papeles de nuevo, estuvo complicado. Yo no pude ver ningún partido en vivo porque yo tenía práctica. Los veía todos después”. Además nos contó su experiencia siendo una especie de tutora responsable de su hermana: “Me toca porque mamá no habla nada de inglés y cuando habla nos da vergüenza no pega una, a veces intenta con el traductor pero tampoco. Me hago un poco cargo yo de hablar y de las tratativas. Obviamente mi madre está al tanto de todo y ella hace 100 preguntas que yo después las tengo que traducir, pero la que se encarga de hablar en directo soy yo”.

También nos contaron como vivieron la consagración de un Malvín, del cual ambas formaron parte en fase regular. Florencia comenzó contando: “Esos partidos los vi todos”. A diferencia de Carolina que nos dijo: “Eso fue al revés. Yo no pude ver nada porque estaba en el torneo que ganamos, la sufrí también”. La más grande suma: “Todos los días hablábamos con las que estaban acá. Primero porque seguíamos en el grupo de WhatsApp, así que más o menos estábamos al tanto de todo”. Por último contó su experiencia a la hora de ver los partidos: “Yo la pasé mal. Tenía unas ganas bárbaras de estar acá jugando”. “Yo también”, aportó Caro. Y Flor continúa: “Justo habían pasado dos meses de que habíamos llegado, empezás a extrañar y veíamos que acá estaban viviendo esa situación. Yo me quería volver, no sabía cómo hacer. Me quería tomar un avión el viernes, tomarme otro el sábado después del partido y llegó y no se dan ni cuenta”. La más chica se la vio un poco más complicada con esa aventura: “Imaginate yo para venir acá que tenía que hacer otro papeleo más”. Para la ex Nacional si parecía más fácil la locura: “Para mí era más accesible porque era mayor de edad. Pero ni siquiera llegué a planteárselo al Cabeza. Le dije a mamá y me decía: ‘puede ser que te salga’. El Cabeza seguramente no me iba ni a poner, hacía dos meses que no estaba, pero yo quería estar sentada en el banco. Pero me vi todos los partidos. El peor fue cuando veníamos de Miami, no tenía contrato allá y le dije a una de las americanas, que son muy bien, pero son medias ariscas en eso de compartir internet. No están acostumbradas, no tienen idea. Me miró no pudiendo creer que no tenía internet. Le pedí por favor, que se lo iba a gastar todo pero tenía que ver el partido. Llamé a mi papá por videollamada, tenía a la brasilera al lado y le dije que me iba a dar algo. Todavía era plena ruta, se me caía el internet, volvía, mi viejo arreglando la cámara, porque ponía Facetime en frente a la tele y yo miraba. Le preguntaba a papá que pasaba, fue horrible. Ese partido perdimos y todavía me quedaban cuatro horas de viaje. Tenía una angustia, me quería morir”. Caro también contó como lo vivió a pesar de no poder presenciarlo en vivo: “Cuando salieron campeonas, me acuerdo que Flo ya estaba en su habitación, había visto el partido y cuando llegué, hicimos videollamada con ellas que estaba en la cancha y estuvo demás”. Ambas concuerdan en que se sintieron parte de ese equipo campeón, a pesar de no haber estado en cancha en la noche señalada.

Las Fernández jugaron juntas en mayores el año en el que Malvín cortó su racha de títulos. Ambas coinciden que es un sueño por cumplir y la más grande agrega: “Capaz no lo pensábamos así en ese momento. Pero hoy, que lo veo desde lejos, me encantaría vivir eso. Por más de que las dos ya salimos campeonas con Malvín. Creo que por eso las dos tanto queríamos volver, porque aparte era volver a salir campeón, después de aquella final contra Bohemios, que a todas nos pegó bastante. Yo hasta el día de hoy me acuerdo, y vuelvo a mirar el partido de nuevo”.

