Se vino de Rocha a Montevideo para estudiar Arquitectura. Vive entre planos y el básquetbol que tanto ama. Tiene solamente 21 años pero una madurez llamativa, sabe hacia donde quiere ir y lo más importante para la rochense, es disfrutar de lo que uno hace. Ella es: Lucia Schiavo.

¿Qué recuerdo tenés de tu niñez?

Nací en Rocha, viví toda mi vida allá hasta que me vine por razones de estudios a los 18 años para Montevideo. De niña iba a un colegio y ya con seis años empecé a jugar al básquet en Cader. Mi hermano (Camilo) ya jugaba y mis padres querían que haga algún deporte. Ahí surgió todo.

¿Qué recuerdo tenés de Cader?

Yo era la única niña, de vez en cuando arrancaba alguna pero terminaba dejando. El jugar con hombres no era algo que me importara, yo lo que quería era jugar. Sentía que los rivales no querían marcarme por ser mujer y me acuerdo que se decían entre ellos: “márcala tú”.

¿Cómo fue tu llegada a Montevideo?

Los primeros dos años en Montevideo estuve en una residencia que está por Bulevar España y el año pasado me fui a vivir con mi hermano en un apartamento. No me costó la adaptación de Rocha a la capital, yo ya viajaba bastante y además tengo familiares acá, la verdad no extrañé. Tuve amigas que se vinieron y en el residencial en el que vivía tenía 35 chicas más conmigo. Además sabía que acá estaba lo que me gustaba.

¿Cómo fue tu experiencia en el básquet capitalino?

El primer año que jugué fue estando en Rocha, viajaba para jugar y fue en Capitol. Cuando llegué acá, en el verano antes de arrancar recibí el llamado de Santiago Canto y arreglé en Defensor Sporting. Tuve en cuenta que me quedaba cerca de donde yo estaba y de la facultad. Además, tenía la idea de que Defensor iba a apostar a algo serio. Si bien yo sé que no soy profesional, intento hacer lo más cercano a eso posible. Eso sin dudas fue lo que me motivó.

¿Qué te sedujo de Defensor?

Algo que valoro mucho es que encontré gente que le gusta lo que hace y da un extra. Eso me parece muy importante. Siempre están a nuestro servicio, te dan el espacio. Hay una energía positiva que suma mucho.

¿Cómo empezó la relación con Matías?

Hace cinco años que estamos juntos, nos conocimos porque él jugaba conmigo en Cader. En Montevideo llegó a jugar un año en Atenas pero luego no jugó más. Lo de él es el campo (estudia Veterinaria) y el básquetbol no le permitía irse que era lo que quería. En Rocha jugaba bien, pero acá le costaba un poco más. También está instalado acá, vive con la hermana y un amigo.

¿Está autorizado a acompañarte?

Me va a ver dependiendo de la importancia del partido, hay veces que va a verme y perdemos entonces yo le digo que no vaya. Lo tengo como mufa. A la finales -que perdimos- fue porque no podía perdérselas. Yo no le digo que no vaya, le aclaro que si perdemos es su culpa.

Estudias Arquitectura: ¿cómo va la carrera?

Me gusta mucho y voy bien encaminada, trato de disfrutarla. Mis amigas no pueden creer que pueda hacer bien la carrera con las horas que entrenamos y yo siempre digo que si te organizás, se puede hacer. El disfrutar es lo más importante, tengo claro que no me voy a recibir en los cinco años pero el promedio de egreso es de ocho y en eso voy bien. Llevo cuatro y seguramente me queden tres más.

Un día en la vida de Lucía Schiavo…

Depende si tengo de mañana facultad o cuando tengo tiempo voy a Sprint con Rodrigo Marín. Luego voy a casa, almuerzo y estudio. También puede ser que tenga que juntarme a estudiar ya que en Arquitectura hay mucho de eso: trabajos en grupo. Por mis horarios, siempre trato de coincidir con las mismas personas y otra cosa que me favorece es que los entrenamientos son bastante tarde. Meriendo, apronto las cosas para entrenar y llego a casa a las once de la noche a acostarme, si es que no tengo alguna entrega. Si tengo entrega, me quedo toda la noche despierta.

Volviendo a la naranja…¿qué significó la medalla de bronce en los Juegos Odesur de Cochabamba?

Fue mi primera experiencia de algo que abarcara más que basquetbol. Estar en una villa, con atletas de altísimo nivel, fue increíble. No fue fácil porque como había altura hicimos una preparación con el profe que nos dio máscaras para hacer la parte física. Otra cosa que nos mataba eran los horarios, hacía calor y jugabas a las dos de la tarde. Todo eso sumado a que el 3×3 es una disciplina de mucha intensidad, era mortal. Deportivamente fue algo único, conseguir una medalla fue una alegría tremenda que no voy a olvidar jamás.

¿Qué recordás de ese proceso?

En principio era una lista larga y se fue reduciendo. Recuerdo el día que nos dijeron quienes habíamos quedado. Entrenábamos con hombres porque jugando contra el resto de las jugadoras no era lo real a lo que nos íbamos a enfrentar. Físicamente no hay comparación de lo que somos acá con las rivales de allá.

Entraste por la ventana a los Juegos Panamericanos de Lima…

Una locura, además yo no había quedado y terminé viajando por la lesión de una compañera (Jessica Da Costa). Yo estaba en mi cuarto y me tomó por sorpresa. Fue raro porque te sentís mal por tu compañera, a pesar de que son cosas que pueden pasar. Con Jessica siempre jugamos juntas los 3×3 porque ella es de San Carlos. El nivel que había de jugadoras profesionales era increíble. La diferencia física tanto de fuerza como de tamaño era abismal. En esos partidos te das de bomba y hay que bancar.

Otra vivencia muy distinta aunque también con Uruguay fue Unisinos…

La mayoría era de Capurro, de Defensor éramos tres y después había algunas más. Para el poco tiempo que tuvimos de preparación se armó un grupo muy lindo. Nos quedamos en un hotel. La final fue pareja y picada, estuvo divina. Además, fuimos campeonas.

¿Qué faltó para ser campeonas con Defensor el año pasado?

El año fue muy bueno. Se notó el crecimiento y llegamos en un muy buen nivel. Mantuvimos la base de años anteriores. Hoy con la cabeza fría, me parece que nos faltó experiencia para saber ganarlo. Más allá de haberla perdido, las finales fueron algo único por el ambiente que se creó. Valoro haber jugado esa clase de partidos. Aprendés a manejar determinadas situaciones que se dan en el partido desde el punto de vista emocional.

¿Se sentían candidatas?

Estábamos convencidas de que podíamos ser campeonas por algo llegamos a la final, no nos sentíamos favoritas. Nos habíamos ganado en el año y era clarísimo que era parejo. Vamos este año por la revancha.

¿Un entrenador que te haya marcado?

Me marcan mucho los profes porque siempre te dan una mirada distinta a la del entrenador. He tenido varios tanto en Rocha como en Defensor y me gusta la forma que tienen de entrenar, de pensar y de vivir el deporte. Siento que me marca más eso que un entrenador. Si tuviera que elegir un entrenador, sería Rodrigo Marín. Tengo una relación muy linda con él. Lo tuve el primer año en Defensor pero hasta el día de hoy sigo entrenando con él. Le pone mucha pasión a lo que hace y eso te llega, para mí que estoy entrenando es super importante y me identifico con esa forma de trabajar, esforzarte al máximo.

¿Una anécdota?

El último día en Mar del Plata jugamos a un juego que se llamaba “Astor-Astor”, teníamos la medalla del torneo y la consigna del juego era que nos hacíamos preguntas y no se podía contestar con un número, si eso pasaba la medalla se iba pasando. A la una de la mañana terminaba el tiempo y la que tuviera puesta la medalla, perdía y tenía que bailar en el Buquebus. La medalla la tenía Paula Sosa y faltaban dos minutos para terminar el juego. Ya nadie hablaba y Paula estaba entregada. Uruguay estaba jugando acá en Montevideo el U15 y en el último segundo preguntamos en el bondi como había salido Uruguay y Camila Kirschenbaum respondió y perdió. Primero se enojó porque no le gusta perder a nada, después se le pasó y bailó Los Wachiturros en el Buquebus.

¿Qué sueños tenes?

Un sueño sería vestir la camiseta de Uruguay 5×5 que es algo que se me viene haciendo esquivo porque ya es la segunda vez que iba a estar y no se jugó el torneo. Profesionamente quisiera recibirme y seguir estudiando en algún otro país, nunca dejaría de aprender y formarme. Siempre con el básquet acompañando porque me aporta mucho para la manera de llevar mi vida, en muchos aspectos ya sea desde relacionarme con las personas hasta manejar determinadas situaciones.

Lucia Schiavo es…

Jugadora de basquetbol, futura arquitecta y una persona que le gusta hacer las cosas bien, no a medias. Lo más importante es disfrutar mientras uno hace las cosas, tratando de cumplir lo que me propongo o dar el máximo de mí.