Llegó a Jacinto Vera en el año 2008 con la ilusión de hacer una buena temporada en el Club Atlético Yale. No sólo cumplió, sino que fue el comienzo de un largo periplo en esta parte del Mundo. Jugó en las tres divisionales de nuestro básquetbol, desde la DTA a la Liga Uruguaya. Muchas instituciones lo albergaron pero no duda en mencionar a Yale y Unión Atlética como los clubes que más cómodo se sintió. Y afirma: “Tenía buena conexión con la gente, me sentía muy querido”.

Ese prominente físico y llamativas rastas aún perduran en el calor de Chicago (EEUU), a donde regresó hace unos años en vuelo directo desde el Parque Batlle.
Amable, entretenido y alegre por recordar su pasaje por Uruguay, estuvimos conversando con Tarrie Monroe. Un trotamundo de 42 años que estuvo en diferentes barrios de la capital. Quizás, como todos, con vaivenes en cuánto a su rendimiento como jugador, pero con muchas amistades gracias al básquetbol y lo más importante que le dejó el paisito: su familia. Conoció a Paula en un asado, como si fuese un uruguayo cualquiera.

Su último año como profesional fue en 2016 defendiendo los colores de Bohemios, coincidió con el comienzo de la mejor profesión, ser padre de Luca, que hoy tiene 4 años. A muchos kilómetros de distancia quisimos saber…

¿Qué es de la vida de Tarrie Monroe?

Mi vida ahora pasa más que nada de disfrutar de mi familia, estar con mi hijo. Muy tranquila. Tengo unos proyectos de trabajar con niños en el básquetbol, pero es más a futuro, hoy todo se enfoca a mi hijo. En lo laboral trabajo para la empresa más grande de transporte de aquí (Chicago). Hacemos movimientos de mercaderías para grandes cadenas, yo me encargo de la parte de logística y a veces también manejo el camión.

¿Tú último año como jugador de básquetbol fue en Bohemios?

Profesionalmente sí, mi último año fue en 2016 en Uruguay. Pero siempre mantengo mi amor por las canchas.

¿Por qué decidiste retirarte?

La pelota me dijo que ya era tiempo de cambiar. Lo sentí así. Podía seguir jugando, pero quería estabilizar mi vida.

¿Cómo se dio tu llegada a Yale en 2008?

Antes jugué cuatro años en Israel. Mi agente de ese momento me ofreció después de la temporada de ahí, irme a Uruguay y jugar todo el año allá. Llegué y no me pude ir más, amé el país, la gente y la pasión del hincha.

¿Cómo conociste a Paula?

(Risas de ambos, ya que Paula estaba junto a Tarrie en la nota) Nos hacés recordar buenos momentos. Teníamos amigos en común y nos conocimos en un asado en el año 2012. “Me conquistó gracias a su humildad, bondad y por ser un gran tipo” dijo Paula, que agregó: “En abril de 2016 fue cuando nació Luca en Uruguay”.

¿Fue difícil la decisión de irse a Chicago luego de muchos años en Uruguay?

Sí, fue difícil, pero era la mejor decisión para crecer y nos vinimos en 2017. Hay mejores oportunidades laborales para ambos, pero siempre pensando en tener nuestro lugar allá también. Por ahora pensamos volver de visita, pero veremos cómo se presenta el futuro.

¿En qué barrio estuviste en Montevideo?

Cuando vivía sólo estuve en muchos barrios, después juntos estuvimos por los “Cuernos de Batlle” y en el Parque Batlle.

¿Por qué te dedicaste al básquetbol?

Nací en Chicago y jugaba al beisbol. A los 13 años empecé a jugar al básquet. Un entrenador me dijo que tenía las condiciones físicas y ahí me enamoré del básquetbol.

Antes de llegar a Uruguay, te tocó jugar en Israel cuatro años. ¿Cómo estuvo esa experiencia?

Empecé muy joven a jugar en el extranjero. Estuve en Alemania, China, Suecia y cuando llegué a Israel ya tenía la costumbre de adaptarme fácilmente a otras culturas. Allí la gente es muy fría, pero muy profesional. Las hinchadas son muy tranquilas, nunca vi una afición tan apasionada como la latinoamericana.
Después, también estuve en Bahía Blanca (Argentina), Venezuela, Chile y Colombia.

¿Fue Israel lo más complejo que te tocó desde lo social y político?

Sí, puede ser. Jugué desde el 2003 a 2007 en Israel y hubo muchos problemas con Palestina que tenía a Arafat (Yasir) como presidente. El clima político era muy tenso, pero nosotros nos sentíamos seguros, éramos conscientes y estábamos informados de lo que pasaba con los palestinos.

Comparando el básquetbol de esos países con el uruguayo ¿Acá se juega más fuerte?

En América del Sur es más duro, a veces es una guerra. Quizás no tan limpio, pero más apasionado. En Uruguay la cancha es una locura, tienen las hinchadas más locas y cuándo se ponen locos, te dan todo el poder para jugar.

Hablando de lo físico que es el básquetbol acá, en una pelota contra Marcel Bouzout te fracturaste el tabique nasal…

(Risas) Me acuerdo sí, estaba jugando para Unión Atlética contra Trouville, pero ahora que pienso para mí el jugador fue Martín Aguilera y no Bouzout. NdR: Básquet Total chequeó la información con Aguilera y el fraybentino recordó que fue Bouzout el del cruce con Monroe.

¿Con qué equipo te sentís identificado en Uruguay?

Unión Atlética y Yale, por la conexión que tenía con la gente y lo querido que me hicieron sentir. Siempre quería jugar con mi corazón por ellos.

¿Y algunos compañeros que recuerdes de tu pasaje por nuestro básquetbol?

(Pensativo) La verdad no tengo muy buena memoria para los nombres, pero recuerdo a Leandro Taboada, Panchi Barrera, Camilo Antúnes, por decirte algunos que ahora me acuerdo. Tuve grandes compañeros y sobre todo muy buena gente.

¿Cómo es hoy un día en la vida de Tarrie Monroe?

No tengo un horario fijo en la empresa, voy rotando, a veces de mañana o de tarde, pero de todas formas siempre me levanto muy temprano. Después de mi jornada laboral, vuelvo a mi casa para estar con mi familia, me gusta mucho compartir con ellos. Y también jugar al básquetbol con mi niño que lo entretiene mucho.

¿Qué es Uruguay para vos?

Es mi segunda casa, siempre me hicieron sentir muy querido. Me dejó amigos, mi familia y el asado primero que nada (risas).

¿Qué te dejó el básquetbol desde lo económico y social?

En Uruguay sólo jugué al básquetbol, no trabajé de otra cosa. Fui esposo y padre. Pero el básquetbol me mostró el mundo, diferentes culturas, en el final veo que todos somos iguales. Una buena vida, me dio las bases para el futuro y haber podido vivir de lo que amo. Eso es un privilegio que me tocó.