Florencia se mostró impactada con la respuesta de la gente con el femenino en Uruguay últimamente y nos contó el amor del estadounidense por el básquet universitario: “Los partidos que jugamos de local están llenos, hay fans. Te esperan para saludarte, te llevan a comer. Yo me hice amiga de una señora que es fan del colegio de toda la vida. Era como mi mamá yankee. Compran los asientos por año y van a todos los partidos, con camisetas, gritan como locos. No es como acá que tienen cánticos, pero peor. Había partidos que se picaba. Está bueno eso, es distinta la manera de alentar, pero hay bastantes y son siempre los mismos. Cuando son los juegos de la conferencia explotan”.

Ambas tienen una relación muy especial con su familia y Flo contó como la llevaron desde tan lejos: “Yo extrañaba un montón. Es una sensación que nunca había tenido. Las dos somos muy  horas pegadas con los abuelos maternos, yo los domingos que era mi día libre, hacía siete horas seguidas de Facetime con mi abuela, me decía que tenía que cargar el celular y yo le pedía que lo dejara cargando y la escuchaba mientras cocinaba. Todo el tiempo la llamaba, en los ratos libres que tenía en la semana también. Me conectaba con ella y con Caro, estábamos todo el tiempo viéndonos. Nunca nos dejamos de hablar ni se complicó eso. Extrañás igual, pero nos veíamos todos los días”.

Las dos se refirieron a su experiencia más linda juntas dentro de la cancha. Caro comienza diciendo: “En lo personal fue la final contra Bohemios, a pesar de que hayamos perdido. Para mí fue lo más lindo”. Florencia agregó: “También el poder vernos desde otro lado cuando nos fuimos. Porque nos extrañamos un montón, estamos todo el día pegadas realmente, somos muy unidas. Eso nos pegó un montón, pero nos dimos para adelante, porque más o menos estábamos pasando lo mismo. Fue una experiencia linda a pesar de que estuvimos separadas, estábamos muy juntas. Las finales fue por el lado basquetbolístico, porque volvíamos a casa y era estar todo el tiempo pendientes de eso, mirando los partidos de nuevo”.

Hoy ya instaladas en nuestro país, nos cuentan que extrañan de lo cotidiano en Estados Unidos. Flo dice: “Ir al súper (risas)”. “Todo lo relacionado con la comida es mi hermana”, le responde Caro. Y Florencia agrega: “Es que es increíble. El súper de allá tiene 100 cosas más que el de acá. Yo extrañaba los chocolates (risas). No hay acá y tan baratos”. La más chica profundiza: “El primer día que fuimos al súper acá me decía: ‘Carolina mirá lo que vale acá el chocolate’ y se enojaba”. A su vez, la más joven nos dejó las cosas que extraña de la vida en Estados Unidos: “Juntarme en mi dormitorio con mis compañeras, que venían todas, y tomar mate con las canadienses, que tomábamos casi todos los días de tarde, y los fines de semana todo el tiempo. Las convencía que le gustaran”. Florencia agregó además sus anécdotas con el mate: “Yo tomaba los días que tenía clase muy temprano. Iba con el mate a la clase, me miraba todo el mundo. Aunque lo llevara dos veces seguidas, todos los profesores, me preguntaban que era, o me pedían para probar. Me preguntaban si era marihuana y les tenía que explicar”.

A la hora de hablar de comida, Caro comenzó contando que extrañó al estar allá: “Yo el asado”. Mientras que Flo fue por otro plato: “Yo las milanesas. Porque si bien no hay tira de asado, hay carne que podías hacer a la parrilla. Caro no tenía como hacer barbacoa, nosotras teníamos la típica barbacoa que venden allá”.

Por último se refirieron a la comida estadounidense que hoy extrañan. Carolina apuntó primero por su plato: “Yo la pizza. El otro día Flo me dijo: ‘vamos a comer a un lado que se re parece a la pizza americana’ pero nada que ver”. “Un 10% de pizza americana tenía”, aportó Florencia, pero no conforme, Caro retrucó con: “tenía el nombre nada más del restaurant”. La mayor sumó: “Es muy rica sí la pizza de allá y yo también extraño la lasaña. Allá es más carne y salsa”.