Siempre están, pero a veces no se ven. En los partidos, en las prácticas o entrenando fuera de horario con algún jugador que quiere mejorar. El asistente técnico trabaja lo mismo que el entrenador o quizás más, pero pocas veces nos detenemos a pensar en su labor y en la incidencia del mismo en la sintonía de un equipo.

El trabajo del asistente técnico varía mucho por la forma de trabajar de cada entrenador y la situación del ayudante respecto al club. El nombre de Horacio Martínez estuvo vinculado a Malvín desde larga data por tradición familiar y el popular “Chato” considera al club su segunda casa, donde ya trabaja hace casi diez años en los cuerpos técnicos de López y formativas. Algo similar sucede en Olimpia, donde Mario Enrich ya se transformó en un histórico de la institución. Está cursando su temporada número treinta en las formativas olimpistas, donde además integró cuerpos técnicos de primera a cargo de diversos y grandes entrenadores; e incluso, tuvo su pasaje como entrenador principal.

Una situación totalmente distinta es la de Alejandro Muro, que forma parte del cuerpo técnico de Leo Zylbersztein en Nacional, igual que antes lo acompañó en Hebraica donde arrancó su carrera. Otro que comenzó hace no mucho su camino fue Germán Cortizas, que es coordinador de formativas en Aguada, club con el que siempre estuvo identificado, y donde también ejerce como asistente técnico institucional de primera.

La tarea

El asistente técnico tiene que estar preparado para hacer todas las mismas tareas que hace el entrenador principal, y de hecho durante la semana, muchas veces lo hace en la planificación de los entrenamientos y en ponerlo en práctica con ejercicios; aunque no todos los técnicos en jefe les dan el mismo lugar a sus colaboradores.

Las tareas se dividen, y ahora muchas veces cada cuerpo técnico cuenta con dos asistentes; el principal, que se ocupa de ser otro entrenador más para ver detalles y brindarle otro punto de vista al técnico principal, y el segundo que se dedica más a la parte estadística, extraer información valiosa de las planillas y muchas veces también del scouting.

En las prácticas, el asistente es un técnico más para observar al detalle ambos lados de la cancha y poder corregir a los jugadores incluso participando a veces como jugador para demostrar un ejercicio. Son muy importantes a la hora de la planificación de los partidos, analizando al rival, las distintas maneras de atacarlo y defenderlo.

Durante el match como dice el Chato: “cuatro ojos ven más que dos”, y el ayudante debe darle su opinión lo más breve y concisa posible porque el tiempo es escaso y el entrenador está con las pulsaciones a mil. El asistente debe intentar estar un poco más calmo para poder ver otras incidencias y expresarle al coach que luego decidirá la palabra final. Cortizas agrega que él es el que recibe también las apreciaciones del segundo asistente que maneja los datos estadísticos, e incluso del profe y el resto del equipo técnico; oficiando de primer filtro para llegar al entrenador.

Muchas veces también el asistente se dedica a trabajar fuera de los horarios de práctica con uno o más jugadores, Enrich se especializa en esa labor y este año pasó muchas horas entrenando con el lituano Riauka, pero quedó contento con el resultado: “Creo que mejoró mucho, es bueno ver que el trabajo da sus frutos”.

Pros y contras

Por ahora la carrera de Muro como técnico siempre fue secundando a Zylbersztein, lo que le da el plus del conocimiento y la confianza: “Conocer cómo trabaja el entrenador y no tener que estar aprendiéndolo es una ventaja y afianza la relación”.

Los asistentes técnicos institucionales son personas identificadas claramente con sus clubes desde hace mucho tiempo, y tienen otras ventajas como conocer a fondo los detalles de cada institución: sus formativas, su idiosincrasia, su gente, sus dirigentes, sus objetivos, etc. Tienen la “desventaja” de tener que acostumbrarse a la manera de trabajar de cada entrenador, pero eso también puede ser utilizado como una ventaja para la carrera del asistente que puede aprender un poco de cada técnico.

La escalera

“No creo que todos los asistentes quieran ser entrenadores principales, lo que sí creo es que para cualquiera de ambas funciones hay que pasar por una escalera. Antes haber dirigido formativas en las categorías mayores que son las que se asemejan un poco más a un equipo de mayores. Es importante esa experiencia previa”, asegura Martínez; y Cortizas está de acuerdo en que no todos los asistentes apuntan a luego ese rol, ya que los mismos son muy distintos: “El entrenador es el que toma las decisiones finales, tiene que manejar el grupo, mantener a todos motivados por un objetivo en común. Los asistentes tienen una relación más de ayuda y si bien quizás la mayoría apunten a eso, a futuro hay algunos muy especializados en otro tipo de trabajo como el manejo de estadísticas o video y no tanto en manejar un plantel.”

Enrich puede hablar con propiedad del asunto, habiendo dirigido tres federales como entrenador principal y con unas cuantas experiencias más como asistente. Está convencido que, aunque tengan puntos de conexión son tareas bien distintas, y él se siente muy a gusto en su rol como asistente y de ser el nexo entre las formativas y el plantel principal. Muro tenía como primera idea dirigir directamente cuando surgió la opción de sumarse al cuerpo técnico de Leo y reconoce que tuvo suerte: “Fui afortunado porque lo correcto es comenzar como ayudante y dirigiendo formativas. En este momento estoy muy bien así, aprendiendo este trabajo. Más adelante si se da, se dará cuando estemos listos. Por ahora no me quita el sueño”.

Hubo consenso en que no todos los ayudantes se están preparando para ser entrenadores principales de mayores, y en que dirigir formativas (especialmente los más grandes y Sub 23) es un paso previo casi obligatorio como prueba.

La relación con los jugadores

Germán sabe que el entrenador tiene que mantener cierta distancia para manejar más el grupo en general, pero los asistentes pueden arrimarse más a los jugadores para ayudarlos, entenderlos y hacerlos sentir más cómodos: “Especialmente a los jóvenes que suelen tener altos y bajos”.  El “Chato” asegura que la relación nunca es la misma que la del entrenador, pero eso tiene que saber explotarlo positivamente el asistente: “Los jugadores se abren más a conversar con el asistente por un tema lógico. Haber jugado tantos años al básquet me permite llegarle de una manera diferente, pero eso también puede ser bien o mal utilizado”

Cuando Alejandro arrancó como asistente, el trato con los dirigidos era más “jugador a jugador”, por un reflejo natural; pero con el tiempo se fue acomodando al rol: “De todas maneras, no somos un cuerpo técnico autoritario. Tenemos ciertas normas de funcionamiento y las hacemos respetar, pero desde el lado del laburo; no del grito sino del respeto al trabajo y nos ha dado resultado”.

Jauri buscó inmediatamente a Enrich para su cuerpo técnico cuando arregló en el club de Colón porque sabe del respeto que le tienen los jugadores por su trabajo formador: “El trato es muy bueno, no es el mismo que con el técnico principal pero somos un nexo. En Olimpia muchos vienen de las formativas y ya nos conocemos casi como una familia de tanto tiempo. Pero el respeto se mantiene a la par”.

Un buen asistente

Más allá del conocimiento del deporte, de la técnica individual y de la táctica colectiva; que ya se da por descontado a este alto nivel de competencia, todos destacaron virtudes similares y que apuntan más a reconocer el lugar del asistente dentro del grupo, la lealtad al entrenador y al equipo.

Todos destacaron como algo indispensable estar en sintonía con el coach, como afirma Muro: “Tener claro que es lo que quiere para no tener discrepancias a la hora de participar con los jugadores, tiene que tener siempre la misma dirección, las ideas tienen que ser las mismas. Conocer a fondo lo que quiere el técnico y respetar los tiempos de participación”.

Enrich aclara que estar en sintonía no es decir amén a todo lo que el entrenador dice, ya que están para dar su punto de vista; pero sí debe reconocer su lugar y jamás querer pasar por arriba del técnico: Sabemos que no vamos a ser tan reconocidos públicamente, aunque nuestro trabajo es tan importante como el del técnico principal”